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Ciudad y Globalización. - 21/05/07
 

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Ciudad y Globalización. - 21/05/07


 


Ciudad y Globalización

Por Diego Padilla Zelada

El siguiente artículo tiene por finalidad dar a conocer una reflexión a cerca de la ciudad actual y de cómo esta se ve afectada por el fenómeno de la globalización, se analizan distintas variantes a cerca de como ella incide en la vida de la ciudad al modificar sus lineamientos clásicos, estructurales, de planificación, entre muchos otros los cuales han dado su identidad y carácter a la ciudad; los términos a considera como claves son planificación, consumo, ciudad, ciudadanía, urbanización, globalización, desarrollo social principalmente. A lo que se apela es a un espacio público que ha sido modificado paulatinamente, mediante lo cual van creando una serie de urbanizaciones o condiciones estructurales para que la ciudad se vea como ente con vida propia que requiere una análisis profundo al observar los conflictos que experimente en su desarrollo sociocultural.

Por otra parte veremos a la ciudad en su vinculación con sus habitantes al plantear un tipo nuevo de relación al ser estos los que van adquiriendo y transformando un espacio público determinado que se transforman en privado por diferentes causas, siendo la principal la seguridad al verse sobrepasados por la actual realidad social; es preponderante ver como el consumo es un factor que introduce una serie de prácticas culturales como sociales, las que impulsan que la ciudad vaya tomando una dirección cada vez más privada y poco integradora para con sus habitantes.
Todo esto nos lleva hacia una perspectiva critica al respecto al dar a conocer los cambios que la ciudad y su entorno sufren en la vida contemporánea, siendo relevante analizarlos adecuadamente para un mejor entendimiento de ella y de actual situación.

Introducción

La ciudad es espacio en el cual todos los actores/as sociales interactuan constantemente al ser por excelencia el lugar de encuentro y de desarrollo de la sociedad, mas en el último tiempo ella a sufrido alteraciones tanto en su morfología como en su composición socioespacial, derivando en una nueva manera de hacer ciudad y de identidad la cual no es reconocida a simple vista por variados motivos, siendo el primordial la falta de integración social a esta al estar demasiado segmentada o dividida; a esto se une el proceso de globalización que atañe a todos por igual lo que desencadena una serie de efectos colaterales deseados y no estipulados en la sociedad de la información, sin embargo muchos de ellos no son percibidos a simple vista por lo que hay que poner acento en dichas situaciones, con el fin de que los conflictos desatados se solucionen adecuadamente.

Vemos como la sociedad civil experimenta una nueva ciudadanía al pasar de un estado a otro sin calcular sus efectos al primar un consumismo que da otro matiz a las relaciones dentro de la ciudad, donde los sujetos adquieren nuevas conductas al estar insertos en una espacios público/privado que se modifica por las distintas tendencias culturales, las que dotan a la ciudad de una planificación para la que muchas veces no se encuentra preparada del todo. A la vez el capitalismo con su acción influye para que esto se plasme en las consciencias de los entes sociales creando una nueva ciudadanía donde lo fundamental es el bien material o económico por sobre la vida familiar.

Por otra parte se considera la actual planificación urbana al comprobar como esta se lleva a cabo actualmente en desmedro de la ciudad, ya que los criterios son disímiles al aplicar o bien crear un urbanismo tal que no se adecua a las reales necesidades y carencias de la ciudad como de sus habitantes, luego vemos el tipo de urbanizaciones cerradas nacientes con claros ejemplos por sus características reconocibles en la realidad social local y global; finalmente establecemos el nexo entre ciudadanía, consumo, globalización y urbanismo con el objeto de reflexionar frente a estos fenómenos y sus consecuencias, los cuales dan un carácter distinto a la ciudad y a sus espacios públicos que poco a poco se ha ido perdiendo. Con esto llegamos a una serie de propuestas que son útiles para comprender mejor a la ciudad para su correcta planificación y en todos sus ámbitos de desarrollo.

Ciudad y globalización

Nos encontramos en un momento en que la ocupación del territorio es completa en el planeta lo que no significa que exista una mayor civilidad, ya que la forma de vida urbana se encuentra separada por barreras culturales, extensión de problemas, complejidad de vida, entre otros fenómenos a partir del siglo XIX lo que se torna cada vez más crítico, nos encontramos inmersos en un proceso de globalización en que las ciudades sufren sus efectos directa e indirectamente; el mundo de hoy es de transformaciones variadas que afectan a todos y a las actividades que se realizan en el, este nuevo orden global afecta positiva y negativamente a los sujetos que no llegan a comprenderla totalmente, mas sienten sus efectos de variadas formas, sobre todo con respecto a la participación social en la ciudad.

La crisis de la ciudad actual se gesta debido a una sociedad que se encuentra incapacitada para habitar y organizarse adecuadamente en sus ciudades, las que se encuentran deformadas es su núcleo por los desordenes y conflictos que experimentan por el proceso de globalización al imponer como expandir una tecnología más desarrollada, la que no llega a todos sus componentes; si bien están los medios para resolver tales cuestiones en la ciudad actual no hay una claridad de metas, objetivos ni grados de comprensión de la temática urbana, sobre todo una gran falta de participación social y de ciudadanía en lo urbano.

La ciudad presenta una serie de complejidades dado su tamaño y concentración en determinadas áreas, lo que requiere una profunda revisión de los antecedentes de la vida urbana en la era global al replantear las formas de habitar junto con las relaciones sociales en ella, a esto se suma los problemas de concentración, las distintas necesidades de los grupos urbanos que paulatinamente se acumulan y el avance tecnológico que al ser tan rápido no se puede aplicar a las estructuras físicas y sociales obsoletas o tradicionales de las ciudades. La ciudad se torna en un elemento falto de organización e improvisado al sufrir los embates del urbanismo y de la globalización paralelamente, a pesar de haber sido un componente histórico en donde se concentraba el cambio ilimitado con el desarrollo más exitoso de la humanidad en épocas anteriores.

La ciudad contemporánea es resultado de la crisis de las sociedades avanzadas o más modernas a inicios del siglo pasado y posterior a la II Guerra Mundial que modifica el mapa mundial en todo sentido, teniendo tales consecuencias que logran incidir en las naciones de Asia, América Latina y Africa con la falta de recursos, presiones y recientemente urbanizadas conducen a ver lo emergente del problema de lo global en la sociedad, por lo trascendente que son los conflictos desatados por la urbanización, industrialización, capital financiero y modernización en la realidad social de las ciudades; dado lo anterior la actual ciudad se enmarca en un contexto de transición similar al vivido durante la revolución agrícola que acompañó a la invención de la ciudad y posteriormente a la revolución industrial del siglo XIX, la cual modifica totalmente el concepto como emplazamiento físico y carácter sociocultural de la ciudad.

En las sociedades industriales o post. industriales donde predomina el capital financiero e industrial como también en las subdesarrolladas o en proceso de desarrollo aumentan las ciudades su tamaño, al extenderse a través de áreas cada vez más amplias generando un fenómeno de centripetación y de absorción de población tanto en como hacia sectores urbanos, los cuales dominan los territorios circundantes, al ser un peso socioeconómico, político y territorial de tipo absoluto. Esto da como resultado una mayor concentración de las zonas urbanas y rurales con una tendencia a la urbanización que es constante en todo el mundo global; este es un proceso que comienza en América Latina durante 1960 con una gran agudización el que después se traslada a naciones como Asia y Africa en la década de 1980, desencadenando la ciudad primada[1], siendo un modelo de ciudad que prima hasta hoy con ciertas modificaciones según la sociedad en que se instaure de forma consciente o tácita.

Actualmente las ciudades latinoamericanas como en general se consolidan como territorios estratégicos en donde se están produciendo grandes transformaciones sociales y culturales adquiriendo especial connotación la forma que toman los problemas y/o conflictos que se han acumulado históricamente al agudizar los patrones de exclusión y de marginación social debido a la mayor inserción de las ciudades al proceso de globalización mundial que se experimente en todo sentido; al entrar de manera gradual el rol de la ciudad crece al ser decisivo participando de forma cada más activa en la economía global, mas las investigaciones llevadas a cabo en lo urbano por lo general no demuestran que el proceso global ostente una directa influencia en la concentración de población, a pesar de que las principales o grandes ciudades siempre han sido un atractivo migratorio, causando así un aumento demográfico considerable.

Por tal motivo vemos lo relevante que la ciudad junto con el territorio urbano lo cual hace pensar y analizar como se desarrolla la estructura social en la ciudad con una creciente polarización y desigualdad en donde el proceso global tiene mucho de responsabilidad, se requiere considerar, evaluar entre otros procesos los riesgos que implica seguir fomentando dichos elementos ya que al realizarlo indiscriminadamente la ciudad se acerca más a la dinámica internacional que hoy rige en la realidad social.

El rápido proceso de modificación o de transformación que sufren las ciudades y la población urbana es donde el proceso actual de globalización se siente claramente con sus consecuencias contradictorias, al ser la ciudad el territorio en donde se ubican las principales actividades económicas, sociales, políticas y culturales que son propias de este período histórico, siendo la polarización, la desigualdad social, la cohesión, la fragmentación y el libre mercado en detrimento de la fortaleza del Estado factores esenciales que generan los más agudos contrastes en los espacios o zonas urbanas y rurales. Al mismo tiempo se gesta una dinámica que se vincula a la globalización directa o indirectamente al existir una alta concentración en las principales ciudades del mundo, especialmente en las naciones desarrolladas; en palabras de Castells y Borja ya en el siglo pasado lo anunciaban: “asistimos al proceso de urbanización más rápido y de mayores dimensiones de la historia, en pocos años más la mayoría de la población mundial será urbana y la inmensa mayoría de esa población urbana habitará en ciudades de países hoy en vías de desarrollo”[2]

Este proceso de urbanización que se da en el mundo posee una especial notoriedad en las sociedades latinoamericanas al tener cuatro megaciudades en el continente: D.F. México, Buenos Aires, Sao Paulo y Río de Janeiro unida a otras ciudades que poco a poco por la globalización van tornándose de esta manera, dicho proceso de crecimiento urbano se mezcla con una gran gama de asentamientos humanos considerados “cinturones o bolsones de miseria” los que se caracterizan por una creciente disminución salarial y por las actividades económicas informales lo que se relaciona con el desempeño de la economía nacional; las diferentes crisis en el ámbito socioeconómico tienen un gran impacto en la ciudad al ser sus habitantes más vulnerables dada la autonomía financiera del sistema internacional junto con los efectos desestabilizadores mundiales tiene un impacto negativo en los centros urbanos.

Globalización y su definición

El mundo de hoy es de transformaciones variadas que afectan a todos y a las actividades que se realizan en el, este nuevo orden global afecta positiva y negativamente a los sujetos que no lo entienden del todo, mas sienten sus efectos de una u otra forma, sobre todo con respecto a la participación social. La palabra globalización no tiene una definición absoluta y literal por sus múltiples significados, pero ella es abordada desde distintas perspectivas académicas y teóricas, por lo que es aceptada o rechaza según sus efectos; este es un fenómeno social dominante que a proliferado fundamentalmente desde las dos últimas décadas del siglo pasado; es entendida generalmente como “la mundialización de los flujos financieros de acumulación y de cambio tecnológico”[3];acompañada por cambios sociales y culturales por sus impactos en la sociedad.

Hay dos posiciones claras con relación a la globalización, una es con los escépticos los que se resisten en bloque a esta considerándola una palabrería a pesar de sus efectos, beneficios, desafíos y tormentos; para estos la economía global no es tan diferente de la que existía en períodos anteriores de la historia al funcionar el mundo de forma parecida; consideran que es una ideología propagada por el librecambismo que desea terminar con los sistemas de bienestar y recortar los gastos estatales. Los otros son los radicales para ellos es muy real, con consecuencias que se ven en todas partes, el mercado global es más desarrollado que antes y es ajeno a fronteras nacionales, los estados pierden soberanía, funciones, preponderancia, etc. con lo cual la era del Estado – Nación ha finalizado.[4]

La globalización tal como se vive hoy es de cierta manera revolucionaria, en el sentido de que produce una serie de cambios políticos, sociales, económicos y culturales en la sociedad por las fluctuaciones del mercado principalmente; es una equivocación concebir que esta solo se vincula a los sistemas financieros mundiales porque no solo se relaciona con lo de ahí afuera, que es remoto y alejado del sujeto, sino que es a la vez una cuestión de aquí adentro al incidir es los aspectos íntimos y personales de la vida.

Este proceso es complejo y múltiple, es contradictorio o antitético, al traspasar poder de las comunidades locales o de las naciones al mundo externo, al perder éstas su poder económico y en lo local presiona para lograr la autonomía local en relación a la solución de problemas, en donde el Estado es pequeño para solucionar los grandes problemas y grande para los pequeños problemas de los individuos.

Por lo tanto este proceso genera el resurgimiento de las identidades culturales locales en la comunidad y en el mundo, ya que los nacionalismos locales emanan como respuestas a tendencias globalizadas como consecuencia del término del Estado- Nación; en donde el problema de la participación social y ciudadana en clave para hacer frente a dicha situación. Un aspecto importante a considerar en esto es el término de las culturas locales, el aumento de la desigualdad y de la marginación, nos conduce a crear un mundo o sociedad para ganadores y perdedores, los primeros hacia la prosperidad, los segundos hacia la vida de miseria y desesperación.

Dentro de sus efectos podemos ver además de lo anterior los costos ambientales por parte de las empresas transnacionales, por lo que la “aldea global” es más un saqueo global para muchos, sucediendo tanto en las naciones occidentales como en el resto del mundo por el sistema financiero mundial; al insertarse un país o región a dicho sistema se llega a una economía local de subsistencia que es vulnerable a los cambios monetarios y tecnológicos.
Por todo esto es fundamental que la participación social sea ejercida efectivamente, en conjunto con la ciudadanía con el objetivo de que las opiniones de los individuos sean tomadas en cuenta por lo relevante que ello es en dicho proceso de globalización.

Globalización y ciudadanía: una nueva relación

En la actual sociedad la competitividad es el valor central, en donde los individuos buscan la ganancia sin mediación alguna con un resultado ciego que es la eficiencia y el mercado; esto influenciado por la corriente liberal al promover el crecimiento económico de los países. De tal forma que la mano invisible regula todo, acabando con la seguridad social y con los derechos ciudadanos, ocasionando que el Estado reduzca cada vez más su poder.
Todo esto lleva a que surjan los “Estados privados sin Ciudadanos”, los que tienen el poder suficiente de subordinar a múltiples Estados Nacionales, dichos “Estados Privados sin Ciudadanos y Fronteras” para lograr sus objetivos sacrifican lo que sea necesario como los recursos naturales y humanos sin mayor consideración ni precedentes en la historia.[5]

Por lo anterior la ciudadanía dentro de la globalización cambia, ya que la identificación de los ciudadanos con la sociedad en la que se desarrollan se modifica por los cambios que ésta sufre, debido a que la integración al mercado a nivel planetario con su absolutización como alternativa al Estado Intervencionista Social y como solución total de los problemas, conlleva un desarrollo de la ciudadanía sin intervención del Estado, naciendo por esto una sociedad civil que se regula básicamente por las relaciones de mercado.

La ciudadanía se torna más abstracta por la relación entablada con el mercado que es tan abstracto, al contrario de muchos que consideran lo adverso al ver la fusión ciudadanía/mercado, el neoliberalismo que acompaña a la globalización conduce más bien a la perdida de ella. Si bien durante el siglo XIX y XX hubo formas distintas de participar socialmente, las más destacadas fueron el Estado de Bienestar y el Estado keynesiano los que respondieron a determinadas crisis y que terminan por lo mismo, la ciudadanía aquí se entiende como el compromiso del ciudadano con el Estado que se monitariza al igual que la solidaridad y los compromisos.

El compromiso del Estado con los ciudadanos se institucionaliza adquiriendo una expresión monetaria, por lo que ciudadanía significa la identificación con los contratos sociales entre empresarios, trabajadores y gobierno, con sus derechos y deberes a menudo monetarios; debemos reconocer que la situación no cambia demasiado en la actualidad, pero ésta adquiere una expresión más abstracta y más alienante en donde la solidaridad institucional y la seguridad social con intervención del Estado se debilita cada vez más, en donde todas las relaciones se llevan a cabo por el mercado.
La ciudadanía es por lo tanto la identificación con le mercado invisible y sin fronteras, es ser súbdito de el y no del Estado; al “ejercer” dicha ciudadanía ya no se cumplen derechos y deberes hacia seres vivos y concretos produciendo una no identificación con un contrato social con compromisos estatales y patronales, pasando a un compromiso con un mercado abstracto y con sus reglas a las que hay que respetar.[6]

El nuevo ciudadano es el “homoeconomicus” que es calculador de sus preferencias, con una naturaleza humana abstracta dando prioridad a sus intereses materiales individuales por encima de la solidaridad, identidad, honestidad, hermandad, confianza y lealtad. El compromiso e identificación que significa la ciudadanía no es desarrollado por las decisiones racionales de medio fin, al ser destruidas por el neoliberalismo que da muerte a la ciudadanía.

De todo esta nace un Estado autoritario y represivo como consecuencia lógica por el desarrollo del neoliberalismo perdiendo la solidaridad al imponer un Nuevo Orden en la sociedad, al proliferar la exclusión, la violencia, distribución económica desigual, etc. provocando una real falta de identidad.

Capitalismo y ciudadanía

En la sociedad actual la economía de mercado regula todo y desarrolla un capitalismo a todo nivel que fomenta el desarrollo tecnológico y la exclusión social; se crean “los Consorcios sin Fronteras ni ciudadanos” que amplían un mercado unificado para el capital transnacional, pero debilitan la ciudadanía e identidad de los sujetos. Esto nos conduce a desarrollar un servicio social que restaure a la sociedad civil, dado que la ciudadanía requiere una sociedad post- capitalista que genere un compromiso e identificación de sus integrantes y que no funcione por la proximidad o aislamiento.

Dicha ciudadanía no es fomentada por el mercado, por lo que debe buscarse fuera de este, ya que la identificación con la comunidad solo es posible o sobrevive dentro del trabajo voluntario no pagado y en entidades sin fines de lucro, por lo que es necesario incentivar la organización de la comunidad, con el fin que sea un sector autónomo, con trabajo voluntario y sobre todo para restaurar la sociedad civil; la sociedad post- capitalista depende de aquello para motivar nuevamente a la sociedad civil por la falta de irracionalidad que tiene.

Un problema que se produce es el financiamiento de la sociedad civil por las O.N.G.s. o por cualquier otra vía, debido a que al restaurar la ciudadanía por esto se llega a la monetarización de las relaciones de trabajo, donde identidad y compromiso se pierden en la búsqueda de recompensas.
Los individuos al ser reducidos al homoeconomicus esencialmente, les produce una exclusión económica y social amplia con una privatización, resentimiento al no poder participar del mercado total o por no ejercer su ciudadanía correctamente; los sujetos no solidarizan para reivindicar a la sociedad en donde todos tengan su lugar, sino que se enfrentan unos con otros para captar los escasos lugares en donde no hay lugar para todos. Por dicho motivo sufren pánico de perder su identidad y lugar reclamando con fuerza su inclusión, aunque sea a costa de los demás, mas la exclusión se amplía por la progresiva totalización del mercado.

Hay tres escenarios posibles para la ciudadanía dentro de la globalización: Una salida totalitaria represiva de tipo neofascista burgués, esta bajo el orden de los Estados Privados sin Fronteras que arriesgan perder hegemonía, debido a que prevalecen los intereses de la burguesía transnacional por encima de los intereses de la burguesía nacional; aquí es difícil definir la identidad de un proyecto político de dichos Estados sin Fronteras y Ciudadanos.
Un movimiento nacionalista a ultranza que conduzca prácticamente a la supeditación del interés del Estado Privado al de la burguesía nacional, pero esto es difícil de esperar.

El abandono forzoso del neoliberalismo con el retorno de una mano visible, que ya no tendrá un carácter nacional, sino que debe tener uno de alcance mundial.

Por todo lo dicho es necesario elaborar un contrato social en el ámbito nacional, local y mundial, el cual debe trabajar por una sociedad en la que todos tengan cabida y en donde el ejercicio de la ciudadanía es fundamental; hay que supeditar la mano invisible del mercado a la visible, por lo que se ordenan las relaciones de mercado reintegrándolas a la vida social. Lo anterior hace superar la barbarie capitalista con sus efectos dentro de la participación social, logrando el nivel adecuado de participación para todos los individuos en la sociedad actual.

Consumo y globalización: su definición social

El consumo generalmente se asocia a gastos inútiles y a compulsiones irracionales, esto nace de la descalificación moral e intelectual que habla de la omnipotencia de los medios masivos que incitan a las masas a avorazarse irreflexivamente sobre los bienes y hay quienes justifican la pobreza, debido a que la gente compra televisores, cámaras digitales, videocaseteras y autos a pesar de no tener casa propia. El consumo es más complejo que la relación entre medios manipuladores y audiencias dóciles.

Se sabe que la hegemonía cultural no se lleva a cabo por acciones verticales, en la que dominadores apresan a los receptores, ya que unos y otros se reconocen mediadores como la familia, el barrio, el grupo de trabajo, etc. en donde hay una relación entre quien emite los mensajes y los que los recibe como relaciones de dominación; la comunicación no es eficaz si ella no incluye interacciones de colaboración y transacción entre unos y otros.

Si bien el consumo se a estudiado desde las distintas Ciencias Sociales no hay una teoría sociocultural del consumo, pero este se define más concretamente como “el conjunto de procesos socioculturales en que se realizan la apropiación y los usos de los productos”[7].

Dicha definición ayuda a ver al consumo como algo más que ejercicios de gustos, antojos y compras irreflexivas según los juicios morales o actitudes individuales, en este contexto el consumo es comprendido por su racionalidad económica y como agente de producción y reproducción social, por la expansión del capital y de la fuerza de trabajo; por lo que no son los gustos o necesidades individuales los que determinan como y quienes consumen.

El consumo es visto por otros como una racionalidad sociopolítica interactiva, por la proliferación de redes de marcas, de objetos, de comunicación y de acceso al consumo; los movimientos de consumidores con sus demandas intervienen en este proceso a través de la diferenciación de grupos, expansión educacional, innovaciones tecnológicas, la moda. Por lo que el consumo es un sitio donde los conflictos entre clases originados por la desigual participación en la estructura productiva, se continúan a propósito de la distribución y apropiación de los bienes.[8]

Consumir es participar de un escenario de disputas por aquello que la sociedad produce y por la forma de usarlo, la relevancia en el aumento de este y del salario reside en los diferentes conflictos sociales unido a las reflexiones que los consumidores desarrollan, demuestran como se piensa este desde las capas populares. Esto debido a que alguna vez fue territorio de las decisiones hoy es un espacio de interacción, en donde productores y emisores no solo deben seducir a sus destinatarios, sino que justificarse racionalmente, siendo un medio para aquello la publicidad.

El consumo tiene importancia política cuando por este se puede detener la hiperinflación como en Argentina o Brasil: por otro lado es una diferenciación de clases y grupos por sus aspectos simbólicos y estéticos de la racionalidad consumidora, por la construcción de los signos de status y por la forma de comunicarse, también por lo que se come, se estudia, leen, vacacionan, etc. produciendo “una no satisfacción de necesidades, sino que la imposibilidad para que los otros la tengan”.

Por lo tanto el consumo expresa una nueva forma de participación social, porque pone de manifiesto las nuevas tendencias sociales y el individualismo fomentando una participación social opaca y centrada en la adquisición de bienes materiales principalmente; a la vez demuestra contradicciones ya que una artesanía o fiesta indígena es un elemento de distinción o discriminación para unos y para otros es algo realmente interesante. El consumo es parte de una racionalidad integrativa y comunicativa de una sociedad, por todo lo dicho.

Consumo y ciudadanía

Los escenarios de consumo son vistos por los posmodernistas como la expresión de la crisis de racionalidad moderna, con efectos sobre algunos principios del desarrollo cultural por la dispersión de los signos y códigos estables compartidos, afectando las formas de organización social compacta que impuso la modernidad que es cuestionada.

Las comunidades de pertenencia y control se reestructuran, debido a que las segmentaciones que se generan en la sociedad por la influencia transnacional de la moda y del saber; a pesar de aquello todavía podemos ver códigos que unifican o que permiten el entendimiento dentro de la heterogeneidad, mas los que se comparten no son los de etnia, clase o nación; estas se reformulan como pactos móviles de lecturas de bienes y mensajes, ya que el Estado Nacional desaparece, naciendo la comunidad interpretativa de consumidores que se relaciona de un modo particular por la información internacional o por sus códigos. Esto produce el fin del sentido de pertenencia.

Las identidades se reestructuran, la comunidad nacional se debilita por la participación segmentada en el consumo que se torna el proceso de identificación, hay una unión entre las élites con lo transnacional y los sectores populares buscan una nueva unión por ende; segmenta a los sectores sociales por bienes estratégicos que son necesarios para estar en el mundo actual y para tomar decisiones.

A la vez crece la exclusión social por no tener acceso a la información o a determinados bienes materiales, siendo esto resultado de la subordinación al mercado neoliberal que concentra la cultura en las élites para la toma de decisiones, apartando de esta forma a la mayoría de la corriente más creativa de la cultura contemporánea.

El consumo ocasiona la disminución de la vida pública por el repliegue familiar en la cultura electrónica a domicilio, si bien no hay que culpar del todo a esto la transformación de las relaciones entre lo público y privado por el desinterés político, el consumo cotidiano es un cambio básico para el ejercicio de un nuevo tipo de ciudadanía. Para que el consumo sea un ejercicio reflexivo de la ciudadanía debe cumplir tres objetivos:

1) Una oferta vasta y diversificada de bienes y mensajes representativos de la variedad internacional de los mercados, de acceso fácil y equitativo para las mayorías.
2) Información multidireccional y confiable a cerca de la calidad de los productos, con un control efectivo ejercido por los consumidores, junto con la capacidad de refutar las pretensiones/seducciones de la propaganda.
3) Participación democrática de los principales sectores de la sociedad civil en las decisiones del orden material, simbólico, jurídico y político, desde donde se organizan los consumos: control sanitario, concesiones radiales y televisivas, juicio a los especuladores que ocultan productos de necesidad y a los que administran la información para tomar decisiones.
Por lo tanto dichas acciones políticas ascienden a los consumidores a ciudadanos, en donde el mercado no es visto como lugar de intercambio de mercancías sino que como parte de interacciones socioculturales más complejas; no es la apropiación aislada es una colectiva en relaciones de solidaridad, al enviar y recibir mensajes que dan satisfacción. Se puede actuar como consumidores al estar dentro de procesos de interacción regulados por el mercado, pero al ejercer como ciudadanos por una reflexión y experimentación amplia por las potencialidades de los objetos, se aprovecha el virtuosismo semiótico en los variados contextos permite que el consumidor se encuentre como persona.[9]
El descrédito del Estado como administrador de áreas básicas de producción e información, la incredibilidad de los partidos políticos y el dominio del mercado, generó que el consumo se convirtiera en el espacio público del último tiempo y en donde los consumidores agrupados en distintas organizaciones desean ser ciudadanos al hacer valer lo público frente a la decadencia de las burocracias estatales.
Por lo tanto relacionar el consumo con la ciudadanía precisa ensayar una reubicación del mercado en la sociedad, intentar la reconquista imaginativa del espacio público y el interés público; de esta forma el consumo se mostrará con un valor cognitivo útil para pensar y actuar significativa y renovadamente en la vida social.

Sociedad civil y espacio público

Dentro de este tema vemos que surge un rehacer conjunto del rol del Estado y de la sociedad civil para lo cual es necesario repensar las políticas y formas de participación lo que significa ser ciudadanos y consumidores; esto lleva a reformular la esfera pública la que no se encuentra ni subordinada al Estado ni disuelta en la sociedad civil, por lo que la tensión entre ambos continua. La esfera pública es vista como un campo de tradiciones en competencia, un espacio de heteroglosia en el que ciertos significados y tradiciones son fortalecidos (papel del Estado).

En este proceso hay nuevas fuerzas que atribuyen distintos significados o énfasis a los mismos conceptos (papel de la sociedad civil), evitando por esto los riesgos del autoritarismo; aquí el desafío es revitalizar al Estado como representante del interés público, como arbitro, garante de la información colectiva, recreación e innovación, para que éstas no sean subordinadas a la rentabilidad comercial.

Por lo antes dicho es necesario políticas culturales, sectores críticos del neoliberalismo, movimientos ciudadanos y sociales entre otros los cuales creen estrategias certeras para actuar en los medios de comunicación; se tiene que buscar la alta cultura con bibliotecas, escuelas, editoriales, museos públicos, junto con hacer valer los intereses públicos en los medios de comunicación masivos. Lo que se busca es un espacio sociopolítico alternativo en donde todos participen socialmente y en donde las ciencias cooperen en dicha situación, en especial las Ciencias Sociales para así entender la multiculturalidad, los principios abstractos de la democracia y la justicia con relación a las condiciones locales, nacionales e internacionales.
Por lo tanto la reivindicación de lo público se da dentro de lo transnacional, ya que hay un reordenamiento del mercado en donde la administración global crea una sociedad civil mundial, en la cual las macroempresas son las protagonistas al tener mayor poder de decisión que los ciudadanos, sindicatos, partidos políticos, etc. dentro de los Estados modernos al configurar un espacio público particular, esto lo hacen a escala mundial subordinando el orden social al privado y conciben el ejercicio de la ciudadanía a un nivel local o nacional en donde siempre el más grande aplasta al pequeño.
Al recuperar el espacio público se esta promoviendo la ciudadanía con el fin de poder actuar frente a las empresas transnacionales, en donde la globalización del consumo actúa como ser mediático y en donde las interacciones políticas no terminan en ámbito nacional, debido a que esto comprende las actividades estatales vinculadas a los actores sociales que inciden en la organización del sentido colectivo y en las bases culturales/políticas de los desempeños ciudadanos.[10]

El espacio público es de toda la sociedad al ser el medio en donde los sujetos se entregan a sí mismos como espectáculo, hay que tener en cuenta que en el último tiempo el espacio público no se encuentra dentro de las fronteras nacionales de la sociedad civil, por el proceso de integración vía globalización el que influye en los hábitos de consumo y en el ejercicio de la ciudadanía; de esto nace la ciudadanía global o la internacionalización de la ciudadanía. A pesar de la globalización de los bienes materiales y de la información la convergencia de los hábitos de consumo, las tradiciones locales o regionales, siguen estando conformadas por la distinción entre lo público/privado como por la exclusión /inclusión.

En la globalización se debe expresar un desempeño global de la ciudadanía, por las diferentes formas de ser ciudadano global constituyendo para la sociedad civil un desafío por la decadencia producida por el neoliberalismo y su modernización, por lo que esta debe reasumir el interés por el espacio público con el objeto de participar y ejercer mejor su ciudadanía en estos tiempos tan complejos.

Consumidores: una ciudadanía particular

La sociedad civil aparece cada vez menos como una comunidad política, territorial, lingüística en la actualidad dado a que se manifiesta como comunidades interpretativas de consumidores, es decir conjuntos de personas que comparten gustos y pactos de lectura con respecto de ciertos bienes (gastronómicos, deportivos, musicales) que les dan identidades compartidas.[11]Si bien no es adecuado generalizar las consecuencias sobre la ciudadanía sobre esta participación por el consumo, “el consumismo produce una organización individualista de los consumos que tiende a desconectar a los individuos como ciudadanos de las condiciones comunes, de la desigualdad y de la solidaridad colectiva”.

Tanto la expansión de consumo y de comunicaciones generan asociaciones de consumidores y luchas sociales en los distintos grupos sociales, llegando incluso a los marginales; todo esto provoca que se unan por la falta de un centro ordenador conformando comunidades en donde lo principal son las relaciones sociales al rehacer los vínculos perdidos. Su parte negativa es cuando emana el fundamentalismo o nacionalismo ocasionando una serie de trastornos en la realidad social por parte de determinados grupos sociales.

El consumo por lo tanto sirve para pensar no solo en la dirección de la racionalidad moderna, porque ni los partidos políticos, movimientos sociales, ciudadanos, etc. tampoco logran trabajar únicamente en dicha dirección; el problema nace al pasar de público a ciudadano lo que no es distinto a la función que desempeñan los militantes, clientes de partidos y sindicatos como ciudadanos racionales. El sujeto se transforma en un ciudadano credi- card[12] al consumir una serie de productos en los malls y multitiendas, mediante lo que se endeuda cada vez más derivando en un individualismo social cada vez más profundo por las consecuencias que este genera en la sociedad.
Todo lo dicho nos lleva a rescatar responsablemente las tareas netamente culturales de su disolución en el mercado o en la política, hay que repensar lo real con lo posible al diferenciar la globalización de la modernidad selectiva, para lo que es necesario reconstruir desde la sociedad civil y desde el Estado una multiculturalidad democrática.

Consumo, ciudadanía e identidad

Las transformaciones contemporáneas que afectan a la estructura social y a la identidad nacional, generan que se considere como última reserva de tradiciones las culturas populares, al resistirse estas a la globalización principalmente por la exaltación de lo local o regionalismos, por lo que la identidad no se puede negociar dado que se afirma y se defiende. El consumo multicultural con el cual satisfacen sus necesidades al aprovechar sus recursos tradicionales y los de las sociedades modernas, afirma la reubicación dúctil de los sectores populares, mas nace el cuestionamiento de si esa versatilidad los ayuda a ser ciudadanos.

En este contexto no es fácil discernir que es lo popular, porque al tomar la cultura popular como tradicional o propia lo que se logra es verla como la vida familiar privada o la de fiestas populares, religiosas, etc. en tanto que la cultura moderna y hegemónica es aprendida por los pobladores para desempeñarse en lo público, la que se expresa en reglas objetivas y democráticas de representación política unida a las relaciones complejas modernas y tradicionales de poder.

Lo popular no pude definirse a partir solo desde lo socioeconómico, debido a que los componentes culturales híbridos de las relaciones de clases obligan a reconocer junto con el conflicto la negociación, esta es importante y no es externa a la construcción de actores, es un modo de existencia, es algo intrínseco de los grupos participantes del juego social; la negociación se instaura en la subjetividad colectiva, en la cultura política y cotidiana más inconsciente. Ella se acentúa en la sociedad por las complejas acciones o relaciones entre lo tradicional, lo moderno, lo popular, lo culto, lo subalterno y lo hegemónico.

Los conflictos no se producen únicamente entre clases y grupos, sino que también entre dos tendencias culturales; una es la negociación razonada y crítica y la otra es el simulacro de consenso inducido por la devoción a los simulacros. Esto no es una opción absoluta debido a que los simulacros forman parte de las relaciones de significación en toda cultura, pero al establecer la forma de negociar entre ambas tendencias es fundamental para que en la sociedad actual y futura predomine la participación democrática o la mediatización autoritaria.

Por lo tanto vemos como el consumo promueve el cambio de identidad y de ciudadanía al mismo tiempo al tener que negociar la identidad de la población, en especial la de la clase popular para poder participar socialmente en la comunidad o bien para ejercer su ciudadanía en una sociedad tan complejizada.

La nueva escena sociocultural

A continuación se verán los cinco procesos que modifican el ámbito sociocultural, estos son: Un redimensionamiento de las instituciones y circuitos de ejercicio de lo público, es la perdida de peso de los organismos locales y nacionales en beneficio de los conglomerados empresariales de alcance transnacional. La reformulación de los patrones de asentamiento y convivencia urbanos, del barrio a los condominios, de las interacciones próximas a la diseminación policéntrica de la mancha urbana sobre todo en las grandes ciudades. Las actividades básicas en ellas se hacen a menudo lejos de la residencia y el tiempo empleado para desplazarse por lugares desconocidos de la ciudad reduce el disponible para habitar el propio.
La reelaboración de lo propio, debido al predominio de los bienes y mensajes procedentes de una economía y de una cultura globalizada sobre los generados en la ciudad y la nación a las que se pertenece.

La redefinición de sentido de pertenencia e identidad, organizada cada vez menos por las lealtades locales o nacionales y más por la participación en comunidades transnacionalizadas de consumidores.

El Pasaje del ciudadano como representante de una opinión pública, al ciudadano como consumidor interesado en disfrutar de una cierta calidad de vida, por el cambio de las formas argumentativas y críticas de participación las que ceden lugar al goce de espectáculos de medios electrónicos con una falta de razonamiento y argumentación. Esto nos conduce a cuatro circuitos socioculturales:
a) El histórico- territorial.
b) El de la cultura de masas.
c) El de la comunicación masiva.
d) El de sistemas restringido de información.

Todo esto manifiesta como el consumo ha ido cambiando la sociedad, la participación y ciudadanía por los efectos que este tiene en los diferentes campos de la sociedad, al producir una serie de efectos en los sujetos por participar directa o indirectamente en dicho proceso sociocultural. Hemos visto como la incidencia del consumo modifica a la sociedad en todo aspecto, lo que se une al proceso actual de globalización.

Las consecuencias de la globalización en las ciudades

La globalización es un sistema con mecanismos que actúan paralelamente deforma excluyente e incluyente, por una parte incorpora a su lógica lo que produce valor a escala mundial en las ciudades y por otra margina lo que devalúa siendo esto irrelevante para su lógica, es en las grandes ciudades de los países en desarrollo donde sus efectos se hacen plausibles otorgándole un matiz especial a la problemática urbana, iniciando así la ciudad un proceso doble en donde la polarización y las desigualdades sociales son cada vez más notorias, con lo cual sus zonas se articulan a partir de las demandas sociales de sectores cada vez más disímiles; las actividades locales se concentran y se dispersan al mismo tiempo que se concentran y crean vínculos que fluyen hacia la economía global, generando de tal forma elevados índices de pobreza urbana.

Tos lo antes dicho desemboca en un fenómeno de desintegración social producto de lo asimétrico de la globalización en la ciudad la que concentra lo mejor y peor desde lo innovador y los poderes existentes hasta gente sin importancia estructural dispuesta a vender su irrelevancia o a hacer que los demás paguen por ella[13]; en las ciudades las diferencias se hacen evidentes por los niveles de empleo e ingreso debido a que solo algunos se encuentran capacitados para beneficiarse del progreso de la economía mundial, contrario a la extensa población urbana abandonada a las actividades de la economía informal donde priman los bajos salarios junto con la mala calidad de vida como elementos comunes. De tal forma las ciudades sean principales, medias o pequeñas adquieren un doble carácter incluyente y excluyente por la relación que establecen sus habitantes con la red económica global, donde muchos quedan desconectados. La interacción entre lo local y lo global es propia de estas zonas urbanas por la dinámica adquirida en el proceso.

Los elementos de inclusión incorporan a las sociedades a la dinámica global dando la oportunidad a la ciudad de que interactue con el resto del mundo a partir del flujo de los mercados financieros, a esto se une el desarrollo de la información y del conocimiento como sectores claves en el nacimiento de riqueza, dicha cuestión genera una reorganización en la estructura laboral de las ciudades que antaño se centraba en el capital y trabajo; esto se debe a una propagación rápida de servicios de avanzada como las actividades financieras, inmobiliarias, consultorías, publicidad, entre otros, los que se concentran en ciertas partes de la ciudad y es aquí donde se ubican los sectores más dinámicos de la economía con base en la calificación laboral y de capital.

El progreso técnico y profesional que se produce en la sociedad de las ciudades con sus correspondientes capacitación logra penetrar en la realidad social con impactos bien marcados, con lo que el proceso de globalización valora a ciudades con habilidades de salarios altos que cohesiona a un grupo social de la población y excluye a otros de este ámbito; esto da como resultado un deterioro económico en gran parte de la población, constituyéndose como reflejo de un desarrollo desigual como deficiente de las zonas urbanas. Es en este contexto donde la creciente desintegración social de hace patente por la exclusión generada, conformando de tal manera un gran problema en las ciudades.

Todo lo anterior ocasiona que en la ciudad se viva un clima social donde las necesidades no son satisfechas, hay pobreza extrema y marginal, abultados índices de delincuencia, criminalidad, actividades informales, corrupción contaminación, mala gestión administrativa, fragmentación social, entre muchos otras cosas o efectos colaterales deseados o no que hacen que la ciudad se deshumanice cada vez más, por sus efectos en las consciencias de sus habitantes, al atentar contra el modo y calidad de vida de estos y de las ciudades propiamente tales.

Los efectos de las urbanizaciones cerrads en las ciudades

El proceso de suburbanización de tipo privado o cerrado se desarrolla desde hace dos décadas en diversos sectores de la ciudad, en este se emplazan los grupos sociales de altos ingresos principalmente, aunque poco a poco se ha ido extendiendo a sectores medio- altos y medios con la creación de barrios privados; es en las ciudades donde se percibe claramente la reestructuración de las jerarquías sociales diluyéndose las fronteras sociales las que se vuelven a crear por el acceso a determinados bienes o símbolos de la modernidad, mediante lo cual los centros urbanos se transforman en los depositarios fundamentales de los efectos de la globalización. Se promueve la dicotomía centro/periferia por la amenaza que representa la pobreza y riqueza para determinados sectores urbanos los que se encargan de destruir los pocos lazos existentes entre los ciudadanos.

Los conflictos ocasionados por la inseguridad ciudadana junto con la tendencia de vivir en mayor armonía con la naturaleza sumado a los contactos sociales más íntimos como confiables modifican los patrones de urbanización de las ciudades existentes que se caracterizaba por la suburbanización masiva de trabajadores urbanos en loteos populares o económicos entre 1940-1960 del siglo XX, es “la mancha de aceite” o “tentacular” en el territorio del primer y segundo anillo; desde la década de 1980 se crean zonas residenciales suburbanas se expanden como islas similares a lo acontecido en las ciudades norteamericanas lo que se promueve en América Latina, mas con distinta distribución espacial en comparación al modelo europeo de tipo más compacto.

Esto es resultado de la revalorización del suelo urbano y de la profunda reestructuración económica mundial que se da en las ciudades por la transformación del Estado al privatizar los servicios públicos, reducir el gasto social y por el ajuste económico produciendo que el Estado pierda protagonismo en el aspecto socioeconómico, propicia un gran retroceso del espacio público con respecto al dominado por el capital privado generando la segregación socioeconómica de la población en las ciudades, esto se manifiesta por la estructuración de la ciudad, la fragmentación y segregación socio- espacial, el aislamiento, el individualismo, problemas/conflictos de seguridad y el culto del placer, planteando un desafío para una correcta integración social y cultural en las ciudades actuales.

La globalización y su impacto en la morfología de las ciudades

Los procesos de reorganización económica mundial se inician desde hacer dos décadas aproximadamente, se manifiestan en el espacio interior de las metrópolis al existir y convivir lugares integrados con los cambios globales donde predomina el bienestar y la modernidad, junto con zonas fuera de ese ámbito, caracterizadas por la pobreza y la marginalidad social. Por la saturación del Estado de bienestar o de Compromiso nace el predominio del neoliberalismo poniendo en crisis los modelos de urbanización vigentes hasta la década de 1970 del siglo XX; el Estado postkeynesiano no puede asegurar el pleno empleo de la mano de obra expresada en las inversiones públicas como tampoco mantener el nivel de gasto social en valores de uso urbanos, como las viviendas, infraestructura de servicios, equipos de salud, educación y seguridad.

Por tal motivo surge una reestructuración de la ciudad y de su zona metropolitana, expresada en[14]:
Los procesos de reestructuración son principalmente supranacionales, son externos a la región obedeciendo a las leyes conjugadas de la división del trabajo nacional e internacional.
La perdida de fuerza del sector público frente a las grandes corporaciones internacionales.
La profundización de la crisis laboral con incremento de la tasa de desocupación y deterioro del empleo.
Crecientes procesos de estratificación socioeconómica de la población, unido por la segregación ambiental de la residencia.
Mejoras de acceso a la ciudad o metropolitanos por la construcción de infraestructura de transporte.
Difusión urbana generalizada de aparatos móviles de comunicación.
La creciente valorización de tipo suburbano de vivienda unifamiliar.
Fragmentación, especialización y segregación socio- espacial resultado de la creciente competitividad territorial, espacial, de trabajo, de consumo y lucha por la distribución. Todo esto desemboca en zonas con pujantes inversiones de capital de tipo estratégico y relativo abandono de zonas residuales.
Los espacios estratégicos reorganizados se caracterizan fundamentalmente por:
Centros urbanos: son las áreas puntuales renovadas del centro urbano tradicional o nuevos emprendimientos algo distantes entre sí; aquí predomina la actividad terciaria especializada, se caracteriza por grandes e impactantes edificios y por sus diseños innovadores.
Nuevos ámbitos de comercialización de bienes y servicios: su ubicación puede reforzar localizaciones existentes en el interior de la trama urbana o crear nuevas zonas en consonancia con la dispersión regional; en ella se concentra la comercialización de una extensa y variada cantidad de productos y la prestación de diversos tipos de servicios y de esparcimiento, como super e hipermercados, malls, parques, cementerios, empresas, parques temáticos, etcétera.

Transformaciones importantes en la estructura socio- espacial urbana: esto implica modificaciones en las pautas residenciales por el nacimiento de nuevas formas edilicias; por una lado responden a procesos de “gentrificación”[15] en dirección a las áreas centrales de las ciudades y por otra obedecen a la ocupación de espacios en la extrema periferia de las regiones urbanas por parte de sectores de mayores ingresos.
Selectividad del capital en la localización espacial de las inversiones: es una etapa del capitalismo flexible donde el proceso de valorización del espacio urbano; se establece una relación entre el capital inmobiliario, financiero y el productivo realizando en el proceso de densificación urbana un espacio/tiempo limitado por una estrategia de interés mutuo.

Buenos Aires: un ejemplo de urbanización cerrada contemporánea

Esta ciudad es un caso emblemático de dicho tipo de urbanización, vemos que a través de la reducción de la tasa de inflación, la desregulación de la economía, la estabilidad monetaria, la privatización de los servicios básicos, la implementación de nuevos servicios financieros (fondos de pensión, de inversión, fideicomiso financiero) permitieron la reapertura de las líneas de crédito tanto para compra y construcción de viviendas unido a la caída de las tasas de interés en el ámbito internacional ayudan a que los capitales privados empiecen a explorar nuevas áreas u opciones de mejor rentabilidad. Mediante esto pasan del sector financiero al de la producción de bienes de consumo durables como hogar, autos y construcción con lo que favorecen a que capitales extranjeros entren fuertemente creando grandes inversiones en el área metropolitana.
Todo lo anterior manifiesta de manera visible las nuevas tendencias con lo siguiente[16]:
(a) Las nuevas formas de crecimiento producen que el casco primitivo de la ciudad suburbana pierda protagonismo; nacen manchas de concentración de actividades al lado de las nuevas autopistas, es decir “la bajada con infraestructura”.
(b) Los espacios relacionados anteriormente con las actividades industriales ceden su lugar a otros destinados a los equipamientos de consumo como malls, hipermercados y centros de esparcimiento.
(c) Las nuevas industrias y sedes empresariales se trasladan hacia la periferia de la ciudad, gracias a la tecnología de comunicación, información y autopistas.
(d) Las iniciativas inmobiliarias masivas dirigen el espacio residencial de los sectores medios- altos con propuestas de máxima calidad en seguridad privada, gimnasio, estacionamientos, etc.; los ubican en sectores privilegiados de la ciudad como los “countries en altura” o “country”.
(e) El reciclaje o recuperación de edificios para la construcción de lofts, oficinas, restaurantes, universidades y espacios de consumo emplazadas en áreas degradadas o desafectadas en su utilización original, inducen al proceso de gentryficación hacia sectores centrales de la ciudad, ejemplo es Puerto Madero en la Capital Federal.
(f) La proliferación de cementerios parque dentro del cono urbano bonaerense, fenómeno vinculado a las inversiones de capitales privados y al desarrollo de la red de autopistas que facilitan el acceso a la ciudad; esto genera que sean usados por los grupos sociales de mayor poder económico, dada su ubicación de carácter privado formando una necrópolis.

Ciudad actual: una ciudad intima

La sociedad contemporánea se caracteriza por su tendencia a buscar en su intimidad doméstica una forma de sociabilidad más selectiva al establecer relaciones y encuentros más fiables, lo que se refleja en las ciudades por sus grandes dimensiones, sus problemas de seguridad pública y la pérdida de espacios públicos, los sectores de menor ingreso socioeconómico salen poco por sus carencias, los medios y altos también por temor a la violencia callejera transando su bienestar por la reclusión en casas protegidas con murallas, alarmas y seguridad privada en barrios cerrados.

La ciudad es utilizada por esto solo por consumidores de su oferta cultural a pesar de que la gran mayoría se informa a través de los medios de comunicación y hacen compras sin salir de sus casas, las que solo se abandonan para trasladarse a sus lugares de trabajo; la intimidad es producto del rechazo de lo impersonal al ser todo tratado en primera persona atentando contra la ciudad y su desarrollo por la disminución de la capacidad para desempeñar roles públicos junto con la demanda de mayor autenticidad, crean una sociedad cada vez más incivil. Lo anterior se manifiesta por el desprecio de los contactos con personas desconocidas y por la reclusión dentro del grupo de pertenencia, incrementando la exclusión social en la comunidad.

Todo esto genera la pérdida del espacio público de encuentro con la nula conformación de barrios donde los componentes básicos de esfera pública tenían una función socializante e integradora entre los variados segmentos sociales al dotar de identidad a la ciudad; los medios de comunicación masivos mediatizan todo trastocando al sentido e identidad colectiva, con lo que solo los grupos se juntan para cuestiones colectivas particulares, primando la preocupación por el sustento diario que les hace bajar el horizonte social.[17]

El espacio público pasa de ser uno de concurrencia a uno de enfrentamiento socioeconómico al estar la ciudad plagada de vendedores ambulantes, avisos publicitarios, pequeño y mediano comercio los que tratan de subsistir frente al poder de los grandes grupos comerciales y de las autopistas que deterioran el espacio público, se crea una doble agresión tanto a la calidad de vida como a la calidad ambiental al haber más contaminación, problemas de tráfico y nuevos obstáculos para el desplazamiento peatonal.

La ciudad pública herencia de la mediterránea cuyo principal elemento era el ágora, se encuentra transitando a una ciudad más doméstica de tipo anglosajón al perder la plaza pública de la polis donde se discutía y se hacía política, el modelo inglés es más intimista al reemplazar la vida pública en este lugar con lo cual la ciudad pública se torna doméstica al formas una serie de suburbanizaciones privadas las que no cuentan con fachadas en sus viviendas como paisaje urbano público, mas sin rejas y cerco perimetral; nacen así los minibarrios cerrados de pocos habitantes donde se propone “una mayor seguridad y familiaridad entre vecinos” siendo su real meta la sociabilidad más selectiva y confiable, acabando con la plaza pública, es decir muere la ciudad en su sentido clásico.

La urbanización cerrada implica la reducción significativa de intimidad con su correspondiente aislamiento desapareciendo el contacto con la pobreza urbana junto con los intercambios sociales, pero hay que reconocer que en ellas surgen fuertes lazos deportivos y culturales con el fin de afirmar una identidad propia en un lugar carente de historia propia; al cerrar los barrios la ciudad abandona su sentido de provecho conjunto, la diferencia, aleatoriedad e intercambio, debido a que su vida se desarrolla en un universo totalmente restringido e imaginable.

Metodología para reflexionar y replantear la ciudad contemporánea

A continuación se entregan siete criterios fundamentales para una estratégica planificación urbana tradicional, ellos son:
A. Comienzo del Plan: estructuración lógica de las metas del proyecto con el fin de hacer participar a la mayoría de los actores comunitarios involucrados, con su pública difusión.
B. Caracterización de los modelos de desarrollo: estos explican el estado de la ciudad a partir de sus patrones de desarrollo económico, político, social y cultural; permiten obtener un marco referencial para un posterior análisis de las ofertas y demandas que posee la ciudad.
C. Análisis externo: son las oportunidades y amenazas que se localizan fuera de la comunidad en estudio, lejos de su control aunque incidan en ella.
D. Análisis interno: determina los principales elementos de la oferta urbana como recursos naturales y humanos, actividades económicas, transporte, comunicaciones, calidad de vida, etcétera.
E. Formulación de la visión estratégica: corresponde al modelo de desarrollo futuro deseado por la comunidad urbana.
F. Desarrollo de estrategias: implementan los mecanismos para intentar lograr el modelo de progreso socioeconómico formulado en la anterior instancia.
G. Implantación: luego de las estrategias de desarrollo, sigue la difusión pública del Plan, su implementación y continua revisión.
Hay que tener bien en cuenta que toda metodología de planificación estratégica no tiene que ser considerada de manera dogmática ni estricta y menos inflexible, ya que hay que saber adaptarla a las condiciones particulares de cada ciudad o comunidad urbana, con el objetivo de que la ciudad sea más humana y se desarrollo adecuadamente, logrando beneficios para todos sus componentes sin distinción social, económica, política, cultural, de género, etc. porque todos somos la ciudad al dotarla de una identidad que es única y que varía por el desarrollo de las generaciones que la habitan, junto con los procesos sociales que sufre en su historia como elemento urbano consolidado y en constante cambio.

Conclusión

Podemos comprobar lo fundamental que es la ciudad por todos los roles que desempeña actualmente y a través de la historia de la humanidad, dado que esta siempre ha cumplido una función preponderante al ser un agente de interacción social de todos sus componentes, a la vez hay que tener en cuenta que ella es un organismo viviente con determinadas características socioculturales que van condicionando como desarrollando a los actores sociales que en ella habitan; la ciudad es un generador de conflictos de variada índole ya que se desatan una serie de pendencias por la apropiación de terrenos, espacios, lugares comunes o privados, entre muchas otras cuestiones, donde la contingencia es positiva la realizar un trabajo de reflexión a cerca de que ciudad se quiere y de su estado actual, mediante lo cual llegamos a comprender mejor a este espacio público que a todos nos pertenece y que debe ser cuidado a como de lugar.

Hay que crear las estrategias propicias para que las ciudades sean centros urbanos/rurales más seguros en todo sentido, porque de esta manera vamos a lograr una planificación a escala humana adecuada, sin urbanizaciones cerradas ni privadas donde se respeten los deberes y derechos de todos los ciudadanos/as con su correcta aplicación; esto nos conduce a repensar la ciudad en todos sus aspectos con el fin de no caer en lo que actualmente se desarrolla en la sociedad con un tipo de urbanización, planificación y consumismo que dejan bastante que desear, debido a que responden a los intereses del capitalismo ya sea global, nacional o local. La mundialización de la realidad social nos hace cuestionar a la ciudad y a sus componentes materiales e inmateriales, porque las identidades no se reconocen al existir demasiadas culturas, subculturas y contraculturas conviviendo en un mismo lugar y con distintos intereses o motivaciones, por lo que la ciudad representa la democracia al tener que otorgar libre expresión como ejercicio a todos sus habitantes, no estando libre de conflicto por esto la sociedad civil y política.

La globalización incide notablemente en estos espacios ya sea positiva o negativamente, lo primero permite que la ciudad pueda acceder a una mayor desarrollo local al establecer una serie de alianzas estratégicas que favorecen a sus actividades económicas y a la comunidad en general; lo segundo produce que se legitime un consumo con el mercado en todo ámbito social a través de la competencia, donde el neoliberalismo genera una serie de consecuencias las cuales afectan las relaciones sociales al estar en constante competencia, desatendiendo los problemas urbanos/rurales que se producen en este sector como lo son la pobreza, desempleo, sobre endeudamiento, falta de vida familiar, entre otros. Esto produce una contraposición entre lo propio y lo impuesto siendo similar a lo acontecido entre la identidad v/s capital; sin embargo la ciudad sigue su marcha con sus ciudadanos/as los que muchas veces no se percatan de dichos sucesos hasta que los sufren directa e indirectamente los que son consecuencias de una globalización apoyada por un sistema neoliberal que penetra cada vez más en las vidas de los sujetos, mediante lo cual estos y la ciudad se vuelven cada vez más competitivos, racionales e inhumanos frente a la realidad social.

Debemos reflexionar concretamente frente a este tipo de hechos dado que la ciudad nos pertenece a todos sin distinción alguna al estar en constante construcción política, social, cultural y económica por todas las actividades que en ella se llevan a cabo, la globalización nos orienta a que repensar a la ciudad con su imaginario principalmente al comprobar sus condiciones de materialidad con su planificación donde la identidad sociocultural e histórica deben ser recuperadas con el objeto de volver a tener una identidad propia que se distinga de las demás, ya que el proceso de globalización produce que estas se diluyan totalmente y si adhieran a las que ella impone en las consciencias de los sujetos, principalmente vía medios de comunicación de masas. El repensar la ciudad, su entorno, su urbanización, su planificación, sus espacios, es con el fin de que la comunidad participe activamente en la forma de hacer ciudad, no dejando que determinados criterios primen por sobre los de interés social o colectivo al instante de conformar un espacio o bien la ciudad en si; por lo que hay que estar en constante cuestionamiento de aquellas áreas, para un beneficio mutuo de todos los componentes de la ciudad.

Todo lo dicho finalmente promueve que la ciudad sea analizada a partir de criterios que propicien la integración con la consolidación identitaria de la ciudad con su con su comunidad, debido a que es primordial que la ciudad sea un espacio de encuentro de los individuos y no de segregación como acontece actualmente, logrando de tal forma que la ciudadanía sea bien entendida y ejercida responsablemente dotando a la ciudad de un carisma propio; la globalización si bien no se puede detener en su avance, si podemos reformularla para que sea más humana con el norte de la ciudad no se vea afectada negativamente por su accionar y que si vaya a la par con este proceso. Es fundamental aquí el rol de los ciudadanos al reflexionar permanentemente sobre dicho fenómeno, buscando el modo de que ciudad sea más agradable, bien edificada y planeada donde todos tengan cabida y puedan desarrollarse adecuadamente en todo sentido.

Por lo tanto la ciudad representa a todos los intereses de manera democrática para que sus planes urbanos sean los adecuados, ella es lo principal dentro de este ámbito sociocultural porque desde su nacimiento hasta lo contemporáneo siempre ha sido la concentración de distintas visiones que demuestran lo importante que es; dado lo anterior hay que buscar y encontrar el justo equilibrio entre globalización y ciudad con el fin de que ambas se complementen positivamente, donde la ciudadanía, la sociedad civil y política tienen una función muy relevante, en beneficio de la comunidad y sobre todo de la ciudad por su significado y significante sociocultural además como ente vivo de gran magnitud para la humanidad.

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Notas
[1] Hoselitz, Brian: “The Primate City and related Concepts”. E.E.U.U. 1958. Este proceso trata del grado de primacía urbana entendiéndose como “el grado de concentración de la población de una ciudad principal del sistema, es mayor en naciones en proceso de cambio social e industrialización”. Se destaca el caso de las ciudades de A. Latina como Buenos Aires, Montevideo, Santiago y Caracas.
[2] Castells, Manuel y Jordy Borja: “Local y Global”. Ediciones Taurus. Madrid, España. 1977.
[3] Castro, Bernardo: “Desarrollo Regional y Local Endógeno desde la Participación Ciudadana”. Ed. Universidad de Concepción. Concepción Chile. 2000.
[4] Estas dos categorías son elaboradas por Giddens para comprender mejor el fenómeno y sus componentes.
“Un Mundo Desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas”. Ed. Taurus S.A. Buenos Aires, Argentina. 2000.
[5] Conceptos elaborados por Le Monde Diplomatique, Abril 1996. Dierckxsens, Wim “Los Límites de un Capitalismo sin Ciudadanía”, Cap 2. Colección Luciérnaga Editorial Universidad de Costa Rica 1997.
[6] Idem.
[7] García, Clanclini Nestor: “Consumidores y Ciudadanos”. Conflictos multiculturales de la globalización. Edt. Grijalbo S.A. México 1995.
[8] Castells, Manuel: “La cuestión urbana”. Edt. Siglo XXI, México 1974.
[9] García, Canclini Nestor, Op. citada.
[10] Idem.
[11] Idem.
[12] Denominación usada por T. Moulian para clasificar al individuo que consume cotidianamente. “Chile anatomía de un mito”. Ediciones Lom, Chile 1997.
[13] Castells, Manuel: “La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura”. Vol. 1 La Sociedad Red. Alianza Editorial Madrid, España 1997.
[14] Romano, Felipe: “Urbanizaciones cerradas en Buenos Aires: escenarios de la fragmentación socio- espacial. Nuevos desafíos de integración”.Revista Signos Universitarios, Universidad del Salvador. Año 15 N° 29. Buenos Aires, Argentina. 1996.
[15] Es la restauración y revalorización de las áreas urbanas deterioradas que se convierten en áreas nobles, mediante la recuperación producida por los sectores de ingreso medio- altos y altos, con el consiguiente desalojo de los antiguos moradores de baja renta.
[16] Mignaqui, Iliana: “Barrios cerrados y fragmentación espacial” En: Revista del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires. Distrito II, N° 34. Argentina 1997.
[17] García Canclini, Néstor: “Culturas Híbridas”. Ed. Sudamericana, Buenos Aires Argentina. 1992.

 



 

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