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La lengua materna es, para cada
uno de nosotros, un tesoro
Por Koïchiro Matsuura
En ella pronunciamos las
primeras palabras y con ella
expresamos más cabalmente
nuestro pensamiento. Desde los
primeros momentos de la
existencia, es el idioma materno
el cimiento de la construcción
de la personalidad y el zócalo
que la sostendrá a lo largo de
toda la vida. Gracias a él
aprendemos a respetarnos a
nosotros mismos, a nuestra
historia y nuestra cultura, y
sobre todo a respetar a los
demás y la diferencia que ellos
encarnan.
Porque toda lengua lleva en sí
la diferencia como una “segunda
naturaleza”. Los especialistas
lo saben bien: lejos de
constituir sistemas inmutables y
cerrados, las lenguas son
siempre el resultado de
innúmeras fusiones,
interacciones e influencias
acontecidas a lo largo del
tiempo. No hay lengua sin
historia. Por muy culta y
correcta que sea, nuestra manera
de hablar está hecha de
múltiples préstamos, en los que
se mezclan la identidad y la
alteridad. Precisamente, la
etimología nos remite a esa
historia plural.
Una historia en la cual la
identidad es fruto de la
diversidad y la
complementariedad, y que prepara
un futuro marcado por otros
contactos y otras convergencias.
El vínculo dialéctico entre
identidad y diversidad no es
únicamente una herencia del
pasado. En un mundo donde lo
universal y lo local se
entrecruzan y deben interactuar
de manera armoniosa, los
conceptos de “lengua materna” y
“plurilingüismo” se convierten
en estructuras complementarias.
De este modo la comunicación en
el ámbito familiar o comunitario
se multiplica por el ejercicio
de la expresión oral en la
escuela, el trabajo o el
mercado, en los diarios y la
política, en el culto religioso
y los tribunales, en la
administración y el
entretenimiento.
Se trata de hallar el acomodo
lingüístico que permita
participar plenamente en todos
esos aspectos de la vida social.
De ahí que la UNESCO esté
empeñada en promover el
plurilingüismo, sobre todo en el
sistema escolar, fomentando el
reconocimiento y la adquisición
de al menos tres niveles de
competencia lingüística para
todos: una lengua materna o
primaria, una lengua nacional y
una lengua de comunicación.
La promoción de la diversidad
lingüística y cultural va
acompañada de un compromiso en
pro del diálogo entre pueblos,
culturas y civilizaciones.
Diversidad y diálogo, identidad
y alteridad son, en efecto, los
polos de una funcionalidad
complementaria que el
plurilingüismo debe asumir en su
conjunto.
Esta tarea ha de llevarse a cabo
mediante un arreglo armonioso
entre las diversas lenguas
existentes en la esfera nacional
y regional, merced a estrategias
o planes capaces de promover las
lenguas en todas las situaciones
de la vida. Verdad es que, a
pesar de los ejemplos que
proporcionan las prácticas
idóneas en diversas regiones del
mundo, el plurilingüismo parece
ser hoy más un ideal que una
realidad tangible.
Más de la mitad de las 6.000
lenguas que actualmente se
hablan en el mundo corren
peligro de extinción. El 96% de
ellas apenas las habla el 4% de
la población mundial. En la
escuela y el ciberespacio se
emplean menos de la cuarta parte
de las lenguas existentes en el
planeta y, en la mayoría de los
casos, éstas sólo se usan
esporádicamente.
Sólo unos pocos centenares de
idiomas tienen el honor de
figurar en los sistemas
educativos y el dominio público
y menos de ciento están
presentes en el mundo digital.
Observemos, por ejemplo, el caso
de África, cuna de la humanidad:
¡un tercio de las lenguas del
mundo se hablan en ese
continente! Aunque los grupos
humanos a las que sirven de
medio cotidiano de expresión las
dominan perfectamente, la
mayoría de esas lenguas apenas
se usan en la administración
pública, la justicia o la
prensa.
De ahí que la Unión Africana,
que las considera uno de los
pilares de la integración del
continente, se empeñe en
elaborar un plan regional de
ordenación lingüística capaz de
armonizar en beneficio de todos
los aspectos locales y generales
del asunto. Esta estrategia
abierta e integrada, distante de
cualquier concepción
estrictamente identitaria de las
lenguas, es lo que conviene
retener y, con la colaboración
de todos los amigos e
interlocutores de la UNESCO,
apoyar generosamente, con miras
a un futuro plurilingüe de
diversidad y respeto mutuo.
Por eso, con motivo de la
conmemoración del Día
Internacional de la Lengua
Materna, hago un llamamiento a
la promoción de las estrategias
lingüísticas nacionales y
regionales, con el fin de
brindar un espacio armonioso a
todas las lenguas del mundo.
Gentileza::
PeriodistasSinFronteras@gruposyahoo.com.ar
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