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El amasijo
Coloquio de un
martes 13
(Donde se habla del día de la
yeta, y otras yerbas que asustan
al más pintáu)
Por: John Argerich
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Las viejas siempre se sintieron
con derecho de decir "piola,
pibe", señalando con lujo de
detalles todo lo que debés hacer
o dejar de hacer. O sea, un
debut de consejero espiritual al
puro prepo. Como si los años
certificaran al bocho
triunfador. Lo que niego
rotundamente, porque si bien las
canas acusan abultado pirulaje
en la mochila del usuario,
también se puede haberlas vivido
al dope, y entonces todo es
blablabla. Y lo digo con
conocimiento, porque hoy, 13 de
junio, al afeitarme me rebané un
cacho de oreja, en cuyas
circunstancias, luego de la
monumental puteada que es de
estilo, me volvieron al mate los
consejos de doña Juana. Una
vecina que siempre andaba con un
pañuelo negro en el marote, y
medias de igual color.
Arrugadita como pasa de uva, la
pobre, pero con más labia que
vendedor ambulante en día
domingo. Como uno que hace pocos
días amenizó mi viaje a
Constitución en el colectivo 60.
-Señoras y señores, tengan
ustedes muy buenas tardes -decía
el loco- Esta es una promoción
de "Casa Don Pepe" para sus
afamados cuchillos de cocina
marca "El pucho". Dos por tres
pesos, y si no cortan bien,
sirven como serrucho.
Perorata que, más allá de su
aparente vacío intelectual,
activaba la propensión a
consumir, como dicen los
contadores, así la gente no
pesca una sota y los pueden
nombrar ministros.
-¡Ajá! -contesta el auditorio,
asintiendo con un gesto de
suficiencia.
Pero no por sólidas convicciones
keynesianas, sino para no
pasarla de bestia. Y ya sabemos
el resultado: "Quien calla,
concede", enseña el refrán.
-Sí, juro.
Pero no nos vayamos para el lado
de los tomates, que estábamos
hablando de otra cosa. O sea que
en este mundo no todo lo que
brilla es oro, así que a pesar
de su éxito comercial, poca
sombra echaban las palabras de
ese charlatán sobre los versos
de doña Juana. Craneados cuando
los duendes cazaban perdices,
por algún poeta anónimo
antepasado suyo, capaz, La época
de Maria Castaña, para aclarar
el conceto. Y como todo pensador
de envergadura, ella tenía sus
temas favoritos.
En día martes,
no te cases ni te embarques,
ni de tu casa te apartes
-decía una estrofa, que
subrayaba con
premonitora autoridad.
Porque por más descreído que sea
uno, cualquiera que haya
gambeteado un cachito el
empedrado sabe que algunas cosas
sientan mal. Encontrar un gato
negro debajo de la escalera del
pintor, por ejemplo. O lo que es
peor, pasar debajo de ella
justito en el momento de cambiar
baldes. Otro fato muy fulero es
levantarse de la catrera
afirmando primero la pata
izquierda en la tierra que nos
vio nacer. Sin hablar de tirar
sal, y no recoger un cacho para
echarlo rápidamente sobre el
hombro, sin mirar atrás.
-¿Por qué me tirás sal en el
helado de chocolate, boludo?
-dijo, fulo, un vecino de otra
mesa, pateándome la silla- Si
querés joda, vamo afuera, así te
cago a casote, y tienen que
juntarte con cucharita, casi
más.
El horno no estaba pa' bollos, y
siguieron muchas aclaraciones.
Que disculpe porque fue un
error. Que no lo hice para
arruinarle el postre, sino para
romper la yeta. Que si es así,
no te calentés, son cosas de la
vida. Que le pago otro helado,
vea. Que bueno, pero me gusta
más la frutilla. Que ¿era de uno
cincuenta? Que abrí bien los
ojos, y no me laburés de chicato.
Que de tres pesos, entonces. Que
ahora me voy, porque tengo que
ir del club. Que ¿vas a verlo a
Huracán? Que todos soñamos con
el ascenso a primera, don. Que
el mundo es chico, che, yo
también soy hincha del Globo.
Que venga un abrazo, entonces.
Que si, que claro, pero hacele
poner un cachito de fruta
natural, pa' festejar, ya que
estamo.
-Buen provecho, entonces.
-Feliz digestión.
En fin, un altercado que terminó
sin pasar por la Seccional,
porque en mi tierra somos todo
corazón, como dijo el General.
Una tradición más vieja que el
malevaje, cuando las diferencias
opinativas poco escorchaban al
grito de "¡Araca la cana, que
viene el botón!" Y la gente se
tomaba el pire como rata por
tirante, dejando atrás cualquier
diferencia opinativa de tipo
circunstancial.
-¡Cuando te chape te rompo la
jeta, por laburarme a la
percanta!
-Es la percha, Negro...
-¡Rajá atorrante, que esta
vuelta te salvó el gong!
Ya ven el toletole que puede
armarse por algo tan buseca como
es tirar un cacho de sal al
suelo. Doña Juana tenía razón,
advirtiéndolo. Imagínense
entonces los peligros que
acecharán al que se corta el
pelo un día martes. Los
peluqueros tratan de engrupirlo
con una sonrisa Kolynos, por la
mosca, nada más. Porque en lo
íntimo de su conciencia llevan
la carga de una maldición
profesional. Cortar se puede,
pero es peligroso hacerlo sin
cumplir ciertas condiciones. Más
que nada invocar al santo patrón
del gremio cuando cada cliente
se despatarra en el trono.
Patronazgo que se había ganado
en buena ley un fraile llamado
Pepe López, en la vida secular.
Parece que el cura cierto día
fue del fígaro para hacerse la
tonsura, como era la moda
entonces. Y vista la pedología
olímpica que portaba dicho
artista, su cliente terminó con
el mate hecho una bola de
billar. Desde entonces empezaron
a llamarlo "padre Calvo", y
subió a los cielos con su nuevo
nombre sacramental. San Calvo,
protector de peluqueros,
dentistas y borrachos, para
servir a Dios, nuestro Señor.
Los casados en día martes
también la pasan mal.
Especialmente ahora que en
muchos países está bien visto
contraer nupcias "pan con pan",
o sea tomando como pareja a
alguien del mismo sexo. Pero en
los registros civiles no falta
nunca algún chaucha que enreda
las cosas. Problemas que trae la
corrupción, como veremos. Tal es
el caso de un pueblo asturiano
de cuyo nombre no quiero
acordarme, donde todos los
nombramientos debía ser
dispuestos por el caudillo
político local.
-Me interesa ese puesto de juez,
don Antonio.
-¿Has pagado la contribución al
Partido?
-Si, claro, como todo ciudadano
decente.
-¿Y tienes experiencia
profesional?
-Arbitro de fútbol, nomás,
porque soy analfabeto.
-A escribir se aprende. Ponte
con trescientos euros y el cargo
es tuyo, Manuel.
Así tomó posesión de su empleo,
el nuevo magistrado. Claro que
resultaba difícil desempeñarse,
porque su aversión por las
letras era un secreto bien
guardado. Y de pronto apareció
un señor que había agarrado a su
hija entreverada sospechosamente
en el granero, con un peón de
albañil.
-Cásemelos, excelencia, y le
haré un buen regalo. Ese
gamberro se niega a formalizar,
pero lo traeré con una pistola
en la nuca, si hace falta.
-Vengan el martes a las nueve de
la mañana, cuando aún no ha
llegado nadie -dijo el juez.
Y cuando fue hora de lavar el
mancillado honor, era cosa de no
crear problemas. Así que los
participantes llenaron un
formulario con la boca cerrada,
consignando sus datos
personales. Luego el magistrado
copió los nombres como pudo,
pasándolos al acta matrimonial.
-Firme aquí -dijo el juez.
-Vd. aquí.
-Os declaro marido y mujer.
Las cosas se complicaron cuando
la pareja quiso abrir una cuenta
bancaria, porque viendo las
curvas que portaba esa señora,
los burócratas no querían
dejarla firmar.
-¡Qué asunto raro!¡Llamen a la
Guardia Civil! -tronó el
gerente.
Así fue como los arrumacos
empezados entre doradas espigas,
acabaron en las penumbras de un
calabozo. Pero la verdad siempre
prevalece, y pronto se aclaró
esta intriga. El juez había
confundido los nombres de la
novia, María Sin Pecado
Concebida, con el de su señor
papá. Y colocado éste último
donde decía "datos de la
esposa", don José de Ortega y
Miraflores terminó casado
oficialmente con ese canalla del
albañil.
-Adiós, don Pepe, saludos a su
marido -decían los conocidos del
bar.
La noticia salió en todos los
diarios, que informaban con
pasión periodística sobre el
primer matrimonio gay celebrado
en el pueblo. Ya vemos lo que
puede ocurrir por casarse un día
martes, día en que seguramente
también se hundió el Titanic.
Pero todos los meses tienen una
constante. Después del doce
llega el día trece, reconocido
mundialmente como día de la
yeta. Entonces la mano viene
bruta, y si encima cae en
martes, más mejor cuidarse bien.
THE END
Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo"
se publica regularmente en 31
medios de 9 países.
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