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¿Qué está oculto en los océanos?
Por Rosa Eliana
El hombre actual conoce poco del
planeta en que vive, ya sea de
sus estratos internos, de las
profundidades de sus mares ó de
la relación entre los mundos en
las diferentes dimensiones que
lo componen. Abundan los relatos
de experiencias sorprendentes de
contactos con animales
fantásticos y de desapariciones
inexplicables; sin embargo, en
general falta disposición para
aceptar hechos impalpables,
aunque sean tanto ó más reales
que los detectados por los
sentidos externos.
En la tierra existen mundos
desconocidos por los seres que
viven en su superficie. Existen,
no obstante, ciertas vías de
comunicación con esos mundos,
vías que podemos denominar
"pasajes interdimensionales" y
que resaltamos aquí
especialmente por ser, en su
mayoría, mantenidas por las
energías inteligentes que operan
en los niveles sutiles de los
océanos.
La noción de espacio y de tiempo
surge en la conciencia cuando
ésta observa el universo
exterior e interactúa con él. Se
trata de una noción determinada
por los hábitos condicionados de
la vida concreta-material. En
los pasajes interdimencionales
mencionados, las leyes del
espacio-tiempo, tal como se
conocen, pierden vigencia.
En el pasado remoto, cuando la
humanidad y el planeta no
estaban del todo materializados,
existía una comunicación más
libre entre las dimensiones, lo
que permitía que el hombre se
relacionase directamente con
habitantes de otros mundos. Los
filtros entre los planos de
consciencia que constituyen el
universo eran tenues, y por eso
la construcción y el
mantenimiento de vías
especificas para esa interacción
no eran una necesidad
fundamental. Remanentes de esa
relación nos llegaron por
intermedio de fábulas, mitos e
historias antiguas, cuyo
significado real, en verdad, se
perdió en gran parte debido a la
densificación gradual de todo el
globo -y, por consiguiente, de
las células cerebrales y de la
sustancia mental del ser humano,
quien con ello se inclinó al
pensamiento limitado a las cosas
materiales.
En esa trayectoria, el mundo
físico terrestre y la humanidad
que lo habita, alcanzaron grados
de densificación más acentuados
que los previstos. Esto produjo
una disritmia entre la vibración
de la esfera material y la de
las demás, lo que dificultó el
intercambio vital y magnético.
Sólo subsistió una sutil
ligazón, efectuada en los
pasajes interdimensionales,
muchos de los cuales se
mantienen gracias a núcleos de
la red magnética existente en
los océanos.
Las revelaciones sobre esa red
magnética se refieren al
reencuentro del hombre con
nuevos recursos energéticos. Si
la utiliza de manera correcta -
en consonancia con leyes
universales y, por lo tanto, en
pro de la evolución -, la
energía magnética le permitirá
trasladarse a otras dimensiones,
anular la gravedad, modificar la
estructura de las formas
concretas y desplazar objetos,
por más pesados que sean, de
manera casi instantánea. Estas
son algunas de las posibilidades
que silenciosamente guarda la
vida útil de los océanos.
Para revelar los secretos de la
energía magnética y usarla, no
se necesitan aparatos complejos,
sino expansión de conciencia. Si
el ser humano se alínea con el
propósito superior de su
existencia, puede realizar lo
que hoy se considera un milagro,
y de esa manera presta un
servicio incalculable.
Al construir un túnel, por
ejemplo, el hombre actual aún
permanece en el ámbito de la
fuerza fricativa, es decir,
desgasta la roca por fricción.
Sin embargo, si la abertura del
túnel se incluyera en la
realización de un propósito
evolutivo, si el hombre
conociera las claves para el uso
de la energía magnética y
supiera manejar las vibraciones
de las fuerzas solares,
ejecutaría la obra sin
desgastes: reconfiguraría la
estructura de la roca,
moldeándola y transformándola en
aquello en lo que debe
convertirse.
Las leyes y los mecanismos que
regulan los transportes
interdimensionales serán
revelados a medida que el ser
humano vaya descubriendo su
propio mundo interior. Se
aproxima el tiempo en que tales
traslados - o viajes internos -
ya no pasarán inadvertidos para
la conciencia externa del ser,
sino que contarán con ella. Sea
un traslado pasajero, con
retorno, sea uno definitivo, la
conciencia externa podrá
acompañarlo y adherir a él, pues
estará en sintonía con la mente
evolutiva.
Hoy, la interacción entre
dimensiones ya comienza a
notarse. En una pequeña ciudad
del interior del Brasil, por
ejemplo, donde los medios de
comunicación son muy escasos,
dos niños, que no tienen acceso
a ninguna información referente
a otros universos ni a sus
habitantes, con espontaneidad
pidieron permiso a sus padres
para permanecer despiertos
durante la noche, esperando la
llegada de compañeros de
estrellas distantes. Lo hicieron
con la misma naturalidad con que
pedirían permiso para esperar a
un vecino. Además, esos niños,
menores de ocho años, dijeron
con simplicidad que dichas
visitas se volvieron más
necesarias después de que el
hombre comenzó a usar la energía
atómica. Cuando les preguntaron
cómo sabían todo esto,
simplemente respondieron que por
sí mismos. Hablaban de ello como
si estuviesen en contacto con
otros mundos, al mismo tiempo
que convivían con sus familiares
y amigos. Según lo que se
transparentaba, su relación con
dichos seres era frecuente y, en
ocasiones especiales, podían
reconocerlos como luces que
viajan por el cielo.
Existen personas que guardan
registros de conocimientos
externos que, en vez de quedar
sepultados bajo conceptos e
ideas intelectuales,
necesitarían encontrar
condiciones apropiadas para
expandirse, abriendo espacio
para que la vida supranatural se
vaya implantando sobre la faz de
la Tierra. Necesitarían saber
que la práctica del silencio las
llevaría a vislumbrar la tarea
que deben cumplir y las
preservaría de entrar en los
callejones sin salida de la
mente, todavía no esclarecida
sobre hechos sobrenaturales.
Algunos descubrirán los secretos
del magnetismo y lo utilizarán
en el cumplimiento de tareas en
momentos agudos de la crisis que
ya se extiende por todo el globo
terrestre. Serán los que, por su
pureza, hayan superado ciertos
umbrales de la conciencia.
Cuando cultiva el silencio, la
persona comienza a recibir
impulsos provenientes de otras
dimensiones, superiores. La
aspiración de elevar su
conciencia le permite reconocer
el nivel espiritual de
existencia y convivir allí de
manera cada vez más libre. La
entrega de su vida al
cumplimiento de lo que le
inspira ese nivel espiritual
amplía su comprensión de la
realidad interna, activa el
poder de creación y torna más
fluida la materialización de lo
que le cabe generar en el mundo
visible.
Al trascender los límites
personales, al controlar la
mente y las palabras, el ser
humano se coloca en un ritmo
acorde con leyes inmateriales,
se identifica con el Plan
evolutivo y con el servicio
universal. Su principal campo de
contactos y de polarización pasa
a ser suprafísico, y así su vida
se amplía considerablemente.
En sondeos subjetivos,
constatamos que los pasajes
interdimensionales son de dos
tipos básicos: Pasajes creados
por un acto de voluntad de
conciencias evolucionadas que
conocen las leyes de la
manifestación y tienen completo
dominio sobre los planos
concretos y su campo magnético.
Estos pasajes no tienen
localización fija en el mundo
material y pueden ser breves. Se
restringen a áreas determinadas.
Pasajes cuya existencia
repercute en el ritmo de vida en
la Tierra en su conjunto. A
pesar de que la posición de
ellos tampoco sea fija, es
relativamente estable. Se crean
dentro de coyunturas muy amplias
y obedecen a ciclos específicos
de la evolución planetaria. Como
ejemplo podemos citar los que se
encuentran entre el archipiélago
de Bermudas, Miami y Puerto Rico
- en el llamado Triángulo de las
Bermudas, bastante conocido por
los fenómenos que ocurren allí.
El ingreso en los mundos
suprafísicos se puede dar de
varias maneras:
La conciencia, lúcida, colabora
con el propio traslado a esos
mundos, pero el cuerpo físico
permanece en la dimensión en que
se encuentra. Experiencias de
este género suceden en el ámbito
de influencia de los pasajes
interdimensionales creados
temporalmente para fines
específicos. Los casos relatados
en nuestro libro Mirna Jad
sirven de ejemplo.
Tanto la conciencia como el
cuerpo físico son trasladados a
esos mundos. Lo ilustra la
experiencia del guardián del
área que en el plano material
corresponde al centro espiritual
suprafísico Aurora: él y su
perro fueron llevados por una
pequeña nave a una ciudad
situada en los niveles
intraterrenos del Cono Sur y
después devueltos a la
superficie de la Tierra. Las
expansiones de conciencia por
las cuales pasaron durante y
después del viaje fueron notadas
por familiares y amigos.
La conciencia, el cuerpo físico
y también objetos son
trasladados a esos mundos. En
esa modalidad, propia de la
región del Triángulo de las
Bermudas, se encuadran viarias
"desapariciones" de aviones y de
embarcaciones, con sus
tripulantes Hay casos en que el
vehículo, con o sin sus
tripulantes, es devuelto,
eventualmente colocado en otro
punto del globo.
Los sentidos externos y la mente
analítica están dejando de ser
los únicos instrumentos de
aprendizaje para la raza humana.
Los hombres son seres en
transición y deben tornarse una
especie superior, supramental.
Ahora este nivel es más
accesible a la humanidad
terrestre, la nota que ésta debe
emitir para participar del
acorde de las civilizaciones
evolucionadas del Cosmos, y para
ingresar en las dimensiones
internas de este mismo planeta.
Hay una energía sagrada que se
ha de imprimir en la materia por
intermedio del servicio
abnegado, y para eso es
fundamental la dedicación
incondicional a las leyes de la
armonía y del equilibrio. Cuando
el ser humano tiene intenciones
puras y se dispone a reorganizar
la vida propia para cumplir su
papel dentro del Plan Evolutivo,
sus sentidos se acostumbran a
las emanaciones sutiles. Eso
corresponde al inicio de un
nuevo ciclo en la superficie de
la Tierra. Mucho de lo que hoy
llamamos sobrenatural es algo
natural que todavía no fue
comprendido, o para lo cual
estamos desarrollando aptitudes.
La comunión con energías
suprafísicas torna claro lo que
antes era incomprensible.
Fuente:
Cuaderno SEÑALES, de Figueira.
Enero a Abril 1998
Gentileza:: Santiago Merino [
vozdeestrellas@ya.com ]
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