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Nueva Ley de Educación. Vieja política II o del malestar de la docencia, Miguel Andrés Brenner. - 14/07/07
 

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Nueva Ley de Educación. Vieja política II o del malestar de la docencia, Miguel Andrés Brenner. - 14/07/07


 


Nueva Ley de Educación. Vieja política II o del malestar de la docencia

Miguel Andrés Brenner

"Tomando el término en su rigurosa acepción,
no ha existido nunca verdadera democracia...
¡cuántas cosas difíciles de reunir no supone ese gobierno!
...mucha igualdad en los rangos y en las fortunas,
sin lo cual la igualdad
no podría subsistir mucho tiempo en los derechos..."



PROLEGÓMENOS
En febrero de 2007 finalicé el texto Nueva ley de educación, vieja política. Mi preocupación central fue constatar similitudes entre la Ley de Educación Nacional, promulgada en diciembre de 2006, y la Ley Federal de Educación, promulgada en abril de 1993. Aquélla pretendía ser superadora de la norma que legitimaba políticas neoliberales en la década del noventa del siglo veinte.
El trabajo, aquí presentado, continuación del anterior, surge del malestar en el ejercicio de la docencia y las no respuestas que la Ley de Educación Nacional ofrece, pretendiendo realizar una especie de contrapunto entre el sentir y la norma , vislumbrar la separación mutua entre vida y norma, y no el reconocimiento de la una en la otra.
Vayamos a nuestro propósito.

Diseño del texto:
" Introducción
" Lo nuevo y lo viejo
" Las crisis y los estuches vacíos
" Un simple punteo o del malestar en la docencia
" Conclusión
" Anexo I. Tabla
" Anexo II. Cuadro comparativo

INTRODUCCIÓN
Nueva ley de educación en Argentina. Se supone un instrumento a fin de, si pretende rechazar toda mercantilización , modificar las condiciones históricas generadas, aproximadamente, a partir de mediados de la década del setenta del siglo veinte en nuestro país. La educación como objeto de mercado hace al malestar de nuestra época, al malestar en la docencia. El reconocimiento de dicho sentir tiene que ver en cómo un sistema impacta para, desde la afección, un ímpetu creador, colectivo, motorice la dinámica del pensar, del hacer, del querer hacia nuevos sentidos, más humanos, en un establecimiento resignificado de los lazos sociales, o bien de aquella cohesión (extrapolando libremente el término de la obra de Emilio Durkheim, diremos que liberadora y no funcional), sin la que no queda más que la muerte (léase genocidio, guerras, exclusión, múltiples pobrezas , etc.), para el sociólogo francés, el suicidio. Ciertamente, este último concepto implica una decisión meramente individual: "yo deseo morir". Preferimos reemplazarlo por el de: "nos-otros deseamos morir", deseamos la muerte del otro, y en tal sentido, también la propia. Lo opuesto sería: "nos-otros deseamos vivir", deseamos la vida del otro, y en tal sentido, también la propia. La cuestión radica en qué fuerzas hacen a la posibilidad del deseo, cuáles a la constitución del nos-otros al que, a pesar del neoliberalismo vigente, en tanto pretende abandonar al individuo a su suerte, siempre estamos impelidos, dentro del complejo de tensiones hacia la vida o hacia la muerte, entendiendo lógicamente la conjunción disyuntiva ("o") como exclusiva (uno u otro, pero no ambos a la vez) o bien como inclusiva (uno u otro, y ambos a la vez). El deseo del otro es el deseo de sí mismo, valga la noción de Paul Ricoeur del "si mismo como otro".
La escuela es deseo de comunidad, al menos por definición. De ahí el constante latigueo formal (en libros, revistas, resoluciones, disposiciones, circulares, etc.) con el término comunidad educativa. Sin embargo, la praxis histórico política de los últimos tiempos es contradictoria, puesto que mientras las narrativas oficiales se regodean con aquél, el espíritu exclusor del mercado, individualista y alienante, competitivo y violento, fragmenta socialmente y produce pobreza, inmoviliza lo que excede al interés propio o privado, al egoísmo. Aquí vale el cálculo, la eficiencia, la auditoría, no la pasión por el otro .

LO NUEVO O LO VIEJO
Cuando en aquellos tiempos, en mis estudios de profesorado, aprendí que la pedagogía tiene de "ciencia, técnica y arte", sin entrar a problematizar dicha afirmación, rescato fuertemente el sentido de "arte". Éste se relaciona con la intuición, creadora de por sí. Y en el caso que nos atañe, con la pasión, es decir, con la vida. Muchísimos docentes, individualmente considerados, aunque sientan que el sistema pretenda fagocitarlos, especie de totalidad que los oprime, tienen el deseo de enseñar, ponen su cuerpo y, más aún, su carne en tal empeño, dejan jirones de sus existencias, alma en la entrega. Sin embargo, en ciertos momentos, cuyo peso es grave y constante, no saben ya qué hacer, hacia donde disparar. Pareciera que la creatividad se perdiera, el desánimo se empoderase de los mismos. Entonces, quienes bajan la guardia, aparecen vencidos. Otros, cooptados por la desazón, la eligen como punto de arranque para una nueva batalla pedagógica, ante el temor que se pierda nuevamente, aunque las ganas, el esfuerzo en la responsabilidad por el otro predomine. En ese avatar, casi no proponiéndoselo, sin más pequeños, nuevos rumbos didácticos surgen. Entra en juego la "intuición creadora", a la que hicimos referencia, pero en la soledad, consecuencia de un sistema que los arroja, en la pretensión de subsumirlos normativamente. Subsunción o alienación, es lo mismo. Mientras tanto, el docente de alma (anima en latín, vida) se debate entre el descreimiento, la desesperanza y la fe esperanzada. Un por-venir incierto, tensionado entre el cierre de horizontes y su apertura. Pero ese debatirse no es al modo de un moribundo, mas bien al modo agónico, lucha incesante que no se agota en la muerte y recrea la potencia de actuar. No ya, en esos maestros, la lamentación, la insensata queja en una sala de docentes, al modo del perro que muerde su cola sin poder salir del círculo vicioso. Esfuerzo por trocar toda decepción en pasión , todo desánimo en vida, toda reacción en creación, es la condición del acontecimiento pedagógico, que excede lo educativo, aunque lo implique, e involucra la condición humana más allá del valor de cambio propio del modo de producción capitalista, en la presente globalización, donde el éxito se mide por el resultado, resultado tal que circularía transparentando eficiencia y eficacia o su negación. Obviamente, dicho acontecimiento puede sonar al oído como al modo anárquico, pues no modifica las relaciones opresoras de base, sin embargo, al decir de un viejo filósofo, más vale el ser que la nada, y frente a los enseñantes hay un micromundo de relaciones (el aula escolar, sus alumnos) que boga por el reconocimiento de la dignidad y la decisión por la justicia.
Entre tanto, el funcionariado político partidario establece novedosas normativas, que ensalza grandilocuentemente hasta el cansancio, blandiendo su dedo acusador contra el maestro y aplicando lineamientos pre-establecidos. A modo de ejemplo, independientemente de los errores gramaticales, he aquí la siguiente trascripción: "Hubo efectos de la Transformación que reconoce el voluntarismo, pero que fueron en desmedro del profesionalismo, aun así, con el reconocimiento manifiesto al esfuerzo realizado." "La capacidad y profesionalismo del Equipo de Inspectores, harán efectivos los lineamientos de la Política Educativa como brazos ejecutores de la misma y comprometidos con su rol." La Jefatura de Inspección Distrital de Avellaneda, dependiente de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, en un documento reconoce: a) el desprofesionalismo de los docentes, es decir, su "baja" calidad, b) el reconocimiento, meramente formal o declamado, al esfuerzo realizado, c) el profesionalismo del equipo de inspectores, es decir, su "alta" calidad, d) éstos como brazos ejecutores de la política educativa, entendiendo que un brazo, simplemente, ejecuta, no piensa ni dialoga . La pregunta que nos formulamos, y cuya respuesta no aparece, es acerca del el origen de los citados "efectos". Lo único que menciona el documento como antecedente es: "una crisis económica grave en la Provincia y en el país. No fue solo económica, sino cultural -la vida de un pueblo se vio arrasada-." Esa Jefatura no aclara cómo actuó el brazo ejecutor en tal circunstancia.
El discurso cotidiano en la práctica docente difiere del discurso de la normativa, pedagogía oficial. El de los abajo difiere del de los arriba. No debiera entenderse dicha praxis al modo de lo insignificante que no hace a la cuestión. Existe una flagrante contradicción entre los efectos de verdad de unos discursos y de otros. Quienes fuertemente atados a las burocracias democrático-formales, quienes atados al caminante, zapatos embarrados, manos blancas de tiza. Relaciones de poder en juego. ¿Podría un médico, acaso, curar desde una producción textual inoperante, carente de significación para la praxis? El maestro siente, salvadas las distancias, algo similar. Pero, se defiende, resistencia pasiva, desde conceptos o nociones ancladas en su tradición. Veamos algunos ejemplos:
" mientras en uno se referencia a las "materias o asignaturas", en el otro a "espacios curriculares" ;
" mientras en uno se referencia a "contenidos", en el otro a "competencias";
" mientras en uno a "contenidos", en el otro a "expectativas de logro" (en el discurso cotidiano escasamente se hizo carne el término "objetivos");
" mientras en uno a "mesa de examen", en el otro a "acreditación", etc.;
" el maestro, a fin de la comunicación cara-a-cara con otros docentes, apela a un discurso; a fin de la comunicación formal, escrita, a otro. Narrativas discordantes, paralelas, unas en el barro de la enseñanza, otras en la densidad de las relaciones de poder, dentro de los cánones ideológicos neoliberales.
Tal disociación -quiebre en las narrativas escolares-, significa tensión en el actuar docente, hace a la crisis de la escuela, que es también crisis del sujeto social, del sujeto público, del sujeto pensante, al decir de Cullen : "...como crisis del sujeto social... deja sin identidad social a los cuerpos singulares que enseñan y aprenden; como crisis del sujeto público... deja sin Estado político a los ciudadanos que enseñan y aprenden... como crisis del sujeto pensante... deja sin dinamismo creativo a las inteligencias que enseñan y aprenden." Esto es sumamente grave. En ese avatar aparecen las reformas educativas, que potencian las crisis, sin percibírselas al modo de una especie de tránsito-hacia, mas bien a la manera de un anclaje sin destino. Lo transitorio se haría permanente. Es lo que tiende a desconcertar, a desanimar.
Ésas, que supuestamente pretenden una transformación pedagógica, en el contexto del abandono del Estado de Bienestar Social y de la asunción de las políticas neoliberales, profundizan la crisis, ocasionan malestar en la docencia, en especial con políticas de descentralización, ocultando la existencia de un centro , cuyo motivo inicial y real, independientemente de las grandilocuentes formulaciones acerca de sus bondades educacionales, tiene que ver con la reducción presupuestaria y la globalización neoliberal . Las autonomías institucionales , tienen como caballito de batalla al Proyecto Educativo Institucional (P.E.I.), sugestivo y seductor término, cuya objetivo real es la desresponsabilización del Estado en lo que hace al fracaso escolar, y que se acompaña de otras instancias, a saber, entre otras, las de la gestión intermedia (racionalidad instrumental local, en la que se compatibilizan tiempos, costos y logros, es decir, eficiencia y eficacia) y las del Acuerdo Institucional de Convivencia (A.I.C.), simulación de participación democrática en la vida de la comunidad, cuando, en realidad, únicamente se hace cargo a la escuela del régimen de disciplina del alumnado, en una época de crisis de gobernabilidad.
P.E.I., gestión intermedia y A.I.C. no fueron modificados en la nueva ley de educación. Se pretende una permanente institucionalización de los mismos. Las bases economicistas del neoliberalismo continúan vigentes , sea desde su concepción, el mercado y la mercancía, con el énfasis puesto en la demanda -el valor económico radica en los sujetos que demandan, y los sujetos son entendidos matemáticamente-, sea con los discursos pedagógicos -cuyas categorías claves provienen de la economía- y la intencionalidad latente para normalizar sus significaciones. Desaparece el "otro", su dignidad, carne humana que sufre y lucha, ama u odia. Aparecen cálculos presupuestarios, evaluaciones procesadas estadísticamente, al modo de los estudios econométricos.
Empero, ciertamente hay palabras que sobreabundan más en ésta que en la vieja norma. Así, v.gr., democracia, democratización, democrático o democrática,
participación, derechos. Existe, aquí, una diferencia cuantitativa entre ambas normas. Y la cuestión no radica, fundamentalmente, en cuántas veces aparece un término, mas bien en los supuestos implicados. ¿Por qué las palabras se convierten en huecas, una especie de estuches vacíos?

LAS CRISIS Y LOS ESTUCHES VACÍOS
La crisis del modelo fordista -producción en masa y estandarizada- conlleva a una disminución del incremento de las tasas de ganancias por parte de la burguesía productiva, el debilitamiento o desaparición del Estado de Bienestar Social y su conversión en un Estado aliado a la burguesía financiera a fin de constituir la globalización neoliberal, última etapa del imperialismo hasta el presente. El Estado abandona a su suerte a los ciudadanos. En el imaginario social, aquél se debilita como factor de cohesión social, descentralización y autonomía son consecuencia. Y, en el caso de la América Latina, múltiples dictaduras cívico/militares, y fundamental sostén de países centrales, con la finalidad de propiciar las condiciones necesarias al efecto de la práctica de las políticas neoliberales.
Década del sesenta del siglo XX. Es período de la reactivación de posguerra, expresada teóricamente por el desarrollismo de Rostow. La creencia en el progreso hace, también, a la creencia en la meritocracia, el éxito y el fracaso, nada más que consecuencia del esfuerzo o no del individuo. Ésta es explicitada por Pierre Bourdieu en su obra Los herederos. Sustenta el espíritu de la escuela pública, simbolizada en nuestro país, v.gr., por el examen de ingreso al nivel secundario de enseñanza.
Durante la década del setenta, período de dictadura cívico/militar, si bien continúan resabios de aquella meritocracia, sin embargo, predomina un orden ideológico autoritario como base del disciplinamiento, es que la sospecha de crítica debe desaparecer, aún a costas de la desaparición física. La lucha política entre los dos grandes bloques políticos, desde el pretendido liderazgo de los Estados Unidos de América y de la Unión Soviética, se hace sentir en el control militarizado y las desapariciones forzosas. Los libros de textos autorizados diferencian entre estilo de vida democrática y forma de gobierno democrática. La primera sería vigente, y condición de posibilidad de la segunda en un futuro sin tiempo. Es el vaciamiento de la democracia, que conducirá al siguiente período, en el que el estilo de vida tienda a ser chupado por la forma de gobierno.
A partir de la instauración de la democracia formal, en la década del 80, recién ahí, en nuestro país, comienza a percibirse la crisis de la escuela pública. Su base sustentable es la democracia, el anti-autoritarismo, la participación -significa posibilidad efectiva de decisión, pero en cuanto esta última se ve limitada, también aquélla-, en realidad meramente simbólica o simulada, que a través de los años culmina en la carencia del deseo de participar, por cuanto se siente que el poder tiende a ser nulo.
La didáctica tiende a desaparecer. Refiere a la enseñanza que, paradójicamente, entra en descrédito y es desplazada, pues se asemejaría a lo que sobreviene desde arriba hacia abajo, siendo reemplazada por el término propuesta. Valga a modo de ejemplificación, la teoría constructivista del aprendizaje -donde, de hecho, en las prácticas cotidianas, bajo la presión de los inspectores o policías educativos, importa más como el alumno aprende y no como el maestro enseña, el taller y el juego- que intencionalmente no se menciona como teoría, es propuesta. Aquél invade aún los discursos normativos emanados de las autoridades político educativas, aunque su sola enunciación sobreentienda, sin cuestionamiento alguno, el deber o la obligación.
En la década del noventa, acontece el pleno cumplimiento de los objetivos económicos del período genocida, el cimiento pretende ser la eficiencia entendida como excelencia en los términos de costo-beneficio. Entre un período y otro existe una especie de ruptura, de hiato histórico: de la meritocracia individual un salto al orden autoritario, de éste a la democracia, taller y juego, desde éstos al eficientismo en el que la calidad se mide a la manera de un objeto físico (como cualquier producto del mercado en el sentido de las Normas ISO 9000, cuyo criterio es hacerlo competitivo en el mercado internacional, y de ahí la medida según parámetros globalizados). Con la Ley de Educación Nacional, no existe corte histórico alguno: lineamientos, control, cumplimiento, evaluación implican el espíritu en el que la relación eficiencia/eficacia perdura, al menos en la letra de la norma, que es señal del sentido neoliberal de la cuestión. Obviamente, desde una ronda de consultas se habría materializado la participación simulada en agregados estadísticos , por lo que ahora no cabría más que la sujeción. A riesgo de ser reiterativo, valga recordar que la relación entre el Ministerio de Educación (o Dirección de Escuelas) se mediatiza a través de las normativas (resoluciones, disposiciones, circulares) y los inspectores, cuya misión es la de ejecutar la política educativa del gobierno de turno , significado de administración, que en alemán se denomina polizei , y actualmente en sentido neoliberal gestión, relativa al control y al cumplimiento.
Teniendo en cuenta que, a partir de Paulo Freire, no podemos entender la educación meramente desde el educando y, obviamente, tampoco desde el maestro, mas bien desde una relación transformativa de carácter radical, que involucra y excede, a la vez, el plano de la institución escolar, por ser ella misma política, interesa comprender que las políticas educativas debieran establecer tanto las condiciones para que los alumnos aprendan como las condiciones para que los maestros enseñen, no unas disociadas de las otras, pues entonces habría un hiato en la relación educando-educador, y por ende no sería tal, o al menos en lo que Freire propone. Es decir, establecer las condiciones para una praxis dialogal en la que ambos sean educadores y ambos educandos.
Ciertamente, la problemática educativa es tan aguda que implica una tarea ciclópea y, quizá, desbordante, pero el punto de partida a fin de una real transformación, que respete la dignidad humana, radica en el reconocimiento de la misma y de los actores, signados con nombres y apellidos, que intervinieron en su producción. Dicho reconocimiento, no es ni más ni menos que el dejarse ser interpelado por el Otro y, desde ahí, intentar asumir la responsabilidad por aquél.
La problemática, y perdón por la reiteración, es tan aguda que tampoco puede ser resuelta por un mundo académico disociado de la praxis situada de los maestros. Múltiples discursos, de elocuente erudición (libros, revistas especializadas, paneles, seminarios, conferencias, etc.) no son sino manifiesto de la ruptura del mundo intelectual con la vida de nuestros niños-pobres, que no son pobres-niños . Ríos de tinta, con un prestigio ganado en las lides políticas, académicas y editoriales no son sino expresión de una especie de esquizofrenia, donde el saboreo de la palabra se dispara de la praxis educacional, hasta la tragicomedia del disparate. Muchísimos alumnos, que se forman en diversos ámbitos disciplinares dentro del nivel terciario de educación, cuando intentan realizar el abordaje de las materias pedagógicas, lo sienten como un trámite engorroso, necesario para cumplimentar con los aspectos burocráticos relacionados al acceso a la docencia. Quizá les resulte dificultoso teorizar acerca de la mencionada esquizofrenia. A su vez, muchísimos docentes en ejercicio, que se dedican a la enseñanza de disciplinas ajenas a las denominadas "ciencias de la educación", sienten sus discursos a la manera de un versar sin sentido, y es así que exclaman "verso, nada más que verso". ¿Especie de inutilidad necesaria a los efectos académicos cristalizados en una noble rigidez (el doctor viene de España para enseñarnos), necesaria a los requerimientos editoriales y político partidocráticos, simulando la preocupación por la niñez? En tal sentido, ¿inutilidad de la pedagogía? ¿Pedagogía de la miseria o miseria de la pedagogía?
La Nueva Ley de Educación participa en dicho proceso. Las relaciones fundamentales de la reproducción social de la pobreza son imposibles de transformar, en principio, por medio de reformas legales que surgen de las mismas condiciones que las originaron. Al respecto, he aquí las explicaciones de Rosa Luxemburg: "Las relaciones básicas de la dominación de clase capitalista son imposibles de transformar por medio de reformas legales sobre bases burguesas, precisamente porque ni fueron introducidas por leyes burguesas, ni han adquirido jamás forma legal alguna. Al proletario no le fuerza la ley a uncirse al yugo del capital, sino la miseria, la carencia de medios de producción."
El maestro no enseña, el alumno no aprende. Éste es el nudo gordiano. La respuesta de las autoridades político educativas consiste en una nueva ley. Ella pretende fijar parámetros de calidad y normatizar el control, el cumplimiento. Es como si el médico diera al enfermo una especie de remedio, supuestamente, inocuo. Resulta perverso, la dolencia continúa. Entre tanto, las prácticas institucionales macro y micro continúan siendo las mismas, sin perspectivas de real transformación.
Azarosamente, con un colega docente, en el ámbito de una conversación informal, señalo que el nudo gordiano de la escuela es la educación primaria y, dentro de aquella, el poder y el deseo de enseñar de los maestros y el deseo de aprender de los alumnos, y que mientras una reforma educativa no los atienda, apunte al marco legal y deje las prácticas institucionales tal como existen, no habrá una educación digna y justa para los niños de los grandes sectores populares. Una señora que se identifica como directora de escuela, no conocida por mí, siente malestar al escuchar la afirmación relativa al "deseo de enseñar de los maestros" y molesta me reprocha de la siguiente manera: "Ud. no sabe qué significa trabajar en contexto de pobreza, los innumerables problemas cotidianos que tenemos con los chicos, y aún sus familias, la carga agresiva... Soy directora de una escuela, Ud. tendría que estar en mi lugar." El malestar en la docencia es ya casi insostenible, sin embargo, no aparece un reconocimiento en tal sentido por parte de las autoridades político educativas, quienes se dedican, con pomposos autoelogios y fuerte autoreferencialidad narcisista, a impulsar marcos legislativos, redactar resoluciones, disposiciones, circulares, modificar planes y programas de estudios, a promover jornadas de capacitación, obviando la realidad. Es, entonces, que el eje de la cuestión radicaría en el control de los lineamientos que se fijan, al modo de auditorías externas no comprometidas con la historia de la política institucional, y no en valorar hasta qué punto dichos lineamientos tienen que ver con políticas justas. Se manifiesta, así, la obsesión por el control. La palabra del maestro se torna ausente. La dialógica señalada por Paulo Freire en la que educador y educando son también educando y educador, respectivamente, por la que modificando al mundo se modifican a sí mismos, es inexistente.
El subtítulo del presente parágrafo podría haberse denominado "cuando la norma o la escritura pedagógica se convierte en estuche vacío"a fin de una política justa.

UN SIMPLE PUNTEO O DEL MALESTAR EN LA DOCENCIA
El artículo 4° de la Ley de Educación Nacional (2006) refiere, por parte del Estado, a la "responsabilidad principal e indelegable de proveer una educación integral, permanente y de calidad". El concepto responsabilidad principal e indelegable aparece, también, en la Ley Federal de Educación (1993), artículo 2°. Habrían dos niveles de análisis susceptibles de realizar: uno desde la formalidad del derecho o la norma jurídica, otro desde la praxis efectiva de las políticas educativas durante las últimas décadas. En esa historia, hasta el presente, se vislumbran dos sentidos aparentemente discrepantes entre sí: el de la norma y el de la vida, el de la calidad y el de la miseria o exclusión. Sin embargo, no existe contradicción alguna. La escritura de la norma debe interpretarse en el padecer de la existencia. En otros términos, responsabilidad principal e indelegable dentro de los cánones neoliberales . Es que la letra se reitera, sin otro aditamento.
Nos encontramos, así, con un Estado que piensa en nosotros y, por ello, no debiéramos pensar sin Estado . En el marco de sus políticas acaece un mal-estar, no reconocido como tal, en la pretensión no explícita de instalarnos en el mismo. Y la cuestión no consiste en una mera toma del Estado para nuevas políticas, mas bien en apuntar a la construcción del poder en la horizontalidad, la crítica y la creatividad, instituyendo lazos de solidaridad, con sentido ético político, gracias a lo cual sea factible presionar, negociar, resistir, crear, y modificar esa Entidad que, en su injusto accionar, nos mal hiere.
El malestar (mal estar quiere decir una condición que pudiera revertirse en un bien estar) en la docencia, y el desánimo implicado, tiene que ver con múltiples aspectos no considerados aisladamente:

Desde el docente :
" El quiebre entre el funcionariado político educativo y la camada docente. La potencia de actuar de uno tiende a desconocer y a debilitar la del otro, aún bajo las argumentaciones del reconocimiento y la atención a sus necesidades. Un malestar invade al enseñante, y depende de su buena voluntad el compromiso ético-político con el micro espacio escolar y del aula, donde habitan seres humanos de carne y hueso que merecen ser atendidos en su dignidad.
" La desjerarquización política del rol docente. El Otro, en este sentido, la camada docente, es tratado desde los requerimientos del poder partidocrático de turno y no desde los requerimientos de los carenciados, de los pobres, entendiéndolos en los términos de las múltiples pobrezas, según la definición de María Teresa Sirvent .
" La desjerarquización social del rol docente. El debilitamiento feroz del poder enseñar al fortalecerse políticamente la función container de la escuela. El debilitamiento del principio de autoridad, pues se disiente el sentido de su reconocimiento social en tanto funcionario de un Estado desprestigiado. Así, por ende, acontece una pérdida del deseo de enseñar.
" La permanente resistencia ejercida fundamentalmente en materia salarial mediante múltiples paros, sin días de clases, y la discontinuidad en el proceso educativo, provocando desaprendizajes (se desaprende lo ya aprendido), situación que afecta más que nada a los sectores que no pagan la escolaridad de sus hijos, no hallando creativamente la manera de pegar al principal responsable, sufriendo las consecuencias las camadas de los sectores populares. La lucha por la inmediatez del salario, una especie de no acabar nunca, jamás, incide en el desánimo. Un salario indigno (gran cantidad de docentes bajo la nada dialéctica e ideológica denominación línea de pobreza) que tensiona hacia una preocupación más por la inmediatez de la subsistencia material que por el valor cultural de la educación.
" La devaluación de los títulos en general, y en particular los docentes.
" Los institutos de formación docente que privilegian la cantidad de alumnos en desmedro de la calidad, en virtud que lo opuesto significaría cierre de secciones o cursos con pérdida de fuentes laborales para sus enseñantes.
" Una sociedad clasista, como la nuestra, con fuerte sesgo discriminador. Durante los últimos tiempos la tendencia es el acceso a la docencia de sectores sociales menos privilegiados económica y socialmente, cuyos pre-requisitos, como condiciones para futuros aprendizajes, se encuentran deteriorados. Es que previamente fueron alumnos.
" Ejercicio ilegal de la función pública. Históricamente, durante los primeros años de la década del noventa del siglo veinte, la gran cantidad de docentes, especialmente en el nivel primario, que ilegalmente, accedían al ejercicio del magisterio, sin la formación específica, sin los títulos que certificaran la formación, precisamente por la ausencia de docentes, cuestión no encuadrada dentro del ejercicio ilegal de la función pública, ya que el Estado era el promotor de dicha situación. Y allí se halla el espíritu de la cuestión, pues más importante es cubrir físicamente el rol docente que su enseñanza efectiva.
" El constituirse el docente como una "máquina de dar clases", sin tiempos y espacios reales para las tareas que no sean estar frente a alumnos . El riesgo en su salud mental por una sobrecarga laboral debido a la precariedad salarial, la sobrecarga o concentración de alumnos y el hacinamiento espacial, impidiendo una educación personalizada, más acuciante, aún, en condiciones de pobreza de los discentes.
" La participación simbólica o simulada a partir de la instauración del régimen democrático formal, hacia fines de 1983, y que aún continúa, y se materializa, entre otros, en un sin número de jornadas con suspensión de clases y en documentos de política educativa, supuestamente surgidos desde las bases. Un caso paradigmático, en el que habría participado, no solamente la camada docente, sino la comunidad educativa toda, lo constituye la sanción de la Ley Federal de Educación en abril de 1993, cuyo ideario habría sido propuesto, según sus entonces defensores, en el Congreso Pedagógico Nacional de la década anterior, impulsado por la administración del gobierno de Raúl Alfonsín. También, la participación meramente controlada y simulada a través de las signadas rondas de consultas (con el sentimiento que "ya está todo cocinado") y el sentir la falta de respuesta ante inquietudes formuladas a la superioridad, la capacitación docente en servicio meramente simbólica, en la que el docente se siente subsumido (alienado) en la obligación de la norma a los efectos de un servil cumplimiento.
" Las instancias de gestión intermedia, mediación entre las autoridades políticas y las comunidades educativas, transformadas en brazos ejecutores de las órdenes impartidas, independientemente de las necesidades reales de aquéllas en tantos sujetos colectivos. Hacemos alusión a los inspectores, cuya función, de hecho, es adecuar sujetos a normas, adecuar carne sufriente a escrituras autoreferenciales que se regodean en sus autoelogios.
" La no posibilidad de verbalizar dicho malestar institucionalmente, en virtud que los mediadores de las políticas educativas, meros ejecutores de la misma, establecen las condiciones para no poder hacer palabra/diálogo el mundo en que se vive.
" La responsabilidad civil que atemoriza judicialmente a los docentes y evita la libertad en el hecho de enseñar. El docente resulta un posible hacedor de delitos en vez de un posible enseñante. De ahí, todas las acciones que se evitan o las que se omiten por temor. Aparece la tensión entre un sujeto educador y un sujeto judicializable.
" Políticamente el acceso mayoritario a la escuela de los niños, en la denominada 'edad escolar', es simplemente "para que no estén en la calle". El espacio público es considerado espacio de riesgo. Sin embargo, dilema de la historia, la calle entra en la escuela, es decir, la escuela, espacio público, se convierte también en espacio de riesgo. Lo público sería riesgoso. Ejemplos: niños armados, violencia escolar, etc. La exclusión, o no entidad, económica y social, no se condice con la funcionalidad política de niños pobres que no constituyan un riesgo social. Es por ello que, ante situaciones dramáticas, los medios sociales de difusión expresan en discursos un asombro inactivo, paralizante, mientras que las autoridades educacionales se abocan, meramente, a deslindar responsabilidades. Obviamente, la responsabilidad tendería a recaer en la camada docente.
" El no reconocimiento del fracaso escolar en la exigencia, no escrita, pero real, de la promoción automática. Excepcionalmente se formaliza la misma, como por ejemplo en la Resolución 1637/06, del 28 de diciembre de 2006, firmada por la Ministra de Educación de la Provincia de Santa Fe, Lic. Adriana Cantero, cuyo artículo primero reza lo siguiente: "Establecer la promoción directa de los alumnos/as de 1er Año de EGB con los acompañamientos necesarios para garantizar el proceso de alfabetización iniciado."
" La sobrecarga de alumnos por docente en condiciones de emergencia escolar, no declarada como tal. Las condiciones edilicias, infraestructura, de emergencia, no declarada como tal. Los recursos didácticos en condiciones de emergencia, no declarada como tal.
" La distancia entre los discursos pedagógicos reales de los docentes y los discursos pedagógicos en el marco instituido por las autoridades políticas de turno, especialmente los que tienen su origen en las políticas neoliberales, con su raíz netamente economicista .
" La distancia infinita entre los discursos de calidad medible y las prácticas docentes que sufren el no deseo de aprendizaje por parte de los alumnos.
" El sentido exacerbado del control, de la medición, de la evaluación, como pivote de toda reforma educativa, al modo de cualquier objeto físico, entonces, una física pedagógica, en alusión a la física social del positivismo, así como lo interpreta Augusto Compte.
" La distancia infinita entre las competencias , según parámetros de alto rendimiento, como saberes integrados (en el currículum formal refieren a las expectativas de logro) exigidos por el mundo empresario afín, en relación a los logros efectivos de los alumnos. El sentido verbal (lingüístico) de la acreditación, que reemplaza al vocablo "examen" (con su clásico sentido de la meritocracia individual). En el lenguaje de los tiempos neoliberales, la primera desplaza al segundo. Si bien, en la lengua española, acreditar no es un término novedoso, surge al calor de las NORMAS ISO (International Organization for Standardization), Organización Internacional para la Estandarización. Es una federación mundial que agrupa a representantes de cada uno de los organismos nacionales de estandarización (como lo es el IRAM en la Argentina), y que tiene como objeto desarrollar estándares internacionales para facilitar el comercio internacional. También, a fin de facilitar el control del cliente sobre el proveedor, se unifican los criterios entre los distintos clientes y se provee el aseguramiento de la calidad mediante auditorías externas a partir de normas a tal efecto. La necesidad de generar confiabilidad produce la aparición de los Organismos de Acreditación, generalmente instituciones estatales. Hay Organismos de Certificación que evalúan el sistema contra los estándares de la norma (normas internacionales de calidad) y emiten su recomendación. De ahí lo usual, en tiempos neoliberales, de los términos acreditación y certificación.
" Una de las consecuencias que vivencian los docentes en ejercicio es la gran cantidad de docentes que se jubilan no como cumplimiento de una etapa enriquecedora, y para emprender otra, sino porque no aguantan más al sistema ni a los alumnos. Muchos docentes cuentan los años que les faltan para jubilarse porque ya no soportan más.
" Y, para concluir este punteo del malestar en la docencia, reiterando un párrafo de la introducción al presente trabajo, podemos reafirmar que la escuela es deseo de comunidad, al menos por definición. De ahí el constante latigueo formal con el término comunidad educativa. Pero asustan sobremanera los hechos de violencia susceptibles de ser noticia en los medios masivos de difusión, que en realidad son la exasperación de una violencia cotidiana. El interrogante que nos azuza consiste en tratar de avizorar, desde una praxis política en lo cotidiano, cuáles son los horizontes superadores a partir de las que las relaciones cara-a-cara puedan darse, en el sentido de la responsabilidad por el otro,.

Desde el discente:
" El mandato fundacional de la escuela en el siglo diecinueve -como formador de la conciencia nacional, desde un entramado en el que un segmento político pretende el predominio sobre los otros (por ej. Buenos Aires sobre el interior del país), el disciplinamiento o normalización dentro de los cánones del modo de producción capitalista, y de ahí el requerimiento de los mitos de origen, para ser enseñados en su sentido ético político, amén de las nociones básicas instrumentales en el área de la lengua y del cálculo- si bien pretende perdurar, es trocado en el presente histórico por un descreimiento en la conciencia nacional, en los mitos de origen, pues por un lado no se avizora el progreso según la creencia del positivismo y, por el otro, tampoco el orden en tanto la escuela, para los grandes sectores populares, debido a una resistencia pasiva, tiende a no enseñar los contenidos establecidos formalmente, la contención se hace cada vez más difícil y se convierte en guardadora o guardería de niños y adolescentes.
" La resistencia pasiva se comprende, de manera muy general, en los siguientes términos: a) en el contexto de una sociedad de mercado que si no incluye, según la racionalidad del cálculo, en las altas competencias, excluye ; b) en el contexto de una cultura destellar o mosaico, a la manera del videoclip, cuya racionalidad internalizada se presenta como no-lógica y no coincide con la producción textual enseñada por la escuela, escrita u oral, que requiere del orden, de la secuencia, de la clasificación, de la jerarquización, de la previsión, donde el antes y el después se necesitan. La exacerbada apoteosis de la razón única de la modernidad se hace astillas. Es como si el discente se encontrase entre dos mundos que, funcionalmente a una política de dominación, se distancian, tensionan y no intersectan: el absoluto de la globalización neoliberal, cuya finalidad es si misma, y lo azaroso de una cultura, originada en el único centro político del mundo, paradójicamente esquizofrénica por la ruptura de la cadena de significantes ; c) el malestar docente, señalado recién, que afecta al discente, aunque no pueda tematizarlo, ponerlo en palabras.
" Las relaciones entre empleo y escuela, por cuanto el primero depende más del segmento o sector de clase social de pertenencia del egresado que de la educación, y las relaciones entre calidad de vida y escuela por razones similares . Todo ello hace a la desmotivación y a la resistencia al aprendizaje, muy particularmente en el ámbito de los sectores populares.
" Y, en términos muy generales, las condiciones histórico políticas de existencia que hacen a las múltiples pobrezas de los discentes y no facilitan el deseo de aprender.
Solo una tenaz voluntad política y la educación como política de Estado, que tienda a cooptar voluntades, más allá de los tiempos electorales, más allá de intereses espurios, cuyo sentido sea la justicia y no la eficiencia, las condiciones de posibilidad del poder enseñar y del deseo de enseñar y no del control, pueden motivarnos a señalar que nos encontramos reuniendo esfuerzos y ganas, las ganas o deseo de comunidad, de la potencia de actuar en comunidad, de educación.
El malestar en la docencia significa, herida profunda, ausencia de la pregonada ciudadanía, que se sitúa más en el plano de la forma (del derecho) que del contenido (de la praxis). Ese malestar no debiera ser pretexto para la inacción, no exime, con espíritu ético-político, de la lucha por el reconocimiento de los de abajo, ella es prioritaria. Debiera transformarse en crítica, en lucha y creatividad, en potencia de actuar, en pasión, en vida. Vida es creación, creación es vida.

CONCLUSIÓN
El niño tiene derecho a desear aprender, el maestro a poder y desear enseñar. La pregunta ausente es el por qué del no deseo:
¢ El deseo tiene que ver con el reconocimiento mutuo, donde interjuega en cada polo de la relación la responsabilidad por el Otro.
¢ El reconocimiento tiene múltiples mediaciones, sean políticas, económicas, sociales, culturales. Su génesis radica en procesos de lucha entre sujetos colectivos. El deseo se realiza en tanto acción negadora de lo dado . Precisamente, en una perspectiva histórica, es la dignidad un no-dado, mas bien una conquista.
¢ La responsabilidad por el Otro es donación, gratuidad, pasión, comunidad en la relación personal, inmediata, del cara-a-cara.
Muchísimos alumnos han perdido el deseo de aprender y muchísimos maestros han perdido el deseo de enseñar, hallándose en una zona de incertidumbre el mismo poder de enseñar, dentro de una escuela cada vez menos contenedora y más guardadora, donde la función asistencial desplaza a la de aprender. La pregunta ausente es por qué no desea, por qué cree que no puede.
Creemos haber ofrecido algunas pistas para la interpretación. Ello, obviamente, no nos conforma. Aludimos a la "acción negadora de lo dado". De ahí, dos compromisos que, en realidad, son uno sólo: el ético político y el ético pedagógico, que solamente diferenciamos en función analítica.
Compromiso ético político. Defensa de la escuela pública, comprendida no únicamente desde la inmediatez del salario, aunque condición necesaria, también desde la lucha política y la lucha teórico pedagógica.
Compromiso ético pedagógico. Compromiso comunitario y personal con la institución y con los alumnos en cada aula. No meramente subsistir. No meramente lamentarse del alumno que tenemos, a la manera de una pesada carga. Ese alumno es el pobre, es el Otro que nos reclama pasión por él. Quizá un sobre esfuerzo en donar nuestra existencia, las ganas puestas como todo el asado sobre el fuego, ganas tales que incentivan la intuición creadora, la intuición pedagógica. Alumno, pobre: su dignidad nos debe indignar. De ahí, un honor y un desafío: existir para él.
Una ley de educación debe surgir de un trasfondo de compromiso ético político y ético pedagógico, que a su vez los potencie, surgir de una voluntad de vida, de vida en comunidad.
Valga, entonces, transformar el malestar en pensamiento crítico y acción creativa porque, parafraseando libremente a Paulo Freire: sin sueños no hay esperanza y sin esperanza no hay educación.

ANEXO I

Tabla frecuencia (absoluta) de conceptos en la Ley Federal de Educación -1993- y en la Ley de Educación Nacional -2006-.

CONCEPTOS LEY FEDERAL -1993- LEY NACIONAL -2006-
Fijar, norma y normativa 6 veces 11 veces
Lineamientos 3 veces 6 veces
Cumplimiento y cumplir 11 veces 34 veces
Control y controlar 5 veces 5 veces
Obligación, obligaciones y obligatorio 9 veces 12 vez
Calidad 7 veces 29 veces
Evaluación 11 veces 21 veces
Gestión 14 veces 36 veces
Auditoría 0 veces 1 vez
Eficacia, eficaz, eficiencia, eficiente 2 veces 2 veces
Crítica y crítico 5 veces 3 veces
Creatividad 0 veces 2 veces
Democracia, democratización, democrático o democrática 5 7
Participación 10 veces 28 veces
Justicia 3 veces 7 veces
Derechos 12 veces 29 veces
Ciudadano, ciudadana, ciudadanía 1 veces 8 veces


" Es interesante apreciar la insistencia que se hace de la norma, la obligación y el control en múltiples artículos. La discrepancia en la cantidad de veces que se consignan dichos conceptos en una ley y en la otra no es significativa, por cuanto la de 1993 tiene 71 artículos, mientras que la de 2006, 145, es decir, aproximadamente el doble. Una posee el doble de los articulados respecto la otra, y los términos en consideración se duplican: 34 y 68, respectivamente.
" La creatividad aparece sólo en relación al placer estético y a la cultura (Ley Nacional). La crítica aparece en la Ley Federal dos veces: una referida a los discursos mediáticos y otra referida a la crítica de los contenidos en las disciplinas en la educación de pos grado; en la Ley Nacional, tres veces: dos referidas a los discursos mediáticos y a los nuevos lenguajes y una a los contenidos de las disciplinas en la educación de pos grado. Se mantiene el mismo espíritu. No hay crítica y creatividad en otros ámbitos, por ejemplo, en el de la ciudadanía, en el de la participación, la democracia, etc.
" Participación no se redefine en la nueva legislación, lo que resulta gravísimo, por cuanto el enunciado no condice con la práctica real de la misma, cuyo debilitamiento es notorio. Sin embargo, podríamos encontrar, entre otros, un motivo más del desinfle de aquélla, ya que debiera restringirse a lo establecido centralmente en los lineamientos y las normas, es decir, ser supeditada al control o la evaluación desde organismos centrales. Conocida es la expresión que muchísimas veces circula dentro del ámbito de la camada docente: "ya está todo cocinado".
" Similar limitación padece el término democracia, más aún cuando las burocracias político partidarias la acotan al máximo de su expresión posible y los mecanismos de mercado, a partir de sus parámetros econométrico-formales y sus prácticas de biopoder , distribuyen a los individuos o segmentos sociales en nichos incluyentes o en nichos excluyentes, quienes merecen ser o vivir y quienes no merecen ser o vivir. De ahí la invención política de las categorías inclusión o exclusión.
" Ciudadano, ciudadana o ciudadanía: 1 vez (Ley Federal) en relación a los deberes y la democracia, 8 veces (Ley Nacional) en relación a los derechos, deberes y la democracia. La diferencia es que en la norma de 2006 aparece el término "derecho". Sin embargo, no se redefine el término "ciudadanía", teniendo en cuenta que, dentro de los cánones del liberalismo político, se reduce nada más que a una expresión meramente jurídica, pertinente a la formalidad del derecho . Solamente habría que "profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática" (Ley Nacional, artículo 3°), ni criticar ni modificar, ni construir o deconstruir y reconstruir, simplemente, profundizar lo ya dado.
" El término auditoría, que en la Ley (1993) no se consigna, y sólo 1 vez en la de 2006, es sumamente significativo, aunque su enunciación apenas aparezca, por sus implicancias ideológicas y políticas, según lo explicitamos más arriba.
Hipótesis:
A) Digamos que las presentes críticas se hubiesen conocido y aceptado antes de la promulgación y la sanción de la Ley de Educación Nacional, de manera tal que la forma de redacción cambiase, a partir de los enunciados y conceptos propuestos.
B) Nada incidiría en las prácticas político institucionales, fuesen macro o micro, por cuanto existe una voluntad de poder que excede el marco de la escritura, el marco de la ley, y que lo sustenta.
C) ¿Qué más da, por ende, una letra que la otra?



ANEXO II. Cuadro comparativo

El siguiente cuadro tiene que ver con el deseo de enseñar y aprender, perteneciente a la ponencia "El rol de la educación frente al neoliberalismo", que ofrecí en el marco de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, de la Organización Internacional Interamericana de Trabajadores, en Asunción del Paraguay (del 13 al 15 de octubre de 2006).

a) Del alumno: b) Del maestro:

* Aprendizaje social del escaso valor político otorgado al maestro. Por ende, sus consignas, su presencia, se deteriora ante los alumnos.

* El maestro, como figura/modelo de posibilidades de ascenso social, se presenta como uno más, un pobre entre los pobres. El alumno no siente, desde el punto de vista del rol, su estímulo.

* El alumno se sabe asistido. Se asiste a un inválido. Se reproducen sus condiciones sociales de pobreza.

* El alumno siente que se le enseña poco, siente que es asistido y cada vez menos contenido social y afectivamente, siente que cada vez la escuela cumple más una función de guardería.

* Disminución de las fuentes de empleo, exigencia de una mayor titulación para los mismos empleos escasos. Desánimo a fin del aprendizaje. Es entonces que, por ejemplo, en su narrativa, el maestro ya no solicita 'deberes' para la casa, sino 'tareas'.

* El alumno 'hace', pero sin el estímulo del esfuerzo, de la potencia, del maestro, Hace sin ganas, con un maestro que ya no enseña.

* Se atribuye, de hecho, en los discursos, la responsabilidad principal del fracaso educativo, en condiciones de pobreza, al maestro. Ejemplo: no se compromete con la tarea, no quiere enseñar, no está capacitado, tiene muchas vacaciones, hay que evaluarlo para incentivarlo a ser eficiente.

* Salario indigno, de hecho. Participa del tratamiento indigno de cualquier pobre.

* Sobre exigencia de la labor docente: cantidad horas clases, cantidad de alumnos, cantidad de tareas asistenciales.

* Malestar docente, consecuencia de las tensiones entre normativas 'inútiles', aunque cargadas de significados de excelencia, y el desconcierto que implica el alumno actual. Sin embargo, cual espada de Damocles, pesa sobre él la amenaza del monitoreo pedagógico y la amenaza jurídica de la responsabilidad civil.

* Disminución de las fuentes de empleo, devaluación de los títulos, y por ende del título de 'maestro'. El acceso a la formación para el magisterio de quienes pertenecen a sectores sociales humildes, pobres, con un bagaje cultural sin demasiadas expectativas.

* Borradura de la didáctica en los planes de estudio de la formación docente. Importa cómo el alumno aprende y no cómo el maestro enseña. Se desvirtúa el sentido del enseñar, del ser maestro. En clase, las actividades de los alumnos tienden a reemplazar la enseñanza de los docentes.

 

 



 

Gentileza: Miguel Andres Brenner
[andresbrenner@yahoo.com.ar]

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