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De esto sí hay que hablar
Lucia Puenzo y su filme XXY, Por
Carlos A. Valle
Cuando nos enfrentamos con temas
difíciles de entender y
considerar, tendemos a
ignorarlos o a justificarlos con
una respuesta dogmática. Vivimos
guiados por muchos prejuicios
cuyos orígenes tienen
generalmente un trasfondo
religioso. Marcan a la sociedad,
su conducta y pueden convertirse
en crueles preceptos para juzgar
a los demás. Ese trasfondo,
mezcla de temor y misterio,
aflora como justificativo cuando
se le pone el sello de que así
es como Dios quiere.
Es significativo que mientras
muchos teólogos se refugian en
la herencia recibida y se niegan
a revisarla, el planteamiento de
los problemas que subyacen en el
tejido social con frecuencia es
asumido por los artistas.
¿Cómo se define la identidad?
¿Quién tiene derecho a decidir
sobre la identidad de los otros?
Es, sin duda, un tema que
subyace en toda consideración
sobre la sexualidad y el género.
Tal vez uno de los temas más
urticantes para aquellos que
tienen un rechazo visceral a
siquiera mencionarlo. El mundo
religioso en general ha tendido
a ejercer un dominio sobre la
vida sexual, muy posiblemente
porque se trata de un elemento
vital del ser humano y de su
vida de relación.
Lucia Puenzo una joven
realizadora nos enfrenta con su
opera prima, XXY, con la
necesidad de que esta
problemática se enfrente abierta
y valientemente. A partir de un
caso de hermafroditismo, se
plantea la historia de una
familia que ha decidido mudarse
a un país vecino para escapar de
los prejuicios, que deben
enfrentar por este hijo-hija,
Alex, quien está en plena
adolescencia. Su padre, Kraken,
un biólogo, lleva esta situación
concentrándose en su profesión.
La madre de Alex, para resolver
el problema ha invitado a una
familia conocida con la secreta
confianza que, dado que el
esposo es cirujano, su consejo
pudiera ayudar poner fin a esta
situación. Los acompaña su hijo,
quien al relacionarse con Alex,
descubre su mundo sexual. En
este escenario varias cosas se
plantean: el cambio de ambiente
no ha solucionado el tema de los
prejuicios; la cirugía parece
querer convertirse en un
distante y atroz árbitro; los
prejuicios parecen acosar y
paralizar a los padres de ambas
familias; Alex parece sentirse
desprotegida y evita todo
contacto o muestra una
agresividad que reclama respeto
y calidez. El filme no pretende
hacer juicios o dar respuestas,
pero si apuntar a un camino.
Cuando sobre final el padre de
Alex procurar entablar un
diálogo, lo que se atreve a
decirle es lo que ha ido
dolorosamente aprendiendo: Alex
es quien debe decidir, que no
hay cosa más importante que
respetar al otro, más allá de
los convencionalismos y lo
difícil que esto pueda ser.
Indudablemente mucho se ha
escrito y dicho sobre el tema de
la identidad sexual y de género,
pero no hay duda que muchas de
estas temáticas se hacen reales
cuando nos enfrentamos con ser
humano. XXY es un filme, solo un
filme, que ha puesto en clave
humana aquello de lo que sí hay
que hablar.
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