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El niño con gafas
Hace unos años, el uso de gafas
podía suponer una experiencia
traumática para muchos niños,
que tenían que soportar además
de los apelativos cariñosos de
sus compañeros, la incomodidad
de una prótesis que no se
adaptaba a ellos. Sin embargo,
este rechazo a las gafas ha
desaparecido prácticamente,
porque el niño que las lleva ya
no se siente un excepción o un
caso aislado, sino parte de un
amplio grupo.
Son muchos los problemas
visuales que afectan a los niños
de hoy: miopía, hipermetropía,
astigmatismo, estrabismo... pero
entre todos ellos la miopía
parece estar cobrando singular
importancia entre la población
infantil de las sociedades
desarrolladas.
Las fuertes miopías suelen
detectarse a los pocos meses del
nacimiento, sobre todo si existe
un contexto de fuerte
predisposición hereditaria. El
defecto óptico es tan importante
que el desarrollo visual se ve
seriamente comprometido y
limitado tan solo a visión de
cerca. Pero la miopía puede no
ser orgánica o congénita, sino
tratarse de un problema
adquirido a lo largo del
desarrollo visual y ligado a las
condiciones del entorno. En
numerosos casos, la miopía
infantil que aparece a partir de
los 6 o 7 años, es una
adaptación del sistema visual a
las tensiones impuestas desde
fuera.
Se ha constatado, que en los
pueblos primitivos la tasa de
miopía suele ser inferior al 1
por ciento, mientras que en las
sociedades desarrolladas la
miopía puede afectar a más del
40 por ciento de la población.
Algunos signos reveladores de la
llamada miopía escolar, pero no
especifica de ella, son el
acercamiento excesivo del niño a
lo que lee a lo que escribe.
También es significativo que el
niño vuelva a acercarse al
televisor, al poco tiempo de
haberle indicado que se ponga
más lejos.
La mejor medida preventiva
consiste en someter al niño a un
examen de desarrollo visual al
iniciar la escolaridad. Pero no
hay que dudar en hacerlo antes
si el niño presenta una
desviación ocular, mira muy de
cerca, manipula los objetos
torpemente, estima mal las
distancias, tropieza con
frecuencia...
Cuando los niños se hallan de
lleno en edad escolar, se
recomienda hacer un examen de
este tipo todos los años, o
mejor, dos veces al año, una
antes de iniciar el curso para
comprobar que la principal
herramienta para el aprendizaje
se encuentra en perfecto estado,
y otra al finalizar el año
académico, pues es posible que
el sistema visual acuse los
efectos de nueve meses de
esfuerzo y concentración,
efectos que podrán pasar
desapercibidos tras las
vacaciones.
El cambio de actitud de la
población infantil hacia las
gafas se debe no sólo a la
generalización de su uso, sino
también al hecho de que ya no es
el niño quien tiene que
adaptarse a las gafas, sino al
contrario. Las gafas para niños
combinan hoy seguridad,
comodidad y estética. Por otro
lado, las lentes de
compensación. Son especialmente
recomendables en los casos de
miopía progresiva, pues permiten
la estabilización, e incluso la
regresión del defecto óptico.
Por último, el tratamiento de la
miopía puede completarse también
con una reeducación, basada en
el entrenamiento visomotor.
No hay que olvidar que el
desarrollo visual mantiene
relaciones recíprocas con el
desarrollo general del niño, por
lo que toda la atención que le
dediquemos a la visión sólo
puede redundar en su beneficio.
Y es que, como dijo el poeta:”Si
bien se mira / todo lo que los
ojos / ven no es mentira”.
aarias@arrakis.es
www.arrakis.es/~aarias
Gentileza:
Francisco Arias [
aarias@arrakis.es ]
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