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Ciudad y Globalización
Por Diego Padilla Zelada
El siguiente artículo tiene por
finalidad dar a conocer una
reflexión a cerca de la ciudad
actual y de cómo esta se ve
afectada por el fenómeno de la
globalización, se analizan
distintas variantes a cerca de
como ella incide en la vida de
la ciudad al modificar sus
lineamientos clásicos,
estructurales, de planificación,
entre muchos otros los cuales
han dado su identidad y carácter
a la ciudad; los términos a
considera como claves son
planificación, consumo, ciudad,
ciudadanía, urbanización,
globalización, desarrollo social
principalmente. A lo que se
apela es a un espacio público
que ha sido modificado
paulatinamente, mediante lo cual
van creando una serie de
urbanizaciones o condiciones
estructurales para que la ciudad
se vea como ente con vida propia
que requiere una análisis
profundo al observar los
conflictos que experimente en su
desarrollo sociocultural.
Por otra parte veremos a la
ciudad en su vinculación con sus
habitantes al plantear un tipo
nuevo de relación al ser estos
los que van adquiriendo y
transformando un espacio público
determinado que se transforman
en privado por diferentes
causas, siendo la principal la
seguridad al verse sobrepasados
por la actual realidad social;
es preponderante ver como el
consumo es un factor que
introduce una serie de prácticas
culturales como sociales, las
que impulsan que la ciudad vaya
tomando una dirección cada vez
más privada y poco integradora
para con sus habitantes.
Todo esto nos lleva hacia una
perspectiva critica al respecto
al dar a conocer los cambios que
la ciudad y su entorno sufren en
la vida contemporánea, siendo
relevante analizarlos
adecuadamente para un mejor
entendimiento de ella y de
actual situación.
Introducción
La ciudad es espacio en el cual
todos los actores/as sociales
interactuan constantemente al
ser por excelencia el lugar de
encuentro y de desarrollo de la
sociedad, mas en el último
tiempo ella a sufrido
alteraciones tanto en su
morfología como en su
composición socioespacial,
derivando en una nueva manera de
hacer ciudad y de identidad la
cual no es reconocida a simple
vista por variados motivos,
siendo el primordial la falta de
integración social a esta al
estar demasiado segmentada o
dividida; a esto se une el
proceso de globalización que
atañe a todos por igual lo que
desencadena una serie de efectos
colaterales deseados y no
estipulados en la sociedad de la
información, sin embargo muchos
de ellos no son percibidos a
simple vista por lo que hay que
poner acento en dichas
situaciones, con el fin de que
los conflictos desatados se
solucionen adecuadamente.
Vemos como la sociedad civil
experimenta una nueva ciudadanía
al pasar de un estado a otro sin
calcular sus efectos al primar
un consumismo que da otro matiz
a las relaciones dentro de la
ciudad, donde los sujetos
adquieren nuevas conductas al
estar insertos en una espacios
público/privado que se modifica
por las distintas tendencias
culturales, las que dotan a la
ciudad de una planificación para
la que muchas veces no se
encuentra preparada del todo. A
la vez el capitalismo con su
acción influye para que esto se
plasme en las consciencias de
los entes sociales creando una
nueva ciudadanía donde lo
fundamental es el bien material
o económico por sobre la vida
familiar.
Por otra parte se considera la
actual planificación urbana al
comprobar como esta se lleva a
cabo actualmente en desmedro de
la ciudad, ya que los criterios
son disímiles al aplicar o bien
crear un urbanismo tal que no se
adecua a las reales necesidades
y carencias de la ciudad como de
sus habitantes, luego vemos el
tipo de urbanizaciones cerradas
nacientes con claros ejemplos
por sus características
reconocibles en la realidad
social local y global;
finalmente establecemos el nexo
entre ciudadanía, consumo,
globalización y urbanismo con el
objeto de reflexionar frente a
estos fenómenos y sus
consecuencias, los cuales dan un
carácter distinto a la ciudad y
a sus espacios públicos que poco
a poco se ha ido perdiendo. Con
esto llegamos a una serie de
propuestas que son útiles para
comprender mejor a la ciudad
para su correcta planificación y
en todos sus ámbitos de
desarrollo.
Ciudad
y globalización
Nos encontramos en un momento en
que la ocupación del territorio
es completa en el planeta lo que
no significa que exista una
mayor civilidad, ya que la forma
de vida urbana se encuentra
separada por barreras
culturales, extensión de
problemas, complejidad de vida,
entre otros fenómenos a partir
del siglo XIX lo que se torna
cada vez más crítico, nos
encontramos inmersos en un
proceso de globalización en que
las ciudades sufren sus efectos
directa e indirectamente; el
mundo de hoy es de
transformaciones variadas que
afectan a todos y a las
actividades que se realizan en
el, este nuevo orden global
afecta positiva y negativamente
a los sujetos que no llegan a
comprenderla totalmente, mas
sienten sus efectos de variadas
formas, sobre todo con respecto
a la participación social en la
ciudad.
La crisis de la ciudad actual se
gesta debido a una sociedad que
se encuentra incapacitada para
habitar y organizarse
adecuadamente en sus ciudades,
las que se encuentran deformadas
es su núcleo por los desordenes
y conflictos que experimentan
por el proceso de globalización
al imponer como expandir una
tecnología más desarrollada, la
que no llega a todos sus
componentes; si bien están los
medios para resolver tales
cuestiones en la ciudad actual
no hay una claridad de metas,
objetivos ni grados de
comprensión de la temática
urbana, sobre todo una gran
falta de participación social y
de ciudadanía en lo urbano.
La ciudad presenta una serie de
complejidades dado su tamaño y
concentración en determinadas
áreas, lo que requiere una
profunda revisión de los
antecedentes de la vida urbana
en la era global al replantear
las formas de habitar junto con
las relaciones sociales en ella,
a esto se suma los problemas de
concentración, las distintas
necesidades de los grupos
urbanos que paulatinamente se
acumulan y el avance tecnológico
que al ser tan rápido no se
puede aplicar a las estructuras
físicas y sociales obsoletas o
tradicionales de las ciudades.
La ciudad se torna en un
elemento falto de organización e
improvisado al sufrir los
embates del urbanismo y de la
globalización paralelamente, a
pesar de haber sido un
componente histórico en donde se
concentraba el cambio ilimitado
con el desarrollo más exitoso de
la humanidad en épocas
anteriores.
La ciudad contemporánea es
resultado de la crisis de las
sociedades avanzadas o más
modernas a inicios del siglo
pasado y posterior a la II
Guerra Mundial que modifica el
mapa mundial en todo sentido,
teniendo tales consecuencias que
logran incidir en las naciones
de Asia, América Latina y Africa
con la falta de recursos,
presiones y recientemente
urbanizadas conducen a ver lo
emergente del problema de lo
global en la sociedad, por lo
trascendente que son los
conflictos desatados por la
urbanización, industrialización,
capital financiero y
modernización en la realidad
social de las ciudades; dado lo
anterior la actual ciudad se
enmarca en un contexto de
transición similar al vivido
durante la revolución agrícola
que acompañó a la invención de
la ciudad y posteriormente a la
revolución industrial del siglo
XIX, la cual modifica totalmente
el concepto como emplazamiento
físico y carácter sociocultural
de la ciudad.
En las sociedades industriales o
post. industriales donde
predomina el capital financiero
e industrial como también en las
subdesarrolladas o en proceso de
desarrollo aumentan las ciudades
su tamaño, al extenderse a
través de áreas cada vez más
amplias generando un fenómeno de
centripetación y de absorción de
población tanto en como hacia
sectores urbanos, los cuales
dominan los territorios
circundantes, al ser un peso
socioeconómico, político y
territorial de tipo absoluto.
Esto da como resultado una mayor
concentración de las zonas
urbanas y rurales con una
tendencia a la urbanización que
es constante en todo el mundo
global; este es un proceso que
comienza en América Latina
durante 1960 con una gran
agudización el que después se
traslada a naciones como Asia y
Africa en la década de 1980,
desencadenando la ciudad
primada[1], siendo un modelo de
ciudad que prima hasta hoy con
ciertas modificaciones según la
sociedad en que se instaure de
forma consciente o tácita.
Actualmente las ciudades
latinoamericanas como en general
se consolidan como territorios
estratégicos en donde se están
produciendo grandes
transformaciones sociales y
culturales adquiriendo especial
connotación la forma que toman
los problemas y/o conflictos que
se han acumulado históricamente
al agudizar los patrones de
exclusión y de marginación
social debido a la mayor
inserción de las ciudades al
proceso de globalización mundial
que se experimente en todo
sentido; al entrar de manera
gradual el rol de la ciudad
crece al ser decisivo
participando de forma cada más
activa en la economía global,
mas las investigaciones llevadas
a cabo en lo urbano por lo
general no demuestran que el
proceso global ostente una
directa influencia en la
concentración de población, a
pesar de que las principales o
grandes ciudades siempre han
sido un atractivo migratorio,
causando así un aumento
demográfico considerable.
Por tal motivo vemos lo
relevante que la ciudad junto
con el territorio urbano lo cual
hace pensar y analizar como se
desarrolla la estructura social
en la ciudad con una creciente
polarización y desigualdad en
donde el proceso global tiene
mucho de responsabilidad, se
requiere considerar, evaluar
entre otros procesos los riesgos
que implica seguir fomentando
dichos elementos ya que al
realizarlo indiscriminadamente
la ciudad se acerca más a la
dinámica internacional que hoy
rige en la realidad social.
El rápido proceso de
modificación o de transformación
que sufren las ciudades y la
población urbana es donde el
proceso actual de globalización
se siente claramente con sus
consecuencias contradictorias,
al ser la ciudad el territorio
en donde se ubican las
principales actividades
económicas, sociales, políticas
y culturales que son propias de
este período histórico, siendo
la polarización, la desigualdad
social, la cohesión, la
fragmentación y el libre mercado
en detrimento de la fortaleza
del Estado factores esenciales
que generan los más agudos
contrastes en los espacios o
zonas urbanas y rurales. Al
mismo tiempo se gesta una
dinámica que se vincula a la
globalización directa o
indirectamente al existir una
alta concentración en las
principales ciudades del mundo,
especialmente en las naciones
desarrolladas; en palabras de
Castells y Borja ya en el siglo
pasado lo anunciaban: “asistimos
al proceso de urbanización más
rápido y de mayores dimensiones
de la historia, en pocos años
más la mayoría de la población
mundial será urbana y la inmensa
mayoría de esa población urbana
habitará en ciudades de países
hoy en vías de desarrollo”[2]
Este proceso de urbanización que
se da en el mundo posee una
especial notoriedad en las
sociedades latinoamericanas al
tener cuatro megaciudades en el
continente: D.F. México, Buenos
Aires, Sao Paulo y Río de
Janeiro unida a otras ciudades
que poco a poco por la
globalización van tornándose de
esta manera, dicho proceso de
crecimiento urbano se mezcla con
una gran gama de asentamientos
humanos considerados “cinturones
o bolsones de miseria” los que
se caracterizan por una
creciente disminución salarial y
por las actividades económicas
informales lo que se relaciona
con el desempeño de la economía
nacional; las diferentes crisis
en el ámbito socioeconómico
tienen un gran impacto en la
ciudad al ser sus habitantes más
vulnerables dada la autonomía
financiera del sistema
internacional junto con los
efectos desestabilizadores
mundiales tiene un impacto
negativo en los centros urbanos.
Globalización y su definición
El mundo de hoy es de
transformaciones variadas que
afectan a todos y a las
actividades que se realizan en
el, este nuevo orden global
afecta positiva y negativamente
a los sujetos que no lo
entienden del todo, mas sienten
sus efectos de una u otra forma,
sobre todo con respecto a la
participación social. La palabra
globalización no tiene una
definición absoluta y literal
por sus múltiples significados,
pero ella es abordada desde
distintas perspectivas
académicas y teóricas, por lo
que es aceptada o rechaza según
sus efectos; este es un fenómeno
social dominante que a
proliferado fundamentalmente
desde las dos últimas décadas
del siglo pasado; es entendida
generalmente como “la
mundialización de los flujos
financieros de acumulación y de
cambio
tecnológico”[3];acompañada por
cambios sociales y culturales
por sus impactos en la sociedad.
Hay dos posiciones claras con
relación a la globalización, una
es con los escépticos los que se
resisten en bloque a esta
considerándola una palabrería a
pesar de sus efectos,
beneficios, desafíos y
tormentos; para estos la
economía global no es tan
diferente de la que existía en
períodos anteriores de la
historia al funcionar el mundo
de forma parecida; consideran
que es una ideología propagada
por el librecambismo que desea
terminar con los sistemas de
bienestar y recortar los gastos
estatales. Los otros son los
radicales para ellos es muy
real, con consecuencias que se
ven en todas partes, el mercado
global es más desarrollado que
antes y es ajeno a fronteras
nacionales, los estados pierden
soberanía, funciones,
preponderancia, etc. con lo cual
la era del Estado – Nación ha
finalizado.[4]
La globalización tal como se
vive hoy es de cierta manera
revolucionaria, en el sentido de
que produce una serie de cambios
políticos, sociales, económicos
y culturales en la sociedad por
las fluctuaciones del mercado
principalmente; es una
equivocación concebir que esta
solo se vincula a los sistemas
financieros mundiales porque no
solo se relaciona con lo de ahí
afuera, que es remoto y alejado
del sujeto, sino que es a la vez
una cuestión de aquí adentro al
incidir es los aspectos íntimos
y personales de la vida.
Este proceso es complejo y
múltiple, es contradictorio o
antitético, al traspasar poder
de las comunidades locales o de
las naciones al mundo externo,
al perder éstas su poder
económico y en lo local presiona
para lograr la autonomía local
en relación a la solución de
problemas, en donde el Estado es
pequeño para solucionar los
grandes problemas y grande para
los pequeños problemas de los
individuos.
Por lo tanto este proceso genera
el resurgimiento de las
identidades culturales locales
en la comunidad y en el mundo,
ya que los nacionalismos locales
emanan como respuestas a
tendencias globalizadas como
consecuencia del término del
Estado- Nación; en donde el
problema de la participación
social y ciudadana en clave para
hacer frente a dicha situación.
Un aspecto importante a
considerar en esto es el término
de las culturas locales, el
aumento de la desigualdad y de
la marginación, nos conduce a
crear un mundo o sociedad para
ganadores y perdedores, los
primeros hacia la prosperidad,
los segundos hacia la vida de
miseria y desesperación.
Dentro de sus efectos podemos
ver además de lo anterior los
costos ambientales por parte de
las empresas transnacionales,
por lo que la “aldea global” es
más un saqueo global para
muchos, sucediendo tanto en las
naciones occidentales como en el
resto del mundo por el sistema
financiero mundial; al
insertarse un país o región a
dicho sistema se llega a una
economía local de subsistencia
que es vulnerable a los cambios
monetarios y tecnológicos.
Por todo esto es fundamental que
la participación social sea
ejercida efectivamente, en
conjunto con la ciudadanía con
el objetivo de que las opiniones
de los individuos sean tomadas
en cuenta por lo relevante que
ello es en dicho proceso de
globalización.
Globalización y ciudadanía: una
nueva relación
En la actual sociedad la
competitividad es el valor
central, en donde los individuos
buscan la ganancia sin mediación
alguna con un resultado ciego
que es la eficiencia y el
mercado; esto influenciado por
la corriente liberal al promover
el crecimiento económico de los
países. De tal forma que la mano
invisible regula todo, acabando
con la seguridad social y con
los derechos ciudadanos,
ocasionando que el Estado
reduzca cada vez más su poder.
Todo esto lleva a que surjan los
“Estados privados sin
Ciudadanos”, los que tienen el
poder suficiente de subordinar a
múltiples Estados Nacionales,
dichos “Estados Privados sin
Ciudadanos y Fronteras” para
lograr sus objetivos sacrifican
lo que sea necesario como los
recursos naturales y humanos sin
mayor consideración ni
precedentes en la historia.[5]
Por lo anterior la ciudadanía
dentro de la globalización
cambia, ya que la identificación
de los ciudadanos con la
sociedad en la que se
desarrollan se modifica por los
cambios que ésta sufre, debido a
que la integración al mercado a
nivel planetario con su
absolutización como alternativa
al Estado Intervencionista
Social y como solución total de
los problemas, conlleva un
desarrollo de la ciudadanía sin
intervención del Estado,
naciendo por esto una sociedad
civil que se regula básicamente
por las relaciones de mercado.
La ciudadanía se torna más
abstracta por la relación
entablada con el mercado que es
tan abstracto, al contrario de
muchos que consideran lo adverso
al ver la fusión
ciudadanía/mercado, el
neoliberalismo que acompaña a la
globalización conduce más bien a
la perdida de ella. Si bien
durante el siglo XIX y XX hubo
formas distintas de participar
socialmente, las más destacadas
fueron el Estado de Bienestar y
el Estado keynesiano los que
respondieron a determinadas
crisis y que terminan por lo
mismo, la ciudadanía aquí se
entiende como el compromiso del
ciudadano con el Estado que se
monitariza al igual que la
solidaridad y los compromisos.
El compromiso del Estado con los
ciudadanos se institucionaliza
adquiriendo una expresión
monetaria, por lo que ciudadanía
significa la identificación con
los contratos sociales entre
empresarios, trabajadores y
gobierno, con sus derechos y
deberes a menudo monetarios;
debemos reconocer que la
situación no cambia demasiado en
la actualidad, pero ésta
adquiere una expresión más
abstracta y más alienante en
donde la solidaridad
institucional y la seguridad
social con intervención del
Estado se debilita cada vez más,
en donde todas las relaciones se
llevan a cabo por el mercado.
La ciudadanía es por lo tanto la
identificación con le mercado
invisible y sin fronteras, es
ser súbdito de el y no del
Estado; al “ejercer” dicha
ciudadanía ya no se cumplen
derechos y deberes hacia seres
vivos y concretos produciendo
una no identificación con un
contrato social con compromisos
estatales y patronales, pasando
a un compromiso con un mercado
abstracto y con sus reglas a las
que hay que respetar.[6]
El nuevo ciudadano es el
“homoeconomicus” que es
calculador de sus preferencias,
con una naturaleza humana
abstracta dando prioridad a sus
intereses materiales
individuales por encima de la
solidaridad, identidad,
honestidad, hermandad, confianza
y lealtad. El compromiso e
identificación que significa la
ciudadanía no es desarrollado
por las decisiones racionales de
medio fin, al ser destruidas por
el neoliberalismo que da muerte
a la ciudadanía.
De todo esta nace un Estado
autoritario y represivo como
consecuencia lógica por el
desarrollo del neoliberalismo
perdiendo la solidaridad al
imponer un Nuevo Orden en la
sociedad, al proliferar la
exclusión, la violencia,
distribución económica desigual,
etc. provocando una real falta
de identidad.
Capitalismo y ciudadanía
En la sociedad actual la
economía de mercado regula todo
y desarrolla un capitalismo a
todo nivel que fomenta el
desarrollo tecnológico y la
exclusión social; se crean “los
Consorcios sin Fronteras ni
ciudadanos” que amplían un
mercado unificado para el
capital transnacional, pero
debilitan la ciudadanía e
identidad de los sujetos. Esto
nos conduce a desarrollar un
servicio social que restaure a
la sociedad civil, dado que la
ciudadanía requiere una sociedad
post- capitalista que genere un
compromiso e identificación de
sus integrantes y que no
funcione por la proximidad o
aislamiento.
Dicha ciudadanía no es fomentada
por el mercado, por lo que debe
buscarse fuera de este, ya que
la identificación con la
comunidad solo es posible o
sobrevive dentro del trabajo
voluntario no pagado y en
entidades sin fines de lucro,
por lo que es necesario
incentivar la organización de la
comunidad, con el fin que sea un
sector autónomo, con trabajo
voluntario y sobre todo para
restaurar la sociedad civil; la
sociedad post- capitalista
depende de aquello para motivar
nuevamente a la sociedad civil
por la falta de irracionalidad
que tiene.
Un problema que se produce es el
financiamiento de la sociedad
civil por las O.N.G.s. o por
cualquier otra vía, debido a que
al restaurar la ciudadanía por
esto se llega a la
monetarización de las relaciones
de trabajo, donde identidad y
compromiso se pierden en la
búsqueda de recompensas.
Los individuos al ser reducidos
al homoeconomicus esencialmente,
les produce una exclusión
económica y social amplia con
una privatización, resentimiento
al no poder participar del
mercado total o por no ejercer
su ciudadanía correctamente; los
sujetos no solidarizan para
reivindicar a la sociedad en
donde todos tengan su lugar,
sino que se enfrentan unos con
otros para captar los escasos
lugares en donde no hay lugar
para todos. Por dicho motivo
sufren pánico de perder su
identidad y lugar reclamando con
fuerza su inclusión, aunque sea
a costa de los demás, mas la
exclusión se amplía por la
progresiva totalización del
mercado.
Hay tres escenarios posibles
para la ciudadanía dentro de la
globalización: Una salida
totalitaria represiva de tipo
neofascista burgués, esta bajo
el orden de los Estados Privados
sin Fronteras que arriesgan
perder hegemonía, debido a que
prevalecen los intereses de la
burguesía transnacional por
encima de los intereses de la
burguesía nacional; aquí es
difícil definir la identidad de
un proyecto político de dichos
Estados sin Fronteras y
Ciudadanos.
Un movimiento nacionalista a
ultranza que conduzca
prácticamente a la supeditación
del interés del Estado Privado
al de la burguesía nacional,
pero esto es difícil de esperar.
El abandono forzoso del
neoliberalismo con el retorno de
una mano visible, que ya no
tendrá un carácter nacional,
sino que debe tener uno de
alcance mundial.
Por todo lo dicho es necesario
elaborar un contrato social en
el ámbito nacional, local y
mundial, el cual debe trabajar
por una sociedad en la que todos
tengan cabida y en donde el
ejercicio de la ciudadanía es
fundamental; hay que supeditar
la mano invisible del mercado a
la visible, por lo que se
ordenan las relaciones de
mercado reintegrándolas a la
vida social. Lo anterior hace
superar la barbarie capitalista
con sus efectos dentro de la
participación social, logrando
el nivel adecuado de
participación para todos los
individuos en la sociedad
actual.
Consumo
y globalización: su definición
social
El consumo generalmente se
asocia a gastos inútiles y a
compulsiones irracionales, esto
nace de la descalificación moral
e intelectual que habla de la
omnipotencia de los medios
masivos que incitan a las masas
a avorazarse irreflexivamente
sobre los bienes y hay quienes
justifican la pobreza, debido a
que la gente compra televisores,
cámaras digitales,
videocaseteras y autos a pesar
de no tener casa propia. El
consumo es más complejo que la
relación entre medios
manipuladores y audiencias
dóciles.
Se sabe que la hegemonía
cultural no se lleva a cabo por
acciones verticales, en la que
dominadores apresan a los
receptores, ya que unos y otros
se reconocen mediadores como la
familia, el barrio, el grupo de
trabajo, etc. en donde hay una
relación entre quien emite los
mensajes y los que los recibe
como relaciones de dominación;
la comunicación no es eficaz si
ella no incluye interacciones de
colaboración y transacción entre
unos y otros.
Si bien el consumo se a
estudiado desde las distintas
Ciencias Sociales no hay una
teoría sociocultural del
consumo, pero este se define más
concretamente como “el conjunto
de procesos socioculturales en
que se realizan la apropiación y
los usos de los productos”[7].
Dicha definición ayuda a ver al
consumo como algo más que
ejercicios de gustos, antojos y
compras irreflexivas según los
juicios morales o actitudes
individuales, en este contexto
el consumo es comprendido por su
racionalidad económica y como
agente de producción y
reproducción social, por la
expansión del capital y de la
fuerza de trabajo; por lo que no
son los gustos o necesidades
individuales los que determinan
como y quienes consumen.
El consumo es visto por otros
como una racionalidad
sociopolítica interactiva, por
la proliferación de redes de
marcas, de objetos, de
comunicación y de acceso al
consumo; los movimientos de
consumidores con sus demandas
intervienen en este proceso a
través de la diferenciación de
grupos, expansión educacional,
innovaciones tecnológicas, la
moda. Por lo que el consumo es
un sitio donde los conflictos
entre clases originados por la
desigual participación en la
estructura productiva, se
continúan a propósito de la
distribución y apropiación de
los bienes.[8]
Consumir es participar de un
escenario de disputas por
aquello que la sociedad produce
y por la forma de usarlo, la
relevancia en el aumento de este
y del salario reside en los
diferentes conflictos sociales
unido a las reflexiones que los
consumidores desarrollan,
demuestran como se piensa este
desde las capas populares. Esto
debido a que alguna vez fue
territorio de las decisiones hoy
es un espacio de interacción, en
donde productores y emisores no
solo deben seducir a sus
destinatarios, sino que
justificarse racionalmente,
siendo un medio para aquello la
publicidad.
El consumo tiene importancia
política cuando por este se
puede detener la hiperinflación
como en Argentina o Brasil: por
otro lado es una diferenciación
de clases y grupos por sus
aspectos simbólicos y estéticos
de la racionalidad consumidora,
por la construcción de los
signos de status y por la forma
de comunicarse, también por lo
que se come, se estudia, leen,
vacacionan, etc. produciendo
“una no satisfacción de
necesidades, sino que la
imposibilidad para que los otros
la tengan”.
Por lo tanto el consumo expresa
una nueva forma de participación
social, porque pone de
manifiesto las nuevas tendencias
sociales y el individualismo
fomentando una participación
social opaca y centrada en la
adquisición de bienes materiales
principalmente; a la vez
demuestra contradicciones ya que
una artesanía o fiesta indígena
es un elemento de distinción o
discriminación para unos y para
otros es algo realmente
interesante. El consumo es parte
de una racionalidad integrativa
y comunicativa de una sociedad,
por todo lo dicho.
Consumo
y ciudadanía
Los escenarios de consumo son
vistos por los posmodernistas
como la expresión de la crisis
de racionalidad moderna, con
efectos sobre algunos principios
del desarrollo cultural por la
dispersión de los signos y
códigos estables compartidos,
afectando las formas de
organización social compacta que
impuso la modernidad que es
cuestionada.
Las comunidades de pertenencia y
control se reestructuran, debido
a que las segmentaciones que se
generan en la sociedad por la
influencia transnacional de la
moda y del saber; a pesar de
aquello todavía podemos ver
códigos que unifican o que
permiten el entendimiento dentro
de la heterogeneidad, mas los
que se comparten no son los de
etnia, clase o nación; estas se
reformulan como pactos móviles
de lecturas de bienes y
mensajes, ya que el Estado
Nacional desaparece, naciendo la
comunidad interpretativa de
consumidores que se relaciona de
un modo particular por la
información internacional o por
sus códigos. Esto produce el fin
del sentido de pertenencia.
Las identidades se
reestructuran, la comunidad
nacional se debilita por la
participación segmentada en el
consumo que se torna el proceso
de identificación, hay una unión
entre las élites con lo
transnacional y los sectores
populares buscan una nueva unión
por ende; segmenta a los
sectores sociales por bienes
estratégicos que son necesarios
para estar en el mundo actual y
para tomar decisiones.
A la vez crece la exclusión
social por no tener acceso a la
información o a determinados
bienes materiales, siendo esto
resultado de la subordinación al
mercado neoliberal que concentra
la cultura en las élites para la
toma de decisiones, apartando de
esta forma a la mayoría de la
corriente más creativa de la
cultura contemporánea.
El consumo ocasiona la
disminución de la vida pública
por el repliegue familiar en la
cultura electrónica a domicilio,
si bien no hay que culpar del
todo a esto la transformación de
las relaciones entre lo público
y privado por el desinterés
político, el consumo cotidiano
es un cambio básico para el
ejercicio de un nuevo tipo de
ciudadanía. Para que el consumo
sea un ejercicio reflexivo de la
ciudadanía debe cumplir tres
objetivos:
1) Una oferta vasta y
diversificada de bienes y
mensajes representativos de la
variedad internacional de los
mercados, de acceso fácil y
equitativo para las mayorías.
2) Información multidireccional
y confiable a cerca de la
calidad de los productos, con un
control efectivo ejercido por
los consumidores, junto con la
capacidad de refutar las
pretensiones/seducciones de la
propaganda.
3) Participación democrática de
los principales sectores de la
sociedad civil en las decisiones
del orden material, simbólico,
jurídico y político, desde donde
se organizan los consumos:
control sanitario, concesiones
radiales y televisivas, juicio a
los especuladores que ocultan
productos de necesidad y a los
que administran la información
para tomar decisiones.
Por lo tanto dichas acciones
políticas ascienden a los
consumidores a ciudadanos, en
donde el mercado no es visto
como lugar de intercambio de
mercancías sino que como parte
de interacciones socioculturales
más complejas; no es la
apropiación aislada es una
colectiva en relaciones de
solidaridad, al enviar y recibir
mensajes que dan satisfacción.
Se puede actuar como
consumidores al estar dentro de
procesos de interacción
regulados por el mercado, pero
al ejercer como ciudadanos por
una reflexión y experimentación
amplia por las potencialidades
de los objetos, se aprovecha el
virtuosismo semiótico en los
variados contextos permite que
el consumidor se encuentre como
persona.[9]
El descrédito del Estado como
administrador de áreas básicas
de producción e información, la
incredibilidad de los partidos
políticos y el dominio del
mercado, generó que el consumo
se convirtiera en el espacio
público del último tiempo y en
donde los consumidores agrupados
en distintas organizaciones
desean ser ciudadanos al hacer
valer lo público frente a la
decadencia de las burocracias
estatales.
Por lo tanto relacionar el
consumo con la ciudadanía
precisa ensayar una reubicación
del mercado en la sociedad,
intentar la reconquista
imaginativa del espacio público
y el interés público; de esta
forma el consumo se mostrará con
un valor cognitivo útil para
pensar y actuar significativa y
renovadamente en la vida social.
Sociedad civil y espacio público
Dentro de este tema vemos que
surge un rehacer conjunto del
rol del Estado y de la sociedad
civil para lo cual es necesario
repensar las políticas y formas
de participación lo que
significa ser ciudadanos y
consumidores; esto lleva a
reformular la esfera pública la
que no se encuentra ni
subordinada al Estado ni
disuelta en la sociedad civil,
por lo que la tensión entre
ambos continua. La esfera
pública es vista como un campo
de tradiciones en competencia,
un espacio de heteroglosia en el
que ciertos significados y
tradiciones son fortalecidos
(papel del Estado).
En este proceso hay nuevas
fuerzas que atribuyen distintos
significados o énfasis a los
mismos conceptos (papel de la
sociedad civil), evitando por
esto los riesgos del
autoritarismo; aquí el desafío
es revitalizar al Estado como
representante del interés
público, como arbitro, garante
de la información colectiva,
recreación e innovación, para
que éstas no sean subordinadas a
la rentabilidad comercial.
Por lo antes dicho es necesario
políticas culturales, sectores
críticos del neoliberalismo,
movimientos ciudadanos y
sociales entre otros los cuales
creen estrategias certeras para
actuar en los medios de
comunicación; se tiene que
buscar la alta cultura con
bibliotecas, escuelas,
editoriales, museos públicos,
junto con hacer valer los
intereses públicos en los medios
de comunicación masivos. Lo que
se busca es un espacio
sociopolítico alternativo en
donde todos participen
socialmente y en donde las
ciencias cooperen en dicha
situación, en especial las
Ciencias Sociales para así
entender la multiculturalidad,
los principios abstractos de la
democracia y la justicia con
relación a las condiciones
locales, nacionales e
internacionales.
Por lo tanto la reivindicación
de lo público se da dentro de lo
transnacional, ya que hay un
reordenamiento del mercado en
donde la administración global
crea una sociedad civil mundial,
en la cual las macroempresas son
las protagonistas al tener mayor
poder de decisión que los
ciudadanos, sindicatos, partidos
políticos, etc. dentro de los
Estados modernos al configurar
un espacio público particular,
esto lo hacen a escala mundial
subordinando el orden social al
privado y conciben el ejercicio
de la ciudadanía a un nivel
local o nacional en donde
siempre el más grande aplasta al
pequeño.
Al recuperar el espacio público
se esta promoviendo la
ciudadanía con el fin de poder
actuar frente a las empresas
transnacionales, en donde la
globalización del consumo actúa
como ser mediático y en donde
las interacciones políticas no
terminan en ámbito nacional,
debido a que esto comprende las
actividades estatales vinculadas
a los actores sociales que
inciden en la organización del
sentido colectivo y en las bases
culturales/políticas de los
desempeños ciudadanos.[10]
El espacio público es de toda la
sociedad al ser el medio en
donde los sujetos se entregan a
sí mismos como espectáculo, hay
que tener en cuenta que en el
último tiempo el espacio público
no se encuentra dentro de las
fronteras nacionales de la
sociedad civil, por el proceso
de integración vía globalización
el que influye en los hábitos de
consumo y en el ejercicio de la
ciudadanía; de esto nace la
ciudadanía global o la
internacionalización de la
ciudadanía. A pesar de la
globalización de los bienes
materiales y de la información
la convergencia de los hábitos
de consumo, las tradiciones
locales o regionales, siguen
estando conformadas por la
distinción entre lo
público/privado como por la
exclusión /inclusión.
En la globalización se debe
expresar un desempeño global de
la ciudadanía, por las
diferentes formas de ser
ciudadano global constituyendo
para la sociedad civil un
desafío por la decadencia
producida por el neoliberalismo
y su modernización, por lo que
esta debe reasumir el interés
por el espacio público con el
objeto de participar y ejercer
mejor su ciudadanía en estos
tiempos tan complejos.
Consumidores: una ciudadanía
particular
La sociedad civil aparece cada
vez menos como una comunidad
política, territorial,
lingüística en la actualidad
dado a que se manifiesta como
comunidades interpretativas de
consumidores, es decir conjuntos
de personas que comparten gustos
y pactos de lectura con respecto
de ciertos bienes
(gastronómicos, deportivos,
musicales) que les dan
identidades compartidas.[11]Si
bien no es adecuado generalizar
las consecuencias sobre la
ciudadanía sobre esta
participación por el consumo,
“el consumismo produce una
organización individualista de
los consumos que tiende a
desconectar a los individuos
como ciudadanos de las
condiciones comunes, de la
desigualdad y de la solidaridad
colectiva”.
Tanto la expansión de consumo y
de comunicaciones generan
asociaciones de consumidores y
luchas sociales en los distintos
grupos sociales, llegando
incluso a los marginales; todo
esto provoca que se unan por la
falta de un centro ordenador
conformando comunidades en donde
lo principal son las relaciones
sociales al rehacer los vínculos
perdidos. Su parte negativa es
cuando emana el fundamentalismo
o nacionalismo ocasionando una
serie de trastornos en la
realidad social por parte de
determinados grupos sociales.
El consumo por lo tanto sirve
para pensar no solo en la
dirección de la racionalidad
moderna, porque ni los partidos
políticos, movimientos sociales,
ciudadanos, etc. tampoco logran
trabajar únicamente en dicha
dirección; el problema nace al
pasar de público a ciudadano lo
que no es distinto a la función
que desempeñan los militantes,
clientes de partidos y
sindicatos como ciudadanos
racionales. El sujeto se
transforma en un ciudadano credi-
card[12] al consumir una serie
de productos en los malls y
multitiendas, mediante lo que se
endeuda cada vez más derivando
en un individualismo social cada
vez más profundo por las
consecuencias que este genera en
la sociedad.
Todo lo dicho nos lleva a
rescatar responsablemente las
tareas netamente culturales de
su disolución en el mercado o en
la política, hay que repensar lo
real con lo posible al
diferenciar la globalización de
la modernidad selectiva, para lo
que es necesario reconstruir
desde la sociedad civil y desde
el Estado una multiculturalidad
democrática.
Consumo, ciudadanía e identidad
Las transformaciones
contemporáneas que afectan a la
estructura social y a la
identidad nacional, generan que
se considere como última reserva
de tradiciones las culturas
populares, al resistirse estas a
la globalización principalmente
por la exaltación de lo local o
regionalismos, por lo que la
identidad no se puede negociar
dado que se afirma y se
defiende. El consumo
multicultural con el cual
satisfacen sus necesidades al
aprovechar sus recursos
tradicionales y los de las
sociedades modernas, afirma la
reubicación dúctil de los
sectores populares, mas nace el
cuestionamiento de si esa
versatilidad los ayuda a ser
ciudadanos.
En este contexto no es fácil
discernir que es lo popular,
porque al tomar la cultura
popular como tradicional o
propia lo que se logra es verla
como la vida familiar privada o
la de fiestas populares,
religiosas, etc. en tanto que la
cultura moderna y hegemónica es
aprendida por los pobladores
para desempeñarse en lo público,
la que se expresa en reglas
objetivas y democráticas de
representación política unida a
las relaciones complejas
modernas y tradicionales de
poder.
Lo popular no pude definirse a
partir solo desde lo
socioeconómico, debido a que los
componentes culturales híbridos
de las relaciones de clases
obligan a reconocer junto con el
conflicto la negociación, esta
es importante y no es externa a
la construcción de actores, es
un modo de existencia, es algo
intrínseco de los grupos
participantes del juego social;
la negociación se instaura en la
subjetividad colectiva, en la
cultura política y cotidiana más
inconsciente. Ella se acentúa en
la sociedad por las complejas
acciones o relaciones entre lo
tradicional, lo moderno, lo
popular, lo culto, lo subalterno
y lo hegemónico.
Los conflictos no se producen
únicamente entre clases y
grupos, sino que también entre
dos tendencias culturales; una
es la negociación razonada y
crítica y la otra es el
simulacro de consenso inducido
por la devoción a los
simulacros. Esto no es una
opción absoluta debido a que los
simulacros forman parte de las
relaciones de significación en
toda cultura, pero al establecer
la forma de negociar entre ambas
tendencias es fundamental para
que en la sociedad actual y
futura predomine la
participación democrática o la
mediatización autoritaria.
Por lo tanto vemos como el
consumo promueve el cambio de
identidad y de ciudadanía al
mismo tiempo al tener que
negociar la identidad de la
población, en especial la de la
clase popular para poder
participar socialmente en la
comunidad o bien para ejercer su
ciudadanía en una sociedad tan
complejizada.
La
nueva escena sociocultural
A continuación se verán los
cinco procesos que modifican el
ámbito sociocultural, estos son:
Un redimensionamiento de las
instituciones y circuitos de
ejercicio de lo público, es la
perdida de peso de los
organismos locales y nacionales
en beneficio de los
conglomerados empresariales de
alcance transnacional. La
reformulación de los patrones de
asentamiento y convivencia
urbanos, del barrio a los
condominios, de las
interacciones próximas a la
diseminación policéntrica de la
mancha urbana sobre todo en las
grandes ciudades. Las
actividades básicas en ellas se
hacen a menudo lejos de la
residencia y el tiempo empleado
para desplazarse por lugares
desconocidos de la ciudad reduce
el disponible para habitar el
propio.
La reelaboración de lo propio,
debido al predominio de los
bienes y mensajes procedentes de
una economía y de una cultura
globalizada sobre los generados
en la ciudad y la nación a las
que se pertenece.
La redefinición de sentido de
pertenencia e identidad,
organizada cada vez menos por
las lealtades locales o
nacionales y más por la
participación en comunidades
transnacionalizadas de
consumidores.
El Pasaje del ciudadano como
representante de una opinión
pública, al ciudadano como
consumidor interesado en
disfrutar de una cierta calidad
de vida, por el cambio de las
formas argumentativas y críticas
de participación las que ceden
lugar al goce de espectáculos de
medios electrónicos con una
falta de razonamiento y
argumentación. Esto nos conduce
a cuatro circuitos
socioculturales:
a) El histórico- territorial.
b) El de la cultura de masas.
c) El de la comunicación masiva.
d) El de sistemas restringido de
información.
Todo esto manifiesta como el
consumo ha ido cambiando la
sociedad, la participación y
ciudadanía por los efectos que
este tiene en los diferentes
campos de la sociedad, al
producir una serie de efectos en
los sujetos por participar
directa o indirectamente en
dicho proceso sociocultural.
Hemos visto como la incidencia
del consumo modifica a la
sociedad en todo aspecto, lo que
se une al proceso actual de
globalización.
Las
consecuencias de la
globalización en las ciudades
La globalización es un sistema
con mecanismos que actúan
paralelamente deforma excluyente
e incluyente, por una parte
incorpora a su lógica lo que
produce valor a escala mundial
en las ciudades y por otra
margina lo que devalúa siendo
esto irrelevante para su lógica,
es en las grandes ciudades de
los países en desarrollo donde
sus efectos se hacen plausibles
otorgándole un matiz especial a
la problemática urbana,
iniciando así la ciudad un
proceso doble en donde la
polarización y las desigualdades
sociales son cada vez más
notorias, con lo cual sus zonas
se articulan a partir de las
demandas sociales de sectores
cada vez más disímiles; las
actividades locales se
concentran y se dispersan al
mismo tiempo que se concentran y
crean vínculos que fluyen hacia
la economía global, generando de
tal forma elevados índices de
pobreza urbana.
Tos lo antes dicho desemboca en
un fenómeno de desintegración
social producto de lo asimétrico
de la globalización en la ciudad
la que concentra lo mejor y peor
desde lo innovador y los poderes
existentes hasta gente sin
importancia estructural
dispuesta a vender su
irrelevancia o a hacer que los
demás paguen por ella[13]; en
las ciudades las diferencias se
hacen evidentes por los niveles
de empleo e ingreso debido a que
solo algunos se encuentran
capacitados para beneficiarse
del progreso de la economía
mundial, contrario a la extensa
población urbana abandonada a
las actividades de la economía
informal donde priman los bajos
salarios junto con la mala
calidad de vida como elementos
comunes. De tal forma las
ciudades sean principales,
medias o pequeñas adquieren un
doble carácter incluyente y
excluyente por la relación que
establecen sus habitantes con la
red económica global, donde
muchos quedan desconectados. La
interacción entre lo local y lo
global es propia de estas zonas
urbanas por la dinámica
adquirida en el proceso.
Los elementos de inclusión
incorporan a las sociedades a la
dinámica global dando la
oportunidad a la ciudad de que
interactue con el resto del
mundo a partir del flujo de los
mercados financieros, a esto se
une el desarrollo de la
información y del conocimiento
como sectores claves en el
nacimiento de riqueza, dicha
cuestión genera una
reorganización en la estructura
laboral de las ciudades que
antaño se centraba en el capital
y trabajo; esto se debe a una
propagación rápida de servicios
de avanzada como las actividades
financieras, inmobiliarias,
consultorías, publicidad, entre
otros, los que se concentran en
ciertas partes de la ciudad y es
aquí donde se ubican los
sectores más dinámicos de la
economía con base en la
calificación laboral y de
capital.
El progreso técnico y
profesional que se produce en la
sociedad de las ciudades con sus
correspondientes capacitación
logra penetrar en la realidad
social con impactos bien
marcados, con lo que el proceso
de globalización valora a
ciudades con habilidades de
salarios altos que cohesiona a
un grupo social de la población
y excluye a otros de este
ámbito; esto da como resultado
un deterioro económico en gran
parte de la población,
constituyéndose como reflejo de
un desarrollo desigual como
deficiente de las zonas urbanas.
Es en este contexto donde la
creciente desintegración social
de hace patente por la exclusión
generada, conformando de tal
manera un gran problema en las
ciudades.
Todo lo anterior ocasiona que en
la ciudad se viva un clima
social donde las necesidades no
son satisfechas, hay pobreza
extrema y marginal, abultados
índices de delincuencia,
criminalidad, actividades
informales, corrupción
contaminación, mala gestión
administrativa, fragmentación
social, entre muchos otras cosas
o efectos colaterales deseados o
no que hacen que la ciudad se
deshumanice cada vez más, por
sus efectos en las consciencias
de sus habitantes, al atentar
contra el modo y calidad de vida
de estos y de las ciudades
propiamente tales.
Los
efectos de las urbanizaciones
cerrads en las ciudades
El proceso de suburbanización de
tipo privado o cerrado se
desarrolla desde hace dos
décadas en diversos sectores de
la ciudad, en este se emplazan
los grupos sociales de altos
ingresos principalmente, aunque
poco a poco se ha ido
extendiendo a sectores medio-
altos y medios con la creación
de barrios privados; es en las
ciudades donde se percibe
claramente la reestructuración
de las jerarquías sociales
diluyéndose las fronteras
sociales las que se vuelven a
crear por el acceso a
determinados bienes o símbolos
de la modernidad, mediante lo
cual los centros urbanos se
transforman en los depositarios
fundamentales de los efectos de
la globalización. Se promueve la
dicotomía centro/periferia por
la amenaza que representa la
pobreza y riqueza para
determinados sectores urbanos
los que se encargan de destruir
los pocos lazos existentes entre
los ciudadanos.
Los conflictos ocasionados por
la inseguridad ciudadana junto
con la tendencia de vivir en
mayor armonía con la naturaleza
sumado a los contactos sociales
más íntimos como confiables
modifican los patrones de
urbanización de las ciudades
existentes que se caracterizaba
por la suburbanización masiva de
trabajadores urbanos en loteos
populares o económicos entre
1940-1960 del siglo XX, es “la
mancha de aceite” o “tentacular”
en el territorio del primer y
segundo anillo; desde la década
de 1980 se crean zonas
residenciales suburbanas se
expanden como islas similares a
lo acontecido en las ciudades
norteamericanas lo que se
promueve en América Latina, mas
con distinta distribución
espacial en comparación al
modelo europeo de tipo más
compacto.
Esto es resultado de la
revalorización del suelo urbano
y de la profunda
reestructuración económica
mundial que se da en las
ciudades por la transformación
del Estado al privatizar los
servicios públicos, reducir el
gasto social y por el ajuste
económico produciendo que el
Estado pierda protagonismo en el
aspecto socioeconómico, propicia
un gran retroceso del espacio
público con respecto al dominado
por el capital privado generando
la segregación socioeconómica de
la población en las ciudades,
esto se manifiesta por la
estructuración de la ciudad, la
fragmentación y segregación
socio- espacial, el aislamiento,
el individualismo,
problemas/conflictos de
seguridad y el culto del placer,
planteando un desafío para una
correcta integración social y
cultural en las ciudades
actuales.
La
globalización y su impacto en la
morfología de las ciudades
Los procesos de reorganización
económica mundial se inician
desde hacer dos décadas
aproximadamente, se manifiestan
en el espacio interior de las
metrópolis al existir y convivir
lugares integrados con los
cambios globales donde predomina
el bienestar y la modernidad,
junto con zonas fuera de ese
ámbito, caracterizadas por la
pobreza y la marginalidad
social. Por la saturación del
Estado de bienestar o de
Compromiso nace el predominio
del neoliberalismo poniendo en
crisis los modelos de
urbanización vigentes hasta la
década de 1970 del siglo XX; el
Estado postkeynesiano no puede
asegurar el pleno empleo de la
mano de obra expresada en las
inversiones públicas como
tampoco mantener el nivel de
gasto social en valores de uso
urbanos, como las viviendas,
infraestructura de servicios,
equipos de salud, educación y
seguridad.
Por tal motivo surge una
reestructuración de la ciudad y
de su zona metropolitana,
expresada en[14]:
Los procesos de reestructuración
son principalmente
supranacionales, son externos a
la región obedeciendo a las
leyes conjugadas de la división
del trabajo nacional e
internacional.
La perdida de fuerza del sector
público frente a las grandes
corporaciones internacionales.
La profundización de la crisis
laboral con incremento de la
tasa de desocupación y deterioro
del empleo.
Crecientes procesos de
estratificación socioeconómica
de la población, unido por la
segregación ambiental de la
residencia.
Mejoras de acceso a la ciudad o
metropolitanos por la
construcción de infraestructura
de transporte.
Difusión urbana generalizada de
aparatos móviles de
comunicación.
La creciente valorización de
tipo suburbano de vivienda
unifamiliar.
Fragmentación, especialización y
segregación socio- espacial
resultado de la creciente
competitividad territorial,
espacial, de trabajo, de consumo
y lucha por la distribución.
Todo esto desemboca en zonas con
pujantes inversiones de capital
de tipo estratégico y relativo
abandono de zonas residuales.
Los espacios estratégicos
reorganizados se caracterizan
fundamentalmente por:
Centros urbanos: son las áreas
puntuales renovadas del centro
urbano tradicional o nuevos
emprendimientos algo distantes
entre sí; aquí predomina la
actividad terciaria
especializada, se caracteriza
por grandes e impactantes
edificios y por sus diseños
innovadores.
Nuevos ámbitos de
comercialización de bienes y
servicios: su ubicación puede
reforzar localizaciones
existentes en el interior de la
trama urbana o crear nuevas
zonas en consonancia con la
dispersión regional; en ella se
concentra la comercialización de
una extensa y variada cantidad
de productos y la prestación de
diversos tipos de servicios y de
esparcimiento, como super e
hipermercados, malls, parques,
cementerios, empresas, parques
temáticos, etcétera.
Transformaciones importantes en
la estructura socio- espacial
urbana: esto implica
modificaciones en las pautas
residenciales por el nacimiento
de nuevas formas edilicias; por
una lado responden a procesos de
“gentrificación”[15] en
dirección a las áreas centrales
de las ciudades y por otra
obedecen a la ocupación de
espacios en la extrema periferia
de las regiones urbanas por
parte de sectores de mayores
ingresos.
Selectividad del capital en la
localización espacial de las
inversiones: es una etapa del
capitalismo flexible donde el
proceso de valorización del
espacio urbano; se establece una
relación entre el capital
inmobiliario, financiero y el
productivo realizando en el
proceso de densificación urbana
un espacio/tiempo limitado por
una estrategia de interés mutuo.
Buenos
Aires: un ejemplo de
urbanización cerrada
contemporánea
Esta ciudad es un caso
emblemático de dicho tipo de
urbanización, vemos que a través
de la reducción de la tasa de
inflación, la desregulación de
la economía, la estabilidad
monetaria, la privatización de
los servicios básicos, la
implementación de nuevos
servicios financieros (fondos de
pensión, de inversión,
fideicomiso financiero)
permitieron la reapertura de las
líneas de crédito tanto para
compra y construcción de
viviendas unido a la caída de
las tasas de interés en el
ámbito internacional ayudan a
que los capitales privados
empiecen a explorar nuevas áreas
u opciones de mejor
rentabilidad. Mediante esto
pasan del sector financiero al
de la producción de bienes de
consumo durables como hogar,
autos y construcción con lo que
favorecen a que capitales
extranjeros entren fuertemente
creando grandes inversiones en
el área metropolitana.
Todo lo anterior manifiesta de
manera visible las nuevas
tendencias con lo siguiente[16]:
(a) Las nuevas formas de
crecimiento producen que el
casco primitivo de la ciudad
suburbana pierda protagonismo;
nacen manchas de concentración
de actividades al lado de las
nuevas autopistas, es decir “la
bajada con infraestructura”.
(b) Los espacios relacionados
anteriormente con las
actividades industriales ceden
su lugar a otros destinados a
los equipamientos de consumo
como malls, hipermercados y
centros de esparcimiento.
(c) Las nuevas industrias y
sedes empresariales se trasladan
hacia la periferia de la ciudad,
gracias a la tecnología de
comunicación, información y
autopistas.
(d) Las iniciativas
inmobiliarias masivas dirigen el
espacio residencial de los
sectores medios- altos con
propuestas de máxima calidad en
seguridad privada, gimnasio,
estacionamientos, etc.; los
ubican en sectores privilegiados
de la ciudad como los “countries
en altura” o “country”.
(e) El reciclaje o recuperación
de edificios para la
construcción de lofts, oficinas,
restaurantes, universidades y
espacios de consumo emplazadas
en áreas degradadas o
desafectadas en su utilización
original, inducen al proceso de
gentryficación hacia sectores
centrales de la ciudad, ejemplo
es Puerto Madero en la Capital
Federal.
(f) La proliferación de
cementerios parque dentro del
cono urbano bonaerense, fenómeno
vinculado a las inversiones de
capitales privados y al
desarrollo de la red de
autopistas que facilitan el
acceso a la ciudad; esto genera
que sean usados por los grupos
sociales de mayor poder
económico, dada su ubicación de
carácter privado formando una
necrópolis.
Ciudad
actual: una ciudad intima
La sociedad contemporánea se
caracteriza por su tendencia a
buscar en su intimidad doméstica
una forma de sociabilidad más
selectiva al establecer
relaciones y encuentros más
fiables, lo que se refleja en
las ciudades por sus grandes
dimensiones, sus problemas de
seguridad pública y la pérdida
de espacios públicos, los
sectores de menor ingreso
socioeconómico salen poco por
sus carencias, los medios y
altos también por temor a la
violencia callejera transando su
bienestar por la reclusión en
casas protegidas con murallas,
alarmas y seguridad privada en
barrios cerrados.
La ciudad es utilizada por esto
solo por consumidores de su
oferta cultural a pesar de que
la gran mayoría se informa a
través de los medios de
comunicación y hacen compras sin
salir de sus casas, las que solo
se abandonan para trasladarse a
sus lugares de trabajo; la
intimidad es producto del
rechazo de lo impersonal al ser
todo tratado en primera persona
atentando contra la ciudad y su
desarrollo por la disminución de
la capacidad para desempeñar
roles públicos junto con la
demanda de mayor autenticidad,
crean una sociedad cada vez más
incivil. Lo anterior se
manifiesta por el desprecio de
los contactos con personas
desconocidas y por la reclusión
dentro del grupo de pertenencia,
incrementando la exclusión
social en la comunidad.
Todo esto genera la pérdida del
espacio público de encuentro con
la nula conformación de barrios
donde los componentes básicos de
esfera pública tenían una
función socializante e
integradora entre los variados
segmentos sociales al dotar de
identidad a la ciudad; los
medios de comunicación masivos
mediatizan todo trastocando al
sentido e identidad colectiva,
con lo que solo los grupos se
juntan para cuestiones
colectivas particulares,
primando la preocupación por el
sustento diario que les hace
bajar el horizonte social.[17]
El espacio público pasa de ser
uno de concurrencia a uno de
enfrentamiento socioeconómico al
estar la ciudad plagada de
vendedores ambulantes, avisos
publicitarios, pequeño y mediano
comercio los que tratan de
subsistir frente al poder de los
grandes grupos comerciales y de
las autopistas que deterioran el
espacio público, se crea una
doble agresión tanto a la
calidad de vida como a la
calidad ambiental al haber más
contaminación, problemas de
tráfico y nuevos obstáculos para
el desplazamiento peatonal.
La ciudad pública herencia de la
mediterránea cuyo principal
elemento era el ágora, se
encuentra transitando a una
ciudad más doméstica de tipo
anglosajón al perder la plaza
pública de la polis donde se
discutía y se hacía política, el
modelo inglés es más intimista
al reemplazar la vida pública en
este lugar con lo cual la ciudad
pública se torna doméstica al
formas una serie de
suburbanizaciones privadas las
que no cuentan con fachadas en
sus viviendas como paisaje
urbano público, mas sin rejas y
cerco perimetral; nacen así los
minibarrios cerrados de pocos
habitantes donde se propone “una
mayor seguridad y familiaridad
entre vecinos” siendo su real
meta la sociabilidad más
selectiva y confiable, acabando
con la plaza pública, es decir
muere la ciudad en su sentido
clásico.
La urbanización cerrada implica
la reducción significativa de
intimidad con su correspondiente
aislamiento desapareciendo el
contacto con la pobreza urbana
junto con los intercambios
sociales, pero hay que reconocer
que en ellas surgen fuertes
lazos deportivos y culturales
con el fin de afirmar una
identidad propia en un lugar
carente de historia propia; al
cerrar los barrios la ciudad
abandona su sentido de provecho
conjunto, la diferencia,
aleatoriedad e intercambio,
debido a que su vida se
desarrolla en un universo
totalmente restringido e
imaginable.
Metodología para reflexionar y
replantear la ciudad
contemporánea
A continuación se entregan siete
criterios fundamentales para una
estratégica planificación urbana
tradicional, ellos son:
A. Comienzo del Plan:
estructuración lógica de las
metas del proyecto con el fin de
hacer participar a la mayoría de
los actores comunitarios
involucrados, con su pública
difusión.
B. Caracterización de los
modelos de desarrollo: estos
explican el estado de la ciudad
a partir de sus patrones de
desarrollo económico, político,
social y cultural; permiten
obtener un marco referencial
para un posterior análisis de
las ofertas y demandas que posee
la ciudad.
C. Análisis externo: son las
oportunidades y amenazas que se
localizan fuera de la comunidad
en estudio, lejos de su control
aunque incidan en ella.
D. Análisis interno: determina
los principales elementos de la
oferta urbana como recursos
naturales y humanos, actividades
económicas, transporte,
comunicaciones, calidad de vida,
etcétera.
E. Formulación de la visión
estratégica: corresponde al
modelo de desarrollo futuro
deseado por la comunidad urbana.
F. Desarrollo de estrategias:
implementan los mecanismos para
intentar lograr el modelo de
progreso socioeconómico
formulado en la anterior
instancia.
G. Implantación: luego de las
estrategias de desarrollo, sigue
la difusión pública del Plan, su
implementación y continua
revisión.
Hay que tener bien en cuenta que
toda metodología de
planificación estratégica no
tiene que ser considerada de
manera dogmática ni estricta y
menos inflexible, ya que hay que
saber adaptarla a las
condiciones particulares de cada
ciudad o comunidad urbana, con
el objetivo de que la ciudad sea
más humana y se desarrollo
adecuadamente, logrando
beneficios para todos sus
componentes sin distinción
social, económica, política,
cultural, de género, etc. porque
todos somos la ciudad al dotarla
de una identidad que es única y
que varía por el desarrollo de
las generaciones que la habitan,
junto con los procesos sociales
que sufre en su historia como
elemento urbano consolidado y en
constante cambio.
Conclusión
Podemos comprobar lo fundamental
que es la ciudad por todos los
roles que desempeña actualmente
y a través de la historia de la
humanidad, dado que esta siempre
ha cumplido una función
preponderante al ser un agente
de interacción social de todos
sus componentes, a la vez hay
que tener en cuenta que ella es
un organismo viviente con
determinadas características
socioculturales que van
condicionando como desarrollando
a los actores sociales que en
ella habitan; la ciudad es un
generador de conflictos de
variada índole ya que se desatan
una serie de pendencias por la
apropiación de terrenos,
espacios, lugares comunes o
privados, entre muchas otras
cuestiones, donde la
contingencia es positiva la
realizar un trabajo de reflexión
a cerca de que ciudad se quiere
y de su estado actual, mediante
lo cual llegamos a comprender
mejor a este espacio público que
a todos nos pertenece y que debe
ser cuidado a como de lugar.
Hay que crear las estrategias
propicias para que las ciudades
sean centros urbanos/rurales más
seguros en todo sentido, porque
de esta manera vamos a lograr
una planificación a escala
humana adecuada, sin
urbanizaciones cerradas ni
privadas donde se respeten los
deberes y derechos de todos los
ciudadanos/as con su correcta
aplicación; esto nos conduce a
repensar la ciudad en todos sus
aspectos con el fin de no caer
en lo que actualmente se
desarrolla en la sociedad con un
tipo de urbanización,
planificación y consumismo que
dejan bastante que desear,
debido a que responden a los
intereses del capitalismo ya sea
global, nacional o local. La
mundialización de la realidad
social nos hace cuestionar a la
ciudad y a sus componentes
materiales e inmateriales,
porque las identidades no se
reconocen al existir demasiadas
culturas, subculturas y
contraculturas conviviendo en un
mismo lugar y con distintos
intereses o motivaciones, por lo
que la ciudad representa la
democracia al tener que otorgar
libre expresión como ejercicio a
todos sus habitantes, no estando
libre de conflicto por esto la
sociedad civil y política.
La globalización incide
notablemente en estos espacios
ya sea positiva o negativamente,
lo primero permite que la ciudad
pueda acceder a una mayor
desarrollo local al establecer
una serie de alianzas
estratégicas que favorecen a sus
actividades económicas y a la
comunidad en general; lo segundo
produce que se legitime un
consumo con el mercado en todo
ámbito social a través de la
competencia, donde el
neoliberalismo genera una serie
de consecuencias las cuales
afectan las relaciones sociales
al estar en constante
competencia, desatendiendo los
problemas urbanos/rurales que se
producen en este sector como lo
son la pobreza, desempleo, sobre
endeudamiento, falta de vida
familiar, entre otros. Esto
produce una contraposición entre
lo propio y lo impuesto siendo
similar a lo acontecido entre la
identidad v/s capital; sin
embargo la ciudad sigue su
marcha con sus ciudadanos/as los
que muchas veces no se percatan
de dichos sucesos hasta que los
sufren directa e indirectamente
los que son consecuencias de una
globalización apoyada por un
sistema neoliberal que penetra
cada vez más en las vidas de los
sujetos, mediante lo cual estos
y la ciudad se vuelven cada vez
más competitivos, racionales e
inhumanos frente a la realidad
social.
Debemos reflexionar
concretamente frente a este tipo
de hechos dado que la ciudad nos
pertenece a todos sin distinción
alguna al estar en constante
construcción política, social,
cultural y económica por todas
las actividades que en ella se
llevan a cabo, la globalización
nos orienta a que repensar a la
ciudad con su imaginario
principalmente al comprobar sus
condiciones de materialidad con
su planificación donde la
identidad sociocultural e
histórica deben ser recuperadas
con el objeto de volver a tener
una identidad propia que se
distinga de las demás, ya que el
proceso de globalización produce
que estas se diluyan totalmente
y si adhieran a las que ella
impone en las consciencias de
los sujetos, principalmente vía
medios de comunicación de masas.
El repensar la ciudad, su
entorno, su urbanización, su
planificación, sus espacios, es
con el fin de que la comunidad
participe activamente en la
forma de hacer ciudad, no
dejando que determinados
criterios primen por sobre los
de interés social o colectivo al
instante de conformar un espacio
o bien la ciudad en si; por lo
que hay que estar en constante
cuestionamiento de aquellas
áreas, para un beneficio mutuo
de todos los componentes de la
ciudad.
Todo lo dicho finalmente
promueve que la ciudad sea
analizada a partir de criterios
que propicien la integración con
la consolidación identitaria de
la ciudad con su con su
comunidad, debido a que es
primordial que la ciudad sea un
espacio de encuentro de los
individuos y no de segregación
como acontece actualmente,
logrando de tal forma que la
ciudadanía sea bien entendida y
ejercida responsablemente
dotando a la ciudad de un
carisma propio; la globalización
si bien no se puede detener en
su avance, si podemos
reformularla para que sea más
humana con el norte de la ciudad
no se vea afectada negativamente
por su accionar y que si vaya a
la par con este proceso. Es
fundamental aquí el rol de los
ciudadanos al reflexionar
permanentemente sobre dicho
fenómeno, buscando el modo de
que ciudad sea más agradable,
bien edificada y planeada donde
todos tengan cabida y puedan
desarrollarse adecuadamente en
todo sentido.
Por lo tanto la ciudad
representa a todos los intereses
de manera democrática para que
sus planes urbanos sean los
adecuados, ella es lo principal
dentro de este ámbito
sociocultural porque desde su
nacimiento hasta lo
contemporáneo siempre ha sido la
concentración de distintas
visiones que demuestran lo
importante que es; dado lo
anterior hay que buscar y
encontrar el justo equilibrio
entre globalización y ciudad con
el fin de que ambas se
complementen positivamente,
donde la ciudadanía, la sociedad
civil y política tienen una
función muy relevante, en
beneficio de la comunidad y
sobre todo de la ciudad por su
significado y significante
sociocultural además como ente
vivo de gran magnitud para la
humanidad.
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Notas
[1] Hoselitz, Brian: “The
Primate City and related
Concepts”. E.E.U.U. 1958. Este
proceso trata del grado de
primacía urbana entendiéndose
como “el grado de concentración
de la población de una ciudad
principal del sistema, es mayor
en naciones en proceso de cambio
social e industrialización”. Se
destaca el caso de las ciudades
de A. Latina como Buenos Aires,
Montevideo, Santiago y Caracas.
[2] Castells, Manuel y Jordy
Borja: “Local y Global”.
Ediciones Taurus. Madrid,
España. 1977.
[3] Castro, Bernardo:
“Desarrollo Regional y Local
Endógeno desde la Participación
Ciudadana”. Ed. Universidad de
Concepción. Concepción Chile.
2000.
[4] Estas dos categorías son
elaboradas por Giddens para
comprender mejor el fenómeno y
sus componentes.
“Un Mundo Desbocado. Los efectos
de la globalización en nuestras
vidas”. Ed. Taurus S.A. Buenos
Aires, Argentina. 2000.
[5] Conceptos elaborados por Le
Monde Diplomatique, Abril 1996.
Dierckxsens, Wim “Los Límites de
un Capitalismo sin Ciudadanía”,
Cap 2. Colección Luciérnaga
Editorial Universidad de Costa
Rica 1997.
[6] Idem.
[7] García, Clanclini Nestor:
“Consumidores y Ciudadanos”.
Conflictos multiculturales de la
globalización. Edt. Grijalbo
S.A. México 1995.
[8] Castells, Manuel: “La
cuestión urbana”. Edt. Siglo XXI,
México 1974.
[9] García, Canclini Nestor, Op.
citada.
[10] Idem.
[11] Idem.
[12] Denominación usada por T.
Moulian para clasificar al
individuo que consume
cotidianamente. “Chile anatomía
de un mito”. Ediciones Lom,
Chile 1997.
[13] Castells, Manuel: “La Era
de la Información. Economía,
Sociedad y Cultura”. Vol. 1 La
Sociedad Red. Alianza Editorial
Madrid, España 1997.
[14] Romano, Felipe:
“Urbanizaciones cerradas en
Buenos Aires: escenarios de la
fragmentación socio- espacial.
Nuevos desafíos de
integración”.Revista Signos
Universitarios, Universidad del
Salvador. Año 15 N° 29. Buenos
Aires, Argentina. 1996.
[15] Es la restauración y
revalorización de las áreas
urbanas deterioradas que se
convierten en áreas nobles,
mediante la recuperación
producida por los sectores de
ingreso medio- altos y altos,
con el consiguiente desalojo de
los antiguos moradores de baja
renta.
[16] Mignaqui, Iliana: “Barrios
cerrados y fragmentación
espacial” En: Revista del
Colegio de Arquitectos de la
Provincia de Buenos Aires.
Distrito II, N° 34. Argentina
1997.
[17] García Canclini, Néstor:
“Culturas Híbridas”. Ed.
Sudamericana, Buenos Aires
Argentina. 1992.
Gentileza:: @ volar [
volar_2004@yahoo.com.ar ]
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