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Vencedores de la oscuridad
Aprender a leer y escribir es
como volver a nacer, venir a la
luz del mundo. Así lo sienten
los hijos de esos pueblos
originarios que ahora se sacuden
de siglos de exclusión
Por Margarita Barrio
Para Petronila la vida cambió de
color. Luego de más de cinco
décadas —las mujeres no gustan
de decir su edad— sin derecho a
conocer las letras, ella ha
encontrado el camino del saber.
«No es que ya esté todo hecho»,
dice sin pena. Ella sabe que le
queda mucho por aprender, pero
se ha abierto una ventana que
por muchos años le estuvo
cerrada.
«¿Cuántas veces nos engañaron?»,
se pregunta esta indígena
boliviana. «Ahora que sé leer y
escribir, no pueden negarme las
verdades que siempre me
ocultaron. Puedo estar más cerca
de las cosas de la vida.
Petronila Quispe tiene un
limitado vocabulario. Sin
embargo, las palabras de
agradecimiento le brotan fáciles
cuando se trata de reconocer al
gobierno y al pueblo cubanos.
«Muchas gracias»... y luego me
dice algo que no puedo entender.
«Es aymara —su lengua natal. Es
una frase de halago para
ustedes. También para Evo
Morales, nuestro Presidente.
Gracias a él, a Fidel y a todos
los cubanos yo puedo ver ahora
la luz».
Petronila considera este viaje a
Cuba como una gran oportunidad.
«Mis amigas y yo, en el
Departamento de Pando, en
Cochabamba, hemos crecido.
Ahora, cuando regrese, voy a
decirles a todas las señoras que
hay que seguir estudiando. Les
voy a transmitir el ánimo que he
ganado con esta visita, que ha
sido muy importante para mí, ha
sido un verdadero premio».
Crecí
junto a ellos
Comunicar a los otros lo que ya
sabemos, es un deber. La
alfabetización es una
oportunidad de hacer el bien, de
sentirse útil, de ver crecer a
la humanidad, de ayudar a
terminar con las injusticias que
hay en el mundo.
Así piensa Lenida Roca, una de
las tantas facilitadoras que en
Bolivia han guiado la
alfabetización. Entre sus
alumnas estuvo Petronila, y
otras muchas personas que ponen
todo su empeño para salir de las
penumbras.
«No es solo enseñarles las
letras. No es solo que aprendan
a leer y a escribir. Hay que ser
maestra y psicóloga, porque es
necesario motivarlos para que no
pierdan el empeño de aprender.
«Tienes que tener mucha
paciencia. Hay que enseñarles
todo, desde cómo tomar el lápiz,
hasta que la firma no es lo
mismo que el nombre completo. Y
sobre todo tratarlos con mucho
amor, darles mucho ánimo.
«Son personas que han estado
toda una vida en la oscuridad.
Tienen grandes dificultades para
aprender; incluso entender los
medios audiovisuales y mantener
la atención les es difícil.
«Cuando uno convive con ellos y
conoce sus problemas la tarea se
va haciendo más fácil. Hay que
levantarles la autoestima,
porque se sienten tímidos,
algunos dicen “somos adultos, no
vamos a poder estudiar”.
Entonces hay que demostrarles
que sí pueden, que con voluntad
todo es posible».
—¿A cuántas personas
alfabetizaste?
—El mínimo eran 15, y yo tuve 25
alumnos. Entre ellos había
jóvenes y personas mayores,
hasta de 67 años. Logré que 20
aprendieran a leer y escribir,
los otros siguen hoy realizando
su esfuerzo.
—¿Qué significó verlos aprender?
—Es muy emocionante. Sobre todo
porque son personas que tienen
muchos años de limitaciones. Me
sentí satisfecha, realizada,
porque estaba haciendo algo
útil. Cuando ellos llegan a su
meta, yo llego con ellos.
«Sé que con mi esfuerzo estas
personas lograrán tener una vida
más satisfactoria, alcanzarán
otro nivel, su felicidad es
parte también de mi existencia.
«Yo había abandonado la
Pedagogía, no había terminado
los estudios. Sin embargo, ahora
estoy decidida a seguir en este
empeño, este es mi camino. Yo
crezco junto a ellos».
Un
jóven voluntario
Cuando el joven boliviano José
Arias decidió venir a Cuba para
hacerse maestro, no pensó que
participaría en una campaña de
alfabetización en su país. Su
deseo era ayudar, sabía la
situación de su pueblo, y se
hizo Licenciado en Educación
Especial, en el Instituto
Superior Pedagógico de Pinar del
Río.
«Yo me gradué en el 2005, y
regresé inmediatamente a mi
país. Allí hice algunas
prácticas, y cuando conocí que
se realizaba una campaña de
alfabetización me brindé para
participar, de manera
voluntaria.
«Me incorporé inmediatamente al
proceso, junto a los cooperantes
cubanos y venezolanos. Participé
en el pilotaje a nivel nacional,
y fui supervisor de la puesta en
práctica del Yo, sí puedo».
—¿Por qué escogiste a Cuba para
venir a estudiar?
—Tenía la expectativa de
cualquier joven que quiere ser
profesional, y estudiar una
carrera que me permitiera ayudar
a mi pueblo.
«Con las necesidades educativas
de mi país, la Pedagogía era sin
dudas una buena opción. Conocía
de la experiencia de Cuba en ese
campo, por lo tanto era obvio
que me iba a poder preparar muy
bien. No lo dudé, vine a Cuba y
me gradué».
—¿Qué opinión te merece el
método Yo, sí puedo?
—El método es maravilloso.
Primero lo conocí a través de la
experiencia venezolana, y ahora
pude trabajar con él en Bolivia.
«Es muy bueno, factible, dúctil
y eficiente. Le ha dado la
posibilidad a mi gente de
aprender a leer y escribir en un
corto plazo, ese derecho que por
tantos años se le había negado.
«Y no es solo la instrucción,
que es tan necesaria, sino
también los otros espacios que
se abren cuando llega la
educación. Ahora se pueden
integrar a la vida social y
política. Ser personas
íntegras».
José explicó el trabajó en el
proceso de pilotaje —adaptación
del método a las características
de las personas que recibirán
las clases—, y luego la
generalización —puesta en
práctica de las mismas.
A Pedagogía 2007, el joven
profesor trae un trabajo sobre
su experiencia de ambos procesos
en la cárcel de mujeres de La
Paz, Bolivia.
«Entre mis proyectos inmediatos
está alfabetizarme en aymara,
una de las lenguas autóctonas de
mi país. No tengo la suerte de
hablar ninguna de ellas, y no
puedo perderme esa oportunidad».
Ser
Internacionalista
«Realizo una de las tareas
supremas que puede cumplir un
ser humano. Esta oportunidad de
ser internacionalista en Bolivia
se la debo a los cubanos, que
han depositado una gran
confianza en mí. Es un paso
cualitativo para mí como
persona, y que luego me servirá
para continuar en el proceso
educativo que se realiza en
Venezuela».
La joven Lilian Oropesa es
responsable de la primera
brigada internacionalista de
alfabetización de Venezuela, que
labora en Bolivia junto a los
cooperantes cubanos.
«Participé en la Misión Robinson,
proceso que nos permitió
alfabetizar a 1 582 000
venezolanos. Laboré en el
distrito capital, junto a la
profesora cubana Anny Castillo.
También apoyé la Comisión
Presidencial, como parte del
Instituto Nacional de la
Juventud».
Desde marzo de 2006 Lilian se
encuentra alfabetizando en
Bolivia. «Somos un grupo de 18
compañeros que apoya
metodológicamente el pilotaje.
Procedemos del Frente Francisco
de Miranda y del Voluntariado
Social Juvenil.
«En Venezuela había trabajado en
la asesoría a los facilitadores,
ahora asesorar en Bolivia es un
reto importantísimo. Sin dudas
me permite aprender y
desarrollarme políticamente».
Al calificar el método Yo, sí
puedo, Lilian pronuncia varios
adjetivos: «dinámico, rápido,
fácil, realizable».
De lo conocido a lo desconocido.
Ese proceso de aprendizaje que
hoy cabalga por 16 países del
mundo lleva la luz a aquellos
pueblos que han vivido durante
siglos en la penumbra.
Fuente:
Juventud Rebelde (
www.juventudrebelde.cu/cuba/2007-02-01/vencedores-de-la-oscuridad/
)
Gentileza: Rompiendo Muros [
rompiendomuros@yahoo.com.ar
]
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