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El saber aprender es el mejor
fruto de la escuela
Vivimos inmersos en un diluvio
de datos. La dificultad de
asimilarlos crece en la medida
que aumenta la diversidad y
complejidad así como la de los
canales por medio de los cuales
se vierten. El nivel de datos
disponibles puede llegar a
bloquearnos totalmente.
Estamos hablando de datos y no
de información para poner de
relieve una característica muy
especial de nuestra época: La
confusión entre datos e
información y entra esta última
y el conocimiento.
El nivel medio cultural que se
requiere para la compresión de
un texto es cada vez más
elevado. Estamos en la era de la
información y sin embargo el
nivel de confusión parece estar
creciendo. De ahí la importancia
del papel de la escuela para
contribuir al logro del cambio
de la información en
conocimiento y de la tecnología
en comunicación.
Los alumnos han de encontrar en
la escuela todo aquello que está
presente en la sociedad y la
cultura en la que viven; la
escuela ha de ser la
circunstancia dinamizadora de la
vida individual en el seno de la
propia sociedad. En una sociedad
del conocimiento y de la
comunicación la misión de la
escuela es la de ofrecer los
elementos que permitan el
desarrollo y la capacidad de
aprender: a la escuela vamos a
iniciar el aprendizaje de
aprender. El saber aprender es
el mejor fruto que puede ofrecer
la escolarización.
En este sentido, en la escuela
deben estar presentes todos los
medios que la sociedad tiene
para ofrecer información:
libros, periódicos, radio,
televisión, ordenador... nada
puede ser ajeno a la escuela
porque nada es ajeno a la vida
del alumno.
En cualquiera de las áreas en
las que está dividido el
panorama académico no importan
que se trate de lenguas,
idiomas, matemáticas, física,
ética o música, en todos ellos
se puede realizar el ejercicio
de adiestramiento en la búsqueda
de información o de unos datos
adecuados al planteamiento de un
supuesto o de un contexto real.
Esto supone, por parte del
profesorado, un cambio en la
perspectiva desde la que
contempla su función; en ofrecer
más elementos de búsqueda que
soluciones previas; en proponer
actividades más que en presentar
ejercicios escolásticos
descontextualizados y
anacrónicos. No es sencillo,
pero sí estimulante, al intentar
el equilibrio entre lo estricto
y convencionalmente académico y
estas nuevas maneras de hacer.
Por otra parte el desarrollar
actividades comunicacionales, el
contactar con otros grupos en
escuelas geográficamente
distantes, es una actividad que
merece especial atención si se
pretende que los alumnos y
alumnas vivan y conozcan como
algo real la virtual presencia
de culturas distintas, tal y
como puede constatarse en los
programas de todo tipo que nos
ofrece indiscriminadamente los
medios audiovisuales de
difusión.
Conscientes de estas
características de nuestro
tiempo es preciso descubrir
nuevas sendas por las que
caminar para poder enseñar
nuevas actividades valoradas con
un alto potencial de aprendizaje
para el alumno. Y como dijo el
poeta: “Aprende a diferenciar /
las cosas que son mentira / de
las que cosas que son verdad”.
Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
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Gentileza: Francisco Arias [
aarias@arrakis.es ]
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