|
La agresividad que nos invade
Por Francisco Arias
"Yo
conocí siendo niño la alegría de
dar vueltas sobre un corcel
colorado, en una noche de
fiesta" Antonio Machado. Todos
somos responsables de la
violencia de los niños.
Atracos, racismo, injusticias,
xenofobia, violaciones no son
cosas nuevas, la historia de la
humanidad está plagada de ellas.
Pero ahora ha surgido un tipo de
agresividad más solapada e
inquietante que no está al
servicio de nada, o mejor dicho,
sólo está al servicio del
dinero. Y es que la violencia
“vende”: ejerce la extraña
fascinación del morbo. Basta que
se anuncie que “las imágenes que
van a ver pueden herir la
sensibilidad de algunas
personas” para alentar y reunir
a la gente para su
contemplación, y sin ningún
escrúpulo despojarse de su
escasa sensibilidad.
La violencia nunca es buena ni
puede justificarse, no hay que
olvidar que implica siempre
sufrimiento y destrucción,
aunque su diaria contemplación
nos lleve a verla como algo
normal. No es un tópico que la
violencia engendra violencia: el
ser que se considera en peligro
(real o supuesto) se pone en
actitud defensiva, dispuesto a
atacar.
La violencia es un problema que
nos concierne a todos y, en
especial, a los padres ya que
uno de los deberes en cuanto a
tales es enseñar a los hijos que
ésta va esencialmente contra el
hombre. Pero, la cuestión es:
¿cómo instar a los niños que se
comporten pacíficamente cuando
todo les habla de violencia? La
respuesta está en la educación
de su sentido de la
responsabilidad, de la libertad,
de la solidaridad, y enseñarles
a autodisciplinar sus impulsos.
Para no caer en la agresividad
que nos invade, hemos de aportar
o de eliminar de nuestra vida
cotidiana algunas cosas
pequeñas, que proporcionan a
todos más serenidad.
A los niños hay que dejarles
jugar. El juego es una necesidad
que ayuda a los niños a
reequilibrar su psiquismo y a
dominar los hechos que les
perturban. Cuando castiga y
golpea a los muñecos, el pequeño
descarga sus tensiones. Y la
agresividad que libera sobre sus
juguetes será siempre la que no
vuelva contra sus padres,
hermanos y amigos.
El deporte es un medio
maravilloso para luchar contra
las tendencias violentas y
también una escuela de
autodisciplina. Algunos tipos de
música, especialmente clásica,
tienen un enorme poder calmante
y ayudan a la percepción y
comprensión del orden universal.
Por el contrario, no hay más
remedio que enseñarles a
controlar los ruidos, a ser
conscientes de ellos, para que
no se hagan daños ni a ellos
mismos ni a los demás.
Finalmente, hay que señalar que
a medida que los niños crecen es
preciso ir aumentando las
responsabilidades que les
confiamos, porque así se sienten
útiles. Una persona no puede
sentirse realmente integrada en
la sociedad donde vive, si no se
siente responsable de ella.
Todos somos responsables de la
violencia de los niños. Este es
un problema de la sociedad
entera. La violencia daña la
libertad, ésta es la peor de sus
consecuencias. Porque quien la
ejerce se burla de la libertad
de los demás. En cuanto a los
educadores la tarea es inmensa.
Enseñar al niño a controlar su
agresividad es darle sentido a
la verdadera libertad y hacerle
más responsable en cuanto
ciudadano que habita este
planeta. Y nunca, hemos de
olvidar lo que dijo el poeta:
“Un mal pensamiento puede / ser
una buena palabra: / una palabra
que dice / lo que el pensamiento
calla”.
aarias@arrakis.es
http://www.arrakis.es/~aarias
Gentileza:: Francisco Arias [
aarias@arrakis.es ]
paginadigital |