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La estupidez explícita
Hace
unos años corrió el rumor en
nuestra urbanización de que
había pasado unos días entre
nosotros un Premio Nobel (o ¿fue
una Miss Universo?).
Por Mikel Agirregabiria
Agirre
¿Cómo saber si nuestro vecino es
un Premio Nobel? Resulta casi
imposible. Ese anciano de pelo
cano que suele leer libros, ¿es
un Nobel? ¿Quizá de Literatura o
de la Paz (que siempre son más
famosos), o acaso sólo de
Física, Química o Medicina?
¿Será éste el Premio Nobel que
se baña en nuestra misma playa?
Definitivamente, la sabiduría, o
la virtud en general, son
comedidas, reservadas y sólo se
aprecian con plenitud con el
trato próximo o en la intimidad.
Incluso se requiere ser un poco
culto para percibir la
sabiduría, y un poco amable para
deleitarse con la bondad.
Por el contrario, la ignorancia
o la falta de educación siempre
son escandalosas, descaradas… y
pueden ser infinitas. Ahora
mismo, en plena madrugada, no
sabemos quién conduce ese coche
con la música a tope y tocando
la bocina. Pero su conductor
pregona, a diestro y siniestro,
que es un declarado idiota, que
con todo lo que desconoce se
podría concluir la wikipedia y
que la escuela no dejó el menor
rastro en su identidad actual.
¿Qué fue de aquella entrañable y
prudente discreción? ¿De aquel
saber estar, desvelándose poco o
mucho, pero siempre en función
de las circunstancias? Algunos
mejor harían tratando de pasar
desapercibidos, que no
desplegando todas sus miserias.
Por desgracia, no suele suceder
así. Son, con frecuencia,
quienes se recogen en su
interior quienes más debieran
manifestarse,… y viceversa.
Aprendamos del poeta cuando
dijo: Es discreción saber
disimular lo que no se puede
remediar.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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