|
|
El amasijo
Los angelitos no
tienen ombligo
(Donde se habla de historias de
ayer, nomás)
Por: John Argerich
|
 |
 
|
|
El turco Massalín era un púa
nacido en Buenos Aires, y más
porteño propiamente que Carlitos
Gardel. Quien, llevado por los
vientos del destino, una vuelta
aterrizó en Suecia, como tantos
otros desgraciados. Y con la
barra de turcos que hay en
nuestra nueva patria, allí
estaba a mitad de camino entre
la milonga y el Islam. Por cuya
causa gastaba caminantes en
busca de inspiración. ¿Haría
carrera en Escandinavia, o debía
tomarse el primer piróscafo
rumbo a Callao y Santa Fe? Del
Medio Oriente, ni pensar, con
Ben Laden gozando de buena
salud. Pero como sucede muchas
veces, las meditaciones no lo
llevaron más lejos, porque en
lontanaza apareció algo digno de
contemplar.
-¡Putamadre, qué minón, baisano!
-dijo el turco con los ojos
reventando fanatismo, tras las
gafas tornasoladas.
Y no era para menos. Por
Nobelvägen rumbo a Dalaplan se
desplazaba un ultraje a la
teoría del celibato. Ni lunga ni
retacona, con tacos altos tipo
aguja, micromini al rojo vivo, y
una remerita negra cortona panza
al aire, como se usan ahora.
Estirada dos medidas en la parte
superior para dar lugar a tanta
glándula. Suelta por abajo,
mostrando en vivo y en directo
las contorsiones de su andar de
gata apenas domesticada. Pelo
largo medio rubión, la boca
color de incendio, y un estilo
para dejar chatas a las chicas
de Divito, que para los jovatos
son como las Malvinas.
Imposibles de olvidar. Redepente
la fulana se paró en seco, miró
para todos lados, y del bolsón
que llevaba al hombro sacó un
planito, que observaba con
ojazos extraviados. Ese fue el
momento en que el turco tomó una
decisión que dejó huellas en su
vida. Era preciso arremeter,
porque esta vuelta la suerte
venía en bandeja de plata.
-Buenas tardes, princesa -dijo
con una reverencia, asignándole
prima facie el romanticismo de
cierto aire turístico- Do you
speak English?
Ella le clavó una mirada
sorprendida, porque en Suecia no
es costumbre que los
desconocidos te paren para
hablarte en la calle, mucho
menos en inglés. Salvo que sea
para putearte, si tenés la tez
medio trigueña, y no medís
90-65-90, como la protagonista
de este capítulo.
-Yes -repuso la bella- Pero
también hablo en svenska, porque
soy hija de suecos, nacida en
Chivilcoy.
-Bosse Masalín, a la orden
-repuso el loco, olvidando con
tanta presión social que su
nombre de pila había sido Ahmed,
desde el día en que nació.
-Gudrun Larsson -dijo ella,
mientras le extendía una garrita
con uñas maquilladas y cadena de
oro- Pero podés llamarme Porota.
Al turco se le obstruyó el
gañote, y por un momento vio
todo nublado, con la mirada
fuera de foco. ¡Después de mucho
soñar, se le había dado el
primer levante como la gente de
su puta vida! Más mejor poner en
marcha toda su seducción. Y
siguió la charla con una
sonrisita sobradora, como hacía
Charles Boyer en las películas
vía satélite que la tía Fátima
miraba por el canal Al Jazeera.
-¿Cuál es su itinerario? -dijo,
cuidando el léxico- Y lo
pregunto sin otro ojepto que
ofrecerle una solidaria
cooperación.
-¿Sos guía de turismo?
-Guía de turismo propiamente no,
pero tengo un laburo de nivel.
Soy repartidor de pizza en
motocicleta, y conozco bien la
ciudad.
Ella comprendió que no estaba
frente a un intelectual, pero la
soledad es mala consejera.
Entonces se paró frente al turco
con las gambas ligeramente
separadas, y los pieses firmes
sobre el pavimento. Como hacían
los gladiadores romanos antes de
gritar "¡Ave, César!" Entonces
el ombliguito le pegó un salto,
y el cascabel que los técnicos
de piercing le habían injertado
en la pancita dijo "tin-tin".
Una reacción suficientemente
atrevida para dejar sin sueño al
repartidor de pizza más pintado.
¡Otra que las vecinas de Nydala,
cuando las espiaba para verlas
sacarse el velo!
-¡Sos un ángel!
-¡No digás pavadas! -repuso
ella- ¿Qué estás mirando?
-Ese ombliguito, que me vuelve
loco...
-Así te quería chapar -agregó la
desconocida- ¿No sabés que los
ángeles no tienen ombligo?
-Que yo sepa, desde la época de
María Castaña hasta la fecha,
todo el mundo lo lleva puesto,
como si fuera la marca Lee de
los leones.
La charla iba entrando al
terreno personal. Así que él se
animó a seguir preguntando
-¿Y tanta curva, para qué?
-Para llevar mi cascabelito,
pienso yo.
El tema empezaba a prometer
gresca.
-Pero eso no es todo -lo frenó
ella, secamente- Por el ombligo
tu vieja te daba de morfar antes
de que empezaras a vivir del
chupi, como hasta ahora. Sin
madre, no te hace falta ombligo,
che. ¿Capishi o no?
La nami tenía conocimiento, y él
escuchaba con la boca abierta,.
-¿De dónde sacaste tanta labia,
nacida en Chivilcoy? -preguntó.
-Mis viejos son de la guardia
vieja -dijo, como si eso
alcanzara para explicar
mesejante cuadro de supremacía
discursiva.
-Ahora entiendo... -respondió
"el turco Bosse", como le decían
los cumpas de la barra.
-Preguntá lo que quieras para
ubicarte mejor -lo desafió ella.
Massalín se rascó la mollera.
Por fin, dijo:
-¿Y si el problema es tan
generalizado, el papa también
tiene ombligo?
-Si.
-¿Y Kirchner?
-También.
-¿Y Napoleón, y el general San
Martín también tenían ombligo?
-Todos tenían ombligo.
-¿Y María Castaña también?
-Efectivamente, por ser hijos de
mujer. Solamente los angelitos,
nacidos mediante la generación
espontánea, no lo precisan.
Seguí preguntando, che.
-Ahora te doy la biaba, y cobro
prenda.
-¿Como ser?
-Si gano, me das un beso. Si
pierdo, un puñetazo en la nariz.
-Pobre mariposa... -dijo ella-
Rompiéndote la jeta capaz me
ensucio las pilchas, sin
llevarme nada a casa. Cien
coronas, más mejor.
Así, esta trama llega a su
epílogo. Y al Bosse Massalín le
daba vueltas en el balero una
pregunta medio capciosa.
¿Tendrían ombligo todos nuestros
antepasados? ¡Vaya inquietud de
divulgación científica! El
problema parecía simple, pero
distaba mucho de serlo. ¿Para
qué seguir dándole más vueltas
al tema? Llegado a este punto
del entrevero, había que jugarse
como un hombre.
-¿Okey? -preguntó.
-Okey -dijo ella.
-Batíme la justa, entonce...
¿Quién fue el antepasado tuyo
más antiguo que conocés?
-En Suecia o a nivel mundial,
porque también tengo origen
finlandés.
-A nivel mundial.
-Olaf, el vikingo.
-¿Nació por generación
espontánea?
-Dale, viejo, que nuestros
antepasados eran expertos en las
artes del amor.
-¿Entonces tuvo padres?
-Sí, claro, y abuelos, y
bisabuelos, y tartarabuelos, y
cuñados, y sobrinos, y qué sé
yo, como todo el mundo.
-¿Y el tatarabuelo de tu
tatarabuelo había nacido de un
zapallo?
-No lo creo, seguramente él
también tuvo mamá.
-Seguí para atrás en la
nomenclatura.
-Si sigo retrocediendo, llegamos
a Adán y Eva.
-¡Ahí te quería agarrar! Eva fue
hecha de una costilla, y Adán
salió de un decreto del Creador.
O sea, que si ninguno de los dos
tenían madre, parece difícil que
llevaran rastros de su embarazo.
¿Viste que la gente sin ombligo
también existió?
Ella no dijo nada, y le dio un
beso en la mejilla. Después se
alejó, tan raudamente como había
llegado, camino del Folketspark.
-¡Adiós!
El turco se quedó paralizado,
aunque seguro de una cosa.
Pasarían los años, pero esa
mejilla no se la iba a lavar
jamás.
THE END
Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo"
se publica regularmente en 31
medios de 9 países.
paginadigital |
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|