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Educación Socialista o
Ignorancia Capitalista
La educación, en la Argentina,
está en ruinas. Los edificios se
caen a pedazos, las aulas
atestadas de alumnos, los
maestros y profesores pocos y
mal pagos, la inseguridad
enorme. Los alumnos con hambre
que no pueden aprender, la
comida escasa y mala, los
horarios desquiciados que
conspiran contra los padres que
trabajan…
Los planes de estudio desde la
primaria a la facultades,
digitados para producir mano de
obra barata para una burguesía
"nacional" estrecha de
imaginación y carente de empleos
dignos y para multinacionales de
la importación, las comidas
rápidas y los antros del empleo
en negro y tercerizado. El
capitalismo regentea con la
misma incompetencia que la
economía, la educación de los
trabajadores y el pueblo. La
educación obligatoria, universal
y gratuita es un recuerdo. Ahí
están las estadísticas de la
propia burguesía para probarlo:
50% de deserción escolar y 70%
que nunca se recibe en las
universidades.
La mayoría de los pocos que, por
talento y sacrificio se
destacan, se van del país o
tienen que optar por empleos
miserables con título. En la
primaria no se prepara para
ingresar a la educación
secundaria y en esta no existe
transición hacia la terciaria.
Los planes de estudio hablan de
una historia irreal, de una
geografía deformada, de ciencias
atrasadas y sin recursos… el
arte y los deportes son
minimalistas, en las aulas se
reproduce la descomposición
social, el lumpenismo, el
reinado de la mediocridad y la
ignorancia, la genuflexión a los
poderosos y a los futuros
empleadores, el arbitrio de
reglas obsoletas.
Nada es gratis. Lo que no se
paga en dinero, se paga en
recursos humanos desperdiciados,
en presupuestos desbaratados, en
transportes en ruinas, en tiempo
de trabajo y en frustraciones.
La semi-privatización aumenta a
pasos acelerados y cada vez son
más los recursos para la
educación privada y religiosa en
todos los niveles en forma de
subsidios que se arrancan de los
fondos de la educación publica.
Cada vez son más los padres que,
apoyando la educación pública se
ven obligados a enviar sus hijos
a escuelas y universidades
pagas, lo que implica un
verdadero impuesto a la
educación. Por fin el
capitalismo ha logrado una
educación a su imagen
dependiente y subdesarrollada y
su objetivo de habitantes
ignorantes. Este capitalismo
educacional no puede, ni la
nueva Ley de Educación de
Kirchner lo propone, ser
reformado. Para educarnos, es
necesaria una Revolución
Educativa, desde abajo, que
arrase con lo que tenemos y
transforme a la educación en uno
de los motores del desarrollo de
un país al servicio de los
trabajadores y el pueblo.
El Proyecto de Kirchner dice
textualmente que "hay que ser
realista en los objetivos" y
"que los cambios propuestos
deben ser el resultado del
consenso", siendo la propuesta,
una que "represente a todos los
sectores de la sociedad".
Traducido a términos de política
esto no es más que el
continuismo y el hundimiento de
las nuevas generaciones.
"Realismo" significa ensalzar el
6% adoptado como presupuesto (en
realidad menos de un tercio del
porcentaje gastado en los años
40, 50 y 60; o sea seguir
administrando la pobreza
existente.
El "consenso" significa el
derecho a decisión de la minoría
de la sociedad, es decir la
burguesía y los ricos.
"Representar a todos los
sectores de la sociedad"
significa diluir en ese consenso
a las mayoría obreras y
populares. Kirchner se propone
profundizar la política burguesa
de abandono del gobierno de sus
responsabilidades federales,
aumentando el pase a las
provincias y las municipalidades
de la responsabilidad de los
presupuestos y, por lo tanto,
condenarlas a más pobreza y a la
educación a mayor mediocridad y
crisis.
El gobierno, que ya tiene en
carpeta y con el visto bueno de
la mayoría de los legisladores,
un proyecto de ley, propone
hipócritamente, un "debate" con
tiempos brevísimos, y una
votación expedita en el Congreso
a través de su mayoría
automática en ambas Cámaras. La
oposición de Macri seguramente
se opondrá, basándose en la
profundización del punto de
vista capitalista y la defensa
de mayores porciones de
privatizaciones. La oposición de
Carrió será en base a la falta
de "consulta". Es decir a la
forma más que a la sustancia.
El límite a esta crítica de
formas queda clara con la
abstención en la lucha por la
democracia en la UBA y con el
apoyo a la "oligarquía de los
600" profesores del sistema que
imponen su orden en la Asamblea
Universitaria. Los sindicatos (CTERA-CTA-Conadus)
limitan sus posiciones a la
exigencia del reparto de las
migajas del 6%.
La demanda de consignas
sindicales, sin pelear por la
transformación revolucionaria de
la educación, se convertirá, en
el mejor de los casos, en «pan
para hoy, hambre para mañana.»
Nosotros proponemos lo opuesto,
luchar contra la Ley, pero a
favor de una Revolución
Educativa que, como punto de
partida, se plantee:
Establecimiento de un
presupuesto no menor al 20%,
transfiriendo los fondos
actualmente destinados a las
Fuerzas Armadas a la educación e
imposición de impuestos
progresivos a las grandes
empresas nacionales, duplicado
para las multinacionales.
La primera inversión masiva
debería ser para construir
suficientes escuelas y
universidades en un exceso de
20% a las necesidades actuales.
Salarios para maestros y
profesores que sean el
equivalente, como primer paso, a
por lo menos el 80% del sueldo
de un diputado nacional.
Establecimiento del sistema de
jornada completa para los
estudiantes primarios y
secundarios, obligatoriedad de
la educación para los mismos y
provisión de tres comidas
diarias de calidad. Pago de ropa
y útiles escolares y subsidios
para los estudiantes mayores de
16 años para asegurar su
dedicación de tiempo completa.
La garantía de que las clases no
contarán con más de 20 alumnos y
que se realizará un plan de
emergencia para duplicar
primero, y satisfacer en exceso
luego la demanda de maestros y
profesores. Estos nuevos
docentes deberían estar listos a
la finalización de las obras de
infraestructura.
Subsidios de viviendas y gastos
de manutención para todos los
estudiantes universitarios con
dedicación de tiempo completo y
notas suficientes para
garantizar que los números de
aquellos que se diploman se
triplique en los próximos cinco
años y se quintuplique en la
próxima década.
Obligatoriedad de servir en
áreas sociales, de educación y
de infraestructura y desarrollo
económico de industrias y
proyectos sociales del estado a
todos los egresados de
universidades durante un lapso
entre tres y cinco años. Este
servicio sería con sueldos
equivalentes a los del sector
privado y con derechos
sindicales plenos y en las áreas
de experiencia de los egresados.
La racionalidad de este aspecto
de la educación es el de la
defensa y pago con esfuerzo (no
dinero) de los beneficios
recibidos y el vuelco de la
capacidad profesional al
servicio de los trabajadores y
el pueblo que lo hicieron
posible.
La inviolabilidad de la plena
autonomía de las escuelas y
universidades del país, donde
gobiernos de padres, alumnos,
maestros y trabajadores no
docentes en las primeras y de
estudiantes, docentes y
no-docentes en las segundas,
serían encargados de desarrollar
los planes de estudio y
determinar la administración.
Expropiación sin pago y puesta
bajo la dirección de co-gobiernos
como los descriptos de todas las
universidades y escuelas
privadas. Los subsidios pagados
a estos sectores durante décadas
han sobrepasados sus inversiones
en las mayorías de los casos.
Dotar a las escuelas y
universidades de todos los
adelantos técnicos, digitales,
laboratorios e industriales de
última generación para capacitar
a una clase trabajadora y
profesionales de primer nivel.
Atraer al país a los mejores
pedagogos y profesores en las
distintas áreas y socializar
todos los adelantos y
conocimientos de las escuelas y
universidades de punta.
Establecimiento de una enseñanza
de defensa de los intereses
nacionales frente al
imperialismo; de debate y
estudio de la realidad política,
económica y social basada en la
lucha de clases a nivel
internacional; reemplazando el
abstracto y dogma burgés del
"ser nacional" por el que
reivindica un concepto de clase
de los trabajadores e
internacionalismo. La adecuación
de los planes de estudio al
servicio de la sociedad y no de
las multinacionales y
corporaciones.
Establecimiento de materias y
estudios de Derechos Humanos,
diversidad étnica y de defensa
de los derechos de las mujeres y
todas las preferencias sexuales
desde la primaria.
La enseñanza bilingüe y
trilingüe obligatoria
(incorporando donde sea
necesario los idiomas de pueblos
originarios) que reemplace el
anodino y mediocre aprendizaje
de lenguas por hora. La
formación educativa debe ser en
una totalidad, multilingüe.
La obligatoriedad del
reconocimiento por las
autoridades municipales,
provinciales y nacionales de los
gobiernos democráticos de los
centros de estudio y el derecho
irrestricto de los estudiantes,
profesores y maestros y personal
no-docente al debate, la
organización sindical y política
en los centros educativos. Plena
autonomía y derechos a los
centros y organizaciones
sindicales.
No planteamos la prosecución de
estos objetivos iniciales de
ninguna otra forma que no sea la
movilización, organización y
lucha de los maestros y
profesores, de los estudiantes
de todos los niveles y de los
trabajadores no-docentes. La
Marcha que se llevará a cabo el
15 de septiembre, organizada por
organismos sindicales y
estudiantiles y la izquierda
debería ser un primer paso para
desencadenar movilizaciones
regionales y locales.
Esta movilización debería tener
como objetivos derrotar la Ley
de Educación de Kirchner y crear
las bases para el llamado a un
Congreso Nacional Constituyente
de la Educación formado por
delegados electos
democráticamente por curso en
cada escuela y universidad entre
los estudiantes, y cada centro
de trabajo en el caso de
profesores, maestros y
trabajadores no-docentes. Para
aquellos que se pregunten de
donde surgen estas ideas, es
necesario responder que son las
iniciativas del socialismo para
la educación. La izquierda debe
agitar y propagandizar estas
propuestas y crear las bases
pasa un movimiento de masas.
Para ello es necesario exigirle
a las organizaciones sindicales
de maestros, profesores y no
docentes, y a los centros de
estudiantes que se pongan a la
cabeza. El curso de esta lucha
determinará, en definitiva, qué
dirección y qué programa deberán
tener los maestros, profesores,
estudiantes y los trabajadores.
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