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Lisandro de la Torre: Crónica de
un suicidio patriótico
Un nuevo día de Reyes Magos nos
recordó el suicidio de Lisandro
de la Torre. En esa fecha puso
fin a su vida, en 1939,
disparándose un tiro en el
corazón, tal como lo hicieran
antes otros líderes y como
después lo hizo René Favaloro.
Todos ellos, lo hicieron con la
intención de dejar bien en claro
que no fueron pensamientos
erróneos o indignos, formados en
sus mentes, los culpables de tan
tremendas decisiones.
Muy por el contrario, sabedores
que sus ideas servirían de base
para que sus discípulos
continuaran sus obras,
prefirieron destruir
definitivamente sus corazones,
que hacía rato los tenían
lacerados.
Lacerados por el desdén de los
incapaces envidiosos y la falta
de reconocimiento de la mediocre
mayoría.
Ese fue el final de la vida de
Don Lisandro. Rodeado de la
lisonja de amigos personales que
adquirían prestigio y
candidaturas a su lado, pero que
no compartían en lo mínimo, su
posición frente a la
problemática social, ni en la
defensa de la economía nacional
frente al imperialismo
extranjero.
Sólo el simpatizante anónimo lo
secundaba a muerte. Muy pocos
dirigentes del partido que él
fundara (Demócrata Progresista)
comulgaban con todas sus ideas.
Muy pocos con la reforma
agraria. Muchos menos con la
igualdad de oportunidades para
todos, especialmente en la
educación superior.
Muy pocos fueron como Luciano
Molinas (ex gobernador de Santa
Fe). Leal en todo.
Y esa fue la imagen que nos
quedó de Lisandro: El Solitario
de Pinas, un anciano que quedó
solo en el Congreso y parecía
estar solo en la vida.
Digo parecía, porque su
trayectoria le había acercado
amigos inesperados.
Inimaginables.
Julio Irazusta (presidenciable
del radicalismo antipersonalista,
posteriormente Pte. de la Acad.
Nac. de Historia y de quien soy
discípulo) me confió que De la
Torre fue "apretado" por los
poderes políticos y económicos
de su época, pero que él no se
rindió a esa presión.
Se lo amenazó con un escándalo
para después del pedido de
quiebra por la deuda de la
compra del campo de Pinas que le
fuera entregado en un préstamo
"a pagar a muy largo plazo" por
el Banco Español, como
retribución simbólica por
haberlos defendido en un juicio
multimillonario, que ganaron
gracias a él. Un verdadero
regalo persa que a la postre le
costó la vida.
Desgraciadamente De la Torre no
pudo concretar el pago total,
por las continuas sequías en La
Rioja.
Un caso de "fuerza mayor". Para
nada indigno.
Había devuelto el campo,
perdiendo pagos, pero el valor
de reventa en ese momento (con
tantas sequías) era muy inferior
al originario. Por eso el Banco
Español le pediría la quiebra.
Un paso lógico para volver el
campo a cero y ponerlo de nuevo
en venta.
Todo esto, con un comerciante
común, hubiera sido corriente,
Pero De la Torre no era un
comerciante minorista.
Era el enemigo Nº 1 de los
conservadores.
Sabemos que en una actividad
comercial, cuando las cosas van
mal y el pasivo es mayor que el
activo, se pide la quiebra. A
veces la pide el mismo
comerciante arruinado.
Si no existen maniobras dolosas,
si se obró de buena fe, se
entregan todos los bienes y
activos y se prorratea el pago a
los acreedores, después de
levantar las hipotecas.
Como el problema aquí era el
valor de reventa del campo, que
a causa de las sequías era muy
inferior al valor original de la
compra, la quiebra sería muy
abultada.
Los conservadores tenían ahora
la oportunidad de vengarse del
debate de las Carnes en el que
fueron desenmascarados como
infames traidores a la patria.
Se había montado un show
espectacular para después de la
quiebra. Esa fue la gota de agua
que rebalsó el vaso.
La tarde del 5 de enero de 1939,
víspera de su muerte,
conocedores del circo que se
había montado, personajes muy
diferentes fueron a ofrecerle su
ayuda:
Peters, el dirigente comunista
de los obreros de la Carne, de
aquellos que dejaron caer el
famoso cajón con la contabilidad
oculta de un frigorífico, en el
sonado debate de Las Carnes y
los Hnos Rodolfo y Julio
Irazusta.
Los Hnos. Irazusta fueron
quienes le entregaron a Don
Lisandro la primera
documentación, la del
frigorífico Gualeguaychú,
fundado por su familia y que fue
la médula del debate de las
Carnes.
Los Irazusta le llevaban ahora,
el aval financiero de los
mayores ganaderos de la
provincia de Bs. As. (todos
rosistas). Esos ganaderos se
harían cargo del activo y del
pasivo. También se harían cargo
del campo, que recobraría su
valor cuando pasara la
extensa sequía de La Rioja, con
sus nefastas consecuencias.
Julio había organizado la
"vaquita rosista". Había que
esperar un par de años para
recuperar el dinero. Estaba en
lo cierto. Manubens Calvet , que
fue luego el nuevo propietario
de Pinas dijo en 1941, justo dos
años después, que esa compra fue
el mejor negocio de su vida.
Aquella visita de Peters y los
Irazusta, a De la Torre fue
histórica: él agradeció la
información que le traía Peters
(se notaba que ya la conocía)
pero declinó la ayuda de los
ganaderos que cubría el total de
sus deudas.
Si la ayuda hubiese sido de sus
amigos personales quizás la
hubiera aceptado, sólo por no
ofenderlos.
Pero sus amigos, viejos
conservadores, ni siquiera
intentaron un plan salvador como
lo hicieron los rosistas, que
admiraban en serio la defensa
que hiciera Don Lisandro de la
ganadería nacional y por ende,
del país.
Algunos de aquellos amigos,
porque eran mezquinos, otros
porque vivían de apariencias y
en los bolsillos sólo tenían
pelusas.
De la Torre no aceptó esta
última broma del destino, de
tener que recibir la ayuda de
extraños, viendo cómo los
"amigos" pudientes se borraban.
Prefirió pegarse un tiro.
Para entender mejor esta
situación, basta compararla con
lo ocurrido con Favaloro.
Todo esto lo hice público recién
el 5/1/1999, cuando lo publiqué
en La Capital de Rosario. Fue un
pedido de mi maestro, fallecido
en el 82.
No quiso lucirse en vida con su
actuación, al igual que los
ganaderos de Bs.As. Pero me
pidió que la confirmara con
Luciano Molinas y que la dejara
escrita.
-- La historia no debe tener
lagunas – siempre me repetía.
¿Se habrá enterado de esto,
Pignas, si es que alguna vez se
entera de algo cierto?.
Pues bien: la visita de Peters y
los Irazustas personas de tan
diferente extracción, la víspera
de la muerte de Don Lisandro,
nos da la pauta de porqué la
población en general,
simpatizantes y contrarios,
lloraron la muerte de nuestro
viejo querido.
Yo tenía nueve años cuando murió
De la Torre. Estaba en Córdoba
con mi madre y una prima de
ella, en una pensión de las
sierras. La noticia llegó al día
siguiente con el informativo de
la radio. Los turistas se
agolpaban en el patio. Las
mujeres tenían húmedos los ojos.
Mi madre lloró.
Ese día, sin firmar ninguna
ficha y sin esperar a los 18
años, me hice latorrista.
Así fue como muchos chicos de mi
tiempo se convirtieron en sus
seguidores. A esa edad en la que
no entra aún la reflexión. ¿Por
qué aquellos niños y jóvenes
fuimos atraídos por ese anciano
sin poseer los conocimientos
necesarios para valorarlo?.
Todos sabemos que a los chicos
normales, les atraen los
abuelos. Sienten, con esa
percepción natural, que ellos
les dan una imagen sintética de
lo que es una vida que habrán de
consumar y que si esa existencia
fue notable deberán tomarla por
modelo. Es que todos, al nacer,
traemos un instinto.
Lamentablemente llega el hombre
pronto a una edad en que pierde
ese instinto y sucumbe ante las
exigencias del consumismo y del
sistema. A otros, ahora, el
sistema mismo, directamente los
excluye y los degrada.
Pero a esa edad el niño no ha
llegado aún. Está en un tiempo
en que se ama al anciano.
Fue por eso que a muchos de
nosotros nos atrajo la figura de
Don Lisandro. Cuando llegaba al
final de su existencia. Sin
haberlo estudiado, sin haberlo
leído, sólo por impulso.
Al examinar su vida y su obra
confirmamos luego nuestra
primera percepción.
Preguntemos a cualquiera, qué
imagen recuerda de Lisandro De
la Torre y nos dirá que es la
del anciano. Porque ésa es su
hora más gloriosa, cuando se
convirtió en un muerto por la
patria.
Aquel fue su último mensaje.
Sabedor que la imagen de su
vejez venerable sería el lumen
de la juventud futura, prefirió
morir antes que la mancillaran.
Gentileza: lelio merly [
leliomerlifiscal@hotmail.com
]
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