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La tercera facultad humana
¿Por qué nos sugieren que hay
tres misiones que cumplir en la
vida, escribir un libro, plantar
un árbol y tener un hijo?
Por Mikel
Agirregabiria Agirre
Los seres humanos somos
complejos y ambiciosos. Ansiamos
mucho de una corta vida. Quizá,
porque sabemos que estamos
dotados de varios y poderosos
talentos. El primero es la
capacidad de pensar, potencia de
la estamos especialmente
orgullosos. Somos animales
“racionales”, porque estamos
dotados de inteligencia. Es algo
único en la naturaleza y ha
permitido a la especie humana un
desarrollo sin parangón.
La segunda aptitud es igualmente
exclusiva: la fuerza de amar. El
afecto, la amistad, la ternura,
la pasión nos convierte en
gigantes espirituales, en seres
que desean amar y ser amados, un
exclusivo don místico que nos
proyecta por encima de lo físico
y de lo material, que recrea
nuestras vidas y nos alza hacia
el cielo.
El corto y reciente tramo feliz
de la Historia de la Humanidad
arranca cuando la Razón comienza
a imperar en la ciencia, en la
filosofía y en la política.
Incluso, siendo optimistas,
podríamos llegar a creer que
vislumbramos una nueva etapa
histórica de fraternidad, de
solidaridad y de justicia si el
Amor estuviese presente en todos
nuestros objetivos y actos.
Existe una tercera potestad
inigualable. Quizá
crecientemente olvidada en
nuestra vanidosa civilización,
especialmente en las clases
sociales más frívolas,
seguramente por quiénes son sus
mejores intérpretes. Esta
potencia humana nos dota de una
dimensión inigualable,
proyectando nuestra existencia
más allá del tiempo y del
espacio. Este máximo poder que
nos asegura la continuidad, la
ubicuidad y la eternidad es… la
maternidad o la paternidad, en
todas sus formas, incluida la
docencia, que crean y transmiten
a nuestros descendientes todo
nuestro legado genético,
educativo y cultural para su
perpetuación y perfección.
Según Víctor Hugo, cada uno de
nosotros posee en sí tres
centros para cumplir su función
terrenal: el cerebro, el corazón
y el vientre. Cada uno de estos
centros es augusto para una gran
función: pensamiento, amor y
concepción. Son tres poderes con
muchas semejantes: son dolorosos
inicialmente, cuesta aprender,
amar y procrear; infinitamente
gozosos cuando se descubre la
alegría que encierran; y son
irreversibles porque marcan
nuestro destino definitivo. Sólo
con el desarrollo de estas tres
posibilidades, al máximo
posible, humanizaremos nuestra
realidad y nuestro futuro.
Gentileza:
Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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