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El amasijo
La Hortografía
(Donde se habla de que ser bruto
queda mal)
Por: John Argerich
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Aquel fue un día de llovizna,
como es de rigor en Escandinavia.
Y en el aeropuerto se apiñaba lo
más granado de la colonia
nacional, luciendo ropa
deportiva. Cumpas prósperos y
con cara de contentos, rodeados
por amigos y familiares, lo que
hacía del evento una ocasión
para recordar. Y el que más, el
que menos, todos en la pomada de
mandarse una parte flor, por
prestigio bien ganado. Es que
con el berretín de figurar que
lo chapa a uno cuando la vida va
en carroza, habría que ser
boludo y medio para tomarse el
pire en solitario. Uno garpa el
billete y queda en bolas. Pero
viéndolo bien, es como jugar al
truco con las barajas marcadas.
Ganás siempre, si sabés manejar
la promoción.
-Hola Carlitos, ¿qué decís?
-De viaje, como todos los años,
che.
-¿Vas con la familia?
-El perro y mi suegra también
vienen.
Entonces el conocido piensa:
"Mama mía... ¡se forró!"
Pero sigamos hablando del
aeropuerto internacional. Todo
limpito, con decorados de acero
inoxidable y una multitud
vociferante. "BUENOS AIRES",
decía el cartel. Estaba por
salir el vuelo XXX 637 rumbo al
bombón de las Américas, y los
pasajeros vivían el asedio que
es de rigor, protagonizado por
mangueros, carteristas y
vendedores ambulantes.
-Dejáme el cambio, José, que
allá no lo vas a necesitar, y
viajás con menos peso.
-Solamente tengo dólares.
-No importa, porque en Devoto
hay cajero automático, así no te
vienen a manguear.
Silenciosos, algunos. Otros a
grito pelado, como en la feria.
-Estampitas, postales,
garrapiñadas... Todo a buen
precio y acepto la tarjeta de
Visa- ofrecía una viejita
vestida de negro.
Y para no pasar desapercibidos,
los vendedores más ranas
agitaban banderitas, camisetas
con los colores del equipo
nacional, y hasta una guía
callejera de la gran ciudad .
Muleta para quienes rajaron hace
mucho. Pero útil también para
facilitar el tránsito de payucas
camino de las casas. No vaya uno
a caer como un chorlito frente a
tanto taxista mulero. Como el
caso de aquel correntino, que
para llevarlo de Ezeiza a
Constitución debió garpar el
peaje ida y vuelta hasta La
Plata. Hermosa adquisición
también para tanto gil que
semblantea el minaje por Florida
y Diagonal.
-¡Escarapelas argentinas!
-¡Banderas de Boca Juniors!
-¡La guía Peuser en su última
edición!
Pero en la multitud siempre hay
una voz que se destaca.
-¡Señores pasajeros, tengan
ustedes muy buenas tardes! -dijo
un morocho peinado a la
brillantina, de camisa tornasol
y saco a cuadros.
Entrador, el hombre, por la
sonrisa.
-Esta es una presentación de la
conocida multinacional Ediciones
"Buen provecho" Sociedad
Anónima, -informaba- que
inaugura su filial en Estocolmo
lanzando una obra cumbre de la
didáctica contemporánea.
Y sacudía el libro en la jeta de
los viajeros, para tentarlos y
que lo junaran bien. Porque
aparecerse allá con ese
mamotreto daría al portador
prestigio de intelectual. De
bocho, a ver si pescan. Entonces
se pudo leer clarito el título,
escrito con letras rojas sobre
fondo amarillo brillante, como
en la bandera sueca. "LA
HORTOGRAFIA AL ALCANCE DE
TODOS".
-¡Librooos!
-¿A quién le ganás, con ese
nombrecito? -dijo un púa, de los
que nunca faltan.
-¿No tenés algo más piola?
-agregó otro desde la cola-
¿Revistas para caballeros, cosas
de fóbal, historietas
ilustradas...?
-¡Esta es una promoción
cultural, señor!
-¡Con la cultura no se come!
-dijo una vieja- Vendé algo más
práctico.
Pero entre los viajeros había
una señora que antes de meterse
a política y pagar las
consecuencias, enseñaba
castellano en el Colegio
Nacional. O sea que la crítica
dejó pronto el plano opinativo.
-¡Vea m'hijo, Ortografía se
escribe sin hache! -apuntó doña
Leonor.
Se hizo un minuto de silencio,
porque nadie se había percatado
de ese detalle, ofuscada como
está la gente, con los balurdos
de la gramática local. Que
dativo, que acusativo, que qué
sé yo. Pero donde disiente uno,
disienten dos.
-¡Pedazo de brutos! -exclamó un
señor.
Petizo, con nombre ruso, y loco
por internet.
-¡Se lo digo con autoridad!
-prosiguió- Orto es un prefijo
de origen griego, que quiere
decir "derecho".
-No le reconozco la exclusiva,
don, porque también hay ortos
torcidos -opinó un curita que
por allí pasaba- Por ejemplo,
los ortodoxos, que se van todos
al infierno por no pensar igual
que yo.
-Este asunto del orto parece
cosa delicada, che... -dijo una
señora gorda.
-¡Cuidémoslo bien...! -asintió
otra, que estaba escuchando.
El tema se estaba yendo para el
lado de los tomates, y había que
aclarar conceptos.
-La discusión es importante
porque hay tantos ortos como
cosas que pueden andar torcidas
-agregó el petizo.
-¿Me lo explica?
A su juego lo habían llamado, y
prosiguió:
-El que tiene los dientes
fuleros se hace ortodoncia, y el
que anda mal de los huesos, ¿a
donde va?
-A la Chacarita -dijo un púa.
-No señor, a la ortopedia.
-Y hay otras clases de ortos,
pero no voy a entrar en detalles
porque el tema es delicado.
-Por ejemplo, las coordenadas
cartesianas ortogonales, que nos
enseñaban en las clases de
matemáticas -apuntó un
estudioso.
-Esta discusión sobre el orto me
está dando orticaria.
-Urticaria, se dice -corrigió el
ruso.
-El orto de la urticaria o la
orticaria del orto, a mi ya me
tiene podrido con el tema. ¿Van
a comprar libros, o no?
-inquirió furioso el vendedor
ambulante.
-Primero sacále la hache al
orto, y lo convertís en un broli
como la gente. "La ortografía",
se escribe. De lo contrario,
tenés que bajarle el precio,
porque ser bruto queda mal, y
allá no te perdonan ni una.
Pero el petizo era solidario con
los caídos, y llevaba siempre un
frasquito de Tippex en el
bolsillo. Por si las moscas, que
uno nunca sabe cuando la a va a
pifiar.
-Tomá, che.
De pronto la pantalla de tráfico
empezó a lanzar un mensaje
imperioso.
"EMBARCAR"
Y la voz de una suequita rubia
(que todavía quedan) dió la voz
de "áura".
-XXX Airlines anuncia la partida
de su vuelo 637 a Buenos Aires"
Y el pobre vendedor de libros,
que a mayor abundamiento, se
llamaba Mariano López, meta
tapar con pintura blanca las
haches de su libro.
"Hortografía... ortografía..."
-pensaba maquinalmente.
El vendedor de escarapelas
contaba la guita. La vieja de
las garrapiñadas, con cara feliz
porque esa noche iba a morfar.
Los parientes guardando el
cambio que había dejado algún
incauto. Solamente López estaba
con las manos vacías. Y miraba
con bronca a los pasajeros, que
iban subiendo al avión sin
dedicarle siquiera una mirada.
Allí estaba la maestra de
castellano, meta charlar con el
ruso. Los del orto en vez de
horto. Porque el orto había sido
el culpable de todo. Pero no
cualquier orto, entendámonos. Y
no pudo con su genio. Se puso de
pié y les dirigió un bestial
corte de manga. De sus labios
salió un suspiro, como si fuera
una oración para crucificar al
culpable.
-El de tu madre, che...
THE END
Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo"
se publica regularmente en 31
medios de 9 países.
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