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Migajas para la educación
(Chile)
Por Marcel Claude
El movimiento estudiantil
chileno ha demostrado una
fortaleza que ya quisieran los
partidos políticos tradicionales
que han perdido
representatividad y han dejado
de ser motor de cambios
sociales.
Por primera vez en la cansina
transición, una protesta
organizada por jóvenes remece a
las estructuras del poder, que
respondieron con la misma lógica
durante estos 16 años: un
discurso insustancial, lleno de
cifras rimbombantes, que en
realidad son una migaja. La
Presidenta Bachelet para
terminar con el conflicto
propuso un paquete de medidas,
que fue anunciado en cadena
nacional como si se tratara de
un evento de extrema
importancia.
Lo cierto es que la mandataria
apelando al lenguaje clásico de
los economistas, es decir,
poniendo énfasis en números y
comparaciones impactantes como
el número de viviendas sociales,
simplemente comunicó que el
aporte anual extra para la
educación será de 72.000
millones de pesos. Esto es una
miseria considerando las
riquezas que Chile posee.
Esta migaja demuestra que la
mentada revolución educacional
es una construcción más de la
hábil estrategia comunicacional
de los gobiernos de la
Concertación. Decir que la
educación es prioridad, pero
asignar estos escuálidos
recursos es caer en el juego de
las ambigüedades y de las
inconsistencias.
El anuncio de Bachelet
representa sólo el 0,3% de la
deuda externa total del país
durante 2005, o sólo el 4,9% de
las utilidades que obtuvieron
las principales empresas
multinacionales en Chile durante
el año pasado (Minera Escondida,
Endesa Chile, Telefónica CTC).
Los 133 millones de dólares de
la supuesta gran revolución
educacional es menos de lo que
ganan diariamente Matte, Luksic
y Angelini.
En aviones F-16, tanques Leopard
I y submarinos se han gastado
2.800 millones de dólares, o
sea, 20 veces los recursos que
se destinarán a la enseñanza de
los hijos de un Chile injusto y
excluyente. Las autoridades
abusan del lenguaje y ocupan
espacios de ficción para
comunicar sus medidas, pero
esconden la verdad o la
manipulan.
Por ejemplo, argumentar que
estos recursos extras serán
sostenidos por la mantención del
IVA en 19% es seguir agudizando
la tremenda desigualdad
existente en Chile, que se
fortalece con la actual
estructura tributaria.
La recaudación fiscal recae
principalmente en los impuestos
indirectos, que gravan al
consumo, siendo el más
importante el IVA que explica
casi el 50% de toda la
recaudación. Por otro lado, el
impuesto a la renta de las
empresas sólo aporta con el 17%
de la recaudación.
En otras palabras, los más
pobres de este país terminan
financiando al aparato estatal,
o lo que es peor los pobres se
financian a sí mismos. Por ello,
para inyectar recursos que
realmente mejoren la educación
se requiere una reforma
tributaria, que permita, por
ejemplo, garantizar la renta por
la explotación de nuestros
recursos naturales. Sólo así,
Chile dará un verdadero salto al
desarrollo.
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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