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Padre de la Emancipación
americana.
Alberto Lapolla.
Ya en Cuzco con empeño
quieren sacudir, y es ley,
el yugo de ajeno rey
y reponer al que es dueño
¡Levantarse americanos!
Tomen armas en las manos
Y con osado furor
¡maten sin temor
a los ministros tiranos! (Afiche
pegado en Oruro en
abril de 1780 por los criollos
Tupamaristas)
(2)(pag425)
1.- 4 de noviembre de 1780: El
inicio de la Rebelión
Túpac Amaru II encabezó la mayor
rebelión que conoce
la historia de los países del
Tercer Mundo, hasta muy
entrado el siglo XX, luego de la
ocupación y expansión
europea, iniciada a lo largo del
siglo XV, con la
llegada de Colón a América y de
Vasco da Gama a África
y Oriente. Organizó y armó a
100.000 americanos
originarios contra el poder
español, proclamando la
libertad y la independencia de
América. Su rebelión
fue el golpe más fuerte sufrido
por el imperio
español, desde la invasión a
América en 1492. El jefe
del gabinete de Carlos IV, ‘el
favorito’ -de la reina-
Don Manuel Godoy, exclamaría
unos años más tarde,
‘Nadie ignora cuánto se halló
cerca de ser perdido,
por los años de 1781 y 1782,
todo el virreynato del
Perú y una parte del de la Plata
cuando alzó el
estandarte de la insurrección el
famoso Condorcanqui,
más conocido por el nombre de
Túpac Amaru’ (1)(pag151)
‘El 4 de noviembre de 1780 Túpac
Amaru da comienzo a
la sublevación.(...) Túpac Amaru
y el corregidor de
la provincia de Tinta, Antonio
Arriaga, se reunieron
en la casa del cura de Yanaoca,
doctor Carlos
Rodríguez, para “celebrar el día
de nuestro augusto
soberano”. Antes de terminar la
comida, fingiendo
haber recibido un llamado
urgente del Cuzco, Túpac
Amaru se retiró de la casa del
eclesiástico, y oculto
en el camino que conducía a
Tinta con un grupo de sus
partidarios, esperaba el paso de
Arriaga de vuelta para el
pueblo.(...) “Retirábase (el
corregidor
Arriaga) después de comer al
pueblo de Tinta, y en la
travesía que media le acometió
Túpac Amaru con alguna
gente que le acompañaba.
Echáronle un lazo al cuello y
lo trajeron de la mula a la
tierra, hicieron a un
criado que con él venía y presos
dos negros esclavos
que a alguna distancia lo
seguían, fueron todos
conducidos a un sitio separado y
secreto, y allí
detenidos hasta la medianoche en
que fueron
introducidos en el pueblo de
Tungasuca, y encarcelado
el corregidor en una pieza o
calabozo en la casa de
Túpac Amaru. Observóse tal
secreto en Orden a su
situación que absolutamente se
ignoraba donde se
hallaba el corregidor; a unos se
decía que estaba
actuando ciertas diligencias de
importancia que lo
negaban a otra atención.” Túpac
Amaru llevó al
corregidor a Tungasuca y allí
estableció su cuartel
general, y no en Tinta capital
de la provincia. Los
motivos saltan a la vista: la
situación estratégica de
Tinta es mucho menos favorable
que la de Tungasuca,
que se halla en la cordillera y
es de difícil
acceso.(...) De acuerdo con el
plan previamente fijado
y perfectamente ejecutado,
obligó de inmediato al
corregidor a firmar una carta
dirigida a su cajero, en
la que le ordenaba remitirle
todos los fondos
disponibles y todas las armas
alcanzables.(...) La
fingida carta produjo su efecto.
El jefe rebelde, que necesitaba
tan apremiosamente armas, sobre
todo de fuego, y dinero, gracias
a su ardid obtuvo 22.000 pesos,
algunas barras de oro, 75
mosquetes, bestias de carga y
mulas. Pero el corregidor no
sólo se vio obligado a firmar
esa carta; también tuvo que
poner su firma bajo la misiva a
su dependiente Manuel de San
Roque, natural de Santiago de
Chile, que no le podía presagiar
nada bueno. En ésta le ordenaba
“fuese a Tungasuca llevando dos
pares de grillos, su cama, y
llaves de las principales
viviendas del Cabildo.” El antes
tan soberbio funcionario
español, bajo el dictado de
Túpac Amaru, el 8 de noviembre
de 1780, tuvo que extender
órdenes a todos los pueblos de
la provincia para que sus
habitantes en el término de 24
horas, se presentaran en
Tungasuca.(...) “Don Miguel de
Mesa y don Félix Castelo, a
quienes se da la comisión en
derecho necesaria, pasarán al
pueblo de Citarangani y
notificarán a todos los
españoles que restan, para que
dentro del término de veinte y
cuatro horas se presenten en
este pueblo. Asimismo a los
indios de ambos ayllus; sin que
en esto haya reserva de persona
alguna, por convenir al servicio
del Rey y causa pública.
Tungasuca, y noviembre ocho, de
mil setecientos ochenta. Antonio
de Arriaga.” Naturalmente, la
rigurosa orden del gobernador de
la provincia fue ejecutada con
toda puntualidad. En Tungasuca
se hicieron, pues, presentes
miles de criollos, mestizos e
indios, y aun algunos europeos.
Un genóves residente en
Sicuani,(...) en su declaración
judicial nos ofrece algunos
detalles interesantes sobre los
momentos iniciales de la gran
rebelión. Según dice, ya el día
8 comenzaron a afluir a
Tungasuca muchas personas. De
inmediato fueron puestas en pie
de guerra, por Túpac Amaru,
quien montado en un caballo
blanco y vestido de terciopelo
negro, dirigía los ejercicios
militares en la pampa vecina a
Tungasuca. Daba órdenes en los
dos idiomas: a los criollos y
mestizos, en castellano; a los
indios en quechua.’ (2)(pag442 a
444)
2.- La primera Independencia
Entre el 4 de noviembre de 1780
y el 18 de mayo de
1781 –fecha del horrendo
sacrificio de Túpac Amaru, su
esposa Micaela Bastidas Puyucawa
y toda su familia-
América disfrutó el único
período de libertad desde el
inicio de la invasión y opresión
española, hasta su emancipación
en 1824. En ese breve período,
que en verdad se extiende hasta
1784 en la continuidad de la
rebelión por los diferentes
jefes Indios del Perú, del Alto
Perú y del Norte Argentino,
quienes prosiguieron la rebelión
iniciada por Túpac, hasta ser
totalmente exterminados a sangre
y fuego por los genocidas
españoles. Cien mil hombres en
armas levantó Túpac Amaru a lo
largo de más de 1500 kilómetros
en una insurrección india
preparada a lo largo de varios
años, que contaba con jefes y
lugartenientes tan importantes
como su esposa Micaela Bastidas
Puyucawa, Julián Túpac Katari
–proclamado virrey del Alto
Perú, en concordancia con que
Túpac Amaru era el Inca de todo
el Tuhwantysuwu restaurado-, su
esposa Bartolina Sisa, Diego
Cristóbal Túpac Amaru –el más
destacado de los colaboradores
del Inca-, Mariano Túpac Amaru,
Miguel Túpac Amaru, Andrés Túpac
Amaru y Dámaso Katari entre
otros. Todos ellos -y sus
completas familias, incluido el
desaparecido hijo de Túpac
Catari de 8
años- asesinados de la misma
atroz manera que el gran
Inca, por los ‘civilizados’
españoles. Cien mil indios
levantados en armas, con palos,
piedras, recursos hidráulicos,
macanas y lanzas, pero con muy
pocas armas de fuego y sin
conocimiento de su manejo. Cien
mil indios asesinó en represalia
el terror español, en otro de
los genocidios con que los
europeos trataron históricamente
a los americanos nativos. Pero
fue en noviembre de 1780, cuando
una nueva generación india
recobró la dignidad mancillada
por el opresor y expresó su
grito de libertad e
independencia, extendida al
corazón de la América India. De
hecho, Condorcanqui retomaba el
estandarte invicto de Juan
Santos Atahualpa, quien había
combatido entre 1742 y 1761, sin
ser nunca vencido por los
españoles. Santos Atahualpa
llegó a crear un estado libre de
la dominación goda en la selva
central del Perú extendido hasta
el Matto Grosso, en alianza con
una diversidad de etnias
guaranyes. Aún hoy, los pueblos
de la selva esperan su regreso.
Vinculada con su rebelión, se
había producido una insurrección
india en Lima en 1750, con apoyo
criollo, sofocada a sangre y
fuego por el poder español.
Luego de la muerte de Juan
Santos en 1761, sería Túpac
Amaru quien continuaría la
heroica resistencia india
iniciada el 13 de octubre de
1492.
El 4 de noviembre de 1780 el
Inca dio inicio a la
rebelión –según dicen algunos
historiadores, antes del
tiempo previsto, precipitada por
la detección de la
rebelión criolla de Farfán de
los Godos en Cuzco, que
lo obligó a actuar antes de
tiempo para eludir la
represión. Según lo relatado, el
día 4, el Inca detuvo
al odiado y perverso corregidor
Arriaga. El día 10
Arriaga fue ejecutado por Túpac
Amaru en la plaza de
Tungasuca, ante un gentío
exultante de indios y
mestizos que no podían dar
crédito a lo que sus ojos
veían. En los días siguientes
continuó Túpac, al mando
de sus hombres recorriendo la
provincia y liberando
indios y mestizos esclavos de
las encomiendas y
obrajes, repartiendo su bienes
entre los pobres
americanos y ejecutando a todos
los españoles europeos
presentes, las mujeres españolas
eran obligadas a vestirse con
ropas de las mujeres americanas,
para escándalo de las ibéricas
damas. La rebelión se extendió
como un reguero de pólvora sobre
la mancillada tierra americana.
‘Causa admiración al ver la
prontitud con que obedecieron
las voz de este Rebelde en todo
el Reino del Perú, pues se sabe
notoriamente que en toda la
costa de Arica, Tacna y
Huantajaya hicieron los indios
iguales muertes, robos y
atrocidades que en la Sierra,
manteniéndose sin sujeción
alguna. Y hasta los bárbaros
Mocovíes y Pampas de la parte de
Jujuy y Salta, tuvieron noticia
de esta rebelión, y salieron de
sus términos insultando e
intentando asolar estas dos
ciudades, en donde tuvieron la
fortuna de haber llegado a ese
tiempo la Compañía de Granaderos
del regimiento de Saboya, que
venía de Buenos Aires, con la
cual pudieron resistir sus
terribles invasiones. También
los Chiriguanos de la frontera
de Tomina, hicieron sus salidas
costosos con los deseos que
tuvieron de conocer al Titulado
Rey Túpac Amaru.(...) Pocas
veces se habrá visto desolación
tan terrible, ni fuego que con
más rapidez se comunicase a
tantas distancias, siendo digno,
de notar, que en 300 leguas que
se cuenta de longitud, desde el
Cuzco hasta la frontera del
Tucumán, en que se contienen 24
provincias, en todas prendió
casi a un mismo tiempo el fuego
de la rebelión.’ (Relato de dos
Relaciones españolas de la
época) (2)(pag430) El día 12,
Condorcanqui ocupó el
obraje de Pomacancha, liberando
a los indios allí
esclavizados, repartiendo entre
ellos sus bienes,
dejando a cargo del mismo –ya no
como obraje, sino
como propiedad comunal indígena,
Ayllú- a su hermano
menor Juan Bautista Túpac Amaru.
Juan Bautista -único
sobreviviente de la familia del
Inca-, pasaría cuarenta años en
las prisiones españolas en
África (en
Ceuta) y sería proclamado Rey
Inca por el general
Belgrano en el Congreso de
Tucumán, propuesta que el
Congreso aprobara el 31 de julio
de 1816. Juan
Bautista moriría en Buenos Aires
en 1827,
encontrándose enterrado en una
tumba sin nombre en el
cementerio de la Recoleta.
3.- Túpac Amaru proclama la
Independencia americana
Luego de liberar obrajes, indios
esclavos y ejecutar
corregidores, Túpac Amaru hizo
públicas reiteradas proclamas,
reclamando la libertad e
Independencia de los pueblos de
América. Su proclama más
difundida es, sin dudas, uno de
los documentos liminares de
nuestra Independencia, la misma
casi repite los argumentos del
Manifiesto por la Independencia
de América de Juan Vélez de
Córdova, proclamados en la
Revolución India-Criolla de
Oruro del 8 de julio 1739. Por
supuesto Vélez de Córdova sufrió
la misma suerte de Túpac Amaru,
a manos de los piadosos
opresores
españoles.(2)
La diferencia entre el proyecto
de Condorcanqui y el
que luego triunfaría en el siglo
siguiente, radica en
que él proponía una nación
India-mestiza-criolla con
hegemonía indígena y no una
nación
hispano-blanca-criolla-británica,
con exterminio y genocidio
permanente del indio, como luego
seríamos. ‘Yo Don José I por la
gracia de Dios, Inca, Rey del
Perú, Santa Fe (Bogotá), Quito,
Chile, Buenos Aires, y
continentes de los mares del sud,
duque de la Superlativa, señor
de los Césares y Amazonas con
dominio en el gran Paititi,
Comisario distribuidor de la
piedad divina por erario sin
par, etc. Por cuanto es acordado
en mi Consejo por junta prolija
por repetidas ocasiones, ya
secreta, ya pública, que los
Reyes de Castilla me han tenido
usurpada la corona y dominio de
mis gentes, cerca de tres
siglos, pensionándome los
vasallos con insoportables
gabelas, tributos piezas,
lanzas, aduanas, alcábalas,
estancos, catastros, diezmos,
quintos, virreyes, audiencias,
corregidores, y demás ministros,
todos iguales en la tiranía,
vendiendo la justicia, en
almoneda con los escribanos de
esta fe a quien más puja y a
quien más da, entrando en esto
los empleos eclesiásticos y
seculares, sin temor de Dios,
estropeando como a bestias a los
naturales del reino; quitando la
vida a todos los que no supieron
robar, todo digno del más severo
reparo. Por eso y por los
clamores que con generalidad han
llegado al cielo, en el nombre
de Dios Todopoderoso, ordenamos
y mandamos que ninguna de las
personas dichas, pague ni
obedezca en cosa alguna a los
ministros europeos intrusos, y
sólo se deberá tener todo
respeto al sacerdocio, pagándole
el diezmo y la primicia como,
que se da a Dios inmediatamente,
y el tributo y el quinto a su
Rey y Señor natural, y esto con
la moderación con que se hará
saber, con las demás leyes de
observar y guardar. Y para el
pronto remedio de todo lo
susoexpresado, mando se reitere
y se publique la jura hecha a mi
Real Corona en todas las
ciudades, villas y lugares de
mis dominios,
dándome parte con toda la verdad
de los vasallos
prontos y fieles para el premio
igual, y de los que se
rebelaren, para la pena que les
compite remitiéndonos la jura
hecha, con razón de cuanto nos
conduzca, etc.’
(2)(pag420-421)
4.- La batalla de Sangarará: día
de redención
americana
Finalmente en el apogeo de la
primera Independencia
americana, Túpac Amaru derrotó a
las tropas españolas
en la batalla de Sangarará el 18
de noviembre de 1780.
Tal vez el máximo día de
libertad e independencia
americana desde la llegada de
los españoles hasta
entonces. El terror se apoderó
de los ibéricos: ‘La
tropa al mando del señor
mariscal de campo, don José
del Valle, volvió al Cuzco muy
disminuida por muertos
y desertores, y los que entraron
en dicha ciudad
causaban compasión, viéndolos
cubiertos de piojos,
muchos o los más descalzos y
otros envueltos en
pellejos. Fueron a alojarse en
los hospitales, porque
de los malos alimentos estaban
padeciendo disentería;
no tuvieron un colchón, casa de
medicina, ni médicos
para la curación de los
enfermos, y las tiendas de
campaña estaban hechas pedazos,
de podridas y
maltratadas. Dicen que no se
puede leer sin lágrimas
los diarios de los señores Valle
y Avilés, y conviene
en que aquellos infelices que
dejaron el bello
temperamento de Lima, la quietud
y regalo de sus casas
para servir al rey, como sus
buenos vasallos, no han
sido pagados.’ (Relato español
del regreso de las
tropas imperiales vencidas en
Sangarará)[citado por
(1)](pag153)
Los españoles del Cuzco estaban
espantados; no sólo se
refugiaban en las Iglesias, sino
que ‘pedían a los sacristanes
les franqueasen las bóvedas para
sepultarse vivos.’ (1)(pag
151)(cita original de De Angelis
Pedro, Colección de obras y
documentos...) La pavura
realista, llegó hasta Buenos
Aires, donde el fiscal del
Virreinato, doctor Pacheco,
lanzó una proclama contra la
rebelión: ‘Cree el fiscal
poderse declarar por rebelde al
cacique Túpac Amaru, y en caso
no se entregue, o le entreguen
sus partidarios a las
reconvenciones o requerimientos
que permitan las situaciones de
cada partido, autorizarse a todo
vasallo del Rey, tanto del
partido rebelde como del que
pase a subyugarle, para que le
aprendan o maten para la más
cabal inteligencia de aquel
excelentísimo señor Virrey, y
que las tropas de una y otra
parte procedan con la mayor
armonía. Buenos Aires y enero 15
de 1781.’ (1)(pag151) Y pues, el
indio ha exhortado A criollos,
atrevido A seguir el vil partido
que alevoso se ha fraguado
para que entienda el alzado
que a todas luces se engaña
criollo es el que desengaña
y exhorta a la recia plebe
que sólo conocer debe
por Padre y Rey al de España.
(Panfleto arequipeño
español) (2)(pag417)
Pero el terror de los españoles,
no residía sólo en la
posibilidad de perder la vida a
manos de los esclavizados
indios, sino en algo mucho peor
para la hidalga raza ibérica:
tener que trabajar con sus
propias manos, la peor de las
maldiciones para un señorito,
caballero o hijodalgo español,
que tenía prohibido ejercer
oficios ‘serviles’:
Nos hicieran (los victoriosos
indios) trabajar
Del modo que ellos trabajan
Y cuanto ahora los rebajan, nos
hicieran rebajar;
Ande pudiera esperar
Casa, hacienda ni esplendores
Ninguno alcanzara honores
Todos fueran plebeyos
Fuéramos los indios de ellos
Y ellos fueran los señores.
(Copla colonial
española-fragmento) (2)(pag412)
Luego del triunfo de Sangarará,
Túpac Amaru expidió un
mensaje a los pueblos del Perú,
volviendo a convocar a
los criollos a la unidad con la
causa india: ‘Vivamos
como hermanos y congregados en
un solo cuerpo.
Cuidemos de la protección y
conservación de los
españoles; criollos, mestizos,
zambos e indios por ser
todos compatriotas, como nacidos
en estas tierras y de
un mismo origen.’ (cit.
por4)(pag149)
5.- La derrota demasiado
conocida
Como muy bien ha señalado Felipe
Pigna, la historia
escolar y oficial se ha
encargado –y solozado- en
enseñar la derrota, captura y
posterior
descuartizamiento de Túpac Amaru,
por los genocidas
españoles, pero ha ocultado
deliberadamente el
carácter y la magnitud de su
lucha y su movimiento.
Como si sólo se quisiera mostrar
que es lo que puede
ocurrirle a quien osara
rebelarse contra el poder.
También se ha soslayado la
inocultable relación entre
la rebelión de Túpac Amaru y la
Revolución y
Emancipación americanas que
estallarían a menos de
treinta años de su movimiento.
Aquello, que en
términos históricos constituye
una inocultable
procesión generacional. Serían
los hijos de los
derrotados con Túpac Amaru –como
justamente ha
señalado Alcira Argumedo-
quienes conformarían los
ejércitos emancipadores que
incendiarían el continente
y destruirían al Imperio
español, vengando al Inca.
Sólo que, en esta nueva etapa de
la lucha liberadora
la hegemonía final sería
burguesa (criolla) y no
india. Por el contrario, los
indios, los mestizos, los
mulatos, los negros y los
gauchos, serían los
derrotados por el recambio de
clases dominantes. Ya no
serían esclavizados por los
godos, sino por sus
descendientes directos las
oligarquías
blancas-criollas asociadas a un
nuevo amo imperial: el
británico. Sin embargo, es
imposible eludir la continuidad
histórica de la gran rebelión de
los Andes iniciada por Túpac
Amaru en 1780, con los sucesos
despuntados en 1809-1810. Es
más, de alguna u otra manera, la
rebelión perduró en los pueblos
indios del Norte casi hasta
empalmar con la etapa siguiente,
ya que territorios del actual
Norte argentino y del sur
Boliviano mantendrían
sublevaciones indias indómitas
casi hasta 1805. Luego de su
triunfo en Sangarará el Inca, no
ocupó el Cuzco, que se hallaba
desguarnecido, en un error fatal
para su campaña. ‘El mayor
recelo que se tenía era de
que el traidor llegase a entrar
y fortificarse en el
Cuzco, por el crecido número de
indios que hay dentro
de sus muros, pues si lograra,
costaría más el
desalojar que lo que costó la
Conquista de todo el
reino; pero una vez que Dios por
su misericordia le
negó el concurso para internarlo
al principio de su
rebelión o después de la derrota
de Sangarará (...),
en que sin resistencia lo
hubiera verificado, pues sus
habitantes sobrecogidos de un
temor pánico, sin armas, sin
municiones, sin tropa, no
pensaban en defenderse, sino en
hacer fuga muchos de ambos sexos
y estados, temerosos del golpe
que los amenazaba.’ (Documento
español de la época)(2)(pag428)
Es dable pensar que el Inca –tal
como Aníbal- no quería quedar
encerrado en una ciudad y
prefirió el movimiento liberador
de sus tropas. Sin embargo el
hecho de no tomar el Cuzco,
unido a la falta de apoyo de los
criollos al movimiento indio
–los criollos del Perú y Alto
Perú eran parte de la clase
social que explotaba a los
indios y no querían de ninguna
manera una Revolución India, tal
como comprobarían luego Castelli,
Belgrano, Güemes, Juana Azurduy,
Ascencio Padilla, San Martín,
Artigas, Andresito, O’ Higgins,
Sucre y Dorrego. Este conjunto
de factores lo llevarían a la
derrota. A esto se sumaba el
envío de refuerzos de todas
partes de la América española
–incluido un fuerte destacamento
del Plata enviado por el ‘muy
progresista’ virrey Vértiz-, la
traición de los criollos que
Túpac había incluido como
artilleros –los indios no sabían
usar la artillería, ni la
mayoría de las armas de fuego-,
la indudable superioridad
militar de las armas de fuego
españolas y en particular la
participación militar directa de
la Iglesia en la lucha contra el
Inca. Al punto, que en la
batalla final, fue decisivo el
papel de las tropas armadas por
la iglesia española en América,
en lucha contra el ‘indio
hereje’. La Iglesia estuvo en la
primera línea de la represión a
la sublevación tupamarista,
considerando la rebelión del
pueblo americano casi como un
asunto particular de desafío a
su labor evangelizadora-esclavizadora.
Para la Iglesia se trataba de la
restauración de la herejía. Como
muy bien lo expresaría más
tarde, Fray Justo Santa María de
Oro en el Congreso de Tucumán en
1816, cuando el General Manuel
Belgrano propusiera la Monarquía
Inca. Como dijimos, el candidato
propuesto era el único familiar
sobreviviente del Inca, Don Juan
Bautista. En dicha ocasión,
Santa María de Oro amenazó con
‘renunciar al Congreso si se
elegía tal
Rey’.(3)(TomoII) Su oposición,
no resultaba
precisamente por fe republicana.
En 1818 apoyó sin
remilgos la posibilidad de
coronar a un medio hermano
de Fernando VII. De ninguna
manera podía aceptar a un
‘indio hereje’ como Rey de los
americanos.
Finalmente Túpac fue derrotado,
por fuerzas
superiores. Traicionado a cambio
de la promesa de
libertad por un lugarteniente
mestizo llamado
Francisco de Santa Cruz, ayudado
en su infamia por el
cura del pueblo de Langui -donde
libró su última
batalla- Antonio Martínez. Los
españoles acudieron al
mismo sistema que usaron siempre
para dominar a los
pueblos americanos: el engaño,
la doblez, la traición
a los acuerdos establecidos y la
violación de la
palabra empeñada. También
buscaron debilitar la
rebelión, otorgando varios de
los reclamos del Inca, y
desatando una represión de
exterminio sobre todos los
pueblos que lo apoyaban. Mataron
a todos los indios que pudieron:
cien mil en total entre 1871 y
1875.
6.-La dignidad del Inca:
‘Volveré y serémillones’
El 18 de mayo de 1871, Túpac
Amaru fue ejecutado en el
suplicio en la plaza principal
del Cuzco. Junto a él
fue asesinada toda su familia,
incluida su esposa y
principal lugarteniente Micaela
Bastidas Puyucawa.
También sus hijos, demás
hermanos y familiares
directos, quienes fueron
asesinados previamente al
gran Inca. Lo obligaron a
observar como uno a uno, sus
seres queridos eran atrozmente
asesinados por los
‘civilizados’ españoles. Pese al
inmenso dolor de ver
morir a sus seres amados y a las
torturas por él
recibidas y al terrible martirio
que le esperaba, el
Inca no sólo no quebró su coraje
y dignidad sino, que
volvió a desafiar a los
criminales invasores
españoles. Antes que el verdugo
le cortara la lengua,
Túpac Amaru expresó en Qeshwa y
Castellano: ‘Volveré y
seré millones’. Dicho y hecho.
El dominio español en
América no duraría treinta años
más. Al ser capturado,
el Inca tenía entre sus ropas
una copia de la proclama
independista que reprodujimos
más arriba. Aparentemente la
misma estaba destinada a ser
entregada a un aliado criollo
que encabezaría una Revolución
criolla en Lima. Pese a las
atroces torturas aplicadas por
el infame Areche, Túpac guardó
el secreto de su socio blanco y
respondió con dignidad y
desprecio al torturador español.
‘El visitador Areche entró
intespestivamente en su calabozo
para exigirle, a cambio de
promesas, los nombres de los
cómplices de la rebelión. Túpac
Amaru le contestó con
desprecio: “Nosotros dos somos
los únicos
conspiradores; Vuestra merced
por haber agobiado al
país con exacciones
insoportables y yo por haber
querido libertar al pueblo de
semejante tiranía. Aquí
estoy yo para que me castiguen
solo, al fin de que
otros queden con vida y yo solo
en el castigo.”(...)
fue sometido a la más horribles
torturas durante
varios días. En uno de los
interrogatorios le
respondió así al sádico juez
Mata Linares: “siendo
descendiente de los Incas, como
tal viendo que sus
paisanos estaban acongojados,
maltratados,
perseguidos, él se creyó en la
obligación de
defenderlos, para ver si los
sacaba de la opresión en
que estaban.’(1)(pag156)
La sentencia del visitador real
Areche es muy
elocuente sobre le carácter de
la dominación española
en América, mostrando a su vez
el origen de las
políticas del Terrorismo de
Estado aplicadas sobre
nuestros pueblos hasta hoy.
‘Debo condenar, y condeno
a José Gabriel Túpac-Amaru, a
que sea sacado a la
plaza principal y pública de
esta ciudad, arrastrado
hasta el lugar del suplicio,
donde presencia la
ejecución de las sentencias que
se dieran a su mujer,
Micaela Bastidas, sus hijos
Hipólito y Fernando Túpac
Amaru, a su tío Francisco Túpac
Amaru, su cuñado
Antonio Bastidas, y algunos de
los principales
capitanes o auxiliares de su
inicua y perversa
intención o proyecto, los cuales
han de morir en el
propio día; y concluidas estas
sentencias, se le
cortará por el verdugo la lengua
y después amarrado o
atado por cada uno de sus brazos
y pies con cuerdas
fuertes, y de modo que cada uno
de éstas se pueda atar
o prender con facilidad a otras
que pendan de las
cinchas de cuatro caballos; para
que puesto de este
modo, o de suerte que cada uno
de éstos tire de su
fado, mirando a otras cuatro
esquinas, o puntas de la
plaza, marchen, partan o
arranquen de una vez los
caballos de modo que quede
dividido el cuerpo en otras
tantas partes, llevándose éste,
luego que sea hora al
cerro o altura llamado Picchu,
adonde tuvo el
impedimento de venir a intimidar
sitiar y pedir que
se le rindiese esta ciudad, para
que allí se queme en
una hoguera que estará
preparada, echando sus cenizas
al aire, y en cuyo lugar se
pondrá una lápida de
piedra que exprese sus
principales delitos y muerte,
para sola memoria y escarmiento
de su execrable
acción. Su cabeza se remitirá,
al pueblo de Tinta,
para que estando tres días en la
horca, se ponga
después en un palo a la entrada
más pública de él; uno
de los brazos al de Tungasuca,
donde fue cacique, para
lo mismo y el otro para que se
ponga y ejecute lo
propio en la capital de la
provincia de Carabaya;
enviándose igualmente y para que
se observe la
referida demostración, una
pierna al pueblo de
Livitaca en la de Chumbivilcas y
la restante al de
Santa Rosa, en la de Lampa.(...)
Que las casas de éste
sean arrasadas, o batidas y
saladas a la vista de
todos los vecinos del pueblo o
pueblos donde los
tuviera o existan. Que se
confisquen todos sus bienes,
a cuyo fin se da la
correspondiente comisión a los
jueces provinciales. Que todos
los individuos de su
familia, que hasta ahora no
hayan venido, ni vinieran
a poder de nuestras armas y la
justicia que suspira
por ellos para castigarlos con
iguales rigurosas y
afrentosas penas, queden infames
e inhábiles para
adquirir, poseer u obtener de
cualquier modo herencia
alguna o sucesión, si en algún
tiempo quisiesen, o
hubiese quienes pretendan
derecho a ella. Que se
recojan los autos seguidos sobre
su descendencia en la expresada
real Audiencia, quemándose
públicamente por el verdugo en
la plaza pública de Lima, para
que no quede memoria de tales
documentos; y de los que sólo
hubiese en ellos testimonio, se
reconocerá y averiguará adonde
paran los originales, dentro del
término que se asigne para la
propia ejecución.’
(2)(pag476) Pero el terror no
terminó allí: como
respuesta a la rebelión, el rey
de España proclamó la
Ley del Terror en América, a
través del llamado
Catecismo Regio. La Iglesia
sería su principal
difusora. ‘La cárcel el
destierro, el presidio, los
azotes o la confiscación, el
fuego, el cadalso, el
cuchillo y la muerte son penas
justamente establecidas
contra el vasallo inobediente,
díscolo, tumultuario,
sedicioso, infiel y traidor a su
Soberano. El vasallo
deberá denunciar toda
conjuración que llegue a su
conocimiento; aun cuando los
conjurados fueran amigos,
parientes, hermanos o padres,
hay obligación de delatarlos.’
(El mismo fue reproducido y
difundido en nuestro territorio
por el arzobispo de Córdoba,
José de San Alberto).(3)(Tomo
I)(pagIV) Como puede verse, el
Terrorismo de Estado y la
colaboración de la jerarquía
católica con él, tiene raíces
profundas en nuestra historia.
7.- Túpac Amaru y la
Emancipación Americana
Sólo una visión racista fundante
de la historiografía
y sociología argentinas y
latinoamericanas, basada en
el racismo estructural de
nuestras sociedades,
sustentadas en la supremacía
racial
blanca-criolla-europea, impuesta
por la invasión
europea y la derrota de las
naciones indias -racismo
expresado sin ambages en las
genocidas consignas tales
como ‘civilización o barbarie’ u
‘orden y progreso’-
sólo desde esa visión se puede
intentar ocultar lo
evidente. La Revolución
Norteamericana estalló en
1774, la Revolución Francesa en
1789, en medio de
ambas la historiografía liberal
o la
católico-nacionalista, no ubican
absolutamente nada
hasta llegar a la Revolución de
Mayo de 1810, hecho en
la que coinciden con distintas
miradas ambas
corrientes europeístas
argentinas. Una tributaria de
la dominación británica y de la
hispana-católica la
otra. Este déficit se extiende a
la mayoría de la historiografía
occidental, con honrosas
excepciones como las de Boleslao
Lewin, Eduardo Astesano, Rodolfo
Kusch, José Carlos Mariátegui,
Alcira Argumedo, Ernesto Giúdici,
Gabriela Mistral, César vallejo,
Pablo Neruda, Osvaldo Bayer,
Felipe Pigna y Enrique Dussel
entre otros. Autores que han
aportado una mirada diferente,
abarcatoria de la real dimensión
de la rebelión Tupamara y del
Incario fundante. El resto,
ignora que en el período
comprendido entre la Revolución
Norteamericana y nueve años
antes de la Francesa, estalló
una Revolución que conmovió el
corazón estratégico del imperio
español en América, y que a
punto estuvo de liberar los
inmensos territorios del
Incario. Es imposible negar su
conexión con el estallido de la
revolución en el Norte de
América. Siendo además que,
entre 1774 y 1789 se sucedieron
en la América española decenas
de rebeliones indias y criollas,
siendo la Tupamara la principal
y más profunda. Ambas visiones
dominantes Ignoran –u
ocultan- que los planteos de
Túpac Amaru, proclamando
la abolición de la esclavitud,
la encomienda y la
servidumbre indias, y de toda
dominación sobre otras
personas, así como de todo poder
colonial sobre los
pueblos americanos, eran mucho
más avanzados que los
principios de supremacía blanca
de las revoluciones
Norteamericana y Francesa.
Movimientos que no abolieron ni
la esclavitud, ni el poder
colonial sobre sus territorios
sometidos, a excepción de los
planteos revolucionarios de
Maximilien Robespierre. Es de
tal magnitud el racismo de ambas
corrientes historiográficas, que
incluso al hablar de la
Revolución de Mayo, dan por
iniciado el proceso el 25 de
mayo de 1810 en Buenos Aires.
Sin embargo, el proceso
emancipatorio realmente comienza
como proceso histórico, el 25 de
mayo de 1809 en Chuquisaca y en
junio del mismo año en La Paz.
Ambas ciudades de clara
connotación india y Tupamara,
situadas en el corazón
estratégico del Imperio español
en América. Claro que, iniciar
la emancipación americana con
los sucesos del Alto Perú, sería
reconocer la herencia tupamara y
el carácter mayoritariamente
indio de la América del siglo
XIX –y aun de la actual. Baste
señalar que Buenos Aires contaba
en 1810 con 42.000 habitantes,
sin embargo en el Perú y el Alto
Perú residían casi 2.500.000 de
personas, el 85% de ellos indios
y mestizos. Es imposible, como
hacen Mitre, Vicente Fidel López
y Sarmiento, o el Pepe Rosa,
Ibarguren y Palacio, por
ejemplo, centrar la emancipación
americana en Buenos Aires. El
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