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Atrapados sin salida:
Adolescentes con causas penales
Por: Norberto Asquini (La Arena)
Situaciones de pobreza,
clientelismo, un Estado ausente,
políticas públicas
insuficientes, valores marcados
por el Mercado y la declinación
de los de la familia y la
escuela, los estigmas sociales y
la justicia miope son parte de
un círculo vicioso que empuja a
los adolescentes de la periferia
al delito.
Carla Alvarez es licenciada en
Trabajo Social de la UNLPam. Con
la dirección y colaboración de
la socióloga Lía Norverto
realizó la tesis 'La
construcción de esquemas
valorativos en adolescentes con
causas penales de la ciudad de
Santa Rosa', que se convirtió en
una radiografía del mundo de los
jóvenes marginales de la capital
pampeana, pero también de un
contexto que los empuja a la
delincuencia y de un Estado
ausente y una justicia sorda.
Alvarez analizó a jóvenes con
causas penales cuya situación ha
sido judicializada pero no están
internados en el Inaun. A través
de 15 casos, cantidad indicadora
de toda una población, reunió
material para determinar cómo
esos chicos deambulan sin
posibilidades de salir de un
mundo marginal y cercano a la
delincuencia. Por el Inaun pasan
aproximadamente 300 jóvenes
hasta 21 años que cometieron un
ilícito o se sospecha y que
desde el Juzgado de la Familia y
el Menor se evalúa que se le
debe hacer un seguimiento. Y esa
cifra está en crecimiento, según
la experiencia de Alvarez.
'El objetivo fue estudiar los
esquemas valorativos de esos
adolescentes de la ciudad.
Cuando se habla de esquemas
valorativos no es algo rígido ni
estático, sino que se conforma
en función de la historia de
vida y de las matrices
familiares de cada chico. Ellos
le dan valor distinto al delito,
a la transgresión, a la familia,
los amigos, la droga, los
tatuajes', explicó.
Alvarez abordó con una visión
crítica cómo el Estado y la
justicia intervienen en esas
familias 'con problemas' y
evaluó si tuvieron un resultado
favorable o no. Pero su estudio
sirvió además para determinar la
estructura de crianza y de
educación particular de esos
jóvenes y determinar el proceso
de socialización en la aparición
de conductas delictivas.
El
control social
Una de las conclusiones
centrales del estudio se centró
en la respuesta de la justicia.
'En el tratamiento tutelar
-explicó Alvarez- como medida de
protección, la ley establece que
a esos menores, el juez (de FyM)
en Santa Rosa debe evaluar
distintas alternativas de acción
que deberían funcionar como
mecanismos de protección, de
cuidado, preventivo hacia
futuras conductas delictivas.
Pero está comprobado que ese
tratamiento tutelar funciona
como un mecanismo de control
social, porque es una medida
impuesta, los chicos no tienen
posibilidad de apelarla'.
Afirma la profesional: 'Y es un
mecanismo de control social
porque los casos que llegan a
Inaun tienen todas las
características similares en
cuanto a condiciones de vida.
Una situación de carencia
crónica e histórica que se ha
perpetuado en la provincia'.
Alvarez comprobó que estos
adolescentes, en la totalidad de
los casos, pertenecen a sectores
de la periferia de la ciudad. O
sea: donde es notable la
carencia de recursos materiales
e institucionales, hay
situaciones de violencia
familiar, el trabajo es
inestable -con changas-,
insalubre o mal pago, donde la
educación es valorada desde un
lugar distinto al común de la
gente.
Sin
protección
La ausencia del Estado agrava
esta situación. 'La infancia y
la adolescencia, si observamos
toda la reglamentación vigente,
está protegida desde todas las
visiones posibles, pero en la
práctica la distancia que existe
entre el dispositivo legal y la
realidad es increíble. La ley
1.270 provincial que creó el
Juzgado de la Familia y el Menor
establece todas las medidas de
protección en situación de
riesgo psico-social. Sin
embargo, en la práctica muchos
puntos de la ley no se cumplen.
Por ejemplo, asegurarles la
posibilidad de hablar, de
exponer su punto de vista, de
explicar, de preguntar, de
cuestionar una medida del
Juzgado. En la práctica es casi
imposible. No están abiertos los
canales de acceso'.
En este sentido, el autor puede
aventurar que programas como el
Inaun funcionan como 'depósitos
de chicos malos para poder
controlarlos', según una visión
rápida del asunto. 'Las
evaluaciones que hace la
justicia tienen que ver con una
visión más de causa-efecto. Pero
toda problemática familiar tiene
una sintomatología familiar, se
tendría que trabajar con su
conjunto no con un solo
integrante. La justicia sigue
teniendo esta visión de
individualizar el problema en
vez de tener una mirada
interdisciplinaria.
Esta visión o perspectiva
jurídica también se da en los
programas públicos, en las
prácticas los programas trabajan
sin coordinación, con objetivos
que focalizan en uno de los
problemas de la familia. Pero
cada familia es
multiproblemática, dentro
suceden situaciones de
alcoholismo, de violencia
familiar, de fugas, de conductas
delictivas, miles de problemas
que no pueden ser vistos desde
una sola perspectiva'.
Mercado
avasallador
Alvarez vincula los nuevos
valores de los adolescentes con
causas penales con varios
procesos de los años
neoliberales. No sólo la
ausencia del Estado, sino la
irrupción salvaje del Mercado.
'La ausencia del Estado se
complementa con una presencia
cada vez más fuerte del mercado
que instala en la comunidad
necesidades subjetivas,
ficticias, porque el chico
siente que teniendo un par de
'llantas', por las zapatillas,
se siente importante. Se siente
con más seguridad si tiene un
celular, y de marca. Se siente
más persona. Eso me lo han
dicho. Lo hace sentir distinto,
dentro del Mercado, porque ellos
están por afuera. Por eso para
la gente es tan difícil entender
que si hacen una changa por 100
pesos a la semana se lo gasten
en un celular. Tiene que ver con
un modelo económico y político:
el neoliberalismo, que
implementó esta política y la
sostiene, y que se refuerza con
las acciones del Estado'.
Falta
de autoridad
Los valores de estos
adolescentes han sido
'moldeados' por una realidad
golpeada por ese contexto. 'La
familia y la escuela, en otras
épocas eran la autoridad, eran
dos instituciones fundamentales
para la formación de la persona,
para su socialización, que
establecían las reglas. Ambas
han perdido protagonismo en la
vida de estos chicos. La familia
por las situaciones de pobreza,
de abandono material y no
material, y de abandono estatal.
La única presencia del Estado es
como policía, a través del
control social y desde un
asistencialismo que cada vez es
menos. Uno piensa que se da,
pero cada vez da menos el Estado
asistencialista, salvo en
tiempos de campaña electoral en
que aparece el clientelismo'.
'Yo planteo -explicó- que lo que
cobra mayor fuerza en la vida de
estos chicos es el grupo de
pares. Los 'iguales a mí',
serían. Los del barrio con los
que se juntan en la esquina y
que tienen las mismas
características y una misma
historia de vida. Y los valores
tienen más que ver con grupos de
pares que con la familia, y
mucho menos con la escuela'.
La escuela está totalmente
ausente en su vida. De los 15
casos analizados por Alvarez,
uno sólo estaba escolarizado.
Los otros tuvieron que abandonar
por motivos económicos o
laborales, o por falta de
interés, pero 'esa no es la
causa principal de abandono.
Tiene más que ver con una
situación económica que no
favorece a las familias, en las
que es más importante que
trabajen a que estudien'.
Esta situación de 'desventaja'
se refuerza con los estigmas
sociales hacia estos jóvenes.
'Como el pertenecer a
determinado barrio o de estar
bajo la mirada del juez, que
genera una sensación a nivel
subjetivo propio muy negativo
porque les molesta, tienen
enojo, se sienten mal. Y a nivel
social tiene una visión similar.
Si se los observa, la mayoría
usa una vestimenta que tiende a
tapar: la capucha, el gorro, la
postura corporal de esconderse y
no mostrarse, y tiene que ver
con el estigma de pertenecer a
determinado grupo social.
Sienten las miradas prejuiciosas
y de contenido negativo, por
ejemplo en el centro'.
Prevención
Este 'círculo vicioso' de un
Estado ausente, de una familia
multiproblemática que no recibe
la ayuda adecuada y de la vuelta
al grupo de pares, parece ser la
causa para que muchos jóvenes
sean empujados a la
marginalidad.
Alvarez afirma que 'el Estado
para estos chicos no tiene una
política de prevención. Hay
situaciones en las que la
prevención llega tarde. El Ipesa
como institución de
rehabilitación, de internación,
le significó al Estado un
presupuesto importantísimo, pero
a nivel de programas preventivos
no se ha invertido en los
últimos años'.
Para la investigadora, una
solución sería 'fortalecer más a
la familia, pero con programas
de prevención, no focalizados en
un solo problema'. Y afirma que
con el apoyo estatal han podido
salir muchos chicos de
situaciones familiares en
situación de riesgo.
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Gentileza:
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