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Recuperando la palabra
Por
Homero Carvalho Oliva [Miembros
de Poetas del Mundo]
Algo está sucediendo. Algo que
nos está sacudiendo de nuestra
añeja indolencia. Un terremoto
cuyo epicentro solamente podrán
encontrarlo en las profundidades
de los corazones de la gente.
Las señales se reconocen en
varios lugares de la mancha del
mundo entero. Hace unos meses en
la escandalosamente grande
ciudad de México, distrito
federal, grupos de jóvenes
recorrieron los parques leyendo
poesía a los ocasionales
transeúntes que no salían de su
asombro escuchando aquellos
clásicos poemas de su infancia
y/o creaciones propias de los
audaces poetas convertidos por
las musas en lectores.
Hace apenas unas semanas las
artísticas estaciones del metro
de la ciudad luz, de nuestra
siempre evocada París donde
quería morir el humano Vallejo,
se estremecieron al ser tomadas
por los denominados
“susurradores de poesía”;
estudiantes que se acercaban a
los viajeros y les leían versos,
suavemente, al oído. Quizá
muchos de ellos recordaron
cuando sus padres lo hacían para
arrullarlos o cuando ellos
mismos, jóvenes románticos, se
los leían a sus parejas
Y hace muchos años la onda
sísmica de este singular temblor
terrestre se viene dando en
nuestro continente sudamericano.
En una ciudad en Colombia, que
no es Macondo, cada año junta a
poetas del mundo entero y todas
sus plazas, parques, paseos,
bulevares y cafés se
transforman, por un extraño
sortilegio, en espacios
poéticos. La gente de Medellín
espera este acontecimiento como
los fanáticos de las bandas de
rock o los cristianos renacidos
esperan a sus ídolos.
La convulsión parece haber
llegado también a nuestro país y
la poesía está conquistando
nuestro territorio nacional,
poco a poquito. El año pasado la
ciudad de La Paz fue el
escenario de la maravilla
durante un fin de semana cuando
poetas de todo el país, viejos,
ni tanto y jóvenes, mujeres y
hombres, leyeron sus versos en
el Montículo, en el Prado, en la
Plaza de San Pedro y, luego, lo
siguieron haciendo en los
boliches paceños hasta que las
velas no ardieron.
Y aquí en Santa Cruz, en la urbe
de los anillos y en el año del
centenario de Raúl Otero Reiche,
padre poeta nuestro, la poesía
invocada en una extraordinaria
“Muestra Poética” impulsó a
nueve poetas a salir a la calle
a leerle sus creaciones a la
gente que pasaba azorada,
estupefacta, sin creer que esos
locos hayan podido escapar del
manicomio. Los poetas se dieron
modos para leer sus invenciones:
usaron vasos de plásticos que
llevaban las palabras por un
cordel, como si la poesía fuera
un juego de niños, porque así es
como debemos entenderla.
Escribir y leer poesía debe ser
un juego entre el escritor que
lo que único que está haciendo
es buscar al poeta que esta
escondido en algún lugar del
ajayu del lector y despertarlo.
Cuando un poema llega a su
destinatario es porque el poeta
que todos llevamos adentro a
abierto la puerta.
Algo está sucediendo amigos
míos, hermanos poetas de
Argentina y Chile, y son las
palabras las que están
ocasionando estas convulsiones
en el globo terráqueo. Son ellas
las que estremecen el mundo. La
palabra hecha poesía esta
recuperando sus espacios, está
recuperando a la ciudad misma
como un espacio poético, y lo
está haciendo despacito, casi en
silencio, como debe ser, porque
la palabra tiene que seducir
nunca jamás debe servir para
violar nuestra paz, como lo
están haciendo algunos bellacos
hoy en día.
Algo está sucediendo hoy mismo.
Un grupo de poetas convocados
por Gigia Talarico y Juan
Murillo a un encuentro de
palabras, nos hemos dado cita
para tomar simbólicamente este
lugar, la Plaza Principal del
lugar donde amamos, hoy
abandonada por la desidia
gubernamental, invadida por las
justas protestas, olvidada por
la indiferencia ciudadana, y lo
hacemos para decirles a ustedes,
nuestra gente, que la ciudad es
nuestra, suya, que las palabras,
que las esperanzas son nuestras,
de todos nosotros.
Imaginemos esa ciudad invisible
que nos acompaña todos los días,
ese espacio soñado que es la
extensión ilusoria de nuestros
hogares, y volvamos a enamorar
en nuestras plazas, volvamos a
besarnos en nuestros parques,
conversemos en nuestras calles y
bulevares.
Hagamos que el proceso de
transformación que vive el país
también se refleje en la
literatura, hagamos nuestra
propia constituyente poética
mirando hacia el futuro.
Empecemos recuperando nuestras
ciudades como nuestro espacio
natural. A partir de este
Encuentro de Arte Poética e
Integración los convoco a tomar
las calles en nombre de la
poesía, para devolverle a la
palabra su carácter lúdico y
romántico. Conquistando las
ciudades para la poesía haremos
mejores sitios para vivir, más
humanos, más familiares. Gracias
amigos míos.
http://www.poetasdelmundo.com/verNot.asp?IDNews=584
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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