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Nadie es imperfecto
Por
Mikel Agirregabiria Agirre
Quizá alguien se sienta
imperfecto (o perfecto), pero
nadie puede ser perfectamente
imperfecto (ni perfecto).
Las personas, sea cual sea
nuestra edad, nunca somos
perfectas. Todos somos
imperfectos, en alguna medida, y
todos buscamos la perfección,
con un ahínco variable. Un
posible camino de mejora lo
facilita el tiempo y el
esfuerzo: Si todos los años
arrancáramos una imperfección,
pronto seríamos menos
imperfectos. Seguramente, sólo
en la eternidad lograremos la
perfección.
El hombre, por su misma
naturaleza, siempre reúne
algunas imperfecciones. Nadie
nace libre de flaquezas; y la
persona más perfecta es la que
tiene menos debilidades. El
conocimiento de nuestras
imperfecciones, lejos de
turbarnos, debiera alegrarnos,
porque es un medio de enmienda.
Acaso por ello, un proverbio
sueco asegura que “Por suerte no
hay nada perfecto en este
mundo”.
Los dones que algunos no
tenemos, otros los poseen; y
viceversa. De esas
imperfecciones compensadas brota
la sociabilidad. La unión de
seres individualmente
imperfectos alcanza la
perfección. La pareja, la
familia o la sociedad, son
fórmulas válidas de sumar
perfección, que mejoran a todos
sus componentes.
Nos sabemos imperfectos, en un
cierto grado; y por tanto,
perfectos en otro grado. Además,
algunos son muy agradables a
pesar de sus muchas
imperfecciones, si las intentan
superar; y otros resultan muy
enojosos, si no reconocen ni un
solo defecto. En todo caso, no
son los perfectos, sino los
imperfectos, quienes estamos más
necesitados de amor.
Gentileza: Mikel Agirregabiria
Agirre [
agirregabiria@euskalnet.net
]
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