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La Magia de Harry Potter
Por Domingo Riorda
Desde hace unos años Harry
Potter deslumbra a los niños y
adolescentes al punto que, en
las primeras 24 horas de
aparecer su último libro, en
Estados Unidos e Inglaterra se
vendieron 11 millones de
ejemplares, lo que da la
escalofriante cifra de 5000 por
minuto y en Argentina quedó
prácticamente agotado. A 10 años
de su primera aparición se
adquirieron 325 millones de
ejemplares en 64 idiomas.
Los brujos del mal agüero, que
denostaban contra el poco
interés por la lectura de parte
de la niñez y adolescencia, no
tomaron en cuenta esos datos
para mencionar como ese sector
humano se tragaban las 300-400
páginas de Potter como si
tomaran una chocolateada sin
tiempo para comer las facturas,
bizcochos o porciones de tortas.
Desde algunas Iglesias
Evangélicas y de la Iglesia
Católica Romana no faltaron las
notas negras porque se atacaba
la “candidez” (¿?) de los
lectores con la diabólica
metodología de la magia por
parte del joven Harry.
Reacción similar a cuando
apareció el teléfono, la radio,
el cine –nunca perdonaron que
pusieran imágenes humanas en
movimiento avanzando sobre las
estáticas fotos-, luego la
televisión, después la
computadora y ahora los
celulares.
Los matices de los argumentos
tenían y tienen el núcleo común
del siempre presente espanto por
lo nuevo y, en esas fantásticas
creaciones, el elemento mágico
similar al de la varita y
movimientos de manos del carita
aparentemente tonta de Harry.
Un mundo de imágenes que apelan
a la creatividad siempre
peligrosa para quienes usan el
lenguaje hablado para mantener
fracasadamente el sometimiento
de la niñez y adolescencia.
También de los jóvenes y
adultos, con el mismo éxito de
sentido inverso.
La Iglesia Anglicana de
Inglaterra, que engaña con su
pesada liturgia y su ropaje de
Edad Media apareciendo en la
avanzada con pastores (y obispo)
homosexuales y pastoras
lesbianas, ahora publicó una
guía para aconsejar a los
jóvenes cómo utilizar los libros
y películas de Harry Potter en
la enseñanza del mensaje
cristiano y ser utilizada para
debatir temas cristianos.
Los anglicanos ingleses,
influidos por la tónica de los
empresarios de fútbol de su país
que incorporan jugadores
latinoamericanos y africanos
para renovar su estilo de
centros y pelotazos, no
desdeñaron la necesaria
velocidad del mercado y lanzaron
la guía, "Mixing it up with
Harry Potter", tres días antes
que apareciera el último libro
de Potter.
Es bueno que esa iniciativa se
tome como una oportunidad para
enseñar, pero sería un equívoco
desdeñar que lo de Harry Potter
es una ocasión para aprender de
cómo modificar el lenguaje
hablado y el de los gestos, las
formas de dar a conocer el
mensaje cristiano, reconociendo
lo mágico de su contenido que no
tiene que ver con una
competencia de los denominados
milagros de Jesús vs. Potter,
sino con esa posibilidad de
encontrar el sentido de la
existencia que posibilita vivir
la magia de la vida.
Alguien dijo, y no recuerdo
quien, que la primera decepción
del niño y de la niña es su
descubrimiento de que los
mayores perdieron la habilidad
de hacer magia. Una dura
referencia sobre el percibir que
sus padres, madres, tíos, tías,
maestros, maestras viven las
formas y no el contenido de la
existencia humana, esa magia que
hace que lo humano sea humano.
Por cierto, aquellos y aquellas
que los libros y películas de
Harry Potter pasaron de largo
por sus vida y creen que la
histeria es lo que moviliza a
los adolescentes a pacientes
horas de espera para comprar el
último libro del joven mago o
desesperarse para ver quien se
lo presta, es posible que
tampoco entienda aquella
recomendación de ser como niños.
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