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Seres fríos y ordenados
Conversaciones de sobremesa
entre un filósofo y un físico
Por Mikel Agirregabiria Agirre
Mi amigo José Mari me comenta,
no sin una cierta admiración, lo
cerca que vivimos del frío
respecto a las altas
temperaturas que es posible
alcanzar. Quizá sea fruto de
alguna de sus recientes lecturas
de divulgación científica, pero
sigue sorprendiéndole que la
temperatura más baja que nunca
se podrá rebajar es de ‘sólo’
273ºC bajo cero, mientras que no
existe límite en la naturaleza
para el calor, alcanzándose los
miles de millones de grados en
el interior de las estrellas o
en laboratorios terrestres.
Los seres vivos habitamos un
planeta que, en su superficie,
oscila entre los -90ºC (mínimos
de la Antártica) y los 60ºC
(máximos del Sahara), siendo la
temperatura interna en el caso
de los seres humanos de 37ºC,
con muy poca posibilidad de
variación. ¿Por qué estamos tan
cerca del mínimo absoluto y tan
lejos del máximo en la escala de
temperaturas?
La temperatura mide el estado de
agitación, de desorden de las
moléculas que componen el objeto
observado. Si se trata de agua,
por ejemplo, por debajo de los 0ºC
está organizada como hielo, en
estado sólido con moléculas en
una red que vibra, cada vez
menos según disminuye la
temperatura. La ciencia
establece que el movimiento
molecular, de cualquier
sustancia, cesa a la temperatura
de -273 ºC, el cero absoluto en
grados Kelvin, cuando el ‘orden’
y el frío son máximos.
Continuando con el caso del
agua, en el intervalo de 0-100ºC
(a una atmósfera de presión),
las moléculas pasan a estado
líquido, rompiendo su estado
cristalino y deslizándose unas
sobre otras, de modo que
manteniendo su volumen- adoptan
la forma del recipiente. Al
superarse la temperatura de
ebullición, las moléculas se
volatilizan y espacian hasta
ocupar todo el volumen
disponible, aumentando su
velocidad y dispersión según
crece la temperatura.
Dado que el grado de quietud y
reposo está determinado, el
mínimo de temperatura es
definible y acotado, pero el
nivel de desorden, caos y
agitación… puede ser ilimitado,
como la temperatura. Para vivir
necesitamos una cierta
adaptabilidad, por ello nuestro
organismo está compuesto por
tejidos más líquidos que
sólidos, con un orden
relativamente alto, propio del
frío. Definitivamente, entre los
extremos físicos posibles, para
estar vivos hemos de mantenernos
como seres ordenados y fríos.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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