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Pasmosa originalidad
Por Mario Roberto Morales
Hace unos días, mientras daba
una clase sobre la revolución
mexicana en un aula del TEC de
Monterrey en Querétaro, mis
estudiantes y yo especulábamos
sobre si se podría hablar de
razones "étnicas" para explicar
en parte la eliminación física
de Villa y Zapata. Si así fuera,
se podría concluir que la
vertiente popular indígena y
mestiza de la revolución habría
sido neutralizada por la
vertiente elitista criolla,
representada por Madero (contra
quien se sublevaron los líderes
populares), Victoriano Huerta
(su asesino) y Venustiano
Carranza (que acabó por derrotar
a Villa), así como por quienes
los siguieron en el poder de la
institucionalidad
revolucionaria. Esto supondría
que los criollos se habrían
asegurado el control de la
revolución eliminando a sus
dirigentes populares, quienes
sirvieron a la elite criolla
como iconos sagrados de la
propaganda populista y del
imaginario nacionalista que
caracterizó a México hasta que
Salinas de Gortari sumió al país
en la depauperación ciudadana
observable en las calles y que
ya produce explosiones populares
en Oaxaca, Querétaro y otros
lugares.
Saliendo de una sala de boliches
de la Colonia Polanco en el
Distrito Federal, conversaba yo
el domingo pasado con mis
amigos, el médico guatemalteco
Otto Hernández García y su
esposa Patty, sobre la visible
degradación de las capas medias
urbanas en la ciudad de México,
y sobre el surgimiento de grupos
armados cuya acción militar
sobrepasa el simulacro que ponen
en escena Marcos y sus
lacandones.
Debido a que tanto Otto como yo
venimos de una experiencia
insurgente y ambos conocimos el
México ejemplar de los mejores
años de su Estado benefactor,
aquella conversación nos llevó
indefectiblemente a la
machacante terquedad neoliberal
de la vanguardia ilustrada de la
oligarquía guatemalteca, de
recetarle a los lectores de las
páginas de opinión las tres
ideas que pueblan sus apuntes de
pregrado y que suelen presentar
como resultado de sesudas
reflexiones originales cuando
espetan frases como: "He llegado
a la conclusión de que no tengo
ideología política sino que opto
por las aspiraciones de toda
persona libre" (refiriéndose a
la desregulación del mercado), o
bien "opino que lo que necesita
el país es que el Estado no se
meta en lo que no le incumbe,
como en la salud y la educación"
(para justificar las olas
privatizadoras).
Estas adocenadas ideotas, mil
veces repetidas por mentores y
loritos neoliberales, sirven
para que esa comunidad de
estudiantes de grado "ilustre" a
la ciudadanía sobre que la
solución política para nuestro
país consiste en desregular el
mercado, destruir el Estado y
privatizar lo público. Todo, a
contrapelo de lo que ocurrió en
México y Argentina (para no ir
muy lejos) por haber aplicado
estas mismas medidas, y poniendo
de ejemplo a Chile, aunque
cuidándose de decir que la base
del "milagro chileno" (que
mantiene a amplias masas sumidas
en la pobreza) la sentó la
dictadura militar imponiendo
esas medidas, las cuales hoy
hacen que familias como los
Matte, Angellini y Luksic se
apropien del 80 por ciento del
PIB. Tampoco hablan de la
irrestricta entrega al capital
transnacional del que la
oligarquía se hizo socia
minoritaria, y mucho menos de
que la condición del "despegue"
neoliberal chileno fue el
fascismo.
La oligarquía guatemalteca es
criolla. Sus empleados
neoliberales no tienen pedigrí
colonial. Pero la sirven bien
voceando que hay que
modernizarnos al estilo de
Salinas en México y de Pinochet
en Chile. Pasmosa originalidad.
Gentileza: Anahi Benegas Arias [
anahi_20002002@yahoo.es ]
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