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Obstáculos a la educación
Por Jesús Salamanca Alonso
La
sociedad actual está inmersa en
un cambio acelerado de
conocimientos y de procesos
culturales y productivos. Eso
hace que se requiera una
formación más prolongada y más
versátil, de forma que la
persona sea capaz de adaptarse a
las exigencias de cada momento y
a nuevas situaciones. Hoy la
educación permanente, a través
de la educación de personas
adultas, se ha convertido en una
exigencia, en un reto y en una
necesidad.
Nadie puede negar el principio
transformador que se otorga a la
educación. Quien piense que ese
principio es cuestionable, no
hay duda que está alejado de la
realidad; máxime, si somos
conscientes que la educación es
el principal camino para
eliminar los desequilibrios y
las desigualdades sociales.
Durante muchos años hemos
planteado otro principio
evidente, aunque no han faltado
detractores, y es que en el
ámbito de la educación de
personas adultas se manifiesta
de forma continua el principio
de reciprocidad: si bien es
receptora de las posibles
necesidades socioculturales a
las que ha de dar respuesta,
también debe fomentar, generar y
desarrollar proyectos orientados
a la participación y
dinamización de la colectividad
o del grupo al que va destinada.
No es ningún secreto constatar
aquí que la formación de las
personas adultas es clave, y no
menos decisiva, ya que se
orienta a la consecución de la
autonomía personal, a potenciar
la autoestima, a propiciar la
participación social, política,
cultural y económica.
Igualmente, dicha formación es
clave en el plano laboral, desde
el momento en que muchas de las
ofertas formativas se encaminan
a la creación de ocupación.
Hay comunidades autónomas, como
es el caso de Castilla y León,
que han tardado en reaccionar y
evolucionar varios años hacia
una realidad evidente, como es
la modalidad de oferta parcial
en determinados ciclos
formativos de formación
profesional específica,
orientados al alumnado mayor de
dieciocho años; es decir, al
alumnado propio de los centros
de EPA. No podemos olvidar cómo
desde la dirección general de FP
no se admitía en la Ley de
Educación de Personas Adultas la
expresión "educación a lo largo
de la vida", cuando era un
término que en Europa se
mantenía en toda la
documentación referida a la
educación continua. Hubo que
esperar varios años para que
'cayeran del burro' algunos
políticos de segunda fila;
precisamente quienes hoy admiten
ese término en documentos donde
ni siquiera encaja en muchas
ocasiones. Cada vez es más común
comprobar cómo se confunde lo
que está de moda con lo hortera.
Sin duda lo más triste es
comprobar que desde la
titularidad de algunas
direcciones generales de
formación profesional se
reacciona tarde y una vez que se
han visto los resultados en
otras comunidades autónomas. Y
si esa postura es apoyada desde
las propias consejerías, estamos
ante una pérdida injustificada
de tiempo y ante una
incompetencia reprochable. Cada
vez más, los incompetentes
dirigen estamentos de la
educación que más que estamentos
parecen estafermos. Y es que hay
excesivos departamentos
'bandurria' en algunas
consejerías de educación.
Esa formación a lo largo de la
vida, a la que venimos
aludiendo, debe avanzar en
paralelo con los cambios
generados en la sociedad. De ahí
que la colaboración entre las
instituciones públicas y
privadas sea imprescindible. Y
no sólo entre las citadas
instituciones, sino también con
las entidades sociales que
tengan iniciativas y
responsabilidades en la
formación de personas adultas.
Gentileza:
Jesús Salamanca Alonso [
jsaa0042@endrino.pntic.mec.es
]
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