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Geopolítica del agua
Por Luis Fuenmayor Toro
América Latina no escapa a la
existencia de disputas y
enfrentamientos por el control
de sus inmensas fuentes de agua
potable. De hecho, en el
subsuelo de Brasil, Argentina,
Paraguay y Uruguay, se encuentra
el Acuífero Guaraní, el cual es
considerado como la tercera
reserva de agua más importante
del planeta, acuífero sobre el
cual el imperialismo
estadounidense ya ha puesto sus
malintencionados ojos y sus
tropas, a través de la
militarización y control de la
llamada triple frontera, con la
excusa de la existencia de
células terroristas
internacionales en la zona. Esto
les ha permitido una presencia
militar creciente, la
realización de ejercicios de
guerra junto con los ejércitos
de los países de la región, todo
lo cual al final les garantiza a
sus transnacionales la
explotación y comercialización
de estas importantes fuentes de
agua.
El Acuífero Guaraní tiene una
extensión cercana al millón 200
mil kilómetros cuadrados, de los
cuales alrededor de un 75 por
ciento se localiza en territorio
brasileño. Incluye las cuencas
de los ríos Paraná, Uruguay y
Paraguay y se comunica hacia el
norte con la hermosa región del
Pantanal y, a través de éste,
con la Amazonia. La zona más
importante de este acuífero la
constituye el corredor
fronterizo entre Brasil,
Argentina y Paraguay, a través
del cual recarga y descarga esta
reserva acuífera y sitio donde
Estados Unidos ha decidido
instalar una base militar, para
lo cual ejerce fuertes presiones
en la región. Sin lugar a dudas
que el agua potable es el nuevo
recurso de carácter estratégico
de éste y de los siglos
venideros.
En el primer artículo de esta
serie (La Razón, A-8, 24-9-2006)
señalábamos la ya crítica
situación estadounidense en
relación con las
disponibilidades actuales de
agua potable. Están en déficit y
consumiendo sus aguas
subterráneas. Esto hace que el
imperio se mueva en la búsqueda
de reservas en otras partes del
mundo, entre ellas las de
Latinoamérica. La invasión a
Irak no sólo les garantizó el
control de los recursos
petroleros de este gran
productor del mundo, sino
también el dominio del agua de
dos caudalosos ríos: El Tigris y
el Éufrates. Así mismo, se
preparan militarmente para ir en
pos de otras cuencas
hidrográficas importantes como
son las del Río de La Plata, la
del Amazonas y la del Orinoco,
así como de los recursos
hídricos de la Patagonia.
En su estrategia por el control
mundial del agua, EEUU no se
mueve solamente en la dimensión
militar, sino que utiliza en
forma importante la estrategia
comercial, a través del Tratado
de Libre Comercio de las
Américas (TLC o ALCA), el cual
considera al agua envasada como
una mercancía más, a la cual no
se le pueden poner restricciones
ni medidas arancelarias de
exportación, que pudieran ser
consideradas como
discriminatorias en el comercio
internacional. La aplicación de
TLC permitiría la extracción y
exportación del agua por parte
de las empresas transnacionales
sin restricciones. Se plantea
entonces una contradicción
antagónica entre los intereses
del gran capital y la
satisfacción de las necesidades
humanas de agua en muchísimos
países del mundo, donde ya se
han producido revueltas
populares por este motivo.
De hecho, dos empresas
estadounidenses, Monsanto y
Bechtel, buscan privatizar en
América Latina el agua de México
y Bolivia, con la consiguiente
escasez y aumento de precio del
vital líquido para la población
en general. Los organismos
financieros multilaterales han
obligado a privatizar los
servicios de agua en Honduras,
Nicaragua y Panamá. La empresa
española Tecvasa trabaja por la
privatización del agua en
ciertas regiones de Colombia,
República Dominicana, Ecuador y
Venezuela, concretamente en el
estado Zulia. Argentina no
escapa a esta política
privatizadora, lo que se observa
claramente en la Provincia de
Córdoba donde entre el 10 y el
15 por ciento de los hogares
tienen privatizados sus
servicios de agua.
La tendencia del siglo XXI es la
privatización de las fuentes de
agua por la acción de empresas
transnacionales o el arrebato de
dichas fuentes por la vía de la
supremacía militar de los países
desarrollados. Se trata del
nuevo reto que deberán asumir
las luchas revolucionarias en el
mundo entero.
Gentileza: Verdad Venezolana [
verdadvenezolana@yahoo.es ]
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