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La frágil perfección
Mejor dadnos una sólida
mediocridad que aspira a
perfeccionarse antes que una
quebradiza excelencia percibida
Por Mikel Agirregabiria Agirre
Si ya la vida resulta de una
inexplicable inestabilidad,
quien aspire a una existencia
perfecta está condenado a vivir
sólo breves episodios de
placidez. Por eso, a quienes
peinamos canas la felicidad nos
asusta un poco, por lo que puede
significar de preludio de
sombras. La perfección es algo,
a un tiempo, deseado y temido.
El gran pensador que fue
Napoleón, manifestó que “si la
perfección no fuese quimérica,
no tendría tanto éxito”. La
perfección total no es de este
mundo. La perfección no existe;
comprenderlo constituye un
triunfo de la inteligencia
humana; ambicionar su posesión
representa la más peligrosa de
las locuras. La perfección
subsiste, en todo caso, sólo en
la mente humana. El afán de
perfección hace a algunas
personas totalmente
insoportables. “La perfección
llevada al exceso muere de
plétora”, sentenció Shakespeare.
La búsqueda de la perfección
absoluta detendría el progreso.
El único tipo de perfección
asequible y duradera consiste en
eliminar todo lo superfluo.
Quienes con perspicacia
reconocen la limitación de sus
facultades, están muy cerca de
llegar a la auténtica y genuina
perfección. La perfección es una
continuada, pulida y recordada
colección de… errores. Más aún,
muchos creen como señaló Witold
Gombrowicz, que “la belleza es
la (leve) imperfección”. Ojalá
que nuestro innato anhelo de
perfección sea motivo de
sonrisa, y que la búsqueda con
buen humor se vuelva el motivo
perfecto.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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