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La conciencia crítica
Con-Fabulación
En esta entrevista
exclusiva para Con-Fabulación,
el Senador del Polo Democrático,
Jorge Enrique Robledo, uno de
los más carismáticos líderes de
la Izquierda colombiana, se
mantuvo fiel a su precisión
argumental, a su lucidez
reflexiva y a su posición
humanística que lo ha hecho
famoso en los debates en el
Congreso de la República.
¿Es tan malo el Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos?
Sí. E incluso puede ser peor.
Porque no es posible prever
todas las consecuencias
negativas que se darán con el
tiempo. Con franqueza tengo que
decir que a pesar de que yo fui
uno de los colombianos que
advertimos en contra de la
primera etapa del libre comercio
iniciada en Colombia en 1990 –en
esos días llamada
neoliberalismo, apertura y
privatización–, sus efectos
superaron mis peores
advertencias. No perdamos de
vista que el TLC convierte a
Colombia en una especie de
colonia de Estados Unidos,
condición que facilitará que el
día de mañana la Casa Blanca le
imponga nuevos tratos aún más
leoninos al país, atentados que
se facilitarían por el mayor
poder económico y político de
los colombianos a sueldo de las
transnacionales o asociados con
ellas en condiciones de
inferioridad. Pero aunque este
peligro no se concretara, el
Tratado condena, y para siempre
–para siempre, repito–, al país
al subdesarrollo, con lo que, en
el mejor de los casos, seguirá
igual de mala la desastrosa
situación de atraso productivo,
pobreza, desempleo y demás
lacras que martirizan a tantos
compatriotas.
¿Qué opina del enfrentamiento de
Álvaro Uribe con la Corte
Suprema de Justicia?
Es de lo más grave que ha
ocurrido en Colombia. Porque
empeora la situación de la
llamada democracia colombiana,
la cual, la verdad sea dicha,
tiene aspectos democráticos pero
no es realmente democrática. Y
la empeora porque, según la
Constitución, la democracia
nacional incluye como uno de sus
elementos fundamentales la
separación e independencia de
los poderes (ejecutivo,
legislativo y judicial), con lo
que si el Presidente de la
República somete o intenta
someter a los otros dos se
convierte o intenta convertirse
en dictador.
Es evidente que Uribe quiere que
la Corte Suprema de Justicia no
decida con independencia sino
sometida a sus concepciones, con
el agravante de que la viene
presionando a punta de brutales
agresiones verbales a través del
empleo abusivo de los medios de
comunicación. A ratos suena como
llamando a los colombianos a
linchar a los magistrados. Y
también quiere amaestrar del
todo a la prensa, otra actitud
típica del despotismo.
¿ Logrará el presidente imponer
su ley a favor de la
parapolítica?
No es fácil adivinarle el
pensamiento a nadie. Pero hay
hechos que orientan, además de
su conocida naturaleza despótica
y retardataria. La contradicción
empezó porque la Corte no
interpretó una ley de manera que
pudieran salir de la cárcel los
parapolíticos presos. Y ello
ocurrió cuando ya el Presidente
había expresado su voluntad de
sacarlos. Entonces, si Uribe
insiste en liberarlos mediante
la aprobación de una nueva ley
–propósito que ha expresado en
más de una ocasión, pero al cual
le teme por la reacción de la
opinión pública nacional e
internacional– corre el riesgo
de quedarse con el pecado y sin
el género, es decir, con el
descrédito de haber intentado
liberar otra vez a los
parapolíticos, pero sin la ley
necesaria, porque se la tumbaría
la Corte por inconstitucional.
Es obvio que el riesgo
desaparece si logra arrodillar a
los magistrados. Además, no debe
olvidarse que casi todos los
parapolíticos en la cárcel, y
los que hacen fila en esa
dirección, son uribistas.
Pero en todo caso, sea cual sea
la razón de Uribe para agredir a
la Corte Suprema, incluso la más
benévola, sus ataques han puesto
en duda la integridad de la
Corte, cosa que debe tener de
fiestas a los parapolíticos
encartados y que en otro país
que no estuviera tan
descompuesto como Colombia
tendría tambaleando al
Presidente. Y los uribistas se
preguntan del porqué del
descrédito internacional de
Uribe. Como si no fuera obvio
que la Corte debería contar con
todo el respeto y el respaldo
del jefe del Estado, dada,
además de las consideraciones
constitucionales ya mencionadas,
su innegable actitud de valor
civil al haber abordado con toda
decisión nada menos que el
problema de los vínculos entre
el paramilitarismo y una gran
porción de los dirigentes
políticos del país.
¿Cómo va la campaña electoral
del Polo?
Muy bien. Avanzamos en el
proceso de consolidación del
Partido. Inscribimos listas de
concejo en 641 municipios y de
diputados en 27 departamentos,
vamos a elegir un número
importante de dirigentes a las
diferentes corporaciones y
obtendremos triunfos de
importancia nacional, como el de
la alcaldía de Bogotá, donde
Samuel Moreno le ganará a
Peñalosa.
¿Pero no está dividido el Polo?
Cuentos de la extrema Derecha
uribista que siente pasos de
animal grande, porque sabe que
los colombianos descubrirán
tarde o temprano sus marrullas,
y porque también sabe que ese
día empezará el cambio que
requiere Colombia. Lo que ella
busca es un Polo que no le
genere ningún riesgo, por lo que
lo necesita dividido o cooptado
por las concepciones regresivas.
De otra parte, es natural que en
cualquier organización de los
seres humanos haya matices,
énfasis, estilos, y de allí no
se deduce que todas estén
divididas. Recuerde la consulta
entre Navarro y Gaviria. O que
yo, por ejemplo, le esté
haciendo fuerza a la elección de
Aurelio Suárez como concejal del
Polo en Bogotá, de donde no
puede deducirse que carezca de
coincidencias fundamentales con
los otros candidatos que tenemos
a esa corporación.
Vemos muchas carencias en las
propuestas de todos los
candidatos en lo relativo a la
cultura. ¿Será posible algún día
soñar con la cristalización de
una ley que proteja a los
artistas colombianos?
Es cierto que la cultura suele
ser la cenicienta de los
programas políticos. Es probable
que esto pueda explicarse por la
concepción, equivocada a mi
juicio, de que su importancia es
menor en un país con tantos
problemas. En el Ideario de
Unidad del Polo (su programa) la
consideramos y es de mí interés,
por mi formación y vida
profesional y porque le interesa
a la tendencia a la que
pertenezco en el Polo. La
revista Deslinde acaba de abrir
una sección especializada sobre
cultura y Aurelio Suárez viene
promoviendo un grupo de
bogotanos interesados en este
tema, con el propósito de
unificar ideas y propuestas al
respecto, de forma que pueda
promoverlas desde el concejo del
Distrito.
De otra parte, algún día en
Colombia se tomarán decisiones
positivas de todo orden –y no
sólo leyes– en beneficio de la
cultura y de los demás aspectos
de la vida de la nación. Pero
ello únicamente ocurrirá, y no
como un asunto marginal, cuando
hayamos cambiado de la dirección
del Estado a una minoría que
carece de cualquier proyecto de
progreso nacional. Mientras ello
no se logre habrá que luchar
para conseguir, en medio de un
ambiente adverso, conquistas
parciales de tipo democrático,
pero ellas sólo serán posibles
si las respaldan vigorosas
movilizaciones ciudadanas en las
que los dirigentes, entre ellos
los congresistas, aportaremos
nuestro grano de arena.
Con-Fabulación
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