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El FBI en las universidades
estadunidenses
Por Gastón Pardo Adital
El nuevo macartismo ensombrece
las universidades estadunidenses
y amenaza con implantarse en el
área norteamericana para en
seguida ir dominando las áreas
educativas del continente. Esto
cunduciría a la mediatización de
la educación, cuyo rechazo ha
comenzado ya en Estados Unidos.
Poco tiempo después de los
ataques del 11S, el Consejo
Estadunidense de Miembros y
Graduados (ACTA), de Lynne
Cheney, esposa del
vicepresidente norteamericano,
publicó un informe espeluznante
titulado Defendamos la
civilización: Cómo nuestras
universidades están fallando a
Estados Unidos y qué podemos
hacer al respecto.Los autores
del documento se quejan de que
"el ámbito universitario es el
único sector de la sociedad
estadunidense que está
claramente dividido en su
respuesta a los ataque sufridos
por EU". Suele etiquetar a las
universidades sospechosas como
"eslabón débil en la respuesta
norteamericana".
El director de inteligencia de
la revista Executive
Intelligence Review, Jeffrey
Steinberg dice que, entre otras
medidas que se dispararon
después de David Horowitz,
presidente del Centro para el
Estudio de la Cultura Popular
proporcionó los fondos a un
antiguo alumno de la Universidad
de California en Los Angeles
(UCLA), de 24 años, Andrew Jones,
para que fundara la Asociación
de Graduados Bruin, grupo
globalista que ofrecía pagar a
los alumnos para que grabaran
las clases de los profesores
sospechosos de ser
izquierdistas. Como consecuencia
de sus "investigaciones", Jones
publicó un folleto titulado
Dirty Thirty («Los treinta
abominables»), en el que
denunció a otros tantos
profesores a los que se hizo
blanco de ataques por sus
inclinaciones izquierdistas. Hay
una lista en circulación que se
refiere a 28 de los 30
anunciados. Dos "están por
anunciarse". Entre los primeros
se encuentran Doglas Kellner,
Gabrielle Piterberg, Robert
Watson, Sondra Hale, Saree
Makdisi y otros.
En cuanto el entramado de las
denuncias fue hecho público,
Horowitz despidió a Jones,
aunque en febrero de 2005 el
dirigente del Centro para el
Estudio de la Cultura Popular
presentó su libro The professors:
the 101 Most Dangerous Academics
in America. cuya publicidad
recibida lo decía todo: Pronto
en tu universidad más cercana
habrá terroristas, racistas y
comunistas; tú los conoces como
los profesores. Los académicos
radicales actuales no son la
excepción sino la legión. Lejos
de de ser inofensivos escupen un
antinorteamericanismo violento,
predican el antisemitismo y
celebran el asesinato de
soldados y civiles
norteamericanos; todo mientras
cobran dólares de los impuestos
y las colegiaturas para que
nuestros hijos sean
inductrinados.
Para septiembre de 2005, la
campaña de terror sembrada por
Lynne Cheney y David Horowitz
había creado ya las condiciones
para que el FBI entrara
directamente a los claustros
universitarios. El 15 de
septiembre el director del buró
Robert S. Mueller anunció la
creación de la Junta Consultiva
de Seguridad Nacional en la
Educación Superior, que será el
enlace para la colaboración de
los cuerpos docentes
universitarios con el FBI. Su
objetivo es combatir el
espionaje y la subversión en las
universidades. En ese engranaje
de vigilancia el papel de la
junta consiste en controlar el
destino de los millones de
dólares que las universidades
reciben de sus benefactores para
labores de investigación y
desarrollo de la técnica.
La
obsesión por el terror
Aaron Yule, miembro de la
redacción de « EIR» en español
agrega que la política del
gobierno de Bush ha sido el
combate al terror, no sólo en el
exterior, en otros países, sino
también entre sus propios
ciudadanos. Se está utilizando
la propaganda más aterradora
para mantener a la población
estadunidense en un estado de
incertidumbre total y de miedo
para hablar de las medidas de
Bush.
No obstante los esfuerzos por
atemorizar a los ciudadanos y
los menores de edad mediante la
difusión masiva de mensajes
alarmantes y generadores de
paranoia, no han podido evitar
la resistencia de muchos jóvenes
al clima de demencia que intenta
implantar el gobierno bushista.
Ha sido el entusiasmo de los
jóvenes en edad universitaria
por poner punto final a la
locura desenfrenada del gobierno
federal lo que está haciendo que
renazca el optimismo ante la
posibilidad de que el Partido
Demócrata llegue a significar un
cambio absoluto si llega al
poder en las próximas elecciones
federales de 2008.
¿Una
educación para el imperio?
El primer intento de legislar
sobre la implantación del miedo
data de principios de 2003
cuando llegó la fecha de renovar
el Título VI de la Ley de
Educación superior de 1965, que
proporciona financiamiento a los
programas universitarios del
país. La ley ha sido muy
importante para reglamentar el
funcionamiento de las escuelas,
pero en septiembre de ese año se
sometió el Proyecto de Ley HR
3077 (Ley de estudios
internacionales en la Educación
superior) ante la la Subcomisión
sobre Educación y fuerza Laboral
para reformar el Título VI. La
resolución fue presentada por el
representante republicano Pete
Hoekstra, aunque no fue él el
autor de su contenido. La
autoría del documento es
atribuida a Stanley Kutz, del
Instituto Hoover. Uno de los
cambios propuestos por Kurtz,
con el propósito de detener la
discriminación política, fue el
de que el Congreso "cree una
junta de supervisión a cargo del
Título VI y que determine quién
recibe su financiamiento". Dicha
junta se conoció en la
resolución 3077 de Hoekstra con
el nombre de Junta Consultiva de
Educación Internacional. cuando
a Stanley le preguntaron si
había sido influido por Hoekstra,
respondió: Sí creo que algunos
de sus comentarios son válidos.
No creo que estos estudios deban
usarse para promover un punto de
vista ideológico. Estoy a favor
de que se eduque a los
estudiantes en asuntos
internacionales, no de que se
les meta en un aula para que los
indocrinen en una ideología
política.
La resolución fue aprobada por
la cámara de Representantes el
21 de octubre de 2003. David
Brodsky, escritor y asesor que
tiene varios posgrados en la
Universidad de Yale bautizó la
Resolución 3077 como la ley de
educación para el imperio. Y
merced a la oposición abrumadora
a la resolución, el Senado la
rechazó a fines de 2003 en
espera de pasar a una
subcomisión. Mientras tanto,
Horowitz y otros neocons se
organizan para legitimar los
comités de vigilancia.
Pittsburg.com informó en febrero
de 2005 cuál es el objetivo de
este grupo: La Carta de los
Derechos Académicos es una
declaración de independencia de
la tiranía de opresores
intelectuales en las
universidades. David Horowitz,
presidente del Centro para el
Estudios de la Cultura Popular,
es su padre fundador. Las
universidades dominadas por la
izquierda autoritaria permiten
que profesores de mentalidad
afín cometan actos intolerables
de coerción intelectual contra
quienes no aceptan su ortodoxia
extremista. La Asociación
Estudunidense de Profesores
Universitaruios declaró, desde
el inicio de su actividad en
1915 que la facultad debía
evitar aprovecharse injustamente
de la inmadures de los
estudiantes para indoctrinarlo
con las opiniones personales de
los maestros. Sí, los profesores
alguna vez tuvieron esta ética.
El TLC
hará proliferar el nuevo
macartismo
Esta Carta de los Derechos
Académicos es una verdadera
declaración de guerra contra la
Constitución. También es un
atentado a las leyes
fundamentales de los estados
signatarios del TLC, Canadá,
Estados Unidos y México el
programa globalizador que se
prondrá en marcha en los tres
países, al parecer sin
oposición, como consecuencia de
la persuasión llevada a cabo por
organismos integrados por
globalistas a sueldo. Ellos son
el Consejo de Relaciones
Exteriores (FRC) de Estados
Unidos; el Consejo Canadiense de
Altos Ejecutivos (CCAE) y el
socio mexicano del FRC: el
Consejo Mexicano de Asuntos
Internacionales. Sus propósitos
están enmarcados en el documento
titulado La construcción de una
comunidad en América del Norte.
Su objetivo es nada menos que
establecer un gobierno
supranacional de intereses
privados en la región para el
2010, cuyos confines quedarán
definidos. como lo ha afirmado
el grupo especial, su
recomendación medular es el
establecimiento de una comunidad
económica y de seguridad de
América del Norte, cuyos
confines quedarán definidos por
un perímetro común arancelario y
de seguridad exteriores.
El grupo especial lo copresiden
El banquero estadunidense Bill
Weld; Pedro Aspe, representante
mexicano del nefasto Carlos
Salinas de Gortari, educado en
Harvard; y el canadiense John P,
Manley, ex alto funcionario del
gobierno que encabezó la
Comisión de Seguridad Pública
tras los ataques del 11S.
Es de esperar que la política de
seguridad común anunciada por
estos perros guardianes de la
globalización americana apunte
asimismo hacia las universidades
del área continental. Por lo
pronto, los privatizadores
mexicanos han aplaudido los
primeros pasos en favor de que
la educación pública desaparezca
dejando de recibir fondos
gubernamentales. El desastre de
los centros de cultura ocurrirá
a menos que la inminente
administración demócrata cambie
el rumbo.
Doctor
en filosofia por la Universidad
de los Pueblos de las Américas.
Periodista
Gentileza:
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