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Cuando los libros se tiñen de
luto
En medio de la disconformidad de
los trabajadores del sur
argentino, aparece prestamente
la agresión policial que jamás
actúa sola, sino que lo hace a
partir de órdenes bien
explícitas y orientadas. Las
bestias domadas para cumplir
dichas órdenes, no dudan en
ejercer el poder que les
representa una pistola y un
uniforme tan desvirtuado para
los argentinos. De no contar con
ello sin dudas se sentirán Nada.
Y en medio del caos
preestablecido, de la miseria a
la que pretenden condenar a los
trabajadores, éstos se lanzan a
las calles a manifestar
legítimamente su oposición al
arrebato de la dignidad.
Según la bajísima consideración
del Subsecretario de Seguridad
de la Provincia de Neuquén, Raúl
Pascuarelli, la represión que se
generó contra los que están
hartos de las políticas de
hambre -en un país en el que se
grita a los cuatro vientos el
triunfo por el “superávit” y del
crecimiento del PBI- que no fue
sino una consecuencia de la
movilización de los docentes
cuyos miembros “arrojaron
piedras contra la policía”,
dando a entender, entonces, que
el crimen organizado actuó
obligado por las circunstancias.
Con un cinismo que espanta
pretendió así justificar el
disparo de la bomba de gas
lacrimógeno lanzado a un metro y
medio de distancia y que estalló
en el cráneo de Carlos
Fuentealba, docente argentino y
hoy símbolo de todos los
docentes y estudiantes del país.
Para Pascuarelli sin embargo “no
hubo heridos”, sólo ocurrió un
hecho desgraciado que no sabe
como pudo suceder. Carlos
Fuentealba murió a causa de esas
heridas “inexistentes”,
nuevamente el “error” policial
se cobra una nueva víctima y con
la muerte del compañero podemos
decir que hoy todos los
docentes, los estudiantes, los
trabajadores, los desocupados,
los militantes, los no
militantes, el pueblo argentino
en su conjunto, fueron
asesinados nuevamente.
Resulta hasta cínico el informe
que se lanza desde el poder
sobre los hechos acaecidos, pero
más insoportable es la
permanencia en su sitial del
gobernador Sobich, así como la
de quienes tomaron parte activa
del asesinato y la tremenda
represión. Darío Poblete fue el
brazo de la muerte, asesino
sobre quien pesa una condena
judicial en suspenso por
demostrados apremios ilegales
contra un detenido en Zapala en
el año 2006. Por esas cosas
inexplicables de la impunidad
continúa ejerciendo su fuerza
aunque parezca mentira…
Todo crimen resulta horroroso,
todo acto de salvajismo se
enmarca dentro del mismo horror
aunque pretendan cambiar el
término por “error”. Las aulas
de Neuquén están teñidas de
sangre ¿quién podrá explicar a
los alumnos que la ausencia ya
será eterna?, ¿Quién puede
asegurar que no continuará el
desastre o que no habrá más
víctimas?
Los hechos de Neuquén, al igual
que los que también se
multiplicaron en Salta,
provincia del norte argentino,
deben sacudir las conciencias de
todo el pueblo y de los pueblos
hermanos.
Porque es hora, indudablemente
es el momento de que el poder
nacional se siente a debatir
hasta dónde pretenden llegar con
las represiones y con la
exclusión.
Carlos Fuentealba es la nueva
víctima, los compañeros que
vieron como lo reventaban en el
coche que los conducía son las
nuevas víctimas, los alumnos son
las víctimas, pues un pedazo de
su futuro está destrozado para
siempre.
Y en medio de tanta víctima, el
alma de los argentinos que
mantienen la memoria de hechos
comparables con los sucedidos en
décadas pasadas vuelve a
estremecerse.
Esperemos que la memoria no se
vuelva frágil, porque los
sucesos de Neuquén merecen un
esclarecimiento aunque
nuevamente la cultura se vista
de luto y las almas sangren de
indignación y dolor.
El compañero Carlos Fuentealba
fue arrebatado, sus familiares,
compañeros, amigos, alumnos,
demandan JUS-TI-CIA, esa
palabrita que sólo pareciera
tener alcance para los que más
tienen y nunca se inclina hacia
los despojados.
Esta “democracia”
lamentablemente ya cuenta con
varios muertos en su historia y
hasta con desaparecidos, es hora
de definir y aprender que lo que
se escribe con la mano o se
pregona en los discursos, no
puede desmoronarse con el codo
cual castillos frágiles de
arena.
Compañero CARLOS FUENTEALBA el
mejor homenaje a tu memoria será
la lucha para que nunca más los
libros ni los pueblos se tengan
que vestir de luto como hoy…
Traga sus lágrimas amargas la
tristeza infinita, para
convertirse en bronca, quedar
marcada a fuego en la memoria y
hacer caer las caretas de
quienes pensaron que el carnaval
es eterno.
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE,
COMPAÑERO CARLOS FUENTEALBA!!!!!
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