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El amasijo
Cuando calienta el sol
(Donde se habla de pilchas e
insolación)
Por: John Argerich
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Hay cosas que las sabe hasta el
más gil. Por ejemplo, que cuando
en el hemisferio sur es
invierno, los pieses en el norte
se te ampollan de calor.
-¿Barejemplo? -dijo un turco.
-Un día como hoy, con 38 a la
sombra -respondí.
Bruta ola de lorca, como están
haciendo en Fuengirola, España.
En que ahora uno casi envidia al
grasaje que gasta medias de lana
por esas calles del sur. La
temida canícula te rompe los
quinotos, hablando mal y pronto,
y uno se pone nervioso, de tanto
transpirar. Además de eso, los
despelotes de siempre. Que
prendéme el ventilador, che
vieja. Que esperá un pomito,
porque estoy colgando la ropa.
Que dejála en la silla, si con
este tufo se seca igual. Que vos
siempre me llevás la contra,
cuando te pido algo. Que no
hable macanas, che. Que prendélo
vos. Que más mejor vamo a la
playa.
-¿A la playa, dijiste, negro?
-inquirió la Fanny.
-A vos nada te viene bien.
-¡Qué esperanza! Cualquier cosa
para rajar de este tufo que
hincha la pensadora, che.
Y logrado tan frágil acuerdo,
seguía la cantilena de siempre.
Que sacá vos el auto del garage,
porque estoy con fiaca. Que
entonces poné en la canastra
algo pal' morfi. Que vamo venir
pipone como tu vieja, todo el
día morfando así.
-A la vieja respetámela.
-Mate con galleta, entonces.
-¿Nada más?
Las mallas.
-¿Mallas pa' qué? Si ahora en
Europa todos van en pelotas.
-Cuestión de clase, acordáte
esos versitos de "El alma que
canta", tan populares cuando
éramos pibes.
-¿A ver?
Y el dorima puso facha de
circunstancias, mientas esbozaba
una mueca sobradora, luego de
alisarse el jopo.
-Pará la oreja.
-¡A ver?
"Con esta malla,
ningún programa a mí me
falla..."
-recitó, frunciendo la jeta.
-Yo me pongo la tanguita.
-¿Topless, querés ir?
-Sí, como se usa ahora.
-Vas a parecer una loca.
-Loca no, sino una tipa moderna.
-Entonces yo me pongo el slip.
-Para el levante no te sirve,
con esa panza, si eso te
preocupa. No te mira nadie, ya.
Es el pirulaje, ¿capish?
-¿Pirulaje yo, con apenas
treinta y cinco abriles?
-En cada pata, diría el que te
ve por primera vez.
Y después de otros piropos, la
feliz pareja salió de su
domicilio legal, tomada de la
mano. El, luciendo brillantes
shorts de marca china, mientras
junaba el minaje que hacía
aporte a la deriva. Ella con un
vestido cortón para insinuar los
encantos. Signos de un vínculo
tan intenso como las tormentas
de verano.
-Deme diez euros de nafta.
-¿Va a la playa, don?
-No, mirá si voy a ir a misa,
casi en pelotas.
Después puso la primera y salió
echando diablos, que para eso
están las autopistas,
construidas a fuerza de libras
esterlinas amarrocadas con
vocación peninsular. Y un rato
más tarde, llegaron al mar.
-¿Te parece bien la Playa "don
Pepe", querida?
-Mal no está, pero prefiero una
playita nueva que me
recomendaron las chicas de la
oficina. Queda a dos kilómetros
de aquí.
Siguieron la traza zigzagueante
de una moderna ruta, y los
carteles indicadores los
pusieron en el escenario soñado.
Pero el acceso no era fácil,
porque después de dejar el auto,
hubo que seguir una porción de
viaje a pié. Así dieron con un
bosque de yucas y una larga
escalinata que, cortando la
roca, se metía como una puñalada
en el mar. "PLAYA NUDISTA DE
BENALMADENA" -decía un cartel,
agregando dos palabras para
hacer aterrizar al más vivanco.
"CURIOSOS, NO". Pusieron cara de
habitués, pero a medida que se
acercaban al fondo de la caleta,
la tensión iba en aumento. Y
nuevos carteles agregaban
suspenso a la aventura. "PERROS,
NO", "TRAJES DE BAÑO, NO", "EN
EL BAR NO SE ATENDERA A CLIENTES
QUE ESTEN VESTIDOS".
-¡Mama mía! -exclamó redepente
el Negro Cacciatore.
-¡Oia mi dió! -dijo la esposa.
¡Otra que escándalo por andar
sacudiendo las lolas en
tanguita! Al llegar a una curva
se vió el mar azul y la arena
blanca de la playa. Pero lo
impactante no eran los
centenares de sombrillas que le
daban color, sino miles de culos
tostándose al sol. Culitos y
culazos, culos blancos y culos
negros, culos de todo tamaño y
color. Además de otras partes
igualmente privadas del cuerpo
humano de la persona, que ya no
dejaban lugar a ninguna
fantasía. La verdad de la
milanesa, un decir.
-¿Qué mirás, idiota? -rugió la
Fanny.
-Nada, querida...
-¡Te reviento, che! Dejá de
relojear a esa degenerada, o me
vuelvo a casa. ¡Mirá qué asco,
semejantes tetas! Mejor, ponete
los anteojos negros, che.
La playa estaba atiborrada de
gente, a cada cual más
entretenido en el arte de tomar
sol.
-Permiso, por favor... -iba
diciendo Cacciatore, mientras
trataba de junar algo por los
costados.
-¡Pobre cieguito! -dijo una
señora con gesto caritativo, que
si no hubiera estado desnuda de
pies a cabeza, se la pudo haber
tomado por una hermanita
misericordiosa del Sagrado
Corazón.
Fanny encontró un lugar donde
las rocas que rodean la bahía
echan su cono de sombra, y
extendió las toallas, al sol.
Después se sacó el vestido,
quedando en todo el esplendor de
su tanguita colorada.
-¡Mirá que degenerada ésa,
aparecerse con ropa en la playa,
para provocar a los hombres!
-dijo una vieja al oído de su
esposo.
-Habría que llamar a la policía,
pienso yo.
Pero la destinataria de esos
ácidos comentarios, tenía orejas
de oro, y pescó al instante
aquella conversa. Por lo cual,
tiró del moñito, y los
prejuicios morales no tuvieron
más remedio que rendirse ante la
ley de gravedad. Un minuto de
incertidumbre, y por fin se
incorporó. Pero el escándalo era
para consumo interno, porque los
vecinos no le daban ni cinco de
bola. Lo que, sin ser molesto,
no dejó de sorprenderla. ¡Pensar
que en la calle la seguían por
andar con pantalones apretados,
y aquí que mostraba hasta el
pasaporte, ni fu ni fa! Mientras
tanto, Cacciatore trataba de
acomodarse los shorts, mientras
pateaba una lata de conserva que
había quedado como testigo de
algún picnic nocturno.
-¡Echen a la calle a ese sátiro
vestido con pantalones!
-clamaban las señoras.
-¡Te rompo la jeta por
presentarte así delante de mi
esposa, degenerado! -dijo otra
voz, mientras le aplicaba un
zurdazo a los riñones.
-¡Pobrecito, que no ve bien! -
exclamó la del Sagrado Corazón.
Y acercándose impulsada por
poderosos jamones, le empezó a
tironear los shorts, con
intención de quitárselos.
-¡Yo lo ayudo, señor!
-Está medio boleado. Ha de ser
insolación.... -dijo otra voz.
El quiso defenderse, pero todo
fue inútil porque varios otros
concurrentes se unieron al
esfuerzo por dejarlo como Adán.
Al ratito, sólo le faltaba la
manzana para parecerse a nuestro
antepasado común. Hoja de parra
no, porque en la playita nudista
de Benalmádena, toda ocultación
de epidermis está prohibida.
-Tomá, pibe -dijo una voz con
acento rioplatense.
El Negro miró la lata que tenía
a sus pies, y vió una reluciente
moneda de dos euros. Al ratito,
había otra. Y poco a poco se iba
levantando una montañita de
respetable valor.
"AYUDE AL CIEGUITO NUDISTA",
escribió una mano generosa en un
cartel, que Fanny le puso al
cuello. Porque si la señora
tenía una virtud, era ser rápida
para pescar cualquier negocio.
Así fue como empezaron a ganar
plata, y les iba cada día mejor.
No que se hubieran incorporado
al jet-set de Marbella, pero
casi más. La tranquilidad,
empero, es efímera, y un buen
día los descubrió el
corresponsal de una página
digital. "INMIGRANTE ARGENTINO
SE ENRIQUECE EN ESPAÑA MOSTRANDO
EL CULO", decían los titulares
de la prensa sensacionalista.
Después hizo aporte un inspector
fiscal para pedir los libros de
contabilidad. Y le hincharon
tanto la pacencia, que el Negro
Cacciatore debió rajar como rata
por tirante. El epílogo de esta
historia cae por su propio peso:
Cuando estás en lo más lindo,
aparece un garca para escupirte
el asado. Lo bueno no dura, dice
el refrán.
THE END
Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo"
se publica regularmente en 31
medios de 9 países.
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