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Adolescentes deprimidos
Por Roger Vilar
Mariana Sánchez* encontró en la
escuela primaria uno de los
grandes placeres de su vida:
leer. Mientras los demás jugaban
ella permanecía en el aula
leyendo sus libros. Pero
alrededor de los 12 años la
falta de armonía entre sus
preferencias y la forma de ser
de sus compañeros la abrumó.
"Ninguno leía. En ese aspecto
era la 'rarita' de la escuela.
Empecé a sentirme aislada". A
ello se sumaron las agresiones y
burlas.
Desde muy temprana edad la idea
del suicidio transitó por la
mente de Mariana, lo que motivó
su ingreso al Hospital
Psiquiátrico Infantil Dr. Juan
N. Navarro.
El expediente de la joven
reportaba lesiones
autoinfligidas y el diagnóstico
era una depresión severa. "La
primera vez que ingresé aquí fue
hace dos años".
Después de no ser admitida en el
Colegio de Ciencias y
Humanidades, donde Mariana
anhelaba estudiar el
bachillerato, la adolescente se
sumió de nuevo en la tristeza.
Empezó a consumir drogas y en
una ocasión se hizo cortaduras
en los brazos con una navaja.
Fue hospitalizada por segunda
vez. Hoy, a sus 16 años, gracias
a un tratamiento contra la
depresión, la evolución de
Mariana es favorable.
Desafortunadamente el testimonio
anterior no es un caso aislado.
De acuerdo con el doctor Jesús
del Bosque, presidente de la
Asociación Mexicana de
Psiquiatría Infantil, uno de
cada 10 adolescentes en México
ha tenido por lo menos un cuadro
depresivo en su vida. De éstos,
cerca del 28 por ciento presenta
depresión severa, agrega el
doctor Félix Higuera, director
del Hospital Psiquiátrico
Infantil Dr. Juan N. Navarro.
Peor aún, esta enfermedad va en
aumento en los adolescentes,
asegura el doctor Higuera.
Algunas causas, como el
incremento en el número de
divorcios y las presiones
académicas, se dan en todo el
mundo, pero en México existen
otros factores. El psiquiatra
forense Fernando López Munguía
destaca entre ellos la ruina
económica de la familia, el
maltrato físico, el abandono del
hogar, el subempleo y la vida en
la calle. "El adolescente puede
llegar a tener una depresión
igual o mayor a la de un adulto,
e incluso casos de depresión muy
prolongada", advierte el doctor
Higuera.
Los efectos son devastadores. El
adolescente deprimido tiene un
bajo rendimiento escolar, no
muestra interés por nada, evita
los amigos, se aísla y tiene
conductas riesgosas. Las
investigaciones demuestran que
los cuadros de depresión en
adolescentes son más frecuentes
entre los 13 y los 16 años, en
ambos sexos. Los jóvenes no
tratados pueden tener un
episodio depresivo cada seis
meses o un año, lo que significa
entre seis y 12 recaídas durante
la adolescencia.
En casos extremos los jóvenes
con depresión profunda intentan
el suicidio, el cual es la causa
de muerte número 18 en México,
según un estudio de la
Organización Mundial de la Salud
(OMS). "La única solución que
encuentran los chicos que no
reciben tratamiento y llegan a
la depresión severa es quitarse
la vida", indica la doctora
Rebeka Jones, psiquiatra clínica
y académica de la Universidad
Nacional Autónoma de México
(UNAM).
Pero también hay buenas
noticias. Los adolescentes a
quienes se les diagnostica
depresión tienen mayores
posibilidades de recuperarse que
los adultos. ¿Por qué? Si la
depresión es tratada en la
adolescencia, de adulto el
paciente puede reconocer mejor
un episodio depresivo y le será
más fácil eliminar las ideas
negativas, señala el doctor
Higuera. Por otra parte, los
púberes son más dúctiles y
abiertos a las indicaciones del
especialista.
Parte del tratamiento típico en
México, según el doctor Del
Bosque, consiste en terapias
grupales dirigidas por un
especialista, en las cuales los
adolescentes interactúan y
reciben herramientas que les
permiten hacer frente a los
pensamientos negativos. El
número de estas sesiones oscila
entre cinco y 10. Aunque otros
especialistas recomiendan una
terapia individualizada, todos
coinciden en la necesidad de
aplicar psicofármacos.
Desafortunadamente, de cada 10
adolescentes deprimidos menos de
dos recibe tratamiento, señala
el doctor Del Bosque. En muchas
ocasiones la causa de que estos
jóvenes enfermos no lleguen a un
especialista radica en la
inexperiencia de médicos
generales, maestros y padres. La
familia no sabe establecer la
diferencia entre la turbulencia
típica del adolescente y la
depresión. "Es vital que la
familia esté informada sobre el
problema y sepa qué actitudes
distinguir en el adolescente",
advierte Del Bosque.
Carlos García había vivido desde
los 16 años una depresión
creciente. De pequeño su
padrastro le daba golpizas a
escondidas de su madre. Años más
tarde, cuando sobrevino la
separación, Carlos le confesó
todo a su madre y en su
desesperación le suplicó:
--Mamá,
ayúdame, no me quiero volver
loco.
Martha Gómez no conocía nada
sobre la depresión ni que su
hijo hubiera pensado matarse con
un cuchillo. Actualmente, en el
hospital donde atienden a Carlos
también Martha recibe pláticas
sobre esta enfermedad. Ahora
ella puede detectar los
síntomas. Su hijo controla más
la depresión y ya no lo
atormenta la idea de enloquecer.
Si sospecha que su hijo está
deprimido, encontrar la ayuda
correcta no será fácil. En
México sólo hay alrededor de 250
psiquiatras infantiles y de la
adolescencia.
La mayoría trabaja en las zonas
de mayor poder adquisitivo de
las grandes ciudades. Los
adolescentes que viven en áreas
rurales o zonas marginales con
frecuencia no son ni
diagnosticados ni tratados,
comenta el doctor López Munguía.
ése fue el caso de Vanesa
Álvarez. A pesar de que sufría
una depresión tan severa que
intentó quitarse la vida varias
veces, nunca había recibido
atención médica especializada.
Fueron sus maestros quienes
detectaron que algo andaba mal y
lograron que asistiera al
Hospital Psiquiátrico Infantil
Dr. Juan N. Navarro, donde ahora
recibe un tratamiento adecuado.
La joven ya no piensa en
suicidarse y ve el futuro con
más optimismo. "Me he estado
preparando mucho, he leído
libros y llevo una libreta de
apuntes. Quiero estudiar
astronomía".
A menudo no hay una causa obvia
de la depresión en los
adolescentes. El doctor Harold
S. Koplewicz, investigador
estadounidense y autor del libro
More Than Moody: Recognizing and
Treating Adolescent Depression
("Más que decaimiento: reconocer
y tratar la depresión en los
adolescentes"), tiene una teoría
que ofrece algunas claves. Dice
que entre los 14 y los 17 años
el cerebro sufre una "poda"
gradual, la cual modifica las
conexiones neuronales, elimina
células que ya no son necesarias
y deja los "caminos" o "redes"
que se requieren para el
aprendizaje que realizamos como
adultos. La ciencia aún debe
probar si existe o no un vínculo
entre esta modificación cerebral
y la depresión, "pero esto
coincide con las edades en las
que vemos que se incrementan los
desórdenes psiquiátricos en los
adolescentes", resalta Koplewicz.
Los factores genéticos también
pueden ser causa de depresión.
Unos científicos de la
Universidad de Wisconsin-Madison,
del King's College, de Londres,
y de la Universidad de Otago, en
Nueva Zelanda, investigaron la
posible existencia de un gen que
hace a ciertas personas más
propensas a la depresión.
Durante 26 años pidieron a 847
personas registrar sus episodios
de depresión. éstos fueron
relacionados con las
experiencias estresantes de los
participantes, como la pérdida
del trabajo. El estudio,
publicado en julio de 2003,
encontró que aquellos que eran
portadores de cierto gen corrían
dos veces más riesgo de caer en
una depresión después de tales
crisis.
"El ambiente puede ser muy
positivo, pero la carga genética
es tan fuerte que aun cuando
haya un ambiente muy favorable
el sujeto puede ser depresivo",
asegura el doctor Del Bosque.
Belinda Borja es ejemplo de que
la depresión puede extenderse
dentro de ciertas familias. A
los 17 años, tras dos intentos
de suicidio, le diagnosticaron
depresión. Su tío, Fernando
Borja, de 30 años, tiene
prótesis en el aparato
digestivo; a los 25 años, bajo
la depresión, bebió sosa
cáustica, que dañó casi todos
sus órganos. "Mi tío ahora trata
de ayudarme, me aconseja que me
atienda, me dice que vea cómo
está él, que no llegue a eso".
En México se lucha para atender
a los adolescentes con
depresión, pero aún hay
carencias significativas. Para
el doctor Del Bosque son
insuficientes los 2500
especialistas que trabajan en
nuestro país, pues la OMS
aconseja que haya uno por cada
20 mil habitantes y actualmente
sólo tenemos uno por cada 40
mil.
¿Qué se hace para superar esta
situación? El doctor Enrique
Camarena Robles, director
general adjunto de los Servicios
de Atención Psiquiátrica de la
Secretaría de Salud, comenta que
en los últimos 10 años se han
creado siete centros para la
formación de psiquiatras. "Por
mencionar los últimos tenemos el
caso de Tabasco y Sonora. En el
Estado de México asesoramos la
implementación de un programa
para formar psiquiatras".
Gracias a esto actualmente se
forman un promedio de 70
especialistas al año.
Por otro lado, la Facultad de
Medicina de la UNAM puso a
disposición de los médicos
generales del país el "Diplomado
electrónico en depresión y
trastornos de ansiedad", en la
página
www.depresionyansiedad.com.mx.
El Instituto Nacional de
Psiquiatría también imparte
cursos vía Internet para
maestros, psicólogos y personal
de salud interesado en el tema.
Incluso hay programas
psicoeducativos para maestros y
padres encaminados a
contrarrestar la depresión en
adolescentes; uno de éstos se
imparte en el Instituto
Jalisciense de Salud Mental y
otro en el Hospital Psiquiátrico
Infantil Dr. Juan N. Navarro, en
la Ciudad de México.
El doctor Higuera ve un futuro
prometedor en la implementación
de la psicoeducación preventiva.
Con esto, refiere, "familiares y
maestros podrían detectar un
cuadro depresivo en su fase
temprana".
En México, según el doctor Del
Bosque, ciertas ideas populares
sobre la adolescencia y su
relación con la depresión son
equivocadas. "Un adolescente
puede sufrir tanto, o incluso
más, que en cualquier otra etapa
de la vida".
Síntomas de la depresión en los
adolescentes
Si se presentan por lo menos
cuatro o cinco de estos
comportamientos es muy probable
que el adolescente padezca
depresión.
Irritabilidad Cambios de estado
de ánimo Tristeza Apatía
Desinterés por todo Pensamientos
pesimistas Autorreproches Fallas
en el aprovechamiento académico
Insomnio Hipersomnia (duerme
demasiado) Trastornos del
apetito (come muy poco o mucho)
La tristeza y la irritabilidad
pueden presentarse de manera
conjunta o separada.
Gentileza: Visión y Ciencia [
lenticon@domeus.es ]
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