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Lengua quechua en Perú: Del
miedo y desprecio al respeto
Por Rodrigo Montoya
Cuando las señoras Maria Cleofé
Sumire de Conde y Hilaria Supa
Huamán, juraron sus cargos de
congresistas en quechua, lengua
de los Incas, la Dra. Martha
Hildebrandt, una de sus colegas
encargadas de tomarles ese
juramento, no pudo esconder su
indignación. Tres semanas
después, cuando la señora Supa
habló en quechua en una de las
Comisiones de trabajo y se negó
a hablar en castellano, sus
colegas exigieron que hable en
castellano.
Esta simple historia es un
ejemplo de fractura profunda de
de la sociedad peruana. En 2006,
cinco millones de las peruanas y
peruanos hablamos quechua;
setecientas mil, aimara;
cuatrocientas mil, cuarenta y
dos lenguas amazónicas; cerca de
19 millones hablamos castellano;
y alrededor de noventa mil las
cinco grandes lenguas de las
colonias extranjeras (chino,
italiano, japonés, judío y
árabe). Cincuenta lenguas
constituyen nuestra diversidad y
riqueza lingüística.
Ocurre que la Dra. Hildebrandt
es lingüista, profesora de San
Marcos, con un célebre estudio
sobre peruanismos y famosa por
su adhesión a los regímenes
dictatoriales, velasquista y
fujimorista. A otros lingüistas
peruanos como Alberto Escobar,
Inés Pozzi Scott, Alfredo
Torero, Rodolfo Cerrón-Palomino,
Luis Enrique López, Maggy Zúñiga
y Gustavo Soliz, les habría
encantado recibir a mujeres
quechuahablantes con una gran
sonrisa y un abrazo lleno de
fraternidad, de admiración y
cariño. A la Dra. Hildebrandt
no, a la clase política tampoco,
con dos o tres excepciones.
Perú sigue siendo visto, sentido
y vivido como un país limeño,
español. Los llamados indios son
aplaudidos cuando son parte de
una tarjeta postal para
turistas, cuando cantan y bailan
para alegrar a presidentes
extranjeros de visita, cuando
acompañan a una primera dama o a
un presidente de rasgos
biológicos andinos como ñustas y
ñustos de un "Perú profundo" de
fantasía. Si los indígenas
escapan de la tarjeta postal,
reclaman sus derechos y
contradicen la norma oficial, el
Banco Mundial los llama
"conflictivos".
Falta poco para que los llamen
"terroristas" por exigir su
autonomía política, por decir
que el Estado Nación no sirve
para nada y por defender los
recursos naturales que las
grandes empresas se llevan a
manos llenas dejando nuestros
ríos sin peces, nuestros cielos
sin pájaros y nuestra tierra sin
frutos. Si el ojo por ojo
propuesto por Alan García se
convirtiera en realidad, la
clase política pediría para
ellos y ellas cárcel a
perpetuidad o simplemente la
muerte.
Cuando hace menos de un año
apareció Ollanta Humala en el
horizonte político, la derecha y
gran parte de la clase política
(salvo contadas excepciones)
tuvieron un extraordinario
ataque de miedo, el mismo miedo
que los herederos de Pizarro
tuvieron al fundar Lima contra
Cusco en 1535. En tiempos de
peligro tienen miedo, mucho
miedo, se esconden bajo la cama,
llaman a los militares; en
tiempos de calma se alían a los
temibles nuevos gobernantes, los
envuelven, los encantan, los
engríen, los compran, los
venden. Detestaron al chino
Fujimori por haber sido elegido
con el voto de los que amenazan
el orden establecido. Pocas
semanas después de su victoria
se volvieron fujimoristas y
siguen siéndolo hasta ahora. Con
Humala tuvieron más miedo y
ahora se sienten felices porque
el peligro parece haber pasado.
En tiempos de nueva calma, el
miedo es sustituido por el
olvido y el menosprecio. Los
congresistas del orden
establecido y el 98% de los
medios de comunicación tratan a
las señoras indígenas
congresistas de tú, como si
fueran sirvientas, se burlan de
ellas y les parece extraño que
exijan traductores. Hasta un
humorista que tiene un agudo
sentido crítico de la realidad
como Alfredo Marcos se pone del
lado de la Dra. Hildebrandt y le
parece ridículo que sabiendo
algo de castellano prefieran
hablar en quechua y contar con
traductores.
A mediados del siglo XVI el
clérigo Juan Ginés de Sepúlveda,
fundador de la derecha peruana,
escribió en su libro "Tratado de
justas causas en la guerra
contra los indios" que antes de
cristianizar a los llamados
indios había que "humanizarlos".
Esa fue la primera propuesta
colonial. Luego vieron otras:
cristianizar, civilizar,
modernizar y, ahora, globalizar.
Una parte de la clase política
peruana quedó en esa primera
fase del colonialismo mental. El
ex congresista Flores Aráoz, de
confesión social cristiana, los
considera "llamas y vicuñas". El
ciudadano norteamericano
Kuczynski cree que quienes
nacimos en los andes no
recibimos suficiente oxígeno y
por eso somos débiles mentales
que no aceptamos las maravillas
del TLC con Estados Unidos.
"Humanizar a los animales", esa
es su consigna. No estamos
hablando del siglo XVI sino de
hoy, 2006. Porque los grandes
jefes de las fuerzas armadas
consideran a los indios como
animales ordenaron que los
torturaran, violaran y mataran.
El Informe Final de la Comisión
de la Verdad y el libro "Muerte
en el Pentagonito" de Ricardo
Uceda ofrecen millares de
pruebas.
Hay en Perú otro crimen sin
castigo. Se produce todos los
días en el 80% de las escuelas
en territorios indígenas: por
disposición de los presidentes
de la república y sus ministros
de educación se enseña a los
niños indígenas el castellano
como si fuera su lengua, se les
desaprueba y se les culpa de no
ser inteligentes, de ser "indios
brutos". El esfuerzo estatal por
una Educación bilingüe
intercultural es todavía muy
pequeño.
Cuando las congresistas Sumire y
Supa Huamán reclaman traductores
están defendiendo el derecho de
los pueblos indígenas a ser
plenamente reconocidos como
pueblos y como ciudadanos.
Reclaman respeto y defienden su
dignidad. Esta doble ciudadanía,
peruana e indígena al mismo
tiempo, es el reclamo de los
pueblos indígenas de todo el
mundo y de América, desde Canadá
hasta Chile. Es el mismo grito
de los zapatistas que hablan con
voz de la tierra. Es el mismo
grito de la Coordinadora Andina
de Organizaciones Indígenas,
nacida en Cusco hace un mes,
para exigir entre muchas otras
cosas una educación
intercultural bilingüe para el
conjunto de la sociedad peruana.
Si la Dra. Hildebrandt
aprendiera una lengua indígena
peruana sería mucho más peruana
de lo que es, y la ausencia de
menosprecio por los indígenas
endulzaría su rostro y su voz.
Gentileza: Ricardo Alvarado [
killincho@gmail.com ]
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