|
La discriminación racial
“¡Oh pena de los gitanos! Pena
limpia y siempre sola. ¡Oh pena
de cauce oculto y madrugada
remota!” Federico García Lorca.
El
Racismo conduce a la ley de la
selva
La distribución de la riqueza ha
sido sustituida, paulatinamente,
por el asistencialismo, el rico
ha dejado de ser el oponente del
pobre y son los mismos pobres
los que se enfrentan entre sí, y
el Tercer Mundo se ha ido
trasladando a cualquier barriada
marginada de nuestras ciudades.
De esta manera se están creando
sociedades diametralmente
opuestas y cada vez más
radicalizadas en sus posiciones
dentro de las mismas zonas
geográficas.
La no discriminación por razón
de raza fue la conquista más
importante que brotó sobre las
cenizas de la Segunda Guerra
Mundial. El genocidio nazi
horrorizó a los propios nazis
que pudieron comprobar que la
monstruosa crueldad del hombre
es ilimitada.
El racismo conduce directamente
a la ley de la selva, como si el
hombre no hubiera avanzado nada
desde las cavernas.
Los racistas, como todos los
fanáticos, siempre encuentran
sectores que los animan en sus
comportamientos. Son aquellos
ciudadanos que incitan a los
actos vandálicos tales como la
quema de viviendas, los
linchamientos públicos o la
prohibición de acceso de menores
a los centros de enseñanza. Los
movimientos racistas amenazan
con seguir creciendo, incitando
a la xenofobia y actuando sobre
determinados sectores de los
barrios marginales.
Nuestra Constitución que
proclama el fin de la
discriminación, generó la
esperanza de un cambio de
actitud con respecto a las
minorías étnicas. Sin embargo,
el fenómeno racista se sigue
manifestando en nuestro país a
niveles preocupantes.
En España es la comunidad gitana
quien soporta de una manera
acuciante los comportamientos
racistas. A la marginación y
miseria de familias enteras
gitanas se une un nuevo
componente, el miedo a que
grupos de vecinos o patrullas
ciudadanas extremistas cometan
las mismas barbaridades, que en
ciertas poblaciones,
obligándoles a desalojar sus
domicilios.
Los pueblos necesitan de su
cultura para seguir siendo
pueblo, para seguir viviendo. Lo
adecuado es la comprensión, el
respeto y el fomento de la
entidad cultural gitana. La
cuestión gitana no es sólo un
problema a resolver, sino que
debe ser también una cultura a
descubrir y asumir.
Los comportamientos racistas
nunca debieran tener cabida en
una sociedad democrática y el
derecho penal debe responder
adecuadamente para erradicar los
comportamientos racistas y
xenófobos. Es lamentable que
existan personas en nuestro país
que se jacten públicamente de
impedir el acceso de los niños
gitanos a las escuelas pero más
lamentable es que se carezca de
tipos delictivos adecuados que
penalicen dichas actitudes.
El racismo y la xenofobia es la
batalla del momento. Todos hemos
de colaborar a que estos
problemas sean afrontados sobre
unas bases sólidas de
entendimiento y solidaridad.
Pero en este combate, como en
otros muchos los medios de
comunicación social juegan un
papel importante y deben estar
atentos al silencio sonoro y al
grito sordo de las minorías. Y
es que, como dijo el poeta: “Si
los silencios no hablasen /
nadie podría decir / lo que
callan las palabras”.
www.arrakis.es/~aarias
Gentileza: Francisco Arias [
aarias@arrakis.es ]
aginadigital |