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Retórica y emblemática en "El
sueño", de Sor Juana Inés de la
Cruz
Hace unos años, en el IV
Seminario de Emblemática Filippo
Picinelli, celebrado en Zamora,
en el Colegio de Michoacán [1],
exponía yo un pequeño sistema
hermenéutico para interpretar el
Primero sueño de Sor Juana Inés
de la Cruz como una alegoría
simbólica entre cuyos
principales componentes está una
serie de figuras emblemáticas
encadenadas a lo largo del poema
[2]. Haré una descripción
sucinta de esta propuesta antes
de continuar con una serie de
reflexiones centradas, sobre
todo, en las propuestas de
Baltasar Gracián respecto a lo
que él llama “agudeza compuesta
ficcional” y su relación con
ciertas composiciones musicales.
Como sueño enigmático -dentro de
la clasificación ciceroniana de
los sueños- y por tanto lúcido y
continente de una enseñanza, el
de Sor Juana, decía yo, es una
alegoría en segundo término, es
decír un sentido ulterior que
parte de simbolizaciones o, en
términos sorjuaninos, cifras que
están en un primer plano, como
metáforas, conceptos, emblemas o
alegorías simples. Este sentido
ulterior se da como refracción o
traslación, en términos de
Quintiliano [3]. Atendiendo a la
famosa gradación de sentidos en
el Convivio de Dante [4],
propongo, entonces, como método
o lectura interpretativa del
poema, ayudada de la definición
de Rastier de anagogía que
registra Helena Beristáin [5]
(…conjunción de isotopías en lo
poético y en lo místico… [6]),
la siguiente noción: la alegoría
es síntesis de metáforas y
conceptos isotópicos. Gracián la
llama “alegoría continuada” [7],
haciendo hincapié en que es un
sentido único, “una traza,” lo
que sustenta este tipo de
agudeza. Hay que hacer notar que
Gracián no da un apartado
especial a la alegoría en un
sentido complejo o sintético, y
que su mención de la alegoría
continuada sólo la hace en
relación con la alegoría simple,
para ya no volverse a referir a
ella con ese nombre. Asimila,
pues, la alegoría continuada a
las agudezas compuestas de
carácter ficcional usadas para
expresar lo sublime, donde
menciona también las epopeyas y
las metamorfosis, es decir, las
fábulas mitológicas.
Por otro lado, Gracián y todos
sus contemporáneos, como Sor
Juana [8], dan al enigma el
sentido de “sentencia oscura o
propuesta y pregunta intrincada,
difícil y artificiosa,” tal como
lo define el Diccionario de
Autoridades [9], es decir,
adivinanza. Sin embargo, el
término enigma debemos
entenderlo, en principio, como
una oscuridad intencional del
discurso y, por ende, como un
procedimiento; es decir, no es
simplemente una adivinanza, sino
un artificio discursivo basado
en la oscuridad. De esta suerte,
lo enigmático es una propiedad
de la alegoría sintética o
totalizadora. En otra parte me
he valido de esta noción de
enigma como oscuridad virtual
[10], que Gracián atribuye en un
sentido participativo al mote o
lema de los jeroglíficos [11] y
también a la parábola [12], para
referirme a lo que el Pseudo
Dionisio llama símbolo apofásico
[13], es decir, negativo y
monstruoso, esto es, misterioso:
una figura aparentemente absurda
que contiene un sentido
trascendente. Un ejemplo es el
tetramorphos de la visión de
Ezequiel [14] o los sueños del
Faraón que interpreta José [15].
En la clasificación ciceroniana,
los sueños enigmáticos suponen,
pues, una interpretación o
exégesis, tal como la agudeza
compuesta sublime, o alegoría
continuada, de Gracián.
Dados estos antecedentes, habrá
que precisar que las agudezas
compuestas de Baltasar Gracián
pueden ser incomplejas o
ficcionales. En Agudeza y arte
del ingenio nos ofrece sendas
clasificaciones. Las incomplejas
pueden ser la proporción (o
comparación, en términos
actuales), la improporción (o
antítesis), el reparo (o
restauración o retoque, en
términos pictóricos, del que
hablaré más adelante), el
encarecimiento (o hipérbole) y
la alternación o combinación de
las anteriores [16]. Antes de
abordar las ficcionales menciona
las compuestas por metáforas,
donde también se refiere al
panegírico que debemos entender
como hipérbole continuada. Al
tratar las agudezas compuestas
ficcionales, las divide entre
las fingidas en común y las
fingidas en especial. Esta
división la hemos de entender,
aunque no lo explique Gracián,
en cuanto a los casos concretos,
es decir, en cuanto al uso
particular de los
procedimientos, ya sea para
expresar algo natural y de común
entendimiento, o para expresar
algo sublime, como es la
anagogía. Esta diferenciación en
cuanto al uso particular explica
por qué Gracián repite algunas
de las subdivisiones en las
“fingidas en común” y las
“fingidas en especial.” Tales
son los casos de la alegoría
simple y el apólogo, mientras
que los jeroglíficos, emblemas y
empresas son colocados por
Gracián dentro de las agudezas
compuestas fingidas en común y
también en un apartado dedicado
a “otras especies” de agudeza
fingida, donde incluye los
cuentos o chistes, como los del
Conde Lucanor, los mencionados
jeroglíficos, emblemas y
empresas, referidos ahora al
arte de la pintura, y finalmente
las parábolas [17], las cuales
también han sido incluidas entre
las incomplejas.
Ya en el siglo anterior, Fray
Luis de Granada exponía en su
Retórica eclesiástica, al
referirse a la amplificatio, el
partir de las causas, efectos y
circunstancias del objeto
traslato en relación con los
diversos procesos de
amplificación. En los mismos
términos recomienda Gracián
partir del objeto que ha de ser
base de la agudeza, para
realizar, mediante un careo[18]
o cotejo, las elecciones
adecuadas al procedimiento que
ha de seguir. Y si Fray Luis
habla de las distintas formas
descriptivas, es decir, el
encarecimiento, el símil y el
contraste [19], encontramos que
Gracián las enmarca en el inciso
de las agudezas incomplejas, sin
mencionar el término
descripción, puesto que este
procedimiento está comprendido
en las agudezas ficcionales.
Fray Luis, a su vez, en su
clasificación de los tropos,
menciona la alegoría (en un
sentido simple), el énfasis
(sinónimo de enigma, utilizado
varias veces por Sor Juana [20])
y el ejemplo [21]. La propuesta
de Gracián reubica estos
procedimientos o los precisa
según su propia concepción de la
agudeza, a la vez aporta otros
muchos emanados de los cuadros
genéricos: epopeyas, sátiras,
sentencias, diálogos, y otros.
Conviene hacer la observación de
que la Agudeza y arte del
ingenio fue con gran
probabilidad el sustento de dos
conocidos textos novohispanos.
Por un lado, la Carta
Athenagorica de Sor Juana,
compuesta mediante lo que
Gracián llama reparos,
definiéndolos como restituciones
parciales de sentido, y cuya
relación con el arte pictórico
nos permite entenderlos como los
retoques sucesivos de una
pintura, cuya unión final en un
ñudo gordio o nudo gordiano
-para Sor Juana “la mayor
fineza”- es lo que hace del
reparo (“la salida de la
dificultad” [22]), “la más
primorosa” [23] de las agudezas
compuestas incomplejas. Por otro
lado, está el Theatro de
virtudes políticas, de Carlos de
Sigüenza y Góngora, cuya
confección a través de lo que
Gracián llama metamorfosis, es
decir, símiles de lo natural con
lo moral en una semejanza no
necesariamente entera, sino
también parcial, lo hace un buen
ejemplo de las agudezas
compuestas ficcionales.
Tenemos, al fin, una cuestión
central en el procedimiento
general de la agudeza, que
Gracián llama acolutia o
acolucia [24]. En esta noción
encontramos la clave para
interpretar la alegoría
totalizadora y emblemática del
Primero sueño de Sor Juana que
mencioné al inicio de este
ensayo y cuya imagen es la
pirámide, como explicaré a
continuación. Dice Gracián al
respecto de la acolucia que es
la trabazón de los discursos:
esto es, el ajuste, conexión,
acomodación o correspondencia
que se deriva de una ponderación
de las partes -de sus
propiedades y circunstancias-
con el todo del sujeto traslato.
En una nota de la edición de
Evaristo Correa Calderón, sin
que podamos atribuirla con
seguridad a Gracián o al editor,
se habla de una “simetría en la
construcción de las palabras o
frases” [25]. En esta cualidad
de la acolutia basa Gracián la
agudeza toda. Es esa traza única
[26] que une “en un todo
artificioso y mental,” con
“aliño” y “aseo” [27], las
agudezas parciales encadenadas.
Es cabeza de la agudeza, según
Gracián, precisamente la
propuesta universal, hipótesis o
asunto que es objeto de la
figuración. Cuando habla
explícitamente de los
procedimientos pictóricos, como
el emblema, se refiere al sujeto
figurado, es decir, pasivo, por
oposición al figurante o activo.
Es ese todo compuesto en el que
se han de atar las partes a
conformidad, haciendo trascender
a otro plano la significación de
la agudeza completa. Sin esta
cabeza el resultado es, según
Gracián, no scopus (visión
integral) sino rudis
indigestaque moles, dificultades
“sin principio ni fin, y todo
confusión” [28]. Seguidamente
menciona Gracián el meollo del
procedimiento, pues al cotejar
se elige, y al elegir “se corta
a los principios del discurso y
luego se ata” lo correlacionado
con el sujeto. Esto produce,
mientras se realiza, suspensión
atenta del público, la cual se
satisface agudamente al ver
unidos todos los significados
parciales. En este proceso de
cortar y atar yace el mecanismo
interpretativo de la alegoría
emblemática del Primero sueño.
Mientras que la erudición
noticiosa o inventio es el
nutrimento que Sor Juana tiene
de los diversos libros
emblemáticos que estaban a su
alcance, en la dispositio deberá
elegir las connotaciones
específicas de los emblemas
acordes al asunto cuyo sentido
quiere llenar de resonancias. En
esto reside el “corte”
gracianesco, que es por eso
acomodación y ajuste. Es decir,
el emblema no aparece entero en
el poema como está en la fuente
emblemática, sino con gran
frecuencia sólo en parte, según
la conveniencia de determinadas
connotaciones. Adaptados así los
emblemas, y encadenados con
referencia a la propuesta
universal o cabeza, para
interpretarlos hemos de realizar
una lectura de connotaciones
isotópicas. La hermenéutica del
poema debe partir entonces,
primordialmente, de las
isotopías de sus distintos
componentes. El misterio o
enigma que encierra el poema
alegórico debe desentrañarse a
partir de estas huellas
significativas que obligan al
lector, en un intento
hermenéutico, a cotejar las
figuras emblemáticas del poema
entre sí y con las fuentes
emblemáticas del contexto. Este
procedimiento hará elegir unas
connotaciones sobre otras de las
existentes en relación con cada
figura, tal como hizo la autora
al componer el poema. En el caso
del Primero sueño, es la
pirámide misma, desde un punto
de vista anagógico, la propuesta
clave de todas las demás
metaforizaciones: emblema
repetido en diversas partes de
la silva, la pirámide simboliza
la relación entre Dios, el
hombre y la naturaleza (ápice,
eje vertical y base horizontal).
Es por demás interesante que
Gracián se valga del término de
acolutia, el cual aparece no en
la retóricas comunes, sino en
los manuales de liturgia y en
los tratados de música en
relación con el canto
gregoriano. Gracián insiste en
el sentido de orden y conexión,
y es precisamente el que se le
atribuye a la acolucia en la
liturgia ortodoxa, cuyo ritual
es émulo del orden celestial y
tiene una secuencia muy precisa.
Justamente con ese sentido de
“secuencia” la encontramos
referida al canto llano, aunque
no sea exacta la
correspondencia. Las secuencias
y tropos fueron, precisamente,
textos con música acomodados a
una sola sílaba de ciertas
partes cantadas de la misa o del
oficio de horas. Es decir, lo
que en el primitivo canto llano
era una sílaba y una sola nota o
pneuma, en la que empezaron a
introducirse melismas o
descomposiciones en varias notas
de cada sílaba, acabó por
convertirse, mediante la adición
de texto a los pneumas
melismáticos, en todo un
subgénero, ya fuesen frases o
versos, ya himnos completos
correspondientes a una sola
sílaba del Aleluya o del Kyrie.
Las secuencias fueron así, en un
principio, repeticiones
progresivas del último verso del
canto principal del Aleluya; su
desarrollo ulterior como texto y
música llegó a hacer de ellas un
género independiente, el cual
sirvió de base al drama
litúrgico [29]. Mientras tanto,
los tropos -frecuentes en el
Kyrie, sin que necesariamente se
limiten a éste- fueron
inserciones de carácter musical
y poético en las que se vierten
-de ahí el término equivalente
de versus- sentido, tono y
estilo del canto principal.
Actualmente se ha considerado
que hay en los tropos y
troparios medievales una
supremacía de lo musical sobre
lo literario. Sin embargo, en el
momento culminante de su uso,
alrededor del siglo XII, se
consideraba de gran importancia
el contenido textual, a través
del cual los monjes lucían su
gran erudición bíblica,
evangélica y teológica. Este
afán es el que explica
actualmente, más que el posible
origen en la liturgia bizantina,
la existencia de los tropos y
secuencias [30]. La acolutia
será, pues, el orden riguroso y
la conveniencia de los tropos y
secuencias ajustados al canto
principal en la música
gregoriana. No es extraño que
Gracián, un jesuita, se valga de
este término. La connotación
teologal de la acolutia,
referida al procedimiento de la
agudeza, debió ser especialmente
observada también por Sor Juana.
Su relación con el empleo de
jeroglíficos ya está mencionada
por Francisco Terrones del Caño,
a quien Gracián cita bajo los
apellidos Aguilar de Terrones
como el epítome del uso atinado
de las acolucias. En su
Instrucción de predicadores,
Terrones recomienda, al tratar
la inventio, el uso moderado de
jeroglíficos, que, como “una
fabulilla de cuando en cuando,
es una perla.” [31]
Se presenta ahora la cuestión
del empleo de la acolutia en un
sentido exclusivamente retórico.
A diferencia de la canónica
figura retórica de la anacolutia,
la acolutia no implica una
ruptura más o menos violenta del
discurso gramatical, sino sobre
todo un orden determinado de las
partes en el todo. Al provenir
de la terminología
litúrgico-musical, la acolutia
nos coloca en el ámbito de lo
retórico-musical. En tiempos de
Sor Juana ya había pesado la
prohibición que el Concilio de
Trento hiciera de los tropos y
secuencias en la música
eclesiástica, excepto cinco
contados, por los considerados
excesos distractores de los
amantes de la música. Uno de los
que se quejan amargamente contra
“las muchas ignorancias que se
cometen por este mal uso de
atajar la solennidad de las
Neumas…” [32], es Pietro Cerone,
aquél cuyo tratado musical
adaptó Sor Juana en su perdido
El caracol [33]. Al describir el
“Neuma usado en Cantollano”
[34], Cerone defiende los
“muchos puntos” que contiene
cada pneuma en palabras “de
mucho mysterio,” como “Alleluia”:
…es poca cosa en la palabra y
mucha en su Neuma, porque aquel
gozo es mayor de lo que se puede
explicar con palabras; y
entonces hablamos con mayor
eloquencia las obras de la
Omnipotencia diuina, quando
quedando marauillados y atonitos,
las callamos: y entonces el
hombre alaba conuenientemente
callando, lo que no puede
convenientemente significar
hablando. [35]
Algo parecido dirá Sor Juana en
su Respuesta a Sor Filotea, sólo
que aplicado al silencio
elocuente:
…casi me he determinado a
dejarlo al silencio: pero como
éste es cosa negativa, aunque
explica mucho con el énfasis de
no explicar, es necesario
ponerle algún breve rótulo para
que se entienda lo que pretende
que el silencio diga. [36]
Para Cerone, el haber desde
veinticinco hasta cincuenta
“puntos” en un solo “neuma”
obliga a considerar “…que allí
ay algun mysterio encubierto, y
alguna consideracion theologal…,”
como la que él describe
sucintamente de cada sílaba de
la palabra Aleluya. Esta
relación entre el sonido y el
sentido es la que rescata
Gracián al emplear la acolutia
como categoría retórica que
conduce a la agudeza. Sólo que,
para Baltasar Gracián, la
agudeza no radicará en las
palabras en cuanto voces, sino
predominantemente en su sentido.
[37]
La clasificación más aceptada
que se ha hecho de los tropos
musicales es la que aparece en
la Encyclopédie de la Pléiade
[38], tomada de Chailley [39],
su primer clasificador: tropos
de adaptación, de desarrollo, de
interpolación, de encuadre, de
complemento y de sustitución.
Considero esta clasificación
fundamentalmente descriptiva del
fenómeno mismo de los tropos y
sus distintas funciones en la
composición principal. Chailley
atiende al paulatino desarrollo
de tropos y secuencias en cuanto
género musical, pero sus
distintas formas de dependencia
e independencia del texto
amplificado corresponden a una
gradación en la relación y
función que se establece entre
los textos insertos en la
composición básica, en este
caso, el Primero sueño.
Por otra parte, en el encuentro
de Zamora sugerí una serie de
figuras retóricas como las más
adecuadas, dentro de la
clasificación de Vinsauf, al uso
de emblemas en un discurso
poético. Entre ellas estaban,
desde luego, como formas de la
amplificatio: el circunloquio,
la comparación y la descripición.
Además, dentro de los adornos,
los emblemas suelen expresarse
de preferencia como los adornos
los difíciles: la paráfrasis y
la alegoría, y otros más: la
pragmatografía [40], la
expolición, el paradigma y el
icono. No obstante, el recurso
de Sor Juana no sólo a las
propuestas de Gracián, sino a
las propias de otras "series"
[41] no literarias es muy
probable, sobre todo ante la
confluencia barroca de distintas
formas de representación
artística. Era una
particularidad estilística que
los creadores no pusiesen
barreras entre las distintas
artes, sino por el contrario,
aprovecharan las estructuras
subyacentes de las diversas
composiciones de tal o cual arte
específico dentro del propio
programa creativo. Lejos de ser
aventurada, pues, la
consideración de un texto
artístico según diversos cruces
intertextuales y contextuales,
resulta iluminadora de zonas
significativas que de otra
suerte pasarían desapercibidas
en la búsqueda de un sentido
integral de la obra.
Así, podemos valorar la
inserción de los emblemas en el
poema como variantes
compositivas que ponen en juego
las partes con el todo. Este
juego es lo que Gracián denomina
agudeza. De la clasificación de
las agudezas que hace Gracián,
debemos tomar muy en cuenta las
compuestas en especial, no sólo
por su carácter ficcional, que
es el correspondiente a la
representación emblemática, sino
por lo sublime del tema y por
los variados géneros
susceptibles de acomodación en
el discurso básico. Es evidente
que por sublime debemos entender
anagógico o teologal. El
propósito anagógico mismo,
además de la forma concreta de
inserción, va indicando la
relativa importancia (las partes
con el todo y las partes entre
sí) de cada segmento
emblemático. Por ejemplo, los
emblemas de las aves nocturnas
respetan ("musicalmente") el
tema y el tono de la
introducción o pórtico del
Primero sueño, y su naturaleza
retórica es la de la alegoría
simple (representación concreta
de una abstracción), sólo que su
uso particular, la compartida
connotación de la vigilancia
nocturna y teologal, las coloca
entre las agudezas fingidas en
especial. Composicionalmente
corresponderían a los tropos de
adaptación, que son los más
mnemotécnicos de todos y siguen
con estrecha fidelidad el texto
y la melodía preexistentes: en
este caso, el cuadro de la noche
universal. De modo similar
correspondería al tropo de
adaptación la figura de
Harpócrates, pese a su
importancia emblemática, pues
está funcionando en estricta
gramática sólo como aposición o
atributo de la noche y reafirma
su tono y tema, aunque en su
connotación teologal se refiere
al discurso inarticulado propio
de la mística, registrado por
Plutarco y por Kircher, lo que
también lo incluye entre las
agudezas sublimes. Los animales
diurnos coparticipan de las
características figurales de los
nocturnos, sólo que juntos
acceden a otro tipo de
representación emblemática más
compleja, la del consilio o
consejo, de naturaleza
estrictamente anagógica o
teologal. El largo desarrollo
del águila semidormida, que se
repite poco más tarde con el ave
en pleno vuelo, correspondería
no sólo a las agudezas
ficcionales, sino también a los
tropos de desarrollo que, al
intercalar un texto, elaboran
melódicamente lo que aparece en
su modelo, y son los más
conocidos como secuencias o
prosas. El faro de Alejandría
es, evidentemente, además de una
fábula o agudeza ficcional, una
verdadera interpolación. Los
tropos de este tipo intercalan
comentarios entre las palabras
del texto base, y su
originalidad radica en el cambio
de registros melódicos. De
hecho, el carácter de inserción
es propio casi de todas las
apariciones emblemáticas en el
poema sorjuanino, pero la
interpolación es evidente en el
faro y, por ejemplo, en la nave
naufragante. Las últimas clases
de tropos se relacionan con las
agudezas compuestas ficcionales
en un sentido sublime de Gracián.
El tropo de encuadre consiste en
comentarios al principio o al
final de la composición básica,
más que en su medio; de él se
desarrollarán los preludios y
epílogos. El emblema más
parecido al tropo de encuadre en
el poema de Sor Juana es el de
la propia pirámide, por cuanto
inicia y concluye el poema como
sombra de la tierra y luz solar,
además de darle estructura
también desde su desdoblamiento
y superposición en el centro del
mismo. Mas la pirámide tiene a
su vez las características del
tropo de sustitución, puesto que
es la alegoría totalizadora del
Primero sueño y lo parafrasea
emblemáticamente. Es
icónicamente esa propuesta
universal de la que habla
Gracián como cabeza que une o
ata todas las demás agudezas de
significado parcial. Por otra
parte, el tropo de complemento
será en el canto gregoriano
origen del llamado conductus, es
decir, canto lírico que liga dos
momentos del oficio. Hay en el
Primero sueño, ciertamente,
emblemas de transición, esto es,
que sirven para enlazar dos
momentos de mayor importancia
desarrollándolos temáticamente,
como sucede con el de Faetón o
el de Alcides y Atlas.
Para ilustrar más detalladamente
los conceptos anteriores, valga
un solo ejemplo tomado del
Primero sueño: la figura de
Harpócrates, que antes de mi
propuesta de una lectura
emblemática integral del poema,
en 1995 [42], no había sido
considerada como parte del
Primero sueño a partir de sus
representaciones emblemáticas ni
de toda su significación
simbólica, que deriva de la obra
de Plutarco, leído y citado por
Sor Juana. Veamos primeramente
cuánto puede alcanzar la
tesitura emblemática para
explicarnos el papel de esta
presencia en el poema: al
principio del Primero sueño, el
"son intercadente de la "turba
temerosa" de las aves nocturnas,
se despliega con lentitud...
...su obtusa consonancia
espaciosa
al sosiego inducía
y al reposo los miembros
convidaba
-el silencio intimando a los
vivientes,
uno y otro sellando labio
obscuro
con indicante dedo,
Harpócrates, la noche,
silencioso,
a cuyo,aunque no duro,
si bien imperioso
precepto todos fueron
obedientes-... [43] (vv. 70.80)
Una de las partes más felices de
la exégesis de Pedro Álvarez de
Lugo [44], comentarista del
Primero sueño, contemporáneo de
Sor Juana y natural de las Islas
Canarias, es la que se refiere a
estos versos de El sueño en que
aparece Harpócrates. En esa
explicación ya teníamos, desde
el siglo XVII, una
interpretación bastante completa
de esta figura y su papel en el
poema. Un acierto es sentar
claramente que Harpócrates es
una aposición de la noche, luego
aparece como una doble metáfora:
...efigie de la efigie del
templo de Serapis, que mudamente
enseñaba a enmudecer a todos los
que entraban en el templo...
[45]
El emblema del dios del silencio
es, por tanto una manera de
nombrar la noche silenciosa
"hecha un Harpócrates", dice el
crítico más adelante. Ya César
Ripa decía de Harpócrates:
Se pinta joven porque es en
éstos principalmente en los que
el silencio da signo de modestia
y actitud virtuosa, siguiéndose
con ello la costumbre de los
Antiguos que representaban a
Arpócrates como un joven con
alas y con el rostro negro, pues
el silencio, como dicen los
Poetas, es amigo de la noche.
[46]
De los datos que ofrece Álvarez
de Lugo, los más relevantes son
los de Alejandro de Alejandro:
Harpócrates es hijo prematuro de
Isis y Osiris y nació sin
lengua, por lo que es dios del
silencio y se representa con un
dedo en la boca [47]. El emblema
de Alciato alude al conveniente
silencio de los necios, y su
significación probablemente
surge del atributo de
Harpócrates al que alude
Plutarco [48]. De los autores
citados por Kircher en torno a
Harpócrates [49] el más
importante es Plutarco. Refiere
éste en Sobre Isis y Osiris [50]
la relación del dios con el
solsticio de invierno, cuyos
primeros brotes en la región del
Nilo simbolizan el regreso de
Osiris hasta el equinoccio de la
primavera. Como Isis lo concibió
de Osiris post mortem, nació
"débil de piernas." Sin embargo,
dice Plutarco:
...Harpócrates no debe ser
considerado como un dios
imperfecto y niño, ni como uno
que tiene relación con los
granos encerrados en vainas,
sino como guía y corrector del
razonamiento inmaduro,
imperfecto e inarticulado sobre
los dioses entre los hombres...
[51]
Este "razonamiento" imperfecto -inarticulatae
orationes, cita Kircher- que le
hace aconsejar el silencio,
puede aplicarse muy bien a la
"no canora" "capilla pavorosa"
de El sueño: chirridos de
murciélagos y escalofriantes
gemidos de búhos y lechuzas. La
palabra imperfecta, embrionaria
y desarticulada -esto último en
apariencia, como en el
hipérbaton- es una preocupación
recurrente en la poesía de Sor
Juana. Pilar Pedraza da cuenta
en su sustancioso ensayo [52] de
todas las implicaciones de
Harpócrates con la cultura del
Renacimiento y el Barroco:
Maquiavelo y Tácito, como
sustrato básico. Luego la
versión de los emblemistas:
Vaenius (quien ilustra a
Horacio), Alciato, Ripa y
Valeriano. Otro significado más
es el que iguala a Harpócrates
con el Minotauro, oculto en lo
más recóndito del laberinto,
como suelen estar ocultos en lo
más profundo del símbolo los
significados enigmáticos [53].
Sin embargo todos los sentidos,
con su diversa aplicación,
indican el valor de la
prudencia, tan caro en el Siglo
de Oro como cualidad del
príncipe y de todo buen
cristiano. En un sentido
teologal la figura de
Harpócrates parece apuntar
también a la idea del dios
oculto de Nicolás de Cusa, sólo
accesible por la vía negativa o
por la docta ignorantia. Edgar
Wind, por su parte, relaciona a
Harpócrates con los teólogos
negativos del Renacimiento,
seguidores de Nicolás de Cusa, y
con la filosofía pitagórica
[54]. Harpócrates -la noche-
recibe las reverberaciones de la
sombra piramidal y de las aves
nocturnas en la silva de Sor
Juana. Es la noche y es severo
maestro de capilla, como lo fue
Sor Juana. Responde, asimismo,
al tempo impuesto por el emblema
difusamente aludido de sedendo
et surgendo o festina lente. Su
relación con el secreto o "consilio"
nos prepara también para la
revelación del mundo interno, el
cual pronto se desplegará frente
al ojo de la imaginación, como
decía yo, literalmente, en 1995.
[55]
Ahora bien, veamos de qué manera
Sor Juana engarza retóricamente
esta figura emblemática en el
Primero sueño, como indicamos
inicialmente. Harpócrates,
aposición de la noche,
intensifica la naturaleza
temática y tonal de todas las
alusiones nocturnas al principio
del poema. En ese sentido
funciona como un tropo de
adaptación. Otras isotopías de
la tradición emblemática de
Harpócrates presentes en el
poema son las relativas al
sigilo teologal o secreto
sagrado. Sin embargo, decíamos,
dichos alcances anagógicos de su
simbología hacen de Harpócrates
una agudeza sublime según la
clasificación de Baltasar
Gracián. Ambas tipificaciones se
ajustan al simbolismo y a la
operatividad de la figura en el
poema. La primera,
correspondiente a la tradición
musical, caracteriza la alusión
a Harpócrates como un refuerzo
isotópico del silencio y la
quietud que se describe en el
discurso poético, y es la
aludida por el mismo Gracián al
referirse a la acolutia como
mecanismo de engarce entre
géneros diversos; en este caso
hay una adaptación del emblema
al discurso poético. La segunda
tipificación es resultado de las
isotopías semánticas sobre el
sueño lúcido y la proximidad de
una revelación o secreto
sagrado, elemento activo de
significación en diversas
fuentes de donde proviene la
figura emblemática de
Harpócrates.
No es extraño que en el siglo de
las primeras óperas y del teatro
calderoniano, tan presente en
Sor Juana, siglo en el que las
artes se conjugan
polifónicamente, sea el mismo en
el que se enmarque el desarrollo
de la silva, un espacio de gran
amplitud compositiva y
representacional. Una vez más,
como sucede con todas las
grandes obras del Barroco, nos
encontramos ante un texto de
múltiples niveles para múltiples
lectores. Es cierto que la
pirámide de lectores avisados -o
aguzados- se estrecha hacia su
punta, pero también es cierto
que artistas y poetas solían
complacerse en hacer de sus
máquinas un verdadero alarde
artístico destinado a ser
entendido cabalmente sólo por un
público selecto. El fasto y
colorido operístico, por
ejemplo, invita a varias
lecturas superpuestas, y los
compositores sabían dosificar y
combinar los códigos de su
tiempo en varias capas
significativas. Sor Juana tiene
en Calderón una fuente de
inspiración artística y en
Gracián el sustento teórico tan
caro a los poetas barrocos. El
sentido teologal privilegiado
por Gracián se impulsa, en buena
medida y a través de la
oratoria, a partir del resorte
de la concepción
litúrgico-musical de los oficios
eclesiásticos. Sea cierto o no,
también, el origen bizantino de
la acolucia, es precisamente
dicho procedimiento el que exige
y ayuda a expresar un contenido
escatológico en la composición
artística. Gracián se refiere a
la palabra ingenio cuando aborda
la erudición en la etapa de la
inventio y las diversas formas
de elocución: “…proporción y
correspondencia agradable, bien
fundada en la pariedad de los
extremos y sus propiedades...”
Como recurso elocutivo, la
definición de ingenio se acerca
a las cualidades de la pirámide
del Primero sueño, o viceversa.
Esto es,estructura el poema todo
y lo convierte en máquina o
construcción ingeniosa. Sólo
entendiendo la creación y
fruición de la ingeniería
artística como una liturgia
capaz de hacer presente aquello
que representa, es posible
explicar la virtud apocalíptica,
en el sentido de revelación, de
poemas e ingenios como éste que
ahora nos reúne.
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Notas:
[1] Rocío Olivares, "El enigma
emblemático de El sueño, de Sor
Juana Inés de la Cruz", ver
bibliografía.
[2] Esta propuesta de lectura de
todo el Primero sueño como una
cadena de alusiones emblemáticas
la expuse en mi tesis doctoral
de 1999 (La figura del mundo en
"El sueño", de Sor Juana Inés de
la Cruz, U.N.A.M., Facultad de
Filosofía y Letras) y la
publiqué sintéticamente y
dividida en dos partes: la
primera en la Revista de
Literatura Mexicana, 6, 2, 1995,
y la segunda en el congreso Sor
Juana Inés de la Cruz y las
vicisitudes de la crítica,
celebrado en 1995. Ver
bibliografía.
[3] Diccionario de autoridades,
1726, 189.
[4] Convivio II, 1.
[5] Helena Beristáin,
Diccionario de retórica y
poética, 52. La obra de Rastier
es Le déveleoppement du concepto
d’isotopie. Documents de
recherche. III. 29, 1981.
[6] Diccionario de retórica y
poética, 52-3.
[7] Baltasar Gracián, Agudeza y
arte de ingenio, 173.
[8] Siguiendo las retóricas de
su tiempo, Sor Juana llama
énfasis a los enigmas, Obras
completas, I, villancico 223,
174 y II, romance 62, 14. Cf.
Olivares,. “El libro…”, 91.
[9] 1732, 477.
[10] Olivares, “El libro
metágrafo…,” 89-90.
[11] Gracián, Agudeza…, 212-213:
"Corta esfera le parece a la
fecunda invención la de palabras
y de escritos cuando pide
prestados a la pintura sus
dibujos para exprimir sus
conceptos; que es otro linaje de
invención, y puede llamarse
figurada, por jeroglíficos,
emblemas y empresas… El mote es
alma de la pintura, siempre ha
de incluir agudeza".
[12] Ibid., 214: "Las parábolas
son especies de alegorías muy a
propósito para enseñar, por ser
más graves que los apólogos y no
menos gustosas, participan algo
de los enigmas".
[13] Pseudo Dionisio Aeropagita,
La jerarquía celeste, cap. II,
en Obras completas, 126-127:
"Puesto que la negación parece
ser más propia para hablar de
Dios, y la afirmación positiva
resulta siempre inadecuada al
misterio inexpresable, conviene
mejor referirse a lo invisible
por medio de figuras
desemejantes. Por lo cual, las
Sagradas Escrituras, lejos de
menospreciar las jerarquías
celestes, las ensalzan con
figuras totalmente desemejantes.
De ese modo realmente nos damos
cuenta de que aquellas
jerarquías, tan distantes de
nosotros, trascienden toda
materialidad".
[14] Ezequiel, I, 5 ss; 10, 12
ss.
[15] Génesis, 41.
[16] Gracián, Agudeza, 174-179.
[17] Ibid., 210-217.
[18] Gracián, Agudeza…, 221.
[19] Fray Luis de Granada,
Retórica eclesiástica, 539-542.
[20] Vid. supra, n. 8.
[21] Fray Luis de Granada, op.
cit., 575-592.
[22] Ibid., 224.
[23] Ibid., 175.
[24] Ibid., 183-191.
[25] Ibid., 183, n. 831.
[26] Ibid., 167-168.
[27] Ibid., 170.
[28] Ibid., 186.
[29] Willi Apel, Gregorian Chant,
429-464. No pretendo entrar aquí
en la polémica sobre el origen
del drama litúrgico, sino sólo
señalar una de las teorías que
caracterizan a las secuencias
como desarrollos cada vez más
amplios y tendientes a la
autonomía.
[30] Eva Castro Caridad, Tropos
y troparios hispánicos, 17-36.
[31] Francisco Terrones del
Caño, Instrucción…, 88. El
título original de su obra es
Arte o instrucción y breve
tratado que dice de las partes
que ha de tener el Predicador
Evangélico, cómo componer el
sermón (Granada, 1617).
[32] Pietro Cerone, El Melopeo y
el maestro, 268.
[33] Sor Juana misma dice: "…y
empecé a hacer un Tratado / para
ver si reducía / a mayor
facilidad / las reglas que andan
escritas." Romance 21, OC, t. I,
63-65, vv. 117-119. Ver las
notas de Méndez Plancarte, ibid.,
387-389.
[34] Ibid., 265-268.
[35] Ibid., 267.
[36] Sor Juana, Obras completas,
IV, 441.
[37] Gracián, Agudeza…, 228-229.
[38] Histoire de la musique,
721-726. Los datos siguientes
relativos a los tropos musicales
están entresacados de estas
páginas.
[39] Castro Caridad, Tropos y
troparios…, 33.
[40] Este término parece haber
sido usual en el Barroco. Karl-Ludwig
Selig, en su ensayo "The Battle
of the Sheep ("Don Quixote", I,
xviii)", menciona algunas
fuentes de fines del siglo XVI,
como George Puttenham, The Arte
of English Poesie, y Henry
Peacham, The Garden of Eloquence,
del concepto de pragmatografía
como la pintura vívida y
detallada de actividades como
las batallas, las fiestas o las
ceremonias, de tal suerte que lo
visual se convierte en la
característica primordial.
[41] En el sentido que daban al
término los formalistas rusos.
[42] Ver nota 2.
[43] Sor Juana, O.C., t. I, 337.
[44] Ver el texto de Álvarez de
Lugo en Sánchez Robayna, Para
leer el "Primero sueño" de Sor
Juana Inés de la Cruz, 53-181.
[45] Ibid., 88.
[46] César Ripa, Iconología, t.
I, 315. Agrega unos versos de
Ariosto en que el silencio se
describe con una capa negra.
[47] Álvarez de Lugo, op. cit.,
90. El texto es Alexandri ab
Alexandro, París, 1539.
[48] Es el XI, en Alciato,
Emblemas., 42.
[49] Oedipus Aegyptiacus, 1652,
t. I, 213.
[50] Plutarco, "Sobre Isis y
Osiris", en Obras morales y de
costumbres, 108-109.
[51] Ibid., 111. La disonancia
es otro tópico emblemático.
Pilar Pedraza menciona el de la
campana rajada, que sirve a
Gracián para criticar a los
necios. Ver "El silencio del
príncipe", en Goya. Revista de
arte, 1985, 44. Pedraza remite
al Oráculo manual, 129.
[52] Pedraza, op. cit., 37-46.
[53] Pedraza, Op. cit., 41. El
Minotauro del emblema XIII de
Alciato tiene la parte superior
humana y la parte inferior de
toro, simbolizando el alma y el
cuerpo o el gobierno y la
milicia. Lleva una insignia con
las iniciales del Senatus
Populusque Romanus. El laberinto
es también una forma de nombrar
la oscura floresta donde
Polifilo, en la Hypnerotomachia,
se encuentra con la pirámide (en
El sueño, sólo 20 versos más
abajo, Sor Juana habla de los
oscuros e incógnitos senos de
los montes que Álvarez de Lugo
compara con la gruta del Sueño
en Ovidio. Desde esta selva
oscura se elevará el alma en
sueño). En Amor es más
laberinto, Sor Juana aborda este
mito.
[54] Edgar Wind, Los misterios
paganos del Renacimiento, 21,
61-62.
[55] Olivares, “El sueño y la
emblemática”, 398. Es curioso
leer cuánto han repetido esta
frase posteriormente otros
críticos sorjuanistas: podríamos
llamarlo un consenso a partir de
1995.
© Rocío Olivares Zorrilla 2006
Espéculo. Revista de estudios
literarios. Universidad
Complutense de Madrid
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