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El amasijo
Crónica semanal
(Donde se habla de que en el primer mundo
también se cuecen habas)
Por: John Argerich
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El niño Jaimito de Benedetti se
acercó al pizarrón, mientras la
maestra lo miraba frunciendo el
entrecejo, como para leerle el
cerebelo. Porque con ese pibe
había que tener cuidado, siempre
craneando ideas raras. Lo cual
en España no sorprendía a nadie,
siendo hijo de argentinos.
-Dime si has cumplido la tarea
de leer el diario, que te
encargué para este fin de
semana.
-Si, señorita.
-¿Y qué has leído, además de las
tiras cómicas y los partidos de
fútbol?
-Leí que a todos los negros que
llegan a Canarias los tiran al
mar.
-¡Qué disparate, Jaimito!
Algunos se ahogaron porque
vienen desde el Africa en
lanchas que no están preparadas
para hacer frente a los
temporales del Océano Atlántico.
Pero nadie los empujó al agua.
Son indigentes sin un céntimo
encima, que solamente merecen
lástima.
-¿Y si merecen lástima, por qué
los deportan?
-Porque se debe cumplir con la
ley.
-¿Y qué dice la ley?
-Dice que para entrar al país
hay que contar con medios de
vida.
-¿Medios de qué?
-Dinero, euros, tarjetas de
crédito, a ver si me entiendes.
-Si, claro... ¿Pero cómo van a
tener dinero si son indigentes?
¿Por eso los echan?
-No los echan por ser
indigentes, que bueno fuera. Los
echan por venir sin visas ni
pasaporte.
-¿Y en su país les pueden dar
una visa y un pasaporte para
venir y quedarse?
-No, porque son indigentes.
-¿Entonces, para venir a Europa
hay que ser rico?
-¡Qué cosas se te ocurren,
chaval!
-¿Sí o no?
-Claro que no.
-¿Y entonces cómo vinieron los
padres de todos mis amigos, si
no tienen más que deudas?
-Cada caso es distinto, y se
analiza individualmente para
proceder con justicia...
-Si los inmigrantes son rubios,
seguro es más fácil que aprueben
su solicitud.
-No sé, pero a todo el mundo le
gustan los nórdicos.
-Los del Norte de Africa
también?
-Esos no son nórdicos.
-¿La gente del norte no es
nórdica?
-Depende del norte de dónde.
-No entiendo.
-Mira, Jaimito, entre nosotros
se llama nórdica a la gente del
norte de Europa.
-¿A los negros que viven en
Suecia también?
-No, esos no son nórdicos, sino
residentes de un país nórdico,
que no es lo mismo.
-¿Entonces hay que decirles
negros de Suecia?
-Así es. ¿Por qué me lo
preguntas?
-Porque algunos les dicen negros
de mierda.
-¡Qué barbaridad, las cosas que
tienes en la cabeza! -dijo la
maestra.
Y Jaimito ya estaba por disparar
una nueva pregunta, cuando sonó
el timbre para salir al recreo.
-Me voy a vel Chicago, dijo un
japonés, mientras salía
corriendo, apuradísimo. Con
dolor de barriga, el pobre.
Pero Jaimito ni lo miró,
interesado como estaba, en la
política nacional.
-Después del recreo seguimos
conversando -dijo la maestra.
Los niños salieron en tropel, y
al llegar al patio, empezó su
derroche de energía. Corrían,
saltaban y gritaban. Todos menos
uno, como habrá imaginado el
buen lector. Porque Jaimito de
Benedetti no andaba en barra con
nadie. "El lobo solitario", le
hubieran dicho en su tierra.
Rápido, silencioso, Y con una
memoria sin par para recordar
entuertos. Porque después de
andar a los tumbos por la vida,
tenía un compromiso total con
sus principios.
"¡RIIIING...!", dijo la máquina
del tiempo.
Los chicos se pusieron en fila,
y volvieron a entrar al aula.
-Tengo otra pregunta -dijo
Jaimito.
-Pero que sea la última, niño.
La clase de Comunicación Social
ha terminado, y ahora debemos
ensayar el Himno Nacional, para
el acto de la semana próxima.
-¿Lo vamos a cantar en inglés?
-dijo Jaimito.
-A ti te está haciendo mal mirar
tanta televisión -respondió la
señorita Remedios- ¿De dónde
sacas semejante disparate?
-Muy fácil. Aquí hay tantos
idiomas oficiales, que uno no
sabe por cual decidirse. Los
catalanes lo quieren cantar en
catalán, los vascos en euskera,
los gallegos...
-El Himno de España se canta en
castellano, rapaz.
-Bueno, si eso nos debe dejar
contentos, hablemos de la
bandera, entonces.
-No sé qué vas a hablar. La
bandera nacional es una sola.
-Mentira, porque en Adalucía
tienen una bandera verde y
blanca, en Fuengirola, una que
se parece a la argentina. Sólo
que en vez de llevar el sol,
tiene una estrella. En Cataluña
la bandera es a rayas rojas y
amarillas. En el País Vasco con
rayas horizontales, verticales y
oblicuas, como la inglesa.
-Esas son banderas locales,
niño.
-A mi papá le pegaron un
botellazo por decir lo mismo en
San Sebastián.
-En algunos lugares hay que
tener cuidado...
-¿Eso es la democracia?
-Sí y no.
-¿Sí o no?
-Depende, Jaimito.
-¿Pero qué es más importante?
¿Ser español o ser andaluz?
-Eso queda librado a los
sentimientos de cada uno.
-¿O ser vasco, o ser castellano,
o ser extremeño, o ser de
Baleares?
-No lo sé.
-Y si cada provincia y cada
ciudad tienen una bandera, ¿por
qué no pueden los barrios
también tener bandera?
-Yo creo que en San Vicente
deberíamos tener una bandera
como la de Boca Juniors, porque
hay muchos argentinos -opinó un
gordito que nunca abría la boca.
-Y en Mijas una con la foto de
un burro, que son nuestro imán
turístico -sostuvo otro niño,
lleno de pasión localista.
-Esto traería problemas -niños-
dijo la maestra, luego de
pensarlo un poco- Imagínense el
papelón de andar buscando la
bandera correcta, si el día de
prestar juramento, Su Majestad
pregunta a las tropas "¿Juráis
defender vuestro pabellón hasta
el último aliento, dando por él
la vida, si no es posible
escapar?"... Y en la solemnidad
del acto algún despistado
hiciera oír la pregunta que
estaría sin duda arrinconada en
el corazón de todos:
-¡Ala, hombre! ¿A cuál de estos
trapiños se refiere osté?
En eso se abrió la puerta, y
apareció un grupo de niñas que
venían del atelier de costura.
Rezagadas, pero deseosas de
hacer oír su voz en el debate.
Es que la mujer cambió mucho en
España, y de ser espectadora
obligada, como en tiempos del
Caudillo, ha tomado la sartén
por el mango, y pasó de
mandanada a mandamás.
-¡Ole tu gracia, Jaimillo!
-exclamaron, mientras
desplegaban un estandarte recién
cosido, hecho con todos los
retazos que quedaban en el
taller. Dorado, verde, punzó,
con muchos flecos y la imagen
bravía de un toro a punto de
embestir.
-¡Viva la bandera de la calle
Murcia! -gritaban, enloquecidas
de afán separatista.
Jaimito, como extranjero,
prefirió no meterse en política
interna, y la maestra se puso de
pié, presintiendo que empezaba
un nuevo capítulo en el proceso
de la desintegración nacional.
-¡Viva España! -gritó, por si
las moscas.
Pero todos la silbaron. Había
nacido otro pabellón, para
reclamar nuestra lealtad.
THE END
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Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo"
se publica regularmente en 31
medios de 9 países.
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