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Gernika, a 70 años del brutal
bombardeo
Hermanará su lamento con otras
ciudades como Hiroshima,
Varsovia y Auschwitz
Por Armando G. Tejeda
Correponsal
En un lunes de mercado en el que
la plaza pública estaba absorta
en el intercambio de enseres, la
ciudad vasca de Gernika sufrió
brutal bombardeo. La Legión
Cóndor alemana, apoyada por la
aviación italiana, arremetió
contra la comarca vasca por
orden del entonces general
sublevado contra la Segunda
República española, Francisco
Franco. El saldo: más de 250
muertos, si bien hay fuentes que
hablan de más de mil 250.
Hoy, a 70 años de lo que se
considera el primer bombardeo
contra una población civil
indefensa, Gernika se ha
convertido en un símbolo de paz,
que se solidariza con las "Gernikas
de nuestro tiempo", como
Fallujah o Bagdad. Para el 70
aniversario del bombardeo, la
ciudad ha decidido congregar a
representantes de ciudades como
Hiroshima -víctima de la primera
bomba atómica-, Dresde,
Varsovia, Auschwitz, Hamburgo y
Volgogrado, la antigua
Stalingrado.
La intención es hermanar su
lamento para que su voz se
escuche con más fuerza en el
resto del planeta, para que
desde esa pequeña villa de
Vizcaya se envíe el mensaje de
que las guerras destruyen a los
pueblos y los dejan marcados
para siempre. Esta proclama
también la defenderán
personalidades de todo el mundo,
como el Nobel de la Paz
argentino Adolfo Pérez Esquivel,
y el mexicano Mario Molina,
Nobel de Química.
Luis Oriondo tiene 84 años y es
uno de los sobrevivientes del
bombardeo de Gernika. Con la
memoria intacta de aquellos
días, contó a La Jornada
cómo vivió, a los 14 años, uno
de los actos más brutales y
despiadados de la Guerra Civil
española (1936-1939). "El 26 de
abril, después de comer, me fui
al banco, como todos los días, a
hacer los recados. A eso de las
cuatro y media de la tarde
sonaron las campanas, que era la
señal de alarma.
"Un hombre que estaba conmigo se
asustó, me preguntó dónde había
un refugio y me pidió que lo
acompañara. Posiblemente por eso
salvé la vida. El caso es que en
una plaza grande, cerca del
mercado, había unos refugios,
como túneles pequeños y bajos,
sin ventilación ni luz ni nada,
porque estaban bajo tierra.
Cuando oímos las primeras
bombas, que sonaban un poco
lejanas, corrimos a los
refugios. Nos metieron hasta el
fondo de uno. Ahí estaba muy
mal, porque a los pocos minutos
no podía respirar, me faltaba
oxígeno y estaba aterrado porque
pensaba que si caía una bomba
encima podía morir enterrado
vivo.
"A los 10 o 15 minutos nos
dijeron que ya había terminado;
salimos contentos pensando que
todo había acabado y, cuando
íbamos a ver lo que había
pasado, volvieron a sonar las
campanas. Todo el mundo corrió
otra vez a los refugios, pero a
pesar de que las bombas caían
cada vez más cerca, yo preferí
estar cerca de la salida para
poder respirar. Así estuvimos
tres horas o más. No podía ver
lo que estaba pasando porque los
sacos me tapaban; sólo oía el
ruido de los aviones y el
estruendo de las bombas. También
de vez en cuando me llegaban
bocanadas de aire caliente por
la deflagración de las bombas".
Oriondo, igual que cientos de
vecinos de Gernika, vieron con
perplejidad e indignación cómo
su pueblo había sido devastado
por la aviación alemana, por
orden del bando fascista. "Yo
pensaba que era un bombardeo
convencional, a puentes o sitios
estratégicos. Cuando salí me
quedé aterrado porque el pueblo
estaba ardiendo por completo;
deduje que primero echaron
bombas rompedoras y después
incendiarias. Así que lo primero
que hice fue intentar escapar de
ahí, porque me había sentido
prisionero durante todo el
bombardeo y jurándome, mientras
escapaba, que nunca más viviría
un bombardeo en un refugio. Nos
fuimos a un pueblo que se llama
Lumo por una ladera del monte,
ya que lo único que veíamos de
nuestro pueblo eran llamas.
"Solicitamos ayuda en uno de los
caseríos para ver si nos dejaban
dormir y nos daban algo de
comer. Nos echamos a dormir en
la cuadra, con los
burros y las vacas, pero a
medianoche oí que me llamaban.
Me asomé y vi a mi madre en
medio de la plaza que gritaba mi
nombre. Volví al pueblo ocho
años después, tras pasar por
Santander, Bilbao y Francia,
donde finalmente tuvimos
noticias del padre".
Josefina Odriozola, de 83 años,
también tiene fijos en la
memoria los días del bombardeo,
que vivió cuando estaba con su
madre comprando fruta en el
mercado. "Vimos que los aviones
que sobrevolaban el pueblo
llevaban bombas, por eso
decidimos salir corriendo y
gracias a eso salvamos la vida.
Cuando pasó el bombardeo,
recuerdo que fuimos a ver lo que
había ocurrido y vimos todo el
pueblo en llamas y así estuvo
ardiendo durante varios días.
Eso que pasó no se olvida nunca,
pero en estos momentos no puede
estar presente siempre. A pesar
de que muchos vecinos murieron o
escaparon, porque mucha gente
del pueblo nunca volvió después
de partir hacia Francia y Rusia,
tuvieron suerte de que no les
cogieran los militares porque se
sabía que iban ametrallando
gente en el camino", narró esta
sobreviviente.
A pesar de que el bombardeo de
Gernika ha sido estudiado y
documentado con amplitud, hasta
la fecha no se ha producido
ningún acto de perdón simbólico
por parte del Estado español,
sobre todo por parte de la
derecha, que al menos desde
algunos sectores, sigue
defendiendo la tesis que
difundió el régimen franquista:
que Gernika lo destruyeron y lo
quemaron "los
rojos-separatistas", como
llamaban entonces a los vascos.
Alemania pidió perdón
Hace 10 años, el entonces
presidente de Alemania, Roman
Herzog, sí reconoció la
participación de la Legión
Cóndor en el bombardeo y pidió
perdón a las víctimas. Oriondo
señaló: "En las guerras la
población civil es la que
siempre sale perdiendo. Por eso
hemos participado en diversos
actos contra la guerra de Irak.
Por eso también lamentamos que
los sucesores de Franco, que son
los señores del Partido Popular,
no reconozcan hasta la fecha lo
que ocurrió en Gernika, ni hayan
pedido perdón, como sí lo ha
hecho Alemania".
María Oianguren, de la
plataforma pacifista Gernika
Gogoratuz, explicó que "es
importante recordar lo que
ocurrió hace 70 años para no
olvidarlo nunca. Es importante
que las nuevas generaciones
sepan que hubo un bombardeo
contra la población civil, para
que este trágico episodio tenga
carácter pedagógico que nos
recuerde que antes de Gernika
hubo otros tantos Gernikas y que
después, lamentablemente, sigue
habiendo Gernikas, como ocurre
en Irak en estos momentos."
En cuanto a la ausencia del
Gernica de Pablo Picasso en la
conmemoración, Oianguren señaló
que "tiene mucho sentido que el
cuadro esté en otras
ciudades que hayan sufrido
bombardeos, como Dresden,
Fallujah o Bagdad. Pero
adquiriría mayor poder simbólico
si fuera expuesto en ciudades
que no han sido bombardeadas,
pero que están en riesgo de
serlo. Es una obra que pertenece
a la humanidad".
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