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El hidrógeno y el "movimiento
continuo"
Hace sólo unos años, los
combustibles parecían no tener
fin y ahora se recurre a soñar
con “inventos” cuando el 86% de
la energía se obtiene de
yacimientos cuyo límite de
extracción se alcanzará en muy
pocos años para llegar a su
agotamiento en medio siglo, más
o menos, según se hable de
petróleo, gas o Uranio y, siglo
y medio para el carbón.
Por Miguel Ángel Llana
El Hidrógeno no es una fuente de
energía, solo un combustible,
muy difícil de almacenar y muy
peligroso de utilizar, y que el
neoliberalismo utiliza creando
falsas expectativas.
La energía es parte esencial de
la revolución industrial y
agrícola, y su descubrimiento, y
las distintas maneras de cómo
transformarla mediante la
combustión, o para la obtención
de materias primas. Distinto es,
que el modelo seguido haya sido
razonable, cuando el despilfarro
y la degradación medioambiental
sólo ha sido superada por la
lucha por sus yacimientos. Esta
revolución sólo ha alcanzado a
una pequeña parte de la
humanidad, pero la degradación
ecológica y el expolio sí ha
llegado a la mayoría, mientras
que los países
“industrializados”con el 15% de
la población consumen el 50% de
la energía.
La revolución industrial y
agrícola, cuando aún apenas
tiene historia, ya está llegando
a su fin, pues el modelo no da
para más y la energía en la que
se ha basado está a punto de
iniciar su agotamiento, sin que
la energía alternativa pueda
aportar, tan siquiera, una
mínima parte de las que hasta
ahora han liderado el proceso.
Hace sólo unos años, los
combustibles parecían no tener
fin y ahora se recurre a soñar
con “inventos” cuando el 86% de
la energía se obtiene de
yacimientos cuyo límite de
extracción se alcanzará en muy
pocos años para llegar a su
agotamiento en medio siglo, más
o menos, según se hable de
petróleo, gas o Uranio y, siglo
y medio para el carbón, con el
nivel actual de consumo, según
la British Petroleum y la AIEA.
El modelo económico de
crecimiento indefinido, basado
en el consumo creciente de
energía y degradación
medioambiental, ya no es
posible, pero, en lugar de
cambiar el chip, se recurre al
viejo truco del “movimiento
continuo” en el que una rueda o
un sistema hidráulico puede
funcionar indefinidamente, lo
mismo que decir ahora que el
Hidrógeno, H2, es un excelente
combustible, sin añadir lo
fundamental: que no es fuente de
energía, que no se encuentra
libre en la naturaleza, que no
hay yacimientos de H2, que sólo
existe combinado con otros
elementos químicos y que sólo se
obtiene aportando la energía
necesaria para romper esa unión,
para que después en su
combustión nos devuelva la
energía aportada, como dice el
primer principio de la
termodinámica: en estas
manipulaciones nunca se puede
ganar, por que la energía ni se
crea ni se destruye, sólo se
transforma (considerando la
materia como una forma de
energía, lo de E=mc2 de Einstein).
Aún más, el segundo principio
añade que en cualquier
transformación siempre hay
pérdidas, por calor, rozamientos
y turbulencias, como en el
movimiento continuo. En resumen,
el primer principios asegura que
nunca podremos ganar y el
segundo que ni siquiera podemos
empatar.
El H2 no es una fuente de
energía, es sólo un gas
combustible que sólo puede
obtenerse aportando más energía
que la que nos devuelve, y
aunque su combustión sea limpia,
el balance es: menos energía y
más contaminación, de modo que
su utilización se restringe sólo
para ser almacenado, aparte de
las aplicaciones industriales y
de laboratorio.
Los combustibles utilizados
actualmente se caracterizan por
su enorme poder calorífico por
m3 y son fáciles de almacenar,
transportar y de utilizar, en
cambio, para el H2 todo esto es
muy complicado, comparado con
cualquier otro gas; su bajísimo
peso específico de 0,085 kg/m3
propicia un bajo poder
calorífico de 2.890 kcalorías/m3,
mientras que el butano tiene
27.700 y el GN 8.150. El butano
licua sin apenas presión, 0,75
atmósferas, multiplicando su
poder calorífico en volumen o
peso y algo similar con el GN
que se transporta licuado a –161
ºC, temperatura “razonable” para
los tanques de acero criogénico
fijos o de los barcos metaneros.
En cambio, el H2 licua a –253 ºC,
a sólo 20 ºC del cero absoluto,
temperatura en la que las
propiedades de los materiales y
aceros caen estrepitosamente.
Como gas, el H2 tampoco es
mejor, una botella o tubo
industrial de 50 litros a 200
atmósferas contiene sólo 0,75 Kg
de H2 que aportan 22.500 Kc,
mientras, que el GN o Metano, a
175 atmósferas, aporta 4,1 veces
más energía y licuado, 11,3
veces; con butano 14,7 veces y
con gasolina o gasóleo 20 veces
más energía para el mismo
volumen o peso.
A todo lo dicho hay que añadir
que el H2 es mucho más
peligroso, mientras que el
butano o el GN, son explosivos
en concentraciones en el aire
entre el 2 y el 15%, el H2 del 4
al 75%, pero detonante del 18 al
59%.
La conclusión fundamental es que
el H2 no es fuente de energía,
su capacidad de almacenamiento
es muy limitada y su uso muy
peligroso. La confusión y las
falsas expectativas que se están
creando, no son más que una
huída hacia delante en temas tan
críticos como la energía y la
degradación medioambiental. La
incapacidad del sistema
neoliberal y de sus políticos,
para propiciar soluciones, es
manifiesta.
Miguel Ángel Llana, ingeniero y
diplomado en Empresariales
www.EcoPortal.net
Gentileza: volar [
volar@fibertel.com.ar ]
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