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El arte, un camino hacia la
inclusión y la ciudadanía de
niños y niñas
Varias experiencias de la
sociedad civil y del Estado,
como parte de un activo
movimiento en todo el país, han
conseguido en Argentina
convertir la expresión artística
en un circo o una obra de teatro
en una poderosa herramienta de
inclusión de niños, niñas y
adolescentes de familias de
bajos recursos, a quienes la
pobreza les niega el acceso al
arte, un derecho humano como
alimentarse y vestirse, y un
motor esencial para sus vidas.
Estas experiencias relevadas
aquí por el Capítulo Infancia de
Periodismo Social dan a los
chicos y chicas oportunidades
para desarrollar sus capacidades
de creación, su autonomía y para
construir lazos de pertenencia,
a través del circo, de la danza,
del teatro, de la música, de las
artes visuales y de otros
emprendimientos productivos
artísticos, en los que se
vinculan con la comunidad y
construyen sus propios proyectos
de vida.
"Cuando un chico logra
entusiasmarse y tomar interés
por algo comienza a proyectarse,
a armar un proyecto de vida
posible, a imaginar. Se trata de
romper esa idea de que un chico
en situación de pobreza o en un
ámbito marginal no puede, por
ejemplo, tocar el violín",
explica Horacio Cuello,
coordinador del Programa de
Orquestas Infantiles y Juveniles
de la Secretaría de Cultura de
la Nación.
Estas experiencias conciben el
arte como una herramienta para
la inclusión, la regeneración de
los vínculos comunitarios, y
como un derecho humano para
todos y todas.
"Expresarse implica colaborar en
la producción del sentido de una
comunidad. El pobre pierde el
derecho de ser un productor
cultural. Lo que va a modificar
sus vidas no es un Plan
Trabajar, sino una cultura y una
sociedad diferentes", sostuvo
Inés Sanguinetti, directora de
la Fundación Crear Vale la Pena,
una de las experiencias
gestionadas por la sociedad
civil, donde 800 adolescentes y
jóvenes aprenden danza, teatro,
música y artes visuales o
participan de talleres de
formación profesional para
realizar emprendimientos
productivos artísticos propios.
El arte también es visto como un
mecanismo para generar nuevas
formas de participación y
organización comunitaria que
posibiliten exigir y promover
cambios en el presente de niños,
niñas y adolescentes.
"Al armar un grupo de percusión
y batería, donde vienen los
pibes, o murga o teatro popular,
lo que estamos haciendo es
generar una organización
comunitaria, donde las
decisiones se toman de otra
forma, donde se buscan consensos
y donde se trabaja en conjunto,
donde cada uno tiene sus roles",
explica, por ejemplo, Víctor
Rizo, profesor de murga de El
Culebrón Timbal, una
organización que forma
diariamente a más de 200
adolescentes y jóvenes en
talleres de música, teatro
popular, comics, entre otras
actividades.
El Culebrón Timbal y Crear Vale
la Pena integran, junto a
organizaciones de Brasil, Chile
y Perú, la Red Arte y
Transformación Social,
auspiciada por AVINA y que reúne
iniciativas de la región que, a
través del arte, buscan promover
la integración social, los
derechos humanos, la
interculturalidad y el
desarrollo social.
Redes similares hay en el resto
del país, a nivel local. En la
Patagonia, por ejemplo, la Red
Patagónica de Arte y
Transformación Social Arte y
Parte lleva el arte y la cultura
a las poblaciones que por la
distancia y la situación de
pobreza no pueden acceder a
espectáculos culturales. Arte y
Parte está integrada por grupos
de teatro, murgas, radios
comunitarias, grupos de música,
centros culturales, poetas y
narradores y diversas
organizaciones comunitarias.
El campo de organizaciones que
trabajan para transformar la
realidad a través del arte es
muy vasto. En las primeras
Jornadas sobre Cultura y
Desarrollo que realizó en 2003
la asociación civil Artes
Escénicas -dedicada a promover
el intercambio de
emprendimientos culturales en la
región- se presentaron 76
proyectos, y en la última, el
año pasado, el número creció a
350.
"El movimiento ha tomado ahora
características muy
particulares, hay gente que
viene trabajando desde hace mas
de 20 años pero lo que cambio es
el contexto social, la crisis
del 2001 resignificó la acción
de estos grupos que buscaban
generar respuestas a lo que se
estaba viviendo", explicó
Claudio Pansera, director de la
asociación, al Capítulo
Infancia.
Pensar el arte desde estas
múltiples concepciones, implica,
a su vez, un reconocimiento de
la cultura como un factor
estratégico para el desarrollo
humano, en pie de igualdad con
todos los demás aspectos de la
vida.
Cultura, factor clave en el
desarrollo
El concepto de desarrollo humano
se ha ido alejando
progresivamente de la esfera de
la economía para incorporar
otros aspectos igualmente
relevantes para la vida, como la
cultura, que también fue
redefiniendo su papel frente al
desarrollo.
"Ya la cultura no es lo
valiosamente accesorio, el
`cadáver exquisito´ que se
agrega a los temas duros del
desarrollo como el ingreso per
cápita, el empleo o los índices
de productividad y
competitividad, sino una
dimensión que cuenta
decisivamente en todo proceso de
desarrollo tanto como el
fortalecimiento institucional,
la existencia de tejido y
capital social y la movilización
de la ciudadanía" .
Así, el Programa de Naciones
Unidas para el Desarrollo (PNUD)
define hoy al desarrollo humano
como "el proceso de expansión de
las capacidades de las personas
que amplían sus opciones y
oportunidades". Tal definición
asocia el desarrollo
directamente con el progreso de
la vida y el bienestar humano,
con el fortalecimiento de
capacidades relacionadas con
todas las cosas que una persona
puede ser y hacer en su vida en
forma plena y en todos los
terrenos, con la libertad de
poder vivir como nos gustaría
hacerlo y con la posibilidad de
que todos los individuos sean
sujetos y beneficiarios del
desarrollo.
"La cultura es primaria, somos
parte de una cultura. Nos
atraviesa a todos y la idea es
que los chicos puedan accionar
sobre ese imaginario de
cultura", según Mariana Rúfolo,
una de las fundadoras de del
Circo Social del Sur, una
asociación sin fines de lucro
que, desde 1998, usa las artes
circenses como herramientas de
inclusión y educación de niños y
jóvenes en situación de riesgo.
Cuando el arte da respuestas
Artes Escénicas comenzó a
funcionar en 1998 con el
objetivo de desarrollar una red
de trabajo en artes y
comunicación que permita
articular y aprovechar los
recursos culturales existentes.
Así, a través de distintas
acciones como El Periódico de
Artes Escénicas y Cultura,
cursos, talleres, muestras
itinerantes y seminarios en
distintas regiones del país, se
propone mejorar el intercambio
entre los proyectos culturales,
facilitar la circulación de
información y detectar
necesidades puntuales para
apoyar emprendimientos
artísticos.
"Hay un campo social muy fuerte
a nivel nacional de experiencias
que dan respuestas a través del
arte y buscan producir cambios
concretos en la comunidad que
surgen por la necesidad de
encontrar alternativas a los
modelos que excluyen", explica
Claudio Pansero, director de la
asociación.
La asociación edita, desde 2001,
una Guía de Artes Escénicas que
ofrece información completa de
todas las áreas ligada al teatro
y la danza en todo el país, en
los países del MERCOSUR e
información adicional de
Iberoamérica.
Artes Escénicas se prepara ahora
para realizar el 5º Festival
Internacional de Cuenta Cuentos
el 5 de agosto de este año, unas
Jornadas de Cultura y Desarrollo
en septiembre en Mendoza para la
región de Cuyo y otras en
Catamarca en noviembre para el
noroeste.
Acrobacias, zancos y trapecios
Un grupo de 140 niños, niñas y
jóvenes participa de los
talleres de tela, acrobacia,
zancos y trapecio que ofrece el
Circo Social del Sur. Arriba de
un par de zancos, a los 7 años,
empezó Marcela su recorrido por
el Circo Social. Hoy, la joven
tiene 18 años, está terminando
de estudiar y decidió dedicarse
profesionalmente al circo.
"Antes de salir al escenario
siempre me da nervios pero
cuando salgo, ver tanta gente
que aplaude por lo que hacés es
una satisfacción, me encanta",
explica la joven.
La apuesta del Circo Social del
Sur es brindarles a los chicos
que menos tienen espacios
lúdicos que les permitan
fortalecer su autoestima, los
vínculos, la solidaridad y el
humor; y generar espacios de
educación e integración. Entre
los proyectos de la asociación,
está la creación de la primera
escuela profesional pública de
circo social con formación
integral, una experiencia que ya
se desarrolla en España, Brasil
y Canadá, cuenta Mariana Rúfolo.
Oportunidades + capacidades
La Fundación Crear Vale la Pena
nació con el propósito de dar
oportunidades para la producción
cultural a quienes no las
tienen, integrar a los que la
sociedad expulsa y promover
emprendimientos donde esas
personas puedan expresarse y ser
reconocidas por fuera de su
capacidad de generar riqueza
dineraria, según relatan sus
miembros.
"El diagnóstico que está detrás
de esta idea y detrás de la
organización, es que el arte es
un valor en si mismo y es un fin
a alcanzar en la realización de
cualquier individuo, pero que
está totalmente ausente de los
contextos de pobreza como
práctica educativa, como espacio
de formación", señala Mara
Borchardt, miembro del Comité
Ejecutivo de Crear.
Cuando comenzaron a andar en
1993 tenían 100 alumnos y hoy
hay 800. "El crecimiento fue la
respuesta y el entusiasmo de los
chicos y la gente para con la
actividad", explicó Borchardt,
quien asocia el hecho con las
posibilidades que el proyecto
ofrece y que antes no existían
en ningún barrio. "Antes no
había talleres artísticos
gratuitos para estos jóvenes y
seguro que eso es una marca a
nivel de la comunidad y seguro
que eso va a ser una marca en su
historia de vida, porque -para
la representante de Crear- hay
un registro muy claro a nivel de
la identidad, lo que significa
poder tener o no, en el marco
del desarrollo de su vida,
determinadas experiencias".
Jesica Maciel tiene 18 años,
lleva más de siete en la
Fundación, y tiene muy claro de
qué se tratan esas huellas que
Crear deja en la vida de los
chicos. "Lo que hace Crear es
sacar lo que tenemos guardado,
demostrar que podemos, que mas
allá de que vivimos en una
villa, podemos hacer algo, y
sacar ese título de que si somos
pobres vamos a vivir toda la
vida pobres y no vamos a tener
nada nunca", explica la joven
que define al arte como algo que
puede ser usado para "sacar
broncas, alegrías, para un
desahogo, para contagiar, para
compartir".
Las miradas jóvenes
"Un minuto por mis derechos" es
una iniciativa de UNICEF
Argentina, llevada a cabo por la
Fundación Kine, Cultural y
Educativa, que convoca a
adolescentes entre 14 y 21 años
a expresarse de forma creativa y
amplia sobre sus derechos a
través del lenguaje audiovisual
y mediante la realización de
videos de 1 minuto de duración.
Cerca de 800 chicos y chicas
participaron ya del proyecto,
que va por su segundo año de
desarrollo, en talleres
realizados en distintas
provincias del país.
La iniciativa se propone
promover la participación y el
protagonismo de jóvenes y
adolescentes en la creación de
sus relatos y en la expresión de
sus intereses y realidades, y
promover así una cultura de
cumplimiento de sus derechos a
partir de la difusión de los
cortometrajes. Las producciones
realizadas en el 2005
participaron en diferentes
festivales nacionales e
internacionales y, actualmente,
se pueden ver en diversos medios
y espacios culturales.
La Fundación Kine, a su vez, se
propone estimular la
participación de los jóvenes,
mediante la producción de sus
propios mensajes apelando al uso
de los múltiples lenguajes de la
comunicación, y posicionar, de
este modo, la cultura en las
estrategias de desarrollo de las
comunidades. Lleva adelante dos
programas: el Festival
Iberoamericano de Cortos
"Imágenes Jóvenes en la
Diversidad Cultural" y el
Programa Talleres + Cortos
(capacitación en narrativas
audiovisuales).
Algunas de las producciones de
"Un minuto por mis derechos"
pueden verse en:
http://www.unicef.org/argentina/spanish/resources_4297.htm
También desde el Estado
Las orquestas infantiles y
juveniles son otras de las
experiencias de inclusión a
través del arte, en este caso
gestionadas por el Estado. La
Secretaría de Cultura de
Presidencia de la Nación puso en
marcha en 1995 un programa
nacional mediante un convenio
con el entonces Consejo de
Niñez, Adolescencia y Familia
para la creación de orquestas
infantiles y juveniles. Así
nacieron la Orquesta Juvenil del
Consejo de Niñez, Adolescencia y
Familia y la Orquesta Escuela de
Chascomús, ambas en plena
actividad actualmente.
Las provincias de La Pampa y de
Chubut vieron surgir en 1999
proyectos similares gestionados
desde los municipios, en 2002 se
sumó otro emprendimiento en la
ciudad de Cutral-Co, Neuquén, y
a partir de 2003 se incorporaron
más orquestas al programa. En la
Ciudad de Buenos Aires, dentro
del Programa Zonas de Acción
Prioritaria de la Secretaría de
Educación, más de 200 niños
participan activamente en las
orquestas en los barrios de
Villa Lugano y Retiro.
La creación de orquestas
integradas por niños y jóvenes
también ha resultado una
estrategia exitosa en países
como Venezuela, Ecuador,
Colombia, Uruguay y Chile,
explican en la Secretaría de
Cultura.
"Las orquestas infantiles como
espacios de inclusión para los
chicos nacieron con la idea de
que la situación de pobreza no
excluye solamente de los bienes
materiales, sino también
culturales, porque los chicos no
pueden elegir aquello que no
conocen, aquello a lo que no
tienen acceso", señala Horacio
Cuello, director del programa.
"La primera reunión no vine,
pero después arranqué y no deje
más. Yo quería tocar el violín o
el chelo, pero la melodía del
violín me gusta más, por eso lo
elegí. Somos los que llevamos el
ritmo", cuenta Santiago (18
años), uno de los tantos jóvenes
que integran las orquestas.
Producir cultura, transformar la
realidad
El Culebrón Timbal se define
como una productora cultural
comunitaria que genera
actividades culturales y
educativas para más de 200 de
chicos y jóvenes del noroeste
del gran Buenos Aires.
Encuentros murgueros, festivales
de carrozas, fiestas de teatro
popular, recitales, una radio
comunitaria y un diario regional
son algunas de las actividades
que promueve la organización
para demostrar que el arte es
una herramienta de
transformación social, de
formación y de organización
comunitaria.
Cuando los chicos empiezan a
participar de forma sostenida en
las actividades que propone el
Culebrón inician "un proceso en
donde saben que ellos son
importante, son protagonistas,
saben que es importante que
estén en cada ensayo para que en
un futuro puedan integrar un
grupo o una murga, o que hoy
estamos haciendo muecas con la
cara y mañana estemos haciendo
una obra de teatro", dice Rizo.
"Es un proceso que arranca desde
eso, entran en un lugar donde
dicen `ah! loco, estos chabones
me escuchan, me proponen llegar
hasta allá´", concluye Rizo.
El Culebrón Timbal trabaja
también, junto a UNICEF
Argentina, en el proyecto Teatro
Popular Juvenil, una iniciativa
para la construcción de
ciudadanía desde el arte y la
cultura comunitaria, en marcha
desde 2005.
Gentileza: Periodismo Social [
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