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Problemas en la convivencia
escolar
Por Jesús Salamanca Alonso
Recientemente el Defensor del
Pueblo presentó los datos del
"Informe sobre Violencia Escolar
2006". En él se aprecia que
ciertas conductas, como el
insulto, han descendido; pero el
maltrato entre iguales sigue
estando ahí. Si bien es positivo
el descenso en la práctica
totalidad de comportamientos
estudiados, no lo es el hecho
que sigan dándose esos mismos
comportamientos, aunque
aparezcan atenuados. Es el caso
de ignorar o menospreciar al
igual, insultos, apodos
ofensivos, falsos testimonios,
amenazas y acoso sexual.
En el caso de las amenazas
apenas se aprecia descenso, bien
es verdad que el porcentaje de
las mismas es muy inferior a
otro tipo de maltratos como el
insulto, los motes ofensivos o
el desprecio.
Lo que más llama la atención,
precisamente por ser un dato
exagerado, es el porcentaje de
centros en los que el jefe de
estudios confirma el maltrato
del alumnado hacia el
profesorado. Mientras que la
agresión física directa se da en
un catorce por ciento de casos,
los robos, destrozos de
pertenencias e intimidación
alcanzan cifras escalofriantes y
dignas de preocupación,
superando el cincuenta por
ciento de los centros
encuestados, en los cuales se
han producido destrozos de
pertenencias al profesorado. Ni
que decir tiene que, cuando se
habla de otro tipo de actitudes
negativas, como rumores dañinos,
el porcentaje de centros
sobrepasa con creces el sesenta
por ciento de los mismos,
estando muy próximo al setenta y
cinco por ciento el conjunto de
centros donde el alumnado
profiere insultos al
profesorado.
Los datos aludidos explican las
múltiples quejas del profesorado
ante el malestar existente en
muchos centros educativos, la
falta de estímulos, así como las
bajas habituales y de larga
duración, en ocasiones. Es
evidente, pues, que el maltrato
no se ciñe a los iguales, sino
que tales actitudes abundan de
discentes a docentes. Sorprende
este tipo de hechos en los
centros docentes, sobre todo al
tratarse de instituciones donde
la actividad es la educación y
formación de jóvenes
adolescentes.
Hay un hecho patente. Y es que
existe clara conciencia sobre
los comportamientos aludidos,
tanto por parte del profesorado,
como del alumnado. Los datos
ponen de manifiesto una
realidad, reflejo de la
sociedad. Nadie puede llamarse a
engaño pensando que sociedad y
escuela viven cada una su vida,
con independencia y armonía.
Sería absurdo abordar tal
independencia, sabiendo que el
error sería inicial y de bulto.
La escuela no es ajena a su
entorno, como no lo es el niño a
su entorno escolar y familiar.
Lo triste y penoso de los
problemas de convivencia
escolar, llámese maltrato o
insultos -- por citar dos de los
muchos extremos que podemos
imaginar -- es que la ayuda
inmediata no siempre es posible
para muchos de los agredidos. En
numerosas ocasiones faltan
apoyos por falta de información.
Además, muchas veces, existe
también cierto miedo a contarlo,
como consecuencia de las
amenazas.
La normativa que han elaborado
casi todas las comunidades
autónomas establece mecanismos
claros y precisos para abordar
los problemas de convivencia,
aunque hemos podido comprobar
que se trabaja excesivamente
pensando en la galería y en la
competencia con otras
comunidades; hecho que a poco
conduce, excepto a seguir
jugando con el alumnado, el
profesorado y con las propias
situaciones. No es de extrañar
que, dadas las actitudes un
tanto sospechosas, el
sindicalismo responsable haya
creado figuras como el Defensor
del Profesor, encaminadas al
asesoramiento y al
establecimiento de pautas de
conducta al profesorado, ante
situaciones no deseadas que
suelen acabar degradando la
labor educativa y, por
añadidura, la convivencia en los
propios centros.
Consciente de cómo el ambiente
se ha ido degradando en muchos
centros, el sindicato de
profesores ANPE viene exigiendo
a las autoridades educativas
programas serios y rigurosos
para poner en marcha medidas
realistas y eficaces que
contribuyan a solucionar la
problemática. Una problemática
que en algunas comunidades tiene
unos cauces de actuación que
parten de la Carta de Medidas
para facilitar la convivencia en
los centros docentes. Una Carta
que destierra decisiones sin
planificación o impulsos
aislados y voluntaristas.
Por otra parte, no faltan
instituciones preocupadas por la
violencia escolar, en
particular, y la violencia
juvenil en general. Ahí está el
ejemplo de la Audiencia de
Alicante explicando a los
jóvenes el Protocolo contra la
Violencia Juvenil. Un ejemplo
digno de imitar en todas y por
todas instancias comprometidas
con la educación y formación de
niños y jóvenes.
Es admirable, sobre todo por su
compromiso e iniciativa, el
ejemplo del presidente de la
Audiencia de Alicante, Vicente
Magro, que reunido con un
centenar de jóvenes les hizo ver
la importancia y trascendencia
de la ley. Y es que gamberradas
como robar un móvil o dinero a
un amigo o compañero son delitos
que acaban juzgados por un
Tribunal de Menores; pero eso
mismo, con dieciocho y más años,
es un delito que lleva acarreada
la privación de libertad.
Tal protocolo recoge como más
novedoso la creación de un foro
permanente y estable de
reflexión y trabajo sobre la
violencia juvenil, además de la
creación de un programa de
reeducación para menores
condenados a medidas de libertad
vigilada por delitos, "como
complemento a las medidas que
Bienestar Social ya aplica en la
actualidad".
Dicho foro estable para la
reflexión viene a ser el
equivalente al Observatorio de
Educación creado en algunas
comunidades autónomas y en el
propio Ministerio de Educación y
Ciencia. Parte de una base
lógica en su composición, como
son las asociaciones de padres
de centros educativos,
sindicatos y profesionales de la
docencia. Y el objetivo es
detectar los posibles problemas
que surjan en el ámbito de la
convivencia escolar para
trasladarlos a las
administraciones y buscar las
"soluciones más adecuadas".
Otro ejemplo a imitar y digno de
resaltar, dada la ayuda que
aporta a los profesionales de la
docencia es la página Web -
existen algunas más - denominada
"La Mirada de Jokin" para
informar, analizar y tratar el
acoso escolar. Cabe destacar la
amplia información sobre las
medidas que se adoptan en las
diversas comunidades autónomas y
en instituciones preocupadas por
la educación. Surgió tras la
muerte de Jokin Ceberio Laboa,
estudiante de secundaria en el
instituto Talaia de Hondarribia,
como consecuencia del acoso del
que fue objeto en su centro y
cuya sentencia del caso es de
fecha 15 de julio de 2005.
Gentileza:: Jesús Salamanca
Alonso [
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