|
La dimensión de la Universidad
Por
Carlos Miguélez
El modelo de “el hombre para el
conocimiento” cambiará por el de
los conocimientos al servicio de
las personas cuando despierte la
dimensión social inherente a la
Universidad.
Hace dos décadas se reunieron
profesores y alumnos en aulas
universitarias españolas para
dialogar sobre lo que podían
hacer ante tanto dolor y tanta
injusticia. Un ejemplo en
defensa de la educación para
abrir el camino hacia la
libertad y hacia la transmisión
de ciertos valores a las
personas, entre los que está la
participación, clave de la
verdadera democracia.
La
participación está en peligro
Entendida con su componente de
participación, esa forma de
gobierno está en peligro
extinción en el mundo moderno.
Por ejemplo, el 80% de los
mexicanos creen que la
democracia es el mejor sistema
de gobierno. Sin embargo, sólo
el 20% de los encuestados fue
capaz de citar una diferencia
entre un régimen democrático y
uno que no lo es, según un
estudio de la Corporación
Latinobarómetro.
Esta confusión no es única de
México ni de los países
latinoamericanos, aunque ahí el
malestar y el desencanto sean
más graves debido a una forma de
democracia neoliberal agresiva,
incapaz de mejorar las
condiciones de vida y de darles
herramientas claves para su
libertad y la búsqueda de la
felicidad, como lo pueden ser la
educación y la libertad.
La preservación y la prosperidad
de la democracia parten de
“construcciones voluntarias,
formuladas en proyectos,
modeladas por liderazgos e
investidas del poder que
proviene del apoyo popular”,
como apunta el PNUD en su
informe sobre la democracia en
el continente americano. Desde
que originó la democracia en los
pueblos de la antigua Grecia, no
se entendían la pertenencia a
una comunidad y la ciudadanía
sin la participación de todas
las personas libres en los
espacios públicos.
La complejidad de nuestros
sistemas políticos, económicos y
sociales dificulta esta
participación en lo público,
casi limitada hoy al voto
electoral. Pero mientras los
mercados y los espacios privados
extienden sus redes y ahogan los
espacios públicos, la
Universidad y el voluntariado
social se presentan hoy como
campos fértiles para la
participación en las cuestiones
que más afectan a los
ciudadanos.
No resulta extraño que hayan
proliferado programas de
voluntariado y de cooperación al
desarrollo con prestigio en
tantas universidades españolas,
con el apoyo de rectorados,
decanatos y de instituciones
públicas.
Vivimos
en un mundo excluyente
La Universidad se ofrece como el
ayuntamiento donde los maestros
y los alumnos entran en un
proceso de compartir saberes del
que salen enriquecidos y
transformados. Las clases
formales y la teoría que dota de
conocimientos necesarios al
universitario para luego poder
aplicarlos en su terreno
profesional son tan importantes
como los seminarios
extra-curriculares y los
espacios en los que el
compromiso no deja de ser una
cuestión fundamental. Así surgió
el voluntariado en la
Universidad Complutense de
Madrid, como una apuesta por la
formación y por el servicio a
los demás.
Como el voluntario social, el
universitario conoce la realidad
y toma partido por los excluidos
contra la exclusión. A partir de
esos conocimientos analiza,
reflexiona e idea nuevas vías de
actuación para resolver los
problemas actuales. Esto ha
llevado a miles de
universitarios a darse cuenta de
que vivimos en un mundo
excluyente que confunde valor
con precio y que se rige por un
sistema de “intercambio
infinito”, como la prestigiosa
profesora de Ética, Adela
Cortina, llama a la forma
“moderna” de relación
interpersonal, basada en el dar
para recibir algo a cambio. El
voluntario social da sin
obligación alguna sin esperar
nada a cambio, aunque después se
dé cuenta de que recibe mucho
más que lo que da.
Pero no son los conocimientos
sino el enriquecimiento en
valores que ofrecen los espacios
universitarios los que llevan a
los jóvenes a denunciar las
injusticias y formular
propuestas sin las cuales
forjaríamos una sociedad
arraigada en la “cultura de la
queja”. Está en manos de cada
uno trabajar para construir una
sociedad civil cohesionada donde
cada persona aporte lo que le
corresponde. En ese sentido, la
labor de los profesores
universitarios es fundamental,
pues su tarea consiste, además
de en transmitir saberes, en
ayudar a sus alumnos a dar lo
mejor de sí mismos y desarrollar
al máximo sus capacidades.
Gentileza:
pierreandreblondy@yahoo.es
ccs@solidarios.org.es
paginadigital |