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Las líneas de Nazca: otra
interpretación
Por Fernando Silva Santisteban
Las inmensas rayas y dibujos que
se hallan en las pampas de Nazca
constituyen uno de los enigmas
más inquietantes de la
arqueología americana. Como
todos sabemos, se trata de un
enorme conjunto de megaglifos
que se encuentran en las
desérticas llanuras de Nazca, en
la costa peruana, a
cuatrocientos veinte kilómetros
al sur de Lima. Aquí se hallan
representados algunos seres
antropomorfos, animales, plantas
y otras formas extrañas, así
como multitud de líneas de la
más variada geometría. No son
los únicos que se conocen,
megaglifos análogos se hallan en
otras partes del planeta como en
Egipto, en la isla de Malta, en
Estados Unidos (Mississipi,
Arizona y California), de los
que tenemos noticias. También
son conocidos los de Chucuyo,
Cerro Unitas, en Atacama
(Chile), así como los de Sabaya,
en Bolivia, al suroeste de La
Paz .
Estos campos de rayas fueron
frecuentes entre las culturas
del Perú antiguo en la región de
los Andes Centrales, aunque
apenas quedan vestigios en
algunos lugares. Hasta hace
pocas décadas quedaban rastros
cerca de Lima, en Canto Grande y
Tierra Blanca, los que fueron
observados y descritos por
Lorenzo Rosselló (1878, 1985,
1998), ahora han sido cubiertos
por los asentamientos humanos de
estos mismos nombres. En Pisco
quedan las motas o "picaduras de
viruela" de la hacienda Monte
Sierpe, las figuras de la pampa
de Villacurí y las rayas
paralelas en el mismo valle. En
la provincia de Ica se hallan
las "pistas" en relieve de la
hacienda Santiaguillo, los
geoglifos de Aguada de Palos y
algunos "surcos" en la hacienda
Ocucaje. En la provincia de
Palpa hay trazos y figuras
trapezoidales, así como
plazoletas y vestigios de
figuras en las planicies de
Santa Cruz, Río Grande, Viscas y
otros lugares aledaños. En el
departamento de Arequipa se
encuentran los de Tintín, Santa
Isabel y Pampa de Majes.
Este patrón de grandes geoglifos
se hallaba extendido en toda el
área andina central, con
diferentes modalidades
regionales, con funciones
semejantes; así tenemos el
Cóndor de Oyotún, entre los ríos
Niepos y Nanchoc, en la
provincia de Chiclayo, y cerca
de allí la extraña figura
antropomorfa de Pampa de Caña
Cruz que tiene 65 metros de
largo por 23 de ancho, ambas
hechas con la técnica de mosaico
y descritas por Walter y Susana
Alva (1984).
Pero el conjunto más
impresionante es el de los
descomunales dibujos y líneas de
las pampas de San José, Socos y
El Ingenio, en la provincia de
Nazca. Allí, entre el mar y las
estribaciones de la cordillera,
en una extensión de 450
kilómetros cuadrados, sobre el
desierto arenoso cubierto de
gravas pardo-rojizas, se
encuentra el mayor número y
variedad de rayas y figuras con
multitud de formas y tamaños.
Las gravas que cubren la
superficie de estas pampas
contienen óxidos ferrosos y el
intemperismo ha formado sobre
ellas una pátina oscura que
contrasta con las capas
subyacentes cuando los pedruscos
son removidos. Es así que los
antiguos nasquenses formaron los
trazos como surcos que han
quedado de color más claro,
aunque algunos no llegan a ser
surcos sino sólo huellas. En
otros casos, las piedras
depositadas a los lados forman
pequeños camellones laterales de
diversas medidas. Otros dibujos,
a todas luces los más antiguos,
han sido hechos en las laderas
de los cerros retirando las
piedras y la arena de los
contornos, de manera que las
figuras quedaron en un ligero
plano en alto relieve. Aquí la
lluvia es prácticamente
desconocida y si bien la región
es ventosa, incluso con fuertes
"paracas" (vientos con arena),
no se han alterado, casi, las
superficies. La inmutabilidad es
asombrosa, trazos restaurados
hace años parecen acabados de
hacer.
En términos generales, se trata
de dos órdenes de
representaciones: 1) imágenes de
seres y de cosas y 2) líneas
geométricas. Las primeras
consisten en figuras de animales
y personajes antropomorfos así
como dibujos de plantas y
objetos; todos hechos en
proporciones colosales, con
trazos limpios y equilibrados
que definen muy bien los
contornos con líneas paralelas
en su configuración. De estas
figuras han sido posteriormente
aclaradas alrededor de 70, entre
las cuales están la Araña, de 46
metros de largo; el Mono, de 55
m de envergadura; el Guanay, de
280 m de largo; la Lagartija de
180 m; el Colibrí de 50 m; la
Orca de 65 m; el Perro (quizá
zorro) de 50 m y el Pelícano, el
más largo de todos, tiene 285 m.
Las plantas representadas
parecen ser sargazo y algarrobo,
y hay también flores. No faltan
animales deformados y cosas
insólitas como un ser muy raro
con dos manos, una normal y la
otra de cuatro dedos.
Encontramos así mismo objetos
hechos por el hombre como
instrumentos para tejer, ovillos
y tupus.
Los motivos antropomorfos son
relativamente escasos y todos se
hallan en laderas. El más
conocido es el denominado
"Astronauta" que mide 32 m y se
halla en medio de dos grandes
líneas verticales sobre una
ladera de montaña. Otros son el
llamado "E.T." que se encuentra
a unos 20 kilómetros de la
ciudad de Nazca, en la pampa de
San José (llamada también Pampa
de Jumana), y un personaje al
que se le ha sido bautizado "El
Guerrero", el cual se encuentra
en una falda rocosa del valle de
Palpa; tiene lo que parece ser
un tocado de plumas y está
armado con un garrote o quizá
estólica en la mano derecha y
una lanza en la izquierda, se
trata evidentemente de un
cazador.. El trazado de estas
figuras es diferente y no se
parece en nada a los de las
pampas, es sinuoso y nos hace
recordar más bien a las figuras
de los petroglifos de los
roquedales.
En cuanto a las líneas,
propiamente dichas, se trata de
multitud de rayas de la más
diversa geometría: muchas
rectas, algunas hasta de diez
kilómetros de largo; triángulos
de todas formas, equiláteros,
isósceles, escalenos; ángulos;
haces; espirales; líneas
escalonadas con diferentes
grados de paralelismo y muchas
"pistas" o anchos espacios
longitudinales despejados,
frecuentemente de forma
trapezoidal. También hay
numerosos centros radiados, por
lo general colinas y montículos
de los que parten -o a donde
concurren- numerosas líneas
rectas, algunas interminables,
aunque no faltan otras más
cortas y levemente onduladas.
La concentración y yuxtaposición
de líneas y dibujos es tal que
no deja duda de que se trató de
una actividad intensa y por
mucho tiempo vigente. En la
actualidad algunos dibujos han
sido aclarados, habiéndose
sacrificado otros trazos.
Descubrimiento e
interpretaciones
Morrison (1987) refiere que fue
el licenciado Luis de Monzón,
corregidor de Soras y Rucanas,
el primero que informó en 1686,
a su regreso a Europa, sobre las
"marcas del desierto" dando
noticia de las tradiciones
locales que las ligaban a los
wiracochas. Pero no fue sino
hasta que las dio a conocer
Toribio Mejía Xespe en una
ponencia presentada al XXVII
Congreso Internacional de
Americanistas reunido en Lima en
1939 (Mejía, 1940). Por su
conocimiento de las culturas
nativas, de las instituciones y
patrones del mundo andino, Mejía
interpretó acertadamente los
trazos como "seques", o caminos
sagrados, pero no alcanzó a
explicar cómo ni para qué
funcionaban. Desde entonces los
megaglifos de Nazca han sido
objeto de muchas y variadas
interpretaciones.
Paul Kosok mostró especial
interés por los trazos y a él se
debe su difusión en el campo de
la arqueología americana,
sugirió que las figuras y líneas
de Nazca estaban relacionadas
con la astronomía, algo así como
un zodíaco cuyas proyecciones
debieron tener algún tipo de
correspondencia con el
movimiento de los astros, en
particular con los solsticios y
calificó al conjunto como "The
Large Asthronomy Book in the
World" (1965). Hans Horkheimer
piensa que estos trazos fueron
una forma de culto a los
antepasados, senderos sagrados
que eran recorridos en
ceremonias religiosas (1947).
Análogo es el parecer de Tony
Morrison, quien plantea que se
trata de senderos sagrados y de
animales míticos relacionados
con el culto a los antepasados y
que los trapecios y espacios
libres eran zonas que servían
para reuniones sagradas (1979).
Johan Reinhard sostiene que los
geoglifos estuvieron
relacionados con el culto a la
fertilidad y a las montañas y de
alguna manera tuvieron relación
con la escasez de agua (1988) y
Ralph Cané (1978) ha manifestado
con gran tino que no basta la
interpretación astronómica, que
hay que comprender
necesariamente la concepción del
mundo y las formas del
pensamiento aborigen para
interpretar el significado de
los grandes dibujos y líneas
gigantes del desierto. María
Rostworowski (1998) se preocupa
por el carácter y naturaleza de
las líneas y dibujos de las
pampas y manifiesta que los
motivos de su existencia serían
puramente religiosos y estarían
relacionados con el dios Kon el
cual, de acuerdo con las
creencias de los parakas y
Nazcas, aparecía en una época
del año surcando los cielos y
que los sacerdotes hicieron los
geoglifos para indicarle su
tierra de origen y señalarle que
le aguardaban sus fieles.
Quien se entregó con pasión a
estudiar y restaurar los
geoglifos fue la alemana María
Reiche y a ella se debe el
descubrimiento de algunos que no
fueron descritos por Mejía ni
registrados por Kosok. Reiche
identifica la figura del Mono
con la Osa Mayor, que habría
anunciado la llegada del verano,
en tanto que otras figuras como
las del Ave de pescuezo
replegado, el Delfín y la Araña,
que podrían estar representando
a las estrellas de Orión,
habrían anunciado las demás
estaciones. Afirma Reiche que
las figuras fueron hechas por
técnicos que trabajaron como
verdaderos ingenieros modernos
pero sin aritmética, con métodos
muy sencillos, que el
instrumento fundamental fue un
cordel y las aplicaciones se
hacían desplegándolo, según cada
proporción, mediante segmentos
radiales (1955, 1975 y
comunicación personal). Otras
interpretaciones giran en torno
al culto al agua, por lo que
ésta representa para la
agricultura y los graves
problemas que significa su
escasez.
Si bien no aportan evidencias,
éstas son las interpretaciones
que, de una u otra manera, han
tratado de acercarse a las
posibles funciones que
cumplieron los misteriosos
megaglifos y embargan cierta
lógica razonable. De otra parte,
no faltan las elucubraciones
ilusorias y explicaciones
fantásticas que sólo tienen
cabida en las fantasías
desaprensivas de ultraficción.
No vale la pena mencionarlas.
Consideraciones necesarias
En términos generales, las
hipótesis mencionadas son unas
más otras menos propuestas
sugestivas. Unas sólo tienen en
cuenta las creencias
mágico-religiosas, las
preocupaciones astronómicas o el
culto a los antepasados, como si
estos aspectos de la cultura
pudieran explicarse por sí
solos. Otras pasan por alto
aspectos fundamentales de la
vida social tales como los
sistemas socioeconómicos y
políticos del mundo andino, en
particular de las sociedades
Paracas-Nazca. Por ejemplo, no
reparan en la manera como
estaban organizados la
producción, la reciprocidad, el
trabajo, la identificación de
los grupos de parentesco o
filiación y la redistribución de
bienes y servicios en los cuales
se sustentaban los mecanismos de
interacción social y la
supervivencia de la sociedad lo
mismo que de los individuos y,
en casi todos los casos, las
interpretaciones están referidas
a instituciones, modelos y
premisas de la cultura
occidental; buscan explicar los
fenómenos de acuerdo con la
percepción, la concepción, las
necesidades y la experiencia
histórica de Occidente.
Hay que tener en cuenta que los
sistemas con los que los
antiguos peruanos, en particular
los nasquenses, resolvieron sus
problemas económicos, sociales y
políticos fueron muy distintos a
los occidentales, lo mismo que
la concepción de las categorías
fundamentales de la existencia
misma, empezando por las
nociones de tiempo y de espacio;
así como las concepciones del
mundo, del hombre, de la vida y
la muerte, del orden social,
etc. y que, por otra parte, ni
la concepción del mundo ni la
religión son fenómenos autónomos
que puedan ser comprendidos en
sus propios términos. Por
cierto, resulta difícil entender
cómo funcionaba una civilización
en la que no se conocían la
escritura, la moneda, la
economía de mercado, las
matemáticas, ni los postulados
fundamentales de lo que llamamos
ciencia. No por eso dejaba de
ser una civilización como las
demás grandes civilizaciones
universales, con un orden social
y político sorprendente e,
incluso, con técnicas en muchos
aspectos más funcionales y
admirables que las de Occidente
de esas épocas.
Cronología
Conocemos una datación
radiocarbónica obtenida por
Duncan Strong (1957) que arroja
un fechado correspondiente al
año 550 de nuestra era y
pertenece a un poste de madera
encontrado en una de las
"pistas". Pero, es evidente que
no todos los trazos de las
pampas y los cerros corresponden
a una misma época. Algunos son
más antiguos y en innumerables
casos han sido hechos unos sobre
otros. Desde el aire se puede
ver dibujos que han sido
borrados para trazar después las
grandes "pistas". Otras figuras
han sido rehechas y corregidas.
Algunas de estas correcciones
son originales pero hay otras
que evidentemente han sido
reconstruidas en los últimos
tiempos, con lo que se ha
impedido establecer sus
secuencias.
Los campos de rayas de las
pampas de Nazca corresponden a
una muy larga tradición que
algunos investigadores calculan
entre los años 300 a.C. y 800
d.C. (Isbell, 1980), es decir,
la misma cronología de la
cultura Nazca y, en términos
generales, con la misma
variación estilística. En las
figuras de las pampas se repite
el proceso de cambio
iconográfico en las
características generales que
propusieron Gayton y Kroeber
(1927) para la secuencia
cronológica de la cerámica
Nazca. No obstante, algunos
geoglifos muestran modelos
representados en los tejidos que
corresponden a las fases
Paracas-Necrópolis, y otros que
parecen ser aún más tempranos.
Por lo que se puede observar
tanto desde el aire cuanto
recorriendo las pampas y si se
tienen en cuenta las técnicas
con que fueron hechas las
figuras así como la evolución
tipológica de las formas,
pensamos que en el proceso de su
trazado se puede establecer las
siguientes fases, series o
períodos:
Fase A
Corresponden a esta fase los
grandes dibujos antropomorfos,
algunos bastante primitivos, que
se hallan en las estribaciones
de los Andes, como son "El
Guerrero" (¿cazador?) armado con
estólica en una mano y lanza en
la otra, el cual mide 22 metros
y se halla en la ladera de un
cerro en el valle de Palpa; los
"Hombrecitos con corona"; el
"Hombre Lechuza" y otros que
parecen los más tempranos. Hay
también representaciones
bastante naturalistas de
animales como el Felino, a pocos
kilómetros de la ciudad de Ica;
el Cóndor de la pampa del
Ingenio, probablemente una
falcónida de 27 metros en su
extremo más largo y cuyo modelo,
como el de el Felino, aparecen
ya en las telas de Paracas.
Estas figuras han sido hechas
con la técnica "de limpieza",
esto es, retirando los
materiales de grava y arena de
sus contornos y dejando las
imágenes en un ligero plano en
alto relieve. Hay otras, como
"El Hombre con sombrero y un
objeto redondo en la mano", a
dos kilómetros de Palpa, así
como una especie de botella
globular en una ladera del valle
del Ingenio, estas figuras han
sido hechas combinando las
técnicas "de limpieza "y "de
surco".
Todas estas figuras han sido
fotografiadas desde el aire,
algunas de ellas halladas por
Eduardo Herrán (1985). Parece
que se trata de imágenes
alrededor de las cuales se
realizaban los ritos que
identificaban a los miembros de
un grupo familiar, o de un
segmento clánico.
Fase B
En esta fase comprendemos las
figuras clásicas: el Mono, el
Colibrí, la Araña, el Perro, la
Lagartija, el Ave con pescuezo
replegado, las Manos, etc, así
como diversos dibujos de
plantas, flores y formas
derivadas de objetos textiles.
Todos se hallan en planicies y
han sido hechos con trazos
firmes, contornos bien definidos
y gran sentido estético. Se ha
utilizado la técnica de surcos.
Por la armonía y el equilibrio
que se advierte en los trazos
pensamos que las figuras
debieron ser hechas previamente
en modelos a escala reducida,
como lo ha sugerido Reiche.
Fase C
Asignamos a esta fase o serie a
las grandes pistas y plazuelas
trapezoidales, triangulares o
rectangulares, algunas de las
cuales muestran en sus extremos,
a veces al medio en un borde,
uno o más montículos formados
por cúmulos de piedras o por
pequeñas plataformas. Se
advierte claramente que estas
pistas han sido hechas sobre los
demás trazos, limpiando y
allanando el terreno en acciones
que debieron demandar gran
fuerza de trabajo. La impresión
general es que debieron ser
lugares de reunión de grandes y
diversos grupos humanos.
Fase D
A esta fase corresponden los
centros radiados, por lo general
montículos de los que parten o a
los que convergen largas líneas
a veces de varios kilómetros.
Hay muchos geoglifos de esta
naturaleza cuyas líneas se
cruzan, aunque muchas no llegan
a identificarse porque han
desaparecido ya sus secciones.
Algunos de estos montículos han
sido considerados como
"observatorios". Los más grandes
son los de Cahuachi y Achaco, en
las pampas de Nazca, y los de
Pichongo y Llipta en la pampa de
Palpa. Estas líneas son las que
más se ajustan a la descripción
de los seques cusqueños.
Función
de los megaglifos: una propuesta
Tanto por los que quedan cuanto
por las trazas de los que antes
había, la profusión de líneas y
dibujos de las pampas de Nazca
es tal que no deja dudas de que
fueron objeto de una actividad
incesante. Esto demuestra lo
importantes que eran para la
gente que los hacía y la
necesidad, al parecer cada vez
mayor, de rehacer nuevos trazos
diferentes a medida que iba
creciendo la población. El
trazado de estos dibujos y
líneas se ejecutó durante la
larguísima época en la que se
desarrolla la cultura Parakas-Nazca.
Indudablemente, los megaglifos
cumplieron una función
fundamental puesto que fueron
base de un mecanismo permanente
de interacción social que
permitía a la vez que configurar
y reiterar los ritos,
identificar por sus linajes a
los grupos que los realizaban.
El valor del rito estriba en que
se trata de una práctica eficaz
que posee la virtud de
constreñir las cosas por su
naturaleza sagrada.
Como sabemos, las sociedades de
la civilización andina no
conocieron el dinero, la
economía mercantil ni la
escritura alfabética, sistemas
sobre los que se desarrollaron
otras civilizaciones y en
particular la civilización
occidental. La antigua
civilización andina o peruana se
desarrolló sobre la base de
otros sistemas cuyos complejos
mecanismos de interacción
llevaron a un alto grado de
funcionalidad los principios de
reciprocidad y redistribución.
Para ello era indispensable
contar con un mecanismo ritual
lo suficientemente objetivo para
que pudieran identificarse
periódicamente tanto miembros de
cada grupo cuanto los diferentes
grupos productivos, clanes,
mitades o linajes (más tarde
sayas, paqarinas, ayllus) para
que el Estado o la entidad
política a la que estaban
sujetos pudiera señalar las
obligaciones recíprocas y
redistributivas de cada grupo.
Dada la naturaleza de la
cultura, eminentemente numinosa,
el ritual y su repetición
constante era la forma como se
determinaba y mantenía la
identificación de los individuos
como de las instituciones.. No
olvidemos que la estructura
social y política estuvo
sustentada sobre los efectos de
dos principios fundamentales:
reciprocidad y redistribución.
Cada grupo o sector clánico
tenía una obligación específica
en este contexto, unos tuvieron
que encargarse de la extracción,
preparación o elaboración de
cada producto, otros de su
redistribución e intercambio, o
de las funciones y servicios que
requería el orden económico,
político y religioso del Estado.
Nazca estuvo lejos de ser una
sociedad "primitiva" de
organización tribal; era una
sociedad estatal desarrollada
que empezó a expandirse
orgánicamente a principios de
nuestra era y que pronto llegó a
ser un pequeño imperio, como
piensa Rowe (1970). La pregunta
es entonces ¿sobre qué mecanismo
de interacción se estableció y
mantuvo el orden y control del
Estado? Seguramente fueron los
mismos sobre los que se
sustentaron los otros estados
que surgieron en los Andes
Centrales como fueron Moche o
Cuismanco, el posterior imperio
Huari y el propio Imperio de los
Incas. Se trata, como ya se
dijo, de la adecuación y
desarrollo de los dos principios
universales en la convivencia de
toda sociedad, la reciprocidad y
la redistribución de bienes y
servicios, naturalmente con sus
propias y originales
peculiaridades.
Todo parece indicar que las
figuras de las pampas
representaban de una u otra
manera a los diversos clanes o
segmentos clánicos (ayllus en
quechua) que estaban
simbólicamente asociados a un
fundador mítico, animal, planta
u objeto, como sucede en todas
las comunidades ágrafas, según
observó Durkhein al referirse al
totemismo. Para Lévi-Strauss la
esencia del totemismo reside en
la tendencia universal,
manifestada en todas las
culturas, de dividir el mundo
natural y clasificarlo en
especies y cosas separadas, a la
par que el mundo social queda
dividido en distintos grupos y
clases de personas identificadas
por el linaje. Esto es lo que en
el Perú antiguo constituyó la "paqarisca",
y se denominó "pakarina" al
lugar de origen. Las figuras de
las pampas fueron grandes
imágenes representativas de los
fundadores míticos de los
linajes. Dice Mejía Xespe que
las figuras de las pampas de
Nazca eran "seques" (rayas,
términos) para ser caminados por
los miembros del grupo. En
efecto, en todas las figuras se
advierte claramente una entrada
y en algunas un corredor de
entrada, como en la parte
posterior del Perro, debajo de
la cola del Mono y en la tercera
pata derecha de la Araña.
Para efectuar los ritos que
permitieran la identificación de
los linajes era necesario contar
con grandes espacios que
pudieran dar cabida al número de
personas que se reunían para
ratificar su identificación. En
el Perú Antiguo fueron muy
frecuentes las grandes reuniones
multitudinarias; las pampas de
Nazca, como las otras en las que
se hallan megaglifos semejantes
eran ideales para ello. Fue la
propia naturaleza del hábitat la
que indujo a esta forma de
ritual. Los miembros de cada
linaje se identificaban -tanto
por analogía cuanto por
contacto- recorriendo los trazos
que representaban a su segmento
clánico.
Otra cosa que se puede deducir
con toda claridad es la
transformación que se produce
con el cambio de las figuras
realistas a las formas
abstractas y geométricas
inducidas por el aumento del
número de los miembros de cada
grupo. Se puede observar, por
ejemplo, como es que la cola del
Mono se convierte en espiral,
pero más elocuente es la
transformación del modelo
ictiomorfo, cuando el pez u orca
va estilizándose hasta
convertirse prácticamente en una
"pista", como sucede con otros
líneas y figuras que se
sobreponen a los motivos
anteriores de las series que
hemos señalado. Fue el aumento
de la población -evidenciado por
otros vestigios arqueológicos-
lo que hizo necesario delinear
nuevos trazos para dar cabida a
un número mayor de personas y,
probablemente, a otros segmentos
sociales de categorías, tamaños
y funciones diferentes.
En cuanto a que los megaglifos
pudieron servir también de
referentes con respecto a la
observación de los astros o a
las secuencias del calendario,
es muy probable que así fuera.
El calendario es un patrón
universal en la necesidad y una
técnica para registrar las
secuencias del tiempo, las
apariciones lunares, los cambios
de clima y otros hechos
naturales. La observación de
algunos fenómenos como los
solsticios y equinoccios, halos,
celajes, así como la aparición
de ciertas especies de moluscos,
grillos, aves migratorias,
insectos, etc., indican la
llegada o ausencia de las
lluvias, fenómenos que fueron
observados y seguramente
registrados con bastante
validez, aunque se trate de
fenómenos variables e
incontrolables. El "calendario"
de Nazca, si lo fue, debió ser
un registro de fenómenos, más no
matemático como el occidental.
Sin embargo, la observación y el
anuncio de los fenómenos sobre
la base de las observaciones que
aludimos debió conferir gran
autoridad a los sacerdotes
dedicados a este tipo de
actividad, puesto que sus
pronósticos resultaban válidos y
hacían creer que se trataba de
revelaciones hechas a ellos por
los oráculos en sus relaciones
con los poderes numinosos. Así,
pues, la autoridad era en gran
medida resultado de éstas y
otras tecnologías que al
ideologizarse colocaron al mundo
Nazca dentro de un cosmos
jerarquizado. Esto nos estaría
señalando cómo la arquitectura
del poder social era influida
por el medio geográfico al que
explotaba; y la manera como se
configuraron y organizaron
políticamente la sociedad para
administrar los recursos.
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