|
El quiosquero feliz
No hay mal que por bien no
venga,… al menos para algunos
Por Mikel Agirregabiria Agirre
Fue noticia el inmenso atasco. A
muchos perjudicó en sus horarios
y compromisos, pero también hubo
algunos beneficios colaterales.
Algunos nos dimos un doble paseo
de ida y vuelta desde donde
dejamos el coche hasta nuestro
trabajo. Incluso supe de alguien
que hizo su agosto en la misma
fecha: Un afortunado quiosquero.
Estando su tenderete al borde
mismo del gran embotellamiento,
se acercaron los primeros
conductores y rápidamente vendió
todos los diarios. Primero, las
cabeceras habituales de prensa;
luego los periódicos
minoritarios o remotos. Los
siguientes automovilistas
aceptaron revistas, de temática
general al principio y las
especializadas después. Más
tarde, los más desesperados
chóferes recurrieron a los
libros variados, las colecciones
estrafalarias y los cuentos
infantiles. Concluyeron
aceptando los ejemplares
decolorados de las paredes del
puesto, algunos de los cuales
habían cumplido años y estaban
rotulados en pesetas.
Ante semejante avalancha de
éxito y agotadas todas las
existencias, el tendero feliz
por la limpieza de inventario
decidió cerrar el, nunca mejor
dicho, negocio. Repleto de
alegría, no sólo por las ventas,
sino por la confraternización
que demostraban unos clientes
sin prisa y con ganas de hablar,
que le demostraba la alta
función social de los kioscos de
prensa.
De esta pequeña historia se
deduce que, en ocasiones, la
buena suerte de unos es la mala
suerte de otros. Y algo mejor
aún, reconozcamos un aprendizaje
capital. Hemos de adaptarnos a
las circunstancias que no
podemos revocar, aceptar los
contratiempos y encontrar dentro
de ellos las inesperadas
posibilidades que nos ofrecen.
Gentileza:: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
paginadigital |