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Las galerías no se fijan en ti hasta que no tienes 30
años» Con sólo 30 años es uno de
los artistas más prometedores de Málaga y uno de los pocos que con su edad vive
de lo que hace en su estudio. Polifacético y autodidacta, Roz trabaja la
pintura, el grabado, la escultura, la videocreación y la fotografía; eso sí, el
dibujo es la clave de toda su obra
| ES uno de los
jóvenes artistas más prometedores que tiene Málaga. Con 30 años y poco más
de cinco dentro de este mundo, ya vive de las obras que vende. Javier Roz
iba para médico pero en 2000 decidió lanzarse a hacer lo que realmente le
gustaba, dejó la carrera, se arriesgó y parece que no se ha equivocado. En
la actualidad trabaja con varias galerías, un marchante francés vende su
obra gráfica por Europa y no deja de exponer y ganar concursos. |

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| Los
últimos meses no ha parado un minuto. En octubre expuso en San Sebastián
junto a Enrique Brinkmann y acaba de volver de Almería, donde participa con
otros artistas en la muestra La biblioteca del pintor, ¿cómo ha resultado
todo esto? |
Muy bien, la verdad. La exposición
con Brinkmann suponía empezar a exponer en la galería Arteko y hacer una
exposición con un artista consagrado como él, que además me gusta mucho. Ha sido
todo un lujo. Luego, en Almería también he compartido espacio con gente con una
trayectoria importante como Roberto González, así como con Pablo Márquez, Chema
López y Javier Huecas. Cada uno eligió un escritor y a partir de ahí creó su
obra.
–Usted optó por Samuel Beckett, ¿por qué?
–No sé si yo elegí a Samuel Beckett o él me eligió a mí. Empecé a leer su obra
cuando me llamó una editorial interesada en unos grabados míos para ilustrar una
obra de Beckett. Me mandaron el texto y me gustó mucho. En ese momento estaba
trabajando en el proyecto Desapariciones, que tiene mucho que ver con él porque
habla de la ausencia del lenguaje, del silencio...
–Es un artista polifacético, que trabaja la pintura, escultura, grabado, video,
fotografía... Pero el dibujo es lo esencial en su obra...
–Es la clave. Es como hablar, es el lenguaje del artista plástico, igual que la
palabra es para alguien que escribe. Y es también lo más difícil. Ser capaz de
transformar tu pensamiento en dibujo no es nada fácil.
–Tampoco es fácil conseguir con 30 años vivir del arte. ¿Qué le hizo estar tan
seguro cuando dejó Medicina de que le iba a ir bien?
–La verdad es que no lo sé pero lo cierto es que estaba seguro de que iba a
funcionar. Cuando lo ves ahora te das cuenta de que tiene algo de locura, pero
creo que llegué a un punto en que o lo hacía o entonces sí que me volvía loco
porque cuando iba a las clases de Medicina mi cabeza estaba en la pintura y
cuando me ponía a pintar pensaba que tenía que estudiar. No podía seguir así.
–Pero para dedicarse a esto, hace falta también ser casi un relaciones públicas
de su obra.
–Hay que moverse muchísimo. Y no sólo aquí en Málaga, sino también fuera. Tienes
que buscar como sea.
–¿Por dónde hay que empezar?
–Por todo. La forma es todo. Te tienes que agarrar a lo que te den. Usar las
salas de ayuntamientos de pueblos, mandar a los concursos... Primero a los que
tienes cerca, porque la obra es importante, pero también que te vayan
conociendo.
–¿Y las galerías?
–Lo de las galerías es un mundo, porque las buenas trabajan ya con gente hecha.
Tengo poca experiencia en eso de ir con mi carpeta a una galería y cuando lo he
hecho no me ha funcionado. Aquí lo que funciona es que te llamen ellos. Ahora
que tengo 30 años, empiezan a fijarse pero no antes, porque piensan que puedes
ser la flor de un día...
–Ha aprendido de forma autodidacta, ¿hay algo que echa de menos por no haber
pasado por una Escuela de Bellas Artes?
–Lo único que puedo echar de menos es el contacto con otros artistas porque la
técnica la puedes hacer por tu cuenta, hay libros muy buenos y, al fin y al
cabo, es cuestión de coger un lápiz y ponerse a ello. Pero sí me hubiese gustado
ese contacto con la gente y, también, porque es más fácil que te enteres de
cosas... De la otra manera estás un poco aislado, para bien y para mal.
–¿Y qué es lo bueno de ese aislamiento?
–Por ejemplo, conozco a gente del Bellas Artes de Sevilla que tienen una línea
común de trabajo. Mientras que si trabajas aislado tiene más facilidad de ser
más independiente en tu forma de enfocar las cosas. Tiene tus propias
influencias pero no te influye la persona de al lado.
–Hay quien piensa que depender económicamente del trabajo como artista coarta la
libertad creativa. ¿A usted le condiciona?
–Conozco a gente que piensa así, que dice sentirse muy libre al tener una
profesión aparte, porque no tiene que modificar su trabajo para venderlo. Y a mí
no me parece una mala postura pero es que yo no he tenido que cambiar mi trabajo
para vivir de él. Tengo la suerte de que mi trabajo funciona. Es verdad que si
no vendiera tan bien mi obra gráfica, quizá haría menos. Pero tampoco me
condiciona. Incluso, ese poquito de presión está bien, al menos para mí, para
ver hasta qué punto puedo exprimir esto o lo otro.
–Ya que hablamos de vender, ¿a cuánto se cotiza su obra?
–Los grabados pequeños a unos 95 euros y de ahí hasta 230 euros, que son los más
caros. Luego, en pintura los formatos grandes están entre los 2.500 y 3.000
euros. Tengo unos precios bastante buenos [risas]. A mí lo que me interesa ahora
es que mi obra se venda y que la gente la conozca y ya habrá tiempo para subir
los precios [risas].
Gentileza: Arteinformado [
arteinformado@arteinformado.com
]
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