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Ya iba herido el caballero que
muere en la batalla
Por José Carlos García Fajardo,
Profesor de Pensamiento Político
y Social (UCM), Director del CCS
"¿Cuándo amanecerá, Tovaricht?",
se preguntaban ante la
revolución bolchevique; pero no
resplandeció la Aurora, con la
luz de la verdad, de la libertad
y de la justicia porque
utilizaron a las personas como
individuos, como instrumentos
para alcanzar un fin utópico. Ya
se sabe que la Utopía sirve para
ponernos en camino y mantenernos
en la búsqueda, ya que la Verdad
no la tiene nadie sino que es
aquello que todos buscamos.
Cuando la locura del
totalitarismo soviético sepultó
los anhelos de humanidad y de
justicia, cegó a sus líderes con
la locura del poder. El vacío
que se produjo no fue llenado
con alternativas solidarias,
endógenas, sostenibles,
equilibradas y de valor
universal. No. Fueron invadidas
por el rencor, la venganza, la
codicia de los mercaderes
occidentales y la
descalificación para sustituir
unos ídolos por otros. Como en
las luchas entre elefantes en
las que quien padece es la
hierba, así padecieron las
personas, el pueblo en cuyo
nombre se tritura y se destroza.
Al totalitarismo soviético, que
ahogó sueños de libertad y de
justicia para los oprimidos, le
reemplazó el materialismo del
capitalismo salvaje, inhumano y
despótico. Esta es la tragedia:
los seres humanos no han sido
respetados como sujetos
responsables sino como objetos
productores y consumidores, que
"no saben lo que les conviene" y
cuyo destino es obedecer para
seguir dando vueltas a la rueda
del molino. Pero esas gentes se
alzan porque tienen hambre,
porque ven morir a sus hijos,
padecer a sus mayores,
contaminarse sus ríos y
agrietarse sus secas tierras;
porque se ven empujados de un
lado para otro de acuerdo con
los intereses de los poderosos.
Es el drama de los pobres de la
tierra, de los desposeídos, de
"los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada, los
ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la
vida; que no son, aunque sean;
que no hablan idiomas, sino
dialectos; que no profesan
religiones, sino supersticiones;
que no hacen arte, sino
artesanía; que no practican
cultura, sino folclore; que no
son seres humanos, sino recursos
humanos; que no tienen cara,
sino brazos; que no tienen
nombre, sino número; los nadies
que cuestan menos que la bala
que los mata" , en palabras de
Galeano.
Esos millones de seres humanos
que vagan por los caminos o
están sentados mientras el
tiempo pasa en las aldeas de
África, de América y de Asia y
que tanto impresionaban a
Kapuscinski, un hombre que vivió
y trabajó en el "paraíso
comunista". Habiendo podido
escapar de él, jamás lo abandonó
ni lo denunció en su tiempo.
Sólo después de la caída del
régimen polaco de Jaruzelsky,
escribió páginas de denuncia y
de tristeza. Pero, en muchas
páginas de Ébano y de otros
libros, se pregunta por la
suerte de estos cientos de
millones de personas que parecen
vegetar sin sentido: "Se vuelve
cada vez más importante para el
mundo la pregunta no de cómo
alimentar a la humanidad -hay
comida suficiente; sólo se trata
de organización y transporte-,
sino de qué hacer con la gente.
Qué hacer con la presencia en la
Tierra de millones y millones de
personas. Con su energía sin
emplear. Con el potencial que
llevan dentro y que nadie parece
necesitar"... Son los que los
desalmados traficantes de uno y
otro lado consideran
"prescindibles". ¡Pero ahora
vivimos en plena revolución de
las comunicaciones! Tan
importante como la agrícola o la
industrial pero que corre el
mismo peligro: prescindir de las
personas más que como objetos de
trabajo o de consumo. Lo que
ellos denominan en su mortífero
argot "cantidades
despreciables", porque ni
producen ni acrecientan
sensiblemente el consumo, es
decir, no producen beneficios. Y
de eso parece tratarse, pues es
el objeto social de la empresa,
en que han convertido a la
sociedad entera.
Pero hoy, no sólo podemos sino
que tenemos que alzarnos en
rebelión por todos los medios a
nuestro alcance pues, utilizando
la filosofía que ha animado a
todos los déspotas absolutistas,
y estos lo son, "la fuerza es
justa, cuando es necesaria" (Maquiavelo
dixit).
¿No está plenamente admitido en
Derecho que es lícito resistir
ante el tirano? Pues hoy, el
Derecho de resistencia se
convierte en Deber de
Resistencia cuando padecen los
más débiles. Gracias a la
globalización y a los medios que
nos acercan y nos hacen
sentirnos vecinos responsables y
solidarios unos de otros. Este
caso es similar a la injusticia
contra la que se alzaron en su
tiempo, los profetas (puestos al
lado de los pobres de Jahvé), o
el Jesús de las
Bienaventuranzas, o el Buda de
la compasión y tantos hombres y
mujeres que se pusieron al
frente de movimientos para
defender a los marginados, a los
ninguneados, a los damnés de la
Tèrre. Cada uno a su modo y sin
que quepan anacronismos
reduccionistas.
Hoy, la humanidad está en
peligro porque padecen millones
de seres humanos, y de animales,
y de plantas y de ríos y de
mares y de cielos y de la misma
atmósfera que como pleroma
envuelve la vida. Porque lo
sabemos, nunca podremos alegar
que no iba con nosotros. Con
palabras de Garcilaso "el
caballero que muere en la
batalla ya iba herido antes de
librarla".
fajardo@ccinf.ucm.es
Gentileza: CCS [
ccs@solidarios.org.es ]
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