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El agua no es mercancía
Mientras la prensa proclama que
Bolivia está impidiendo la firma
de un acuerdo con la Unión
Europea, lo que en realidad está
haciendo, es propiciar la
intención de que los países
industrializados se apoderen de
nuestro recurso más importante.
Debe cambiar tal criterio. Debe
establecerse una relación de
respeto entre aquellos países
que depredaron los recursos
durante siglos y nuestras
naciones que luchan, ahora, por
preservar lo poco que nos ha
quedado.
Por Antonio Peredo Leigue
Año 2000. La empresa “Aguas del
Tunari”, controlada por la
transnacional Bechtel, impuso un
desmedido aumento en las tarifas
de agua potable en la ciudad de
Cochabamba. La reacción de los
consumidores se inició con
protestas callejeras que, muy
pronto, apoyaron los “regantes”
–sector de agricultores que
requiere agua para sus tierras
de siembra– y todos los
campesinos de la región. Esa
ciudad, ubicada en el centro de
Bolivia luchó hasta lograr que
la empresa quede cerrada y se
retorne al sistema de control
municipal. “La guerra del agua”,
como se la llamó, reivindicó el
derecho social de acceder a este
recurso.
Los analistas han señalado, en
forma coincidente, que ese
episodio inició, en Bolivia, el
desmoronamiento del modelo
neoliberal. Hoy, el gobierno de
Evo Morales, trabaja para
establecer condiciones que
signifiquen el goce de los
servicios básicos para todos.
Por cierto, el acceso al agua,
es uno de estos servicios,
talvez el más importante.
Las
demandas de la Unión Europea
Junto a otras naciones del
continente, Bolivia ha planteado
su oposición al ALCA y,
posteriormente, al Tratado de
Libre Comercio (TLC) propiciados
por Washington. No se trata de
una oposición sectaria, sino que
es la defensa de los recursos
que han sido, y siguen siendo,
consumidos en forma irracional
por los países industrializados.
El agua para consumo humano se
usa en la industria
metal-mecánica, en la del cuero,
en la textil, en la limpieza y
una larga lista de otras
actividades que bien podrían
utilizar agua no potable para
sus requerimientos. Usos
irracionales también se constata
con relación a otros recursos no
renovables.
Como contraparte a esta
situación, los países
latinoamericanos iniciaron
conversaciones con la Unión
Europea. Las conversaciones
tenían una buena orientación,
hasta que la UE planteó el tema
de la privatización de los
recursos naturales. Hacer del
agua una mercancía
comercializada por empresas
transnacionales, figura entre
las primeras exigencias de esa
comunidad, volviendo a
plantearnos el mismo tipo de
imposiciones que establece el
TLC de Estados Unidos.
Agua
para el continente
La reacción del gobierno
boliviano fue la primera. Debía
ser la primera. Es que, Bolivia,
es el país desde cuyos nevados
salen, las aguas que alimentan
el Amazonas y el Río de la
Plata, las dos cuencas más
importantes de Sudamérica.
¿Vamos a entregar ese recurso a
las empresas europeas?,
¿permitiremos que, desde nuestro
país, se controle el consumo de
agua en toda la región?,
¿dejaremos que se adueñen del
agua que ha comenzado a ser
escasa?
Los científicos han dado la voz
de alarma. Concretamente, en
Bolivia, dentro de dos años, en
2009, habrá que imponer
restricciones al uso del agua.
Precisamos que la racionalidad,
en el uso de este recurso,
comience a formarse desde ahora.
Los nevados de las cordilleras
Oriental y Occidental deben ser
cuidados. Un gran plan de
conservación es posible tener
preparado para que, en los
próximos años, podamos
implementar el manejo racional
del agua.
Pero eso es insuficiente. La
conciencia de un uso racional
debe darse en cada persona.
Disposiciones que impidan botar
agua en el lavado de automotores
y otros usos dispendiosos;
normas estrictas para su uso en
las diferentes industrias;
racionamiento efectivo mediante
tarifas diferenciadas. Es decir,
desde los gobiernos, debe
comenzarse una acción permanente
para no encontrarnos, el año
2009, en una situación
conflictiva que obligue a
racionamientos tardíos.
Agua
para el mundo
Mientras la prensa proclama que
Bolivia está impidiendo la firma
de un acuerdo con la Unión
Europea, lo que en realidad está
haciendo, es propiciar la
intención de que los países
industrializados se apoderen de
nuestro recurso más importante.
Debe cambiar tal criterio. Debe
establecerse una relación de
respeto entre aquellos países
que depredaron los recursos
durante siglos y nuestras
naciones que luchan, ahora, por
preservar lo poco que nos ha
quedado.
No lo hacemos sólo para nuestras
necesidades, que son la
prioridad, sino también para el
bienestar de todo el mundo. Si
aceptamos la imposición de la
UE, el agua no alcanzará para
los próximos dos años. En la
misma concepción neoliberal,
mientras más rápido y en mayor
cantidad vendan, harán más
negocio.
A la Unión Europea habrá que
decirle que están obligados a
apoyarnos en el cuidado de
nuestros recursos. ¡Que retiren
esa exigencia de los acuerdos
con América Latina!
www.ecoportal.net
Gentileza: Melina Alfaro [
cybermelina_2004@yahoo.com.ar
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