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Historia de la defensa de
Virikuta
Desierto de San Luis Potosí
Por Tunuary y Cristian Chávez
Los wixaritari (los huicholes)
mantienen una relación muy
profunda con Virikuta: el lugar
sagrado del oriente, al norte
del estado de San Luis Potosí,
donde los peregrinos más
primeros nacieron el sol y
continuaron su andar iniciado en
San Blas. Los centros
ceremoniales de las comunidades
wixárika visitan Virikuta cada
año, hacen el costumbre y
continúan la vida.
Cuenta don Simón, maraka'ame y
autoridad moral de la Comunidad
Autónoma de Bancos de San
Hipólito, en territorio wixárika,
que cuando los más antiguos
peregrinos y fueron en busca de
la lumbre, como en todos los
lugares visitados, unos cuantos
se quedaron cuidando Virikuta,
recibiendo siempre el regreso de
aquellos que siguieron su andar
hacia Teakata en búsqueda del
fuego y se quedaron en Tateikie
o en T+apurie o en Waut+a y
otros lugares que sólo ellos
saben.
Del mar al desierto se formó un
territorio de todos, cada quien
con sus formas de caza, siembra
y recolección. En el desierto
los pueblos chichimecas, los
huachichiles, hicieron de
Aridoamérica su casa, dejaron
ofrenda en su gran templo e
hicieron cultura del mezquite,
el nopal, el venado y la
serpiente.
En Mesoamérica las tropas
españolas invadieron, saquearon,
asesinaron, enfermaron y
reclutaron para su servicio a
los pueblos primeros de la zona
sur. Ordenaron que se le
ofreciera la libertad a los
tlaxcaltecas que entregaran la
cabeza de un "salvaje", (como
llamaron a la gente del
desierto). Grandes tropas de
tlaxcaltecas y españoles se
adentraron en Aridoamérica con
esa encomienda.
En su serie La gente del
mezquite, Carlos Manuel Valdés
cuenta que los huachichiles los
vieron llegar y respondieron con
la guerra. En principio casi
toda la sangre fue de españoles
y tlaxcaltecas: nunca esperaron
lo duro que sería el desierto.
Los huachichiles se dejaban ver
por los enemigos, los adentraban
en las espesas nopaleras y ahí
los perdían. La mayoría de las
tropas enemigas moría de sed y
hambre, mientras los
huachichiles, invisibles pero
muy cerca de ellos, se
alimentaban de tunas, nopal,
venado, jabalí y serpiente,
¿Agua? la que contenían las
tunas era suficiente.
Los españoles reclutaron a los
chichimecas en misiones, los
convertían en esclavos y les
enseñaban la religión católica.
Los huachichiles se aliaron con
otros grupos chichimecas y
atacaban las misiones para
liberar prisioneros.
Un viejo de Real de Catorce
cuenta que la Misión de
reclutamiento al mando del
marqués de Cadereyta fue tomada
por un grupo chichimeca que
quemó los primeros títulos
virreinales de las haciendas y
liberó a los huachichiles
reclutados.
La guerra contra los chichimecas
continuó con las haciendas. En
Virikuta, las tres más
relevantes fueron la Hacienda de
Santa Gertrudis, la de Dolores y
la de Laguna Seca.
Los huachichiles fueron
modificando su cultura peregrina
y guerrera, se asentaron y
aprendieron a cuidar, ordeñar y
limpiar animales desconocidos:
vacas, chivas, gallinas y
caballos --lo más parecido a los
venados que veían correr fuera
de la hacienda y las misiones.
En 1937, las haciendas se
desintegraron formando ejidos:
Yoliatl con 16 320 hectáreas;
Margaritas que, ampliado en
1944, hoy tiene 5 720 hectáreas;
Ranchito de Coronados, con 25
550 hectáreas que corresponden a
tres haciendas desintegradas:
Laguna Seca, Santa Gertrudis y
Dolores; Tanque de Dolores,
fundado en 1937 cuenta con 16
664 hectáreas de las que en 1
097 se siembra maíz, frijol y
calabaza.
Los ejidatarios descienden de
los antiguos huachichiles y
pastorean chivos (unas cincuenta
cabezas por familia) siembran
maíz, aunque en la cosecha sólo
obtengan pequeñas cañas de
rastrojo por la falta de lluvia,
y guardan formas ancestrales de
caza, recolección y rastreo.
Apenas hace cuarenta años,
familias completas se
desplazaban la mitad del año, al
modo nómada, a vivir en las
cuevas de la sierra de La
Grulla, el resto del año
sembraban.
La falta de lluvia en Virikuta
se ha vuelto más aguda desde la
invasión de las agroempresas de
jitomate que hallaron en el
desierto superficies planas y
aguas profundas para sus
cultivos. Avientan cohetes al
cielo para dispersar las nubes a
fin de que la lluvia no los
perjudique, pero la lluvia no
sólo deja de caer sobre el
jitomate; tampoco riega el maíz,
sustento de los pueblos
antiguos. Al no cosechar maíz la
gente no tiene otra opción que
irse a Monterrey a trabajar
embotellando Pepsis, construir
fábricas, coser pantalones,
rociar químicos o respirar
metales en las minas. A los que
se quedan les pasa igual: rocían
químicos en las tomateras,
trabajan en las minas o cosen
pantalones en la maquiladora
asentada en Catorce.
Virikuta está cruzado por un
corredor industrial que conecta
Estados Unidos con las costas
del Pacífico y los mercados
orientales, y abre puerta al
territorio indígena del sur. El
corredor Nuevo Laredo-Manzanillo
es una vía fácil de transporte y
maquila de mercancía. En lo
local diseña subcorredores en
todos los estados que cruza. El
gobierno potosino diseñó un Plan
de Desarrollo Urbano del Estado
de San Luis Potosí 2000-2020, en
cada municipio, que contempla
caminos, terracerías,
electricidad e infraestructura
para servir a maquiladoras,
minas y tomateras, utilizando la
mano de obra de los
descendientes de los antiguos
huachichiles --ya no en misiones
como en tiempos de la Corona
española, sino en la
agroindustria multinacional.
Estas antiguas tierras que
vieron nacer el mundo y donde a
cada segundo los más primeros
trabajan por la continuidad de
la vida, son invadidas y
saqueadas. A escasos 200 metros
del ojo de agua de Tatei
Matinieri, en el ejido de
Yoliatl, pasa una amplia
carretera que facilitará el
acceso a las tomateras y las
zonas de ganadería
transnacional. Cerca del ojo de
agua de Toi Mayau, en el ejido
San Juan del Tuzal, se piensa
desgajar más montañas para sacar
minerales, ahuecando incluso las
montañas al lado de Leunar, el
Cerro Quemado, sagrado para los
wixaritari.
Los gobiernos estatales insisten
en imponer acuerdos con que
pretenden que la gente del
desierto vigile y denuncie al
pueblo wixárika si hacen algo
que no toleran (como que los
peregrinos wixaritari viajen a
Virikuta sin avisar al
gobierno). No entienden que ni
con dinero ni con muerte
lograrán que cambie la antigua
relación entre los pueblos del
desierto y los wixaritari, pues
son los mismos hombres. El
gobierno supone que podrá
limitar al pueblo wixárika a no
llevarse más de cien cabezas de
jícuri, y molesta a los
peregrinos rezanderos a la mitad
de su antigua ceremonia,
pretendiendo contar las cabezas
de peyote que llevan. Un
wixaritari de T+apurie dijo:
"esto es sólo política, el
costumbre sigue".
Aun con los corredores de
destrucción, el pueblo huichol
ejerce su libre determinación en
el costumbre ancestral y así
refuerza la autonomía de los
descendientes de los antiguos
huachichiles que comparten el
territorio. Como decía don Pedro
de Haro, wixaritari, hermano
mayor de la lucha indígena
nacional, sentado en su uweni
frente al fuego, de regreso de
una peregrinación a Virikuta "
es importante que la gente de
allá no se deje, que no les
venda sus tierras a los gringos
ni trabaje para ellos".
Gentileza: @ volar [
volar_2004@yahoo.com.ar ]
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