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¿Por qué no se consigue un
desarrollo sostenible?
El actual
modelo de crecimiento económico basado en la explotación de la naturaleza
requiere un cambio en el que los consumidores pueden aportar mucho. El
desarrollo sostenible significa no esquilmar los limitados recursos naturales,
de manera que las próximas generaciones puedan también hacer uso de ellos.
Aunque la idea no es nueva - ya en el siglo XVIII los fisiócratas franceses
hablaban de ello - el término y la conciencia de tal hecho se gestaba a finales
del siglo XX. En 1987, la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones
Unidas proponía el "Informe Brundtland" para unir los aspectos ambientales,
económicos y sociales desde una perspectiva solidaria. Cinco años después, la
Cumbre de la Tierra de Naciones Unidas establecía una Comisión para promover el
Desarrollo Sostenible. El camino estaba abierto, y los Programas y Declaraciones
para su impulso se sucederían desde entonces hasta nuestros días. Sin embargo,
el agravamiento de los problemas medioambientales, económicos o sociales va en
aumento, lo que significa que el actual desarrollo es cada vez más insostenible.
Para cambiar esta tendencia, la sociedad, y los consumidores en particular,
deberán asumir algunos cambios fundamentales, como la distribución igualitaria y
el consumo responsable de los recursos naturales.
Por Alex
Fernández Muerza
Desarrollo insostenible en el mundo y en España
El cambio climático, la sequía, el agotamiento de los recursos agrícolas o
pesqueros, la reducción de la biodiversidad del planeta, la falta de agua,
energía o alimentos para abastecer a toda la población mundial o la
contaminación son la expresión de que algo no se está haciendo bien. Según
Víctor Viñuales, director de la Fundación Ecología y Desarrollo, "cuando
hablamos de problemas fundamentales para nuestro planeta, se trata en el fondo
de construir un desarrollo sostenible".
Cada vez más indicadores apuntan que la sociedad actual vive de manera
insostenible. El informe Planeta Vivo de WWF/Adena asegura que la huella
ecológica, que mide el impacto humano sobre el medio ambiente, ha crecido en los
últimos años de tal forma que en 2050 se usará dos veces el valor de los
recursos naturales del planeta "si no se han agotado antes". El estudio de la
organización ecologista estima que la situación no tiene visos de cambio a corto
plazo y coloca en lo más alto de su lista de países con alto consumo per cápita
de energía y recursos a Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Finlandia,
Canadá, Kuwait, Australia, Estonia, Suecia, Nueva Zelanda y Noruega.
Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) advertía
recientemente a los delegados internacionales presentes en la conferencia de
Nairobi (Kenia) sobre cambio climático que el consumo energético actual resulta
"insostenible". Según esta institución, las emisiones de CO2, causantes del
efecto invernadero, han aumentado "mucho más de lo previsto". Según sus
cálculos, las contaminantes energías fósiles representarán en 2030 el 85% del
consumo energético total. Antonio Lecuona, especialista en eficiencia energética
asegura que vivimos en una sociedad 'energéticamente obesa': "Consumimos cien
veces más que los países subdesarrollados. Hay que analizar dónde están los
mayores atracones, y evitar que no se despilfarre".
España, que se sitúa en el decimoquinto puesto de la 'lista negra' de WWF/Adena,
padece varios elementos insostenibles críticos, según el Informe 2006 del
Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE) : La escasa flexibilidad de la
economía, que crece mediante presiones ambientales; una fuerte dependencia
energética; el mal uso y destrucción del territorio; y una población creciente
que se debate entre el progresivo envejecimiento y el aumento de la emigración.
Asimismo, el aumento incontrolado de las emisiones de gases de efecto
invernadero y la carencia de datos sobre el agua unida al avance de la
desertificación se subrayan también en el informe. No obstante, sus responsables
aprecian motivos para la esperanza, como modestos avances en la implantación de
impuestos para amortiguar los costes medioambientales, o el desarrollo de
normativas e instituciones que velan cada vez más por la conservación de la
naturaleza.
Desarrollo sostenible: ¿Un concepto inapropiado? Desde diversos foros se afirma
que la idea de desarrollo sostenible no se ha consolidado porque supone un deseo
ambiguo que no detalla cómo llevarlo a cabo. La mayor parte de esta indefinición
procedería del intento de conciliar las ideas de desarrollo económico y
sostenibilidad, ya que estos dos conceptos se referirían a niveles diferentes.
Ignacy Sachs, consultor de Naciones Unidas, propuso en los años 70 la palabra
"ecodesarrollo" para conciliar la necesidad de desarrollo del Tercer Mundo con
el respeto a los ecosistemas. Sin embargo, no agradó a los círculos más
convencionales, lo que dio pie a que el concepto de "desarrollo sostenible"
fuera ganando terreno.
Asimismo, algunos expertos recuerdan que el término está mal traducido del
inglés y que en su lugar se debería utilizar "desarrollo perdurable", ya que el
desarrollo no se sostiene, sino que perdura en el tiempo. Sin embargo, su
utilización ya se ha establecido lo suficiente como para que pueda modificarse.
Cómo conseguir un desarrollo sostenible
La conservación de la naturaleza es una condición imprescindible para lograr un
futuro mejor. En este sentido, los espacios naturales más emblemáticos, como las
reservas de la biosfera, son "pequeños laboratorios del desarrollo sostenible",
según la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona. España cuenta con 33 de
las 480 Reservas de la Biosfera mundiales, por lo que tiene una gran
responsabilidad que asumir. Doñana, la mayor reserva ecológica de Europa, es
todo un ejemplo a seguir, al ser el primer Espacio Natural español en poner en
marcha un Plan de Desarrollo Sostenible. Además de la conservación
medioambiental, el crecimiento económico y la justicia social son los otros
pilares básicos del desarrollo sostenible, según Isabel de Felipe, profesora de
la Escuela de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid.
"Guerras, efecto invernadero, hambre o destrucción de recursos naturales se
alejan mucho de este ideal", advierte.
Para evitar esta tendencia catastrofista, el estudio de WWF/Adena recomienda
cambiar el estilo de vida en todo el planeta, mejorando la gestión y la
distribución de los sistemas productivos y alimenticios, y reduciendo el uso de
combustibles fósiles. Por su parte, el último informe anual del Instituto World
Watch sobre la situación ambiental del mundo advierte de los peligros de que las
dos superpotencias emergentes del siglo XXI, China e India, utilicen el mismo
modelo de desarrollo insostenible de los países más avanzados. Por ello, los
responsables del estudio instan a una mayor cooperación entre estos países, la
Unión Europa (UE) y EEUU para el desarrollo de nuevos sistemas energéticos y de
eficiencia en el uso de los recursos naturales.
José Santamarta, responsable de World Watch en España, explica que se trataría
de utilizar sabiamente los recursos de petróleo, gas natural y carbón y
organizar la transición hacia las energías renovables, especialmente el
hidrógeno. "Hay multitud de trabajos que indican que a finales del siglo XXI el
consumo energético mundial se podrá basar en energías renovables", afirma.
Asimismo, los expertos apuntan a otra serie de variables para mejorar. Según un
estudio internacional sobre desarrollo sostenible realizado por Globescan,
agencia encuestadora de opinión pública, el 88% de los expertos consultados
opina que las empresas pueden aportar más. En este sentido, la Responsabilidad
Social Corporativa (RSC) debería ser un elemento fundamental de todas las
compañías, algo que no es en absoluto incompatible con la generación de
beneficios. Como apunta Cristina García-Orcoyen, Directora de la Fundación
Entorno, "no conozco un solo caso de empresario que por cumplir con el medio
ambiente haya fracasado o gane menos dinero".
La construcción es una de las actividades económicas con mayor impacto
ambiental, tanto en consumo de recursos naturales y territoriales como por su
contribución al aumento de emisiones contaminantes. Por ello, el criterio de
sostenibilidad es también clave en este sector. La gestión eficiente de la
energía y del agua, la utilización de materiales de construcción naturales y
ecológicos, o la asunción de criterios bioclimáticos son algunos de los factores
que una construcción sostenible debería tener.
En cuanto a las casas ecológicas, a pesar de sus ventajas, continúan siendo una
excepción. Unos costes iniciales mayores -que acaban amortizándose en pocos
años- y la falta de materiales ecológicos y profesionales disponibles en el
mercado explicarían el freno a su expansión. Josep María Riba, presidente de la
Asociación Casa Bioclimática, asegura que "hace falta una crisis en el boom
inmobiliario para que se adopten sistemas de ahorro energético".
En cualquier caso, la experiencia de las últimas décadas demuestra que no
resulta fácil cambiar las inercias de este sector, y que se requiere la
implicación de toda la sociedad. A pesar del aparente inmovilismo del sector,
normativas como el Código Técnico de la Edificación o la nueva Ley del Suelo
podrían ofrecer síntomas de cambio. La Agenda 21, un plan de trabajo compartido
por ciudades de todo el mundo para el aumento de la sostenibilidad, puede ser
también decisivo. Asimismo, las instituciones pueden promover todo tipo de
iniciativas que vayan por la misma línea. Por ejemplo, el Programa Concerto de
la UE propone integrar eco-edificios y energías renovables. España, con cinco
ciudades (Tudela, San Sebastián, Zaragoza, Viladecans y Cerdanyola del Vallés)
es el país europeo con mayor presencia en este Programa.
El transporte es otro de los grandes caballos de batalla del desarrollo
sostenible. Según algunas previsiones, para 2030 habrá 1.400 millones de
vehículos en el mundo, lo que puede llegar a ser intolerable en materia de
consumo energético, contaminación o para la habitabilidad de las ciudades. El
Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) indica que las
soluciones podrían obligar a fabricar vehículos más ecológicos, muy diferentes
de los actuales, y que los países en vías de desarrollo no reproduzcan los
problemas de las naciones más avanzadas.
Por su parte, el gran crecimiento del turismo es otra de las grandes amenazas
para el desarrollo sostenible, al acelerar algunos de los principales problemas
medioambientales, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y de
espacios naturales, o el uso desmedido de los recursos naturales, según fuentes
del Ministerio de Medio Ambiente (MMA). En este sentido, por ejemplo, un turista
consume un 7% más de agua que un habitante de su destino de vacaciones. Por
ello, el turismo ecológico se presenta como una alternativa respetuosa con la
naturaleza, basada en el desarrollo sostenible, que ofrece una opción más
ecológica y saludable, y una mejora de las comunidades locales e indígenas,
evitando su desaparición.
En cuanto a las nuevas tecnologías, instituciones como la Organización de
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las consideran
indispensables en el camino hacia la sostenibilidad. En una reciente conferencia
sobre desarrollo y comunicaciones, la FAO recomendaba reducir la brecha digital
y fomentar el avance de las Tecnologías de la Comunicación e Información entre
todos los ciudadanos.
Qué pueden hacer los consumidores
La Década de la Educación para el Desarrollo Sostenible (2005-2014), una
iniciativa creada por Naciones Unidas y promovida por UNESCO, considera esencial
que el conjunto de la ciudadanía asuma un papel activo en los cambios que hagan
posible la supervivencia de la humanidad y la universalización de los Derechos
Humanos. Víctor Viñuales asegura que los consumidores "podemos y debemos empujar
la sostenibilidad con nuestras decisiones de compra. Las minorías han puesto en
marcha siempre los cambios en la historia. Un 10% de consumidores conscientes
puede remodelar el modelo de producción".
Según la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), el consumo de los hogares es
uno de los mayores responsables de los problemas medioambientales más
importantes. Por ello, esta asociación ponía en marcha recientemente una campaña
sobre la necesidad del consumo responsable como manera de avanzar en el
desarrollo sostenible. Dentro de esta campaña, sus responsables ofrecen un 'ecotest'
para que los consumidores averigüen qué tipo de consumo practican y cómo pueden
mejorar y reducir su impacto sobre el entorno.
Por su parte, la Fundación Vida Sostenible ofrece también información para poner
en práctica un estilo de vida sostenible, y encuestas para que los consumidores
conozcan su huella ecológica, de manera que puedan reducir el consumo de energía
o agua, hacer un uso sostenible del transporte, o mejorar la gestión de los
residuos domésticos.
La sensibilización por los temas medioambientales de la sociedad, especialmente
de sus miembros más jóvenes, es también un elemento clave. En este sentido,
resulta especialmente llamativo un reciente estudio de Ecologistas en Acción,
que concluye que los actuales contenidos de los libros escolares, así como su
propia elaboración y edición, "suspenden en sostenibilidad". Luís Adolfo
Desdentado, miembro de la Asociación Española de Evaluación de Impacto
Ambiental, considera indispensable "que los consumidores sepan que la tierra es
única y para todos; que conozcan qué es el desarrollo sostenible del que se
habla tanto y lo poco que se practica; que con nuestras prácticas de consumo y
eliminación -las dos alas del desarrollo sostenible- todos podemos contribuir a
la mejora del medio ambiente; que exijamos a los que nos piden el voto que velen
por el medio ambiente y que una vez se lo hayamos dado, vigilemos que cumplan".
Sin embargo, en opinión de Cristina García-Orcoyen, los consumidores españoles
no piden con suficiente claridad productos ambientalmente correctos, ni llevan
un modo de vida consciente de los temas medioambientales. "Cuando una persona se
compra un coche, no debería preocuparse tanto por la potencia, sino por cómo se
ha construido, si las piezas son reciclables o qué emisiones contaminantes
tiene". Por ello, Isabel de Felipe considera que el desarrollo sostenible
implica pragmatismo para no caer en la crítica destructiva o en la euforia
excesiva. En este sentido, propone una programación en etapas, que distinga
entre lo deseable y lo factible.
Cómo deber ser un desarrollo sostenible Las principales características que debe
reunir un desarrollo para que pueda considerarse sostenible son:
Mantenimiento o mejora del sistema ambiental por parte de la actividad
económica, así como la calidad de vida de todos los ciudadanos.
Utilización de los recursos eficientemente y promoción de las tres "erres"
(Reducir, reutilizar y reciclar).
Desarrollo e implantación de tecnologías limpias.
Restauración de los ecosistemas dañados.
Promoción de la autosuficiencia regional.
Reconocimiento de la importancia de la naturaleza para el bienestar humano.
Planteamiento de las actividades humanas dentro de un sistema natural que tiene
sus leyes, utilizando los recursos sin trastocar y los mecanismos básicos de la
naturaleza
Gentileza:
boletines@consumer.es
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