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La experiencia más gozosa
Cuando ya se peinan canas, es
hora de revisar las ocasiones
más felices e inolvidables de
toda una vida
Por Mikel Agirregabiria Agirre
Del nacimiento nadie se acuerda,
pero sí de los primeros años de
una infancia feliz. El parque,
los juegos, los hermanos, los
primos, las vacaciones en el
pueblo, todo fue muy agradable y
digno de recordar. El día de la
primera comunión, con la
sensación de ser el protagonista
por una jornada. Los estudios
acabados, el ingreso en
bachillerato, las reválidas
superadas, la selectividad, la
universidad, la carrera, el
inicio de los diferentes
trabajos, el progreso
profesional, las oposiciones
ganadas,… todo memorable.
Mucho antes, desde la
universidad, el descubrimiento
del amor, el hechizo de la
pasión, el compromiso, la boda,
los años sin hijos, el
nacimiento de la primera hija,
del segundo hijo,… todo
insuperable. Verlos crecer, sus
estudios, sus amores,… todo
inmejorable. Un largo matrimonio
dichoso, una pareja enamorada
con quien compartir todo,… algo
inigualable. De las cosas uno se
acuerda, los coches, las casas,…
pero lo indeleble son las
personas, las ya desaparecidas y
las que nos hacen felices
todavía.
Pero si hubiese que elegir unos
instantes deliciosos, casi
gloriosos, en este momento
elegiríamos aquellos en los que
con los hijos pequeños se revive
la historia de la infancia, el
descubrimiento de lo nuevo, los
viajes, lo novedoso, las fiestas
de celebración. Oír cómo
aprender tus hijos e hijas,
verles comprender conceptos
complejos, sentir su
inteligencia en desarrollo,… eso
es lo más maravilloso que ha
sido otorgado a la humanidad.
Ése sentimiento también se emula
en la docencia, con el alumnado
que aprende ante nosotros. A
quienes ya vivimos esa etapa con
los hijos, nos queda esperar
para revivir la existencia, por
tercera vez, con los nietos.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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