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La educación como ejemplo
En ocasiones, la enseñanza es
noticia por disfunciones
aisladas, pero el sistema
educativo ofrece un servicio
social inigualable
Por Mikel Agirregabiria Agirre
Para la totalidad de la
ciudadanía nuestra sociedad
ofrece un puesto adaptado a las
necesidades de cada persona. No
importa a qué minoría étnica se
pertenezca (todos pertenecemos a
alguna), no importa qué
minusvalía o déficit se tenga
(todos tenemos algunos), no
importa la familia de origen, el
momento de llegada, no importa
nada… entre los 6 y los 16 años
se han dispuesto los necesarios
recursos humanos especializados
e ingentes presupuestos para una
perfecta formación.
Todo el profesorado, en sus
distintos niveles, funciones y
especialidades, todo el personal
de apoyo (conserjes, cocineras,
conductores,…), todas las
instalaciones y servicios,…
atiende durante 10 años a
nuestros hijos e hijas. En la
práctica, la atención educativa
se extiende una media de más de
20 años, desde los pocos meses
hasta pasados los 22-24 años en
el caso de la enseñanza superior
de FP o universitaria (sin citar
la formación continua,
ocupacional o de personas
adultas). Las condiciones son
inmejorables, incluida la
gratuidad para las familias que
no pueden contribuir
económicamente.
Llegará el día en el que los
sistemas de protección social se
ocupen de las necesidades
específicas de atención, en los
casos necesarios, para el
estudio o el trabajo de la
generalidad de la población…
durante toda su vida. Mientras
tanto, el complejo sistema de
educación muestra el camino y
cuida durante un largo periodo
preparatorio a las generaciones
más jóvenes.
Esta custodia es perfectamente
compatible con la transmisión de
un mensaje inequívoco desde la
educación primaria: “Cada
persona debe ir asumiendo, tan
pronto como sea posible, todo el
grado de autonomía y
responsabilidad que le sea
posible, colaborando con su
esfuerzo y trabajo (incluido el
de estudiar) a su propio
crecimiento personal,
profesional y familiar, así como
al bien común de la sociedad en
la que ha podido nacer y
crecer”.
Gentileza: Mikel Agirregabiria [
agirregabiria@gmail.com ]
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